Eurasia, Euráfrica y la Nueva Ruta de la Seda Latinoamericana

Estados Unidos nunca dejó de intervenir en América Latina desde que se presentara la Doctrina Monroe en 1823 bajo la máxima “América para los americanos” (es decir, para los estadounidenses). Pero la realidad geopolítica del momento obliga al imperialismo norteamericano a incrementar su injerencia en el sur del continente para tratar de dominar sus recursos naturales y controlar los mercados de la región frente a la imparable influencia del proyecto euroasiático encabezado por el tándem geoestratégico China-Rusia.

Algunos hechos evidencian que en Latinoamérica también se desarrolla un nuevo frente de lucha por la hegemonía global entre las viejas potencias occidentales y el nuevo bloque euroasiático (Eurasia), cuyo epicentro geográfico y simbólico podríamos colocar en Siria principalmente. La guerra contra Siria evidenció que Estados Unidos ya no tiene capacidad de imponer su voluntad por la fuerza de forma unilateral.

Es en este contexto de lucha intercapitalista y de reconfiguración del tablero geopolítico a nivel global, caracterizado por el fin de la hegemonía estadounidense y el inicio de un nuevo orden mundial multipolar, donde debemos enmarcar noticias como la futura instalación de una nueva “base militar multinacional” y las maniobras militares anunciadas por EE.UU. y la OTAN para finales de año entre las fronteras compartidas de Brasil, Colombia y Perú [1].

En esa misma zona, el pasado 28 de diciembre de 2016 todavía bajo el mandato de Barack Obama, el Comando Sur de EE.UU. firmaba un acuerdo con el Departamento de Amazonas de Perú para la instalación de una base militar disfrazada como “Centro de Operaciones de Emergencia Regional” (COER), que se suma a los otros seis “centros de operaciones” similares que se reparten estratégicamente por diversos lugares de Perú [2].

Si en Oriente Medio la excusa es la “lucha contra el terrorismo”, en Latinoamérica la injerencia militar imperialista se justifica bajo el manto propagandístico de la “ayuda humanitaria” o la “lucha contra el narcotráfico”. Los intereses ocultos, obviamente, son otros.

Desestabilizar a Venezuela, fracturar la integración regional y frenar la Nueva Ruta de la Seda en Latinoamérica

Venezuela sigue en el punto de mira de EE.UU., que sigue financiando el golpe suave que se está ejecutando contra el gobierno de Maduro y continúa ampliando las sanciones contra ese país en el marco de una guerra económica más amplia. Pero no sólo se trata de robar el petróleo venezolano (las mayores reservas probadas del planeta), o de derrocar a un gobierno antagónico desde el punto de vista ideológico, sino que Venezuela ejerce ahora más que nunca – tras el regreso al poder de la derecha neoliberal en Argentina y en Brasil – como la locomotora política de la integración latinoamericana y caribeña que en los últimos 10-15 años alcanzaron un nivel de soberanía e independencia respecto a Washington que no tiene precedentes y que permitió a estos países un gran nivel de desarrollo.

La caída de Venezuela supondría el inicio del fin de este proceso y de las instituciones creadas a partir de esa posición de soberanía regional surgida en los últimos años, como Unasur, CELAC, Alba, Mercosur, Petrocaribe, etc. Países de la órbita venezolana como Ecuador, Bolivia, Cuba o Nicaragua quedarían más aisladas y debilitadas tras la caída de la Revolución Bolivariana. Precisamente fue ésta posición de soberanía e independencia reflejadas en la creación de estos organismos regionales durante los últimos 10-15 años que ahora se pretenden demoler, lo que ha permitido a sus países miembros llegar libremente a acuerdos comerciales, económicos o financieros con potencias como China y Rusia, que ofrecen unas condiciones mucho más ventajosas para la región que las impuestas por la fuerza bajo el Consenso de Washington, incrementando de esta manera su influencia en todo el continente.

China ya era en 2015 el primer socio comercial de Brasil (la 6ª economía mundial por PIB y miembro de los BRICS), Perú, Chile, Venezuela o Argentina, y el segundo socio comercial de México (la 2ª economía por PIB de América Latina). Las inversiones chinas y su influencia política, comercial, económica y financiera en Latinoamérica no ha hecho más que multiplicarse desde entonces, lo que ha hecho saltar las alarmas de sus enemigos estadounidenses que se consideran dueños legítimos “por la gracia de Dios” de los recursos de todo el continente (y del resto del planeta, podríamos decir).

América Latina es el más reciente compañero de negocios de China. Los bancos chinos aumentaron las inversiones en América Latina en 71% el año pasado, y el país tiene previsto duplicar su volumen de comercio con la región de Centro y Sudamérica en la próxima década. Esto se produce a medida que el poder de Estados Unidos en América Latina está empezando a erosionarse. El efectivo estadounidense de hecho está huyendo de la región a medida que los inversores ven mejores ofertas en sus propios países o en otros lugares. (…)

“Lo que estamos viendo no es simplemente un juego económico. Es un juego económico que también tiene un trasfondo político y estratégico”, dice Ilan Berman, vicepresidente del American Foreign Policy Council en Washington. [América Latina, manzana de la discordia entre China y EU,- CNN, 5/3/2015]

Teniendo en cuenta estos factores, podemos afirmar que las “inéditas” maniobras militares anunciadas por Washington en la “triple frontera” de la región de Amazonas próximamente, no van dirigidas única y directamente contra Venezuela, puesto que en realidad ya existen en Colombia siete bases militares estadounidenses apuntando contra Caracas, además de las bases existentes también en Guyana y Surinam, o las bases aéreas de Aruba y Curazao, que en conjunto cercan militarmente a Venezuela por los cuatro costados [3]. Es decir, que Venezuela ya está cercada militarmente desde hace bastante tiempo.

La pregunta pertinente que debemos hacernos ante el actual escenario, es si una Venezuela sin el apoyo firme de una potencia como Rusia y los países y organismos regionales – incluido el apoyo militar – puede resistir la envestida de EE.UU-OTAN. En 2011 Libia estaba sola, y Gadafi fue asesinado públicamente y el próspero Estado libio fue destruido en apenas unos meses. Siria tiene el apoyo del “Eje de la Resistencia” y de Rusia, y está ganando la guerra al terrorismo patrocinado por la OTAN-CCG después de 6 años de lucha. La respuesta parece evidente. En Venezuela este debate ya está sobre la mesa.

(…) la única forma de resistir a la embestida imperialista y a sus lacayos de la región es como lo hizo Siria. El gobierno venezolano debe integrar a Rusia y a otros países aliados en una ecuación que podemos denominar: Muralla de Defensa Antimperialista. Si EE.UU. cuenta con varias bases militares en Colombia (…) también Rusia debería ser convencida de estar presente en Venezuela bajo una figura que no necesariamente signifique una base militar perenne (…). ¿Estaría interesada Rusia en apoyar a Venezuela? ¿Cuál sería el costo político y económico que implicaría para la defensa del país? [4]

Por otro lado, Rusia y China han concedido varios préstamos a Venezuela que han sido avalados con el propio petróleo venezolano, incluso con acciones de la filial de PDVSA en Estados Unidos (Citgo Petroleum), lo cual preocupa mucho a Washington, puesto que si el gobierno venezolano no cumple con sus obligaciones crediticias Rusia podría apropiarse de esas empresas petroleras que operan en 19 Estados de Estados Unidos. Tanto China como Rusia mantienen importantes acuerdos estratégicos con Venezuela también en materia de energía, de infraestructuras, finanzas, agricultura, en el plano militar, de la automoción, etc. Sus intereses tanto económicos como geopolíticos son muy grandes en Venezuela y Sudamérica [5]. ¿Hasta qué punto están dispuestos a defenderlos?

Por lo tanto, éstas nuevas maniobras militares que se anuncian y la escalada belicista del Imperio en América Latina responden a una visión geopolítica más amplia que pretende cortar de raíz los proyectos y las inversiones de China y Rusia en estos países y frenar su influencia en toda la región.

Por ejemplo, el gran Ferrocarril Transoceánico

Brasil y Perú (junto a Bolivia, Venezuela y Chile) son miembros del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura fundado por China en 2014 (en detrimento del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial dominados por el capital financiero estadounidense). Bajo este paraguas financiero, China está construyendo un gigantesco “ferrocarril transoceánico” que unirá los océanos Pacífico y Atlántico a través de estos dos países, a los que finalmente también se unirá Bolivia por cuyo suelo, aunque originalmente no estaba previsto así, también pasará el Ferrocarril Transoceánico [6].

Este megaproyecto, que conectará la ciudad brasileña de Sao Paulo con el puerto costero peruano de Ilo, es una extensión del plan estratégico global de China conocido como la Nueva Ruta de la Seda, y con él se reducirá enormemente el tiempo y los costos del trasporte de petróleo, minerales y todo tipo de materias primas y mercancías entre China y Sudamérica. Además está previsto que esa red ferroviaria central transoceánica (Brasil-Bolivia-Perú) se extienda hacia el sur con la construcción de ramificaciones que a su vez la conectarían con países como Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay.

Además no hay que olvidar que desde finales de 2014 China construye el Gran Canal de Nicaragua [7] que conectará también más al norte los océanos Pacífico y Atlántico (el equivalente marítimo del Ferrocarril Transoceánico) y que superará al obsoleto Canal de Panamá controlado históricamente por Estados Unidos. Todo esto y otras muchas inversiones e infraestructuras de origen “euroasiático”, lógicamente, no son del agrado del imperialismo estadounidense.

¿Alguien puede pensar que es mera casualidad el lugar elegido (entre Brasil (BRICS) y Perú principalmente) para realizar las futuras maniobras de la OTAN y sus títeres regionales? ¿Alguien puede creerse que sus intenciones reales son las de luchar contra las mafias relacionadas con el narcotráfico o “combatir la delincuencia transfronteriza”? ¿Cuánto tiempo tardaremos en asistir a una extensión de la “revolución de color” venezolana contra Evo Morales en Bolivia, Lenín Moreno en Ecuador o Daniel Ortega en Nicaragua?

Euráfrica, el nuevo proyecto imperialista de Alemania frente a Eurasia

Nadie puede negar ya a estas alturas que atravesamos de forma irreversible un periodo histórico de transición entre el “viejo Orden Mundial” dominado integralmente por Estados Unidos y las potencias europeas (Occidente) desde la Segunda Guerra Mundial, y un Nuevo Orden Mundial donde el eje de poder global se ha desplazado hacia Asia bajo el liderazgo de China y Rusia (Eurasia). La reciente cumbre celebrada en Pekín el pasado 14 y 15 de mayo sobre la Nueva Ruta de la Seda no dejó lugar a dudas sobre esta nueva realidad geopolítica global [8]. La llamada “crisis económica” de 2008 supuso un punto de inflexión en la decadencia occidental y el despegue definitivo del tándem estratégico Moscú-Pekín y del resto de potencias medias y países agrupados en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS).

En realidad, estamos asistiendo a una guerra híbrida entre las principales potencias del mundo por el dominio de las regiones estratégicas del planeta. Al no poder intimidarlos o eliminarlos militarmente, como se ha demostrado en Ucrania y Siria o más recientemente en la península de Corea, Occidente da por hecho que tendrá que compartir el poder global con sus enemigos euroasiáticos (aunque esto nunca se reconozca y trate de ocultarse al público occidental). El proyecto de integración de Eurasia bajo el liderazgo chino-ruso parece inquebrantable y avanza de forma imparable.

[Leer también: Eurasian Economic Transformation Goes Forward,- un análisis de F. William Engdhal (23/5/2017]

De ahí que Estados Unidos tenga prisa por recuperar su dominio estratégico en aquellos lugares donde ha perdido terreno – como Sudamérica (su “patio trasero”) – y que Donald Trump se haya lanzado a fortalecer su relación militar con Arabia Saudí con un acuerdo armamentístico sin precedentes y haya llamado a la creación de la mal llamada “OTAN árabe” (en realidad no es “árabe” sino sunní-wahabita; y además algunos países aludidos han mostrado su desacuerdo con la propuesta). Esta “OTAN sunní” (que paradójicamente incluye al régimen sionista de Israel) está dirigida contra Irán, lo que significa a su vez en contra de Rusia, tratando de eliminar al Eje de la Resistencia antimperialista y de dominar Oriente Medio para evitar que esta rica región se integre en Eurasia (su lugar natural desde un punto de vista geográfico).

Pero en esta guerra geoestratégica global parece que Alemania y las élites globalistas europeas tienen su propia agenda:

En noviembre de 2016 el entonces ministro de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania, Gerd Mueller, habló de la necesidad de “diseñar un Plan Marshall para África con el fin de generar las condiciones económicas que permitan frenar el flujo migratorio hacia Europa”. (Europa Press, 11/11/2016).

Ya en marzo de este año el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, presentó ante sus homólogos y los directores de los bancos centrales del G-20 los ejes de esta propuesta alemana y pedía “involucrar a los países ricos en el desarrollo económico de África como vía indirecta de reducción del flujo migratorio, la defensa de la libertad de comercio y estabilizar la economía de la zona euro”. (ABC, 8/3/2017).

En mayo de 2017 el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, se reunió en Estrasburgo con el presidente de la Comisión de la Unión Africana, Moussa Faki Mahamat. Tajani afirmó entonces: “África es una prioridad para la Unión Europea. (…). Debemos invertir más en África y emprender una verdadera diplomacia económica, en un esfuerzo para crear crecimiento y empleo. África es un continente de oportunidades y y creo que va a ser el continente del futuro”. (web oficial de la Presidencia del Parlamento Europeo, 16/5/2017)

En resumen, una Europa dominada por Alemania y estancada en una crisis económico-financiera permanente desde 2008 tiene sus ojos puestos en África. Sus objetivos, más allá de la propaganda político-mediática y los discursos “humanitarios”, es dominar los mercados y los recursos naturales del continente africano a través de un proyecto de “neocolonización occidental” que, a pesar de presentarse como un “rescate” altruista desde el próspero Norte hacia el Sur, sólo endeudará aún más si cabe a los países africanos y les impedirá desarrollar su propia soberanía nacional.

Pero la Unión Europea llega muy tarde y además no tiene dinero. China ya desarrolla desde hace tiempo su “Plan Marshall” particular en África [9]. China tiene dinero, capacidad para desarrollar infraestructuras, ofrece préstamos sin intereses en muchas ocasiones, y a cambio no impone ningún modelo político a sus socios ni les exige “políticas de ajuste”, como ocurre en el caso de las potencias occidentales (a través del FMI o el Banco Mundial). China es el principal competidor de las élites económicas y políticas europeas. Su influencia en África es tan grande que China, entre otras cosas, es la responsable del 60% de los empleos que se crean en todo el continente.

Otro gran problema para las élites económicas y políticas europeas, es que Estados Unidos también tiene sus ojos puestos en África. El AFRICOM, el Mando Militar de EE.UU. para África, se creó en 2007 con la intención no sólo de expoliar sus grandes recursos naturales sino para frenar la expansión de China en el continente africano, como reconoció el Departamento de Estado de entonces y el propio Pentágono.

En 2007, J. Peter Pham, asesor del Departamento de Estado de EEUU, ofreció la siguiente definición del AFRICOM y los objetivos estratégicos: “la protección de acceso a los hidrocarburos y otros recursos estratégicos que África tiene en abundancia, una tarea que incluye la garantía contra la vulnerabilidad de las riquezas naturales y asegurar que no hay otros terceros interesados, tales como China, India, Japón, o Rusia, o que obtengan monopolios o trato preferencial”. Además, durante una Conferencia de AFRICOM en el Fuerte McNair, el 18 de febrero de 2008, el vicealmirante Robert T. Moeller, declaró abiertamente que el principio rector de AFRICOM es proteger “el libre flujo de los recursos naturales de África para el mercado global”, antes de citar la presencia cada vez mayor de China como un gran desafío para los intereses estadounidenses en la región. [10]

Pero no es el único obstáculo que se encontrarán en el continente africano los altruistas ideólogos del “Plan Marshall” europeo. Debemos escuchar qué tienen que decir al respecto los propios pueblos afectados, cansados de sufrir durante décadas la explotación de sus recursos por parte de las grandes corporaciones occidentales mientras sus gentes se hunden en la miseria. Recordemos que a Muamar Gadafi lo asesinaron – entre otras cosas – por encabezar un proyecto de integración y soberanía regional independiente de los intereses de las potencias occidentales. Por eso le asesinaron. Pero esos sentimientos y movimientos panafricanos siguen vivos en la actualidad y siguen trabajando por alcanzar una verdadera soberanía que permita su desarrollo.

El Franco de la Cooperación Financiera Africana (CFA), que se utiliza en 15 países de África Occidental y Central, atraviesa una zona de turbulencias. Tanto dentro como fuera del continente se ha formado un gran movimiento contra el CFA. Su misión es clara: “liberar a los estados africanos del yugo del franco CFA”. (…). Después de haber esperado en vano que la palabra dando la orden de salida del franco CFA viniera de Jefes de Estados, las organizaciones de la sociedad civil han tomado el toro por los cuernos y fijan el 2017 bajo el signo de la liquidación de este “avatar del colonialismo”. [11]

¿De dónde van a sacar unos países europeos en continuo retroceso el dinero para un “Plan Marshall africano” que compita con la Nueva Ruta de la Seda global de China (Eurasia)?

Al no tener nada atractivo que ofrecerle a África, los imperialistas europeos recurren a la fuerza para intentar imponer sus intereses a los pueblos, como han hecho siempre. Recientemente conocimos que el gobierno de Alemania estaba desarrollando discretamente un “ejército europeo” paralelo a la OTAN. La estrategia de Alemania consiste en absorber a los ejércitos de algunos países más pequeños creando “una red de mini-ejércitos europeos”, o como se define también en un artículo publicado en Foreign Policy “compartir sus recursos a cambio de la utilización de sus tropas”. De momento Rumanía, República Checa y Holanda ya están bajo la órbita militar de Alemania.

El domingo 28 de mayo, justo después de evidenciarse la ruptura occidental en la Cumbre de la OTAN, la Unión Europea y el G-7 celebrada en Sicilia [12], la presidenta alemana Ángela Merkel durante un acto electoral en Múnich envió un mensaje al mundo que anuncia un cambio geopolítico muy claro:

“Estados Unidos y Reino Unido ya no son socios fiables” (…)  “Los tiempos en los que podíamos depender completamente de otros han pasado” (…) “Nosotros, los europeos, tenemos que tener nuestro destino en nuestras propias manos” [Agencia France Press, 28/5/2017]

De esta forma se confirma la guerra comercial y monetaria que Donald Trump pretende librar contra el Euro y la Unión Europea – principalmente contra Alemania – con quien Estados Unidos mantiene un gigantesco déficit comercial (el mayor después de China) y cuya reversión supone una de las obsesiones de Trump respecto a su política geoeconómica.

No sabemos todavía lo que hará al respecto el nuevo presidente francés Emmanuel Macron – el “candidato” de las élites globalistas – que se dispone a recibir a Vladimir Putin en Versalles, aunque podemos imaginarlo. Recordemos que Francia, tras la salida del Reino Unido, es la única potencia nuclear de la Unión Europea. Por si acaso, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, pronunció estas esclarecedoras palabras el pasado mes de marzo, durante las celebraciones por el 60 aniversario de la firma de los Tratados de Roma, que le indican el camino a seguir a los gobiernos neoliberales europeos:

Ningún Estado europeo tiene fuerza por sí solo para negociar con los Estados Unidos, China, Rusia o la India. Solamente juntos podremos ejercer realmente nuestra soberanía. 

Hemos de seguir fomentando mercados más abiertos, poniendo fin a la competencia desleal. Al igual que nuestro mercado interno, el mundial ha de garantizar la libertad dentro de las normas, no convertirse en una jungla. 

Hoy, en esta sala, también debemos volver a poner en marcha el gran proyecto de una defensa común. Es la mejor manera de rendir un homenaje concreto a nuestros padres fundadores.

Se están configurando tres alianzas o bloques geoestratégicas muy claros que luchan por la hegemonía mundial:

El eje atlantista EE.UU-Reino Unido (“una sola América”); la vieja Europa de Alemania-Francia (a la conquista de “Euráfrica”); y las potencias “emergentes” lideradas por China-Rusia (Eurasia), que ya no son “emergentes” sino que ya están liderando el mundo. Todas estas potencias y los países que orbitan a su alrededor mantienen una guerra híbrida por el poder que se desarrolla en diferentes planos y escenarios (el geográfico, el institucional, el monetario, el financiero, el militar, el mediático…).

Está claro que el nuevo Orden Mundial para las próximas décadas tendrá un carácter multipolar. Queda por dirimir qué cuota de poder obtendrán los intervinientes en esta guerra multidimensional y sobre qué valores o principios se asentará el nuevo paradigma que se imponga. América Latina, África, Oriente Medio, el Ártico…. el mundo entero está en disputa. Y los medios corporativos occidentales no quieren que lo veamos.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Los ejercicios militares “inéditos” que tendrán lugar en la triple frontera entre Brasil, Colombia y Perú con la participación de Estados Unidos,- información de Ricardo Senra para BBC Brasil (BBC Mundo, 6/5/2017) http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-39826017?ocid=socialflow_twitter

[2]  Sudamérica bajo amenaza: EE.UU. instalará una nueva base militar en Perú,- artículo del economista y analista mexicano Ariel Noyola Rodríguez (Global Research, 9/1/2017) http://www.globalresearch.ca/sudamerica-bajo-amenaza-ee-uu-instalara-una-nueva-base-militar-en-peru/5567328

[3] Esta información y muchos más datos aparecen en el recomendable libro de la periodista y escritora argentina Telma Luzzani titulado Territorios Vigilados: Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica (Editorial Debate, 2012)

[4] La hipotética guerra civil en Venezuela y la ecuación Rusia,- artículo del analista político Basem Tajeldine (23/5/2017)

[5] The Strategy Behind Washington,s Destabilization of Venezuela,- análisis geopolítico de Eric Draitser (Mint Press News, 19/5/2017) http://www.mintpressnews.com/the-strategy-behind-washingtons-destabilization-of-venezuela/227967/

[6] América del Sur en el emergente orden mundial multipolar,- análisis de Andrew Korybko (Geopolítica.ru, 26/4/2017) https://www.geopolitica.ru/es/article/america-del-sur-en-el-emergente-orden-mundial-multipolar

[7] Gran Canal de Nicaragua: la bomba geoestratégica de Latinoamérica que cambiará la historia (un detallado informe preparado por María Lekant e Iván Sérbinov (RT, 4/8/2015)

[8] Cumbre de la Ruta de la Seda: último paso hacia la quiebra del dominio de EE.UU.,- artículo del periodista e investigador uruguayo Raúl Zibechi (Sputnik, 16/5/2017)

[9] La nueva transformación económica en África: el rol de China,- artículo del economista argentino Nicolás Depretis Chauvin, experto en el comercio internacional y políticas de Desarrollo (Voces en el Fénix) http://www.vocesenelfenix.com/content/la-nueva-transformaci%C3%B3n-econ%C3%B3mica-en-%C3%A1frica-el-rol-de-china

[10] USAFRICOM y la militarización del continente africano: lucha contra la penetración económica de China,- un trabajo de Nile Bowie publicado en Global Research. Traducido por María Valdés para el CEPRID (30/3/2012) http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1382

[11] Los últimos días del franco CFA,- información aportada por Olivier Ndenkop y Carlos Siélenou; traducido al español por Carles Acózar (Investig’action, 21/1/2017) http://www.investigaction.net/es/los-ultimos-dias-del-franco-cfa/

[12] Atropellos y empujones de Trump en la OTAN y el G-7,- artículo del profesor y experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 28/5/2017)

 

James Comey y los vínculos de Hillary Clinton con Rusia

Más vale tarde que nunca, dice la sabiduría popular. El martes 9 de mayo Donald Trump cesó de manera fulminante al director del FBI, James Comey, que ocupaba dicho cargo desde al año 2013 y no estaba previsto que lo abandonara hasta el año 2023. Parece ser que esta decisión fue tomada siguiendo el consejo de la Fiscalía General del Estado.

James Comey había anunciado en 2016 una investigación sobre las irregularidades y delitos que cometió Hillary Clinton a través del manejo de su cuenta de correo electrónico, tal y como evidenciaron las filtraciones de WikiLeaks desveladas antes, durante y después de las elecciones presidenciales del pasado 8 de diciembre. En aquel momento, los mismos senadores demócratas y republicanos que hoy salen en defensa de Comey y critican la decisión de Trump, le acusaron entonces de saltarse la ley, de ser un “rebelde”, algunos pidieron su dimisión, le hicieron responsable de la derrota de Hillary Clinton, y otros afirmaron que habían perdido su confianza en él y que estaba perjudicando la imagen del FBI. La hipocresía y el cinismo con el que están actuando ahora saliendo en su defensa es más que evidente.

Obama critica al director del FBI: “No actuamos a partir de insinuaciones”. El presidente habla por primera vez de la carta de Comey sobre la nueva investigación a Clinton. (…). El equipo de Clinton acusa a Comey de tener un “doble estándar” (El País, 3/11/2016)

Pero James Comey no investigó a su socia Hillary Clinton. Los vínculos de James Comey con los Clinton vienen de muy lejos. En el año 2004 Comey ya ejerció de “abogado” defensor de Hillary Clinton en varios casos que la afectaban cuando éste ocupaba el cargo de Fiscal General Adjunto en el Departamento de Justicia. Posteriormente, como miembro de la junta directiva del criminal banco HSBC, cargo que dejó para ocuparse de la dirección del FBI, Comey engordó las cuentas de la Fundación Clinton a través de varias donaciones millonarias más que sospechosas.

En resumen, James Comey no es un “servidor público” ni un funcionario de carrera imparcial y riguroso con su trabajo, sino un alto ejecutivo de las grandes corporaciones que estaba utilizando su cargo en el FBI con unos fines políticos muy particulares. Es un claro caso de “puerta giratoria” entre lo público y lo privado (como todos los demás en Washington, dicho sea de paso). Desde su cargo Comey participaba activamente en la campaña de propaganda contra Rusia que buscaba – además de proteger judicialmente a sus padrinos políticos y de justificar su derrota electoral – boicotear la política exterior anunciada por Trump y sus intenciones de establecer buenas relaciones con Moscú.

Tal es su “rusofobia” que durante una comparecencia ante el Comité Judicial del Senado el pasado 4 de mayo Comey afirmó que “Rusia es la mayor amenaza para cualquier nación en la Tierra”, ni más ni menosObviamente no presentó ninguna prueba o evidencia para sostener tal aberración y todas las demás acusaciones lanzadas contra Rusia. Tal es así que más recientemente el ex-director de Inteligencia Nacional de EE.UU., James Cappler, se vio obligado a afirmar ante el Senado estadounidense que “no hay pruebas de injerencia rusa en las presidenciales”, contradiciendo lo que él mismo había dicho unos meses atrás – antes de abandonar el cargo – cuando acusó a Rusia de estar detrás de los ciberataques electorales contra el Partido Demócrata.

Todavía estamos esperando por las pruebas que ambos dijeron que aportarían ante el Senado y ante el resto del mundo. ¿A qué están esperando estos peones del imperialismo? ¿Alguien en su sano juicio puede creer que si existiera alguna prueba contra Rusia no la hubieran presentado ya ante los organismos internacionales?

En los seis meses transcurridos tras las elecciones presidenciales James Comey tuvo tiempo de investigar a Hillary Clinton, recopilar información y presentar sus conclusiones ante el Senado. Tuvo tiempo de presentar aunque fuera una sola prueba sobre la supuesta “injerencia rusa en las elecciones” que avalara sus afirmaciones. No lo hizo en ninguno de los dos casos, por razones obvias. No había ninguna voluntad de hacerlo. Su cese era obligado.

Desde los grandes medios corporativos y los partidos de la Globalización corporativa (incluidos los medios “progresistas” y la “izquierda neoliberal”) han criticado duramente el cese de Comey alegando que Donald Trump está tratando de impedir que Comey siga investigando sus “vínculos con Rusia” y la “injerencia rusa” en las elecciones que le convirtieron en presidente. De hecho Comey había solicitado a Trump “más recursos para la investigación”, según publicaba el New York Times. Pero en este punto debemos preguntarnos de qué “investigación” estamos hablando realmente. Niego la mayor:

No se puede investigar lo que no existe. Por esta razón todavía no han podido presentar ni una sola prueba sólida sobre la “injerencia rusa”. Si no lo han hecho no es porque exista un problema de falta de medios económicos o materiales, cuando Washington dispone de 17 agencias de inteligencia que en conjunto tienen un presupuesto que roza los 53.000 millones de dólares (el dato corresponde al año 2013, hoy en día es superior). Sino que se trata de una farsa política que se quiere eternizar porque forma parte de una estrategia más amplia destinada a criminalizar a una potencia en continuo ascenso a la que se quiere eliminar del tablero geopolítico global, siguiendo la “doctrina Wolfowitz” (1992). Así de sencillo.

Todo es pura propaganda de guerra, como lo es la “invasión rusa de Ucrania”, los “bombardeos rusos contra civiles en Siria”, o comparar a Vladimir Putin con el mismísimo Hitler, como hicieron Hillary Clinton y diversos medios de comunicación de forma vergonzante en varias ocasiones.

Pero además, si se trata de investigar los vínculos de las élites políticas estadounidenses con Rusia, podrían comenzar por investigar los vínculos que la propia Hillary Clinton y su jefe de campaña John Podesta mantienen con las élites rusas. Veamos algún ejemplo:

Como secretaria de Estado, Hillary Clinton, aprobó la venta de varias empresas mineras dedicadas a la extracción de uranio, principalmente la canadiense Uranium One, que fueron compradas por la Agencia Rusa para la Energía Atómica a través de la empresa Rosatom. De esta forma Rusia, la “malvada” Rusia, se ha apropiado del 20% de las reservas de uranio de EE.UU. Esto ocurrió bajo el mandato de Obama y Hillary. El propietario de Uraniun One y encargado de dirigir esta operación, estratégicamente nefasta para los intereses estadounidenses, fue el empresario Frank Giustra, amigo y socio de Bill y Hillary y miembro de la Fundación Clinton, fundación que recibe periódicamente sus jugosas “donaciones” en agradecimiento por los servicios prestados por los Clinton.

Por otro lado, el Grupo Podesta, co-propiedad del jefe de campaña de Hillary en las últimas presidenciales de 2016, John Podesta, fue contratado por los dos bancos privados más grandes de Rusia, Sberbank y VTV Capital, para que defendiera sus intereses económicos en Washington y tratara de dar marcha atrás a las sanciones aplicas por EE.UU. contra empresas y bancos rusos, dada su influencia dentro del gobierno de Obama. El banco Sberbank, en concreto, fue además el encargado de financiar la operación de compraventa de las empresas de uranio antes mencionadas, y el Grupo Podesta ejerció de intermediario entre el banco y la empresa minera Uraniun One, empresa a la que Podesta también asesoraba.

Es decir, que al mismo tiempo que Hillary Clinton y su director de campaña centraban sus ataques en la “injerencia rusa en las elecciones” y en los “vínculos de Trump con Rusia”, ambos trabajaban en favor de las empresas y bancos rusos a los que el gobierno estadounidense sancionaba, actuando en contra de los propios intereses estratégicos de su país y haciéndose ricos con todo ello. Todavía hoy en día tienen la desvergüenza de seguir con su campaña de propaganda acusando a Trump de mantener “vínculos con Rusia”. Increíble pero cierto. Si mantener “vínculos con Rusia” fuera por sí mismo un crimen imperdonable, los dirigentes “demócratas” serían los primeros en pisar la cárcel.

La cuestión es que Donald Trump, que en campaña electoral prometió juzgar o incluso “encarcelar” a Hillary Clinton si era elegido presidente, devuelve con este cese de Comey el golpe político y moral que supuso para su gobierno la forzada dimisión de Michel Flynn días después de ser nombrado Asesor de Seguridad Nacional, tras hacerse públicas unas conversaciones que Flynn mantuvo “en secreto” con varios funcionarios rusos, a pesar de que estas reuniones eran legales y legítimas y no supusieron ni mucho menos “una amenaza para seguridad nacional de EE.UU”.

Realmente este es otro capítulo más de la guerra interna entre las élites que se está desarrollando en Washington. James Comey es un funcionario del Estado Profundo al servicio de la guerra. Su cese debería ser tan sólo el primero de una larga lista de nombres que Donald Trump necesita eliminar si pretende realmente “drenar el pantano” e implementar su propia agenda política exterior, tal y como prometió en campaña, a pesar de sus peligrosas contradicciones.

Terrorismo callejero en Venezuela

La oposición en Venezuela, lejos de sufrir los rigores de una “dictadura comunista” que los asfixia políticamente, se encuentra en una situación privilegiada. Cuentan con el apoyo financiero, estratégico, institucional y mediático de los poderes económicos y gobiernos occidentales. Y por lo tanto no necesitan disimular. Sus miembros pueden ejercer la violencia de forma abierta y transparente, contratar a mercenarios para crear el caos en las calles (incluidos paramilitares llegados desde Colombia), destruir edificios públicos, profanar cementerios para cortar las carreteras con los ataúdes, saltarse todas las leyes vigentes en el país, desconocer los resultados electorales, desconocer la propia Constitución, y por supuesto pueden mentir, insultar, difamar, manipular, contradecirse… o incluso asesinar a sus rivales políticos, a ciudadanos de a pie y a los funcionarios del Estado, incluidos Policías y militares.

Hagan lo que hagan su “legitimidad democrática” está fuera de toda duda, aunque empuñen un rifle de asalto o incendien una comisaría, un hospital o una escuela pública. Todo vale contra un gobierno que forma parte del “eje del mal” y que en 2015 fue declarado arbitrariamente por Obama como “una amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos“.

Ningún medio de comunicación, ninguna reconocida ONG, ningún gobierno ni organismo o institución desde Occidente condena estas acciones ni cuestiona sus métodos, a pesar de que estos gobiernos occidentales jamás permitirían que este tipo de “oposición” se aplicara en sus propios países, de hecho las manifestaciones pacíficas que se producen en Europa son reprimidas duramente en no pocas ocasiones. En Francia en estos momentos, tras la victoria del candidato del poder financiero globalizado, estamos viendo de nuevo imágenes de violencia policial contra manifestantes que bien podrían confundirse con imágenes de Caracas.

En España, por ejemplo, donde jamás se ha visto a ningún dirigente ni partido político ejercer contra el gobierno central el tipo de “oposición” que vemos en Venezuela, se ha juzgado o condenado con penas de cárcel a cientos de activistas sociales y sindicalistas que participan en movilizaciones pacíficas contra el gobierno y en defensa de sus derechos laborales y sociales. El tipo de “manifestaciones pacíficas” que ejerce la oposición venezolana serían consideradas en España como “terrorismo callejero”. Las imágenes no dejan lugar a dudas del tipo de manifestaciones que se están ejecutando en Venezuela. El número de “chavistas” y policías muertos tampoco.

Finalmente, lo más doloroso ha sido, además de decenas de civiles, policías y Guardias Nacionales heridos, las 21 muertes provocadas por estas “marchas pacíficas” y lo más asombroso es el descaro de sus dirigentes para evadir toda responsabilidad en las mismas. Por el contrario y apegados al guión de que ellos son ángeles que simplemente luchan pacíficamente por liberar a Venezuela de la cruel dictadura, todas esas muertes son responsabilidad del gobierno porque no se deja tumbar. Sólo en 3 muertes han estado involucradas fuerzas del orden, algunas sin motivación política. Otras muertes han sido causadas en disturbios generados por las bandas paramilitares y el resto, crímenes cometidos por militantes de oposición en su afán de acabar con el chavismo. [1]

Sin embargo, quienes desde España legislaron para equiparar el “vandalismo urbano” con el “terrorismo callejero”, apoyan ahora el mismo tipo de terrorismo cuando se aplica en Venezuela para derrocar a un gobierno que no se somete a la dictadura del capital occidental. El bipartidismo político español, la prensa corporativa, las grandes ONGs y los “progresistas neoliberales” (incluido Podemos: Rita Maestre lamenta que las libertades estén “en pendiente descendente en Venezuela”) están realizando un gigantesco ejercicio de hipocresía, complicidad y de manipulación de la realidad apoyando la violencia golpista en Venezuela contra un gobierno legítimo que, con todos su defectos, podría darles muchas lecciones de democracia participativa y justicia social a los gobiernos neoliberales de la OTAN.

Aunque, en realidad, este apoyo a la barbarie no debe sorprendernos, porque estos “demócratas” y “progresistas” españoles también apoyan a los terroristas de Al Qaeda en Siria, a los que llaman “rebeldes”, o  a los neonazis de la plaza Maidán en Ucrania, a los que llamaban “revolucionarios”.

¿Por qué si son tan legítimas las “manifestaciones pacíficas” en Venezuela, la “izquierda” española no imita ese modelo de protesta y de oposición venezolano, y lo aplican aquí contra el régimen neoliberal de Rajoy?

Queman cajeros y contenedores, lanzan piedras a los escaparates, destrozan el mobiliario y todo cuanto encuentran a su paso y perpetran emboscadas contra las fuerzas antidisturbios, a cuyos agentes lesionan e incluso intentan rematar en el suelo. El modus operandi del millar de radicales que causaron el pánico en Madrid recuerda mucho al utilizado por los terroristas de la llamada «kale borroka», (…). Hubo un tiempo en el que los cachorros de ETA gozaban de la misma complacencia penal que los radicales que protagonizaron los incidentes del sábado en Madrid. (…) hasta que se atajó en problema de raíz con un cambio legislativo que pasó por aprobar en el año 2000 la ley de responsabilidad penal de los menores en delitos de terrorismo, por juzgarlos en la Audiencia Nacional y por modificar el artículo 577 del Código Penal. A raíz de esa reforma, se empezaron a considerar terrorismo urbano todas aquellas acciones en las que no solo existía riesgo para la vida o integridad de las personas, sino también aquellas con las que, más allá de causar daños materiales, «se pretende atemorizar a toda una población o colectivo». [Así se combatió jurídicamente la “kale borroka”,- diario español ABC, 28/3/2014]

Los dirigentes políticos más mediáticos de la oposición en Venezuela gozan de la impunidad y el apoyo político y mediático occidental, a pesar de que esa oposición golpista no cuenta con el respaldo de la mayoría de la población y trata de derrocar por la fuerza a un gobierno salido de las urnas. Son incapaces de derrotar al gobierno por la vía democrática, ni siquiera cuando el gobierno revolucionario de Venezuela sufre el desgaste propio de una guerra de 4ª generación contra la que lucha desde hace años (desgaste que se añade al producido por sus propios errores estratégicos). Por eso ahora, por enésima vez, han puesto en marcha una nueva insurrección violenta bajo los conocidos métodos del “golpe suave” siguiendo el manual de la CIA [2] y las órdenes del Departamento de Estado estadounidense.

Aunque cada país tiene sus peculiaridades políticas y sociales concretas, estos métodos siguen un mismo patrón de actuación interna y externa perfectamente coordinados que ya se han aplicado en otros países contra otros gobiernos hostiles a los intereses de Washginton, ya sea en Ucrania, Irak, Libia, Siria… El libreto que se aplica es similar en todos los casos:

Primero se intenta deslegitimar al gobierno que se quiere derrocar, lanzando contra él acusaciones sobre la falta de democracia y de libertades dentro del país. Esta campaña de propaganda mediática va acompañada de una condena política por parte de las potencias occidentales hecha pública a través de los medios de comunicación y de las instituciones supranacionales que ellos controlan. La intención es aislar políticamente al enemigo, en este caso al gobierno de Venezuela. Asimismo se imponen sanciones económicas por parte de los organismos y poderes financieros internacionales, que tratan de provocar a medio plazo una revuelta interna fruto de la precaria situación económica que ellos mismos con sus sanciones han provocado entre la población (el desabastecimiento premeditado de productos básicos provocado por la burguesía empresarial venezolana forma parte de esta agenda). Más tarde, cuando la situación económica interna empeora y el descontento social aumenta se produce la insurrección violenta encabezada políticamente por dirigentes opositores apoyados, dirigidos y financiados desde el exterior que utilizan a su vez a grupos de mercenarios para sembrar el caos y la violencia en las calles. Por último, tras una campaña sistemática de propaganda mediática, se denuncia la grave “crisis humanitaria” que sufre el país y se llama a la “comunidad internacional” a intervenir militarmente para salvar a la población civil, con el imprescindible apoyo de las ONGs más reconocidas (Médicos Sin Fronteras, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, etc.). Así se cierra el círculo imperialista occidental.

[leer también: Venezuela y el factor de la legitimidad democrática como arma del imperialismo]

No importa que estos grupos opositores sean minoritarios dentro del país, ni tampoco importa su ideología fascista [3] o fundamentalista, ni sus métodos extremadamente violentos, puesto que los grandes medios de comunicación corporativos amplifican sus demandas y manipulan los hechos para que parezca todo lo contrario, presentándolos como “pacíficos manifestantes”, “activistas por los Derechos Humanos” o “jóvenes estudiantes” que luchan por la libertad y la democracia.

Esto exactamente fue lo que vimos con total claridad en las “pacíficas manifestaciones” de la plaza Maidán de Ucrania en 2014, donde grupos extremadamente violentos y de ideología claramente neonazi encabezaron un golpe de Estado (bajo los métodos del golpe suaverevolución de color) apoyados por Washington y Bruselas, y que fue presentado por los medios corporativos como una revolución pro-europea, democrática y pacífica: el llamado “Euromaidán“. Todas las imágenes e informes que pudimos ver a través de los medios independientes y las redes sociales evidenciaban que se trataba de todo lo contrario a lo que nos estaban relatando desde los medios corporativos occidentales [4]. Los miembros de la policía caían abatidos por las balas de francotiradores, pero éstos y otros muchos hechos violentos jamás fueron citados en los informativos occidentales. Lo que ocurrió después en Donbáss y los crímenes que se están cometiendo en nombre de la “democracia europea” son bien conocidos.

Puestos a establecer paralelismos, en Venezuela estamos asistiendo a la reaparición de la versión venezolana de los Cascos Blancos que operan en Siria, es decir, el brazo “humanitario” y “propagandístico” de Al Qaeda en Siria. Se trata de los “Cascos Blancos/Cruz Verde” [5] un grupo de “estudiantes de medicina” que de forma “altruista” acompañan a los manifestantes para socorrer a las víctimas de la “dictadura venezolana”. Dicen ser “apolíticos” y estar dispuestos a prestar ayuda médica a los heridos de “ambos bandos”, exactamente el mismo discurso que sus homólogos yihadistas en Siria. La propaganda de guerra y la injerencia extranjera se disfraza una vez más de “ayuda humanitaria”.

En resumen, estos grupos opositores golpistas que actúan impunemente en Venezuela bajo la supervisión de Washington utilizan la violencia extrema en contra de las instituciones del Estado, buscando con ello una respuesta del gobierno que tiene obligatoriamente que usar la fuerza, puesto que no cabe otra posibilidad ante una serie de acciones criminales, bien organizadas y continuadas en el tiempo contra el Estado y contra sus propios ciudadanos, y así preparar el escenario para una intervención extranjera en Venezuela.

Por su parte, el coronel Zomacal – ya bajo arresto – confesó ser el coordinador de la participación militar y el encargado de manejar los explosivos C-4 para generar caos en las calles y atacar instalaciones militares, entre ellas el Fuerte Tiuna y el Casco Central de Caracas.

“Tenemos 88 policías – declaró Zomacal -, pero necesitamos 120 (…) porque debe haber un grupo detrás de la marcha de María Corina (Machado) para que vayan saqueando. Queremos hacer creer ante la opinión pública nacional e internacional que el pueblo tiene hambre” [6]

La otra alternativa que tendría el gobierno de Venezuela sería entregar el poder a los golpistas – como hizo Yanukovik en Ucrania en 2014 – en contra de la opinión y de los intereses de la mayoría de la población; y de paso entregarle a las grandes corporaciones anglosajonas las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Venezuela se convertiría entonces en una verdadera “democracia” para Occidente.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] La verdad de Venezuela: el supuesto autogolpe y las garras del Imperio,- un trabajo de Carlos Fazio y Carmen Bohórquez, miembros de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad.

[2] El manual Sharp y los “golpes suaves” en América Latina,- artículo del politólogo argentino Juan Manuel Karg (Rebelión, 20/3/2014) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=182262

[3] La “oposición democrática” en Venezuela: peor que el fascismo,- artículo del politólogo Atilio Borón (Resumen Latinoamericano, 27/4/2017)

[4] Ucrania: otro ejemplo más de hipocresía e intereses de los medios de comunicación,- un detallado informe del analista y escritor Mikel Itulain (¿Es Posible la Paz? 2/12/2013)

[5] ¿”Cascos Blancos” en Venezuela? (investigación),- web Misión Verdad (2/5/2017)

[6] Revelan planes para un violento golpe de Estado en Venezuela (Cubadebate, 6/4/2017)

Ver también el vídeo: Conozca las pruebas de la Operación Escudo Zamorano: “acciones de un golpe de Estado” 2 (YouTube, 5/4/2017)

Escalada militar y expansión del yihadismo contra Rusia y China

Las élites imperialistas estadounidenses están imponiendo la agenda global que tenían preparada para Hillary Clinton. Pero es finalmente Donald Trump quien la está aplicando tras haber cedido a sus presiones. Esta metamorfosis ideológica y estratégica de Trump ha provocado a su vez una metamorfosis mediática y política de sus enemigos en ambos frentes, que ahora le aplauden y le incitan a que continúe por esa senda belicista tan peligrosa. Todos sus defectos anteriores han desaparecido tras bombardear Siria y Afganistán.

Esta compleja situación deja al desnudo a muchos farsantes de la esfera política y mediática. ¿Dónde están ahora los “progresistas” que anunciaban grandes movilizaciones mundiales contra Donald Trump? ¿Dónde han quedado aquellas afirmaciones que acusaban a Trump de ser un “agente del Kremlin”, o la famosa “injerencia rusa” en las elecciones, o sus preocupaciones por los derechos de los inmigrantes, o los vínculos del nuevo gobierno estadounidense con Rusia? Queda demostrado que todo era una farsa mediática dirigida a presionar y deslegitimar al nuevo presidente electo. La preocupación real de las élites políticas, industriales y mediáticas que atacaban a Trump era el proceso de “des-globalización” que se anunciaba y el fin de la vieja política exterior imperialista, que significaba de facto el reconocimiento y la aceptación del nuevo orden mundial multipolar. Ahora que la estrategia ha cambiado y Trump ha cedido ante el Estado Profundo, todas esas mentiras utilizadas durante meses contra él han desaparecido de las portadas de la prensa occidental.

[Leer también: Demagogia y populismo progresista contra Donald Trump]

Es revelador este cambio de actitud de los políticos, periodistas y activistas “anti-Trump”: resulta que cuando meses atrás Donald Trump hablaba de diálogo, acuerdos y entendimiento con Rusia, era considerado un loco-ultraderechista-racista que suponía una amenaza para el resto del mundo, hasta el punto de que un golpe de Estado contra él o incluso su propio asesinato parecían estar justificados y serían aceptados por la opinión pública occidental. Ahora, que abraza el viejo imperialismo belicista bombardeando ilegalmente países y que amenaza a Estados soberanos poniendo en peligro la paz mundial, es considerado un presidente responsable y respetable que se sitúa ideológicamente en el centro político. El corresponsal en Washington del diario español El Mundo definió el nuevo rumbo belicista del presidente estadounidense como un “brutal giro al centro”, literalmente: El brutal giro al centro de Donald Trump (El Mundo, 18/4/2017). Veamos: antes de los bombardeos ilegales era un “ultraderechista”. Ahora tras los bombardeos y la escalada militar global es un “moderado político de centro”. Tomamos nota.

Por otro lado, Francois Hollande dijo tras el bombardeo estadounidense contra Siria que ahora era el mejor momento para “derrocar a Al Assad” [1], aprovechando la supuesta “debilidad de Rusia” demostrada al no responder militarmente ante el ataque estadounidense contra la base siria de Al Shairat el pasado 7 de abril. Hollande, además de un criminal político, es un cínico y un irresponsable absoluto. Él más que nadie sabe que si el legítimo presidente Al Assad todavía no ha sido “derrocado”, es precisamente por la fortaleza y determinación de Rusia con respecto a Siria, además de que cuenta con el apoyo de la mayoría de su propio pueblo. Si Rusia estuviera “débil”, Francia (junto a Reino Unido) no dudaría en tomar la iniciativa y bombardear Damasco tal y como hicieron en 2011 en la capital de Libia, y le aplicarían al presidente sirio la misma “justicia universal” que le aplicaron al líder libio, y a Siria la misma “democracia” que la aplicada en Libia hoy en día.

Con sus declaraciones, el presidente francés está intentando empujar a Trump a iniciar una guerra contra Rusia en Siria cuyas consecuencias e implicaciones serían incalculables. También desde la yihad mediática occidental están interpretando muy bien su papel y animan a Trump a continuar por la senda del abismo belicista. Sin ningún tipo de complejo ni disimulo, desde el diario The New York Times se ha pedido a Donald Trump que no ataque al Estado Islámico, sino que el Pentágono se una a ellos y los utilice para atacar a Siria, Rusia, Irán y Hezbollá en Oriente Medio. Fue el pasado día 12 de abril a través de un artículo del periodista y escritor Thomas L. Friedman, ganador del premio Pulitzer nada menos que en tres ocasiones : Why is Trump fighting ISIS in Syria?.

Pero se “olvida” este galardonado y desvergonzado “periodista” que ISIS, o Al Qaeda para ser más exactos, ya está siendo utilizado por sus creadores de la CIA y el Pentágono desde 2011 en Siria para atacar a esos Estados soberanos y organizaciones antimperialistas que él coloca en el punto de mira. En realidad ya lo hacen desde al menos el año 1979 con su “muyahidines” en Afganistán; y desde el año 2014 bajo las nuevas iniciales de Estado Islámico, ISIS o Daesh tras su advenimiento en Irak de la mano del embajador John Negroponte y de Robert S. Ford, entre otros especialistas en reclutar y organizar escuadrones de la muerte para utilizarlos como un ejército de mercenarios en la sombra.

El objetivo declarado de la “Opción Salvador en Irak” era “eliminar la insurgencia”. En la práctica las brigadas terroristas patrocinadas por EE.UU. estaban involucradas en los asesinatos rutinarios de civiles a fin de fomentar la violencia sectaria. Por su parte, la CIA y MI6 estaban supervisando unidades de “al Qaida en Irak” involucradas en asesinatos selectivos dirigidos contra la población chií. Es importante señalar que los escuadrones de la muerte estaban integrados y asesorados por Fuerzas Especiales de EE.UU. encubiertas. (…) La horripilante versión iraquí de la “Opción Salvador” bajo la dirección del embajador John Negroponte ha servido como “modelo a imitar” para establecer los Contras del Ejército Libre Sirio. Robert Stephen Ford estuvo, sin duda, involucrado en la implementación del proyecto de los Contras sirios, después de su reasignación en Bagdad como jefe de misión adjunto en 2008. [2]

Este tipo de declaraciones y opiniones descabelladas dan muestra del nivel de fundamentalismo ideológico que inunda las redacciones de los grandes medios corporativos y los despachos presidenciales occidentales. Son yihadistas con traje y corbata.

Son precisamente estos “progresistas neoliberales” como Hollande (o Hillary Clinton) así como sus correligionarios de la OTAN y aquellos “activistas” y “periodistas” que piden una “intervención humanitaria” en Siria o directamente aliarse con Al Qaeda, quienes suponen un auténtico peligro para la paz mundial.

Bombardeo geoestratégico de EE.UU. en Siria y Afganistán. Desplazamiento de sus terroristas hacia las fronteras de Rusia y China.

Estados Unidos no renuncia a Siria, pero da por perdida la guerra en las actuales circunstancias. El bombardeo del 7 de abril se realizó sobre una base militar vacía que al día siguiente del ataque estaba de nuevo operativa. Más de la mitad de los 59 misiles lanzados no alcanzaron su objetivo. Si la intención del Pentágono era asestar un duro golpe al “régimen de Al Assad”, éste no se ha visto por ningún lado. El ataque era más bien un gesto de cara a la galería destinado al consumo interno. Un bombardeo propagandístico de Trump que ha desactivado el discurso de la oposición y con el que se ha garantizado la continuidad de su mandato presidencial. El problema es que su huida hacia adelante no tiene marcha atrás y nos puede arrastrar a todos hacia el precipicio.

Estados Unidos se ha empantanado en Siria. Ahora los estrategas imperialistas necesitan diversificar la guerra para obligar a Rusia y sus aliados a dispersar sus tropas de Siria y a dedicar sus esfuerzos a atender otros frentes bélicos que ahora se abren en diferentes latitudes estratégicas mundiales.

Afganistán parece ser uno de esos frentes elegidos. El 13 de abril Estados Unidos lanzó “la madre de todas las bombas” en Afganistán. Oficialmente el impresionante bombardeo iba dirigido contra el Estado Islámico que ahora, según ellos, ha cobrado fuerza en el país. La pregunta es: ¿Quién les ha permitido trasladarse y desarrollarse en un país vigilado e invadido militarmente por EE.UU-OTAN desde hace décadas? ¿Cómo han podido cruzar miles de terroristas y de armamento desde Siria e Irak sin que nadie haya visto nada?  Esto demuestra que la presencia militar de Estados Unidos en otros países sólo incrementa sus problemas y multiplica el número de terroristas sobre el terreno. En realidad esta nueva escalada militar de EE.UU. en Afganistán pretende retomar el control del país y hacer frente a los talibanes que cada día son más fuerte y tienen más apoyo popular entre aquellos que se oponen a la invasión estadounidense [3].

Esta maniobra de Washington supondría también una forma de rodear de terroristas y tropas militares a Irán, que quedaría “atrapada” entre Irak y Afganistán. También sería una amenaza para algunos países pertenecientes a la Organización para el Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) liderado por Rusia, que son fronterizos con Afganistán por el norte. También supone un peligro para China, cuya región de Xinjiang se une a Afganistán a través del corredor de Wakhan. Recordemos que actualmente miles de yihadistas uigures procedentes de esa región del noroeste de China actúan en Siria e Irak en las filas del Estado Islámico y otras organizaciones terroristas. También, de forma indirecta, el reciente bombardeo y la posterior presencia militar de EE.UU. en Afganistán supone un toque de atención a Pakistán, cuyo acercamiento y buena relación con la India – país miembro de los BRICS y que ya es la cuarta economía mundial desplazando a Japón – es vista como una amenaza para los intereses de Washington en Eurasia.

En resumen, Estados Unidos pretende rememorar contra Rusia los tiempos en los que utilizó a los terroristas de Al Qaeda para empantanar a la Unión Soviética en Afganistán en 1979-80. Estados Unidos no quiere paz ni estabilidad en Asia Central y mucho menos que los países de esta región se integren política, económica y militarmente en Eurasia. China también está en el punto de mira de esta diversificación del terrorismo yihadista y de la escalada militar multipolar estadounidense, como se pudo comprobar recientemente tras las supuestas maniobras militares contra Corea del Norte que en realidad sirven de excusa para cercar militarmente a China. Washington no va a bombardear Pyongyang debido al poderío nuclear de la RPDC [4], a la situación de debilidad interna de Corea del Sur y al freno que suponen Rusia y China. Pero el ruido mediático y la propaganda de guerra contra Corea del Norte está siendo utilizada para justificar su política belicista en el Mar de la China meridional. De hecho el tan anunciado envío por parte de EE.UU. de su armada nuclear hacia la península de Corea se dirigía realmente a Australia, país que se prepara bajo el mando estadounidense para una posible guerra futura con China [5]. A esto hay que añadir que Washington recientemente anunció que también estaba desplegando tropas en Somalia a “petición” del gobierno títere y corrupto de Mohamed Abdullahi Farmajo. EE.UU. retiró “oficialmente” sus tropas del país en 1994. La excusa es la misma que en casos anteriores, la “lucha contra el terrorismo”, pero su objetivo realmente es aplastar a la resistencia interna antimperialista y controlar el tráfico marítimo a través del océano Índico y del Golfo de Adén; con China nuevamente en el horizonte.

En el trasfondo de todo este despliegue militar de alcance global, aunque jamás se menciona en los medios corporativos occidentales, se encuentra el interés de Washington y sus títeres por bloquear el gigantesco proyecto comercial chino de la Nueva Ruta de la Seda (marítima y terrestre; ver la foto que encabeza este artículo). Para ello EE.UU. tiene desplegadas unas 400 bases militares cercando a China y Rusia [6], lo que el Pentágono llama “una soga perfecta”.

En un artículo que publiqué el pasado 27 de marzo titulado El Gran Kurdistán y la balcanización de Siria advertía que muy probablemente veríamos en las próximas semanas cómo la actividad de los grupos terroristas que operan en Siria e Irak desde 2011, bajo las directrices de EE.UU-OTAN-CCG, se iría desplazando a otras regiones más cercanas a Rusia y China para tratar de frenar su desarrollo e influencia en Eurasia y en todo el mundo, lo que supone una amenaza mayúscula para la hegemonía occidental, y estadounidense en particular. Esta pérdida de la hegemonía global por parte del poder económico y político occidental, es el mayor problema al que se enfrentan y lo que verdaderamente les aterra. La “lucha global contra el terrorismo”, la situación de los “refugiados”, los “Derechos Humanos” o la extensión de la “democracia” son sólo pretextos utilizados por Occidente para justificar sus políticas injerencistas contra Estados soberanos. Pero estos argumentos artificiales no aguantan el menor análisis. En aquel artículo escribí:

(…) Es por ello que ante la imposibilidad de imponerse en Siria y debilitar a Irán, con una Rusia impermeable a las sanciones y cada vez más influyente en Oriente Medio, y con una China cada vez más fuerte en todo África, Asia y Latinoamérica, es más que probable que las potencias de la OTAN traten de incendiar y desestabilizar a Rusia, China e Irán desde lugares más cercanos a sus fronteras o incluso desde su propio territorio utilizando para ello al terrorismo yihadista que ahora opera en Siria y en otros países de Oriente Medio y del sudeste y centro de Asia. Tengamos en cuenta que en Siria e Irak están operando miles de yihadistas rusos procedentes de la región del Cáucaso, así como también miles de yihadistas uigures procedentes de la región de Xinjiang, en el noroeste de China. Estos terroristas, ahora con experiencia de combate y entrenamiento militar servido por la OTAN, suponen un potencial peligro para la estabilidad y seguridad interna de Rusia y China, algo que no van a desaprovechar sus enemigos, los patrocinadores del terrorismo internacional.

Algunos de los acontecimientos recientes parecen apuntar en esa dirección que señalaba. Ojalá que toda esta escalada militar y propaganda de guerra mediática – como apuntan algunos reconocidos analistas [7] – forme parte tan sólo de una demostración de fuerza previa a una posible negociación entre las tres potencias destinadas a repartirse el mundo: China, Rusia y Estados Unidos. No es el escenario ideal, pero al menos evitaríamos por ahora una guerra nuclear mundial que por momentos parece inminente.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Francia: Rusia está débil, EE.UU. ya puede derrocar a Al-Asad,- (Hispan TV, 14/4/2017) http://www.hispantv.com/noticias/francia/338620/rusia-debil-derrocar-assad-hollande-siria-iran

[2] Terrorismo con “cara humana”: La historia de los escuadrones de la muerte de EE.UU.,- un informe del profesor Michel Chossudovsky (traducido al español por la web Rebelión.org (13/1/2013)  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=162053

[3] America Aggression: A Threat To The World,- artículo del abogado Christopher Black (New Eastern Outlook, 17/4/2017) 

[4] RPDC sepulta la agresividad estadounidense,- artículo del analista geopolítico Enrique Muñoz Gamarra http://www.enriquemunozgamarra.org/Articulos/169.pdf

[5] John Pilger: U.S. Deep State Is Pushing Australia Into War With China,- Sean Adl-Tabatabai (Your News Wire, 16/4/2017) http://yournewswire.com/john-pilger-deep-state-australia-china/?_utm_source=1-2-2OHN

[6] La guerra nuclear contra China no es ninguna sombra,- artículo del veterano periodista, escritor y director australiano John Pilger (Diario Octubre, 25/2/2017)

[7] Momento decisivo en Norcorea: Orden tripolar de EU/Rusia/China o guerra nuclear,- un análisis del experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 19/4/2017) http://www.jornada.unam.mx/2017/04/19/opinion/014o1pol

EE.UU. ataca Siria: Al Qaeda sustituye al Consejo de Seguridad de la ONU

Hace años que los halcones imperialistas estaban buscando la escusa perfecta para bombardear directamente Siria. Obama lo intentó el 4 de septiembre de 2013 siguiendo un patrón similar al actual. Utilizando como excusa los ataques químicos provocados por los terroristas en la Ghouta oriental de Damasco unos días antes, Washington disparó dos misiles desde sus buques desplegados en la base militar de Rota (España) con dirección a Damasco. Los misiles estadounidenses fueron interceptados por los sistemas de defensa rusos antes de que éstos llegaran a su destino.

Este hecho marcó un antes y un después en Siria y evidenció el cambio que se ha producido en la balanza de poder mundial en los últimos años. Estados Unidos se encontró con un contrapeso militar (también político, económico, financiero…) que le imponía unos límites, unas “líneas rojas” que ya no podía sobrepasar como antaño.

Ahora Estados Unidos realiza una peligrosa demostración de fuerza en el momento de mayor debilidad de su historia reciente. De forma unilateral, sin permiso del Congreso de Estados Unidos, sin un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, sin esperar a las conclusiones de una investigación que ni siquiera se ha iniciado, utilizando como excusa de nuevo otro ataque con armas químicas en Siria, el presidente Donald Trump ordenó atacar la base militar de Ash Shairat, en la provincia de Homs, matando al menos a 6 militares sirios. Esta gravísima decisión cuyas consecuencias geopolíticas todavía no se pueden calibrar, fue tomada basándose en las acusaciones lanzadas por parte de Al Qaeda en Siria contra el gobierno Damasco apenas 72 horas antes. Los terroristas [1] señalaron el objetivo, le ofrecieron la excusa y Washington salió en su ayuda, actuando como si estos terroristas formaran parte oficialmente del ejército estadounidense. La palabra de Al Qaeda pesó más que el veto de Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Esto sienta un peligroso precedente. ¿Cuánto van a tardar los terroristas en escenificar otro “ataque químico del régimen” para forzar otra intervención militar de EE.UU.? ¿Con qué argumentos va a oponerse Donald Trump a otro bombardeo cuando vuelvan a circular los vídeos de los Cascos Blancos (Al Qaeda) por todos los medios de comunicación occidentales?

Rusia siempre había considerado que un ataque directo de la OTAN contra Siria sería considerado como un ataque a los intereses y a la seguridad de la propia Rusia. Sin embargo, en esta ocasión, ni Rusia ni Siria han querido interceptar ninguno de los 59 misiles Tomahawk lanzados desde dos buques estadounidenses desplegados de forma permanente en la base española de Rota. (parece ser que sólo 23 misiles de los 59 lanzados alcanzaron la base militar siria). Esta contención de Rusia, a la que desde Occidente se acusa de ser un peligro para la paz, ha evitado de momento una guerra nuclear mundial. Pero sienta un precedente peligroso si Washington lo interpreta como un síntoma de miedo o impotencia y sienta la tentación de repetirlo.

El ataque no iba dirigido solamente contra Al Assad, sino que envía un claro mensaje también a Rusia, que fue quien vetó en el Consejo de Seguridad de la ONU la resolución presentada por EE.UU., Reino Unido y Francia el pasado miércoles 5 de abril. Aquellos globalizadores que acusaban a Donald Trump de ser un títere en manos de Putin, se han quedado sin argumentos. Con este ataque Trump también buscaba demostrar que no es un “agente del Kremlin”.

Si Rusia no responde con alguna acción geoestratégica ante esta amenaza, Estados Unidos no se conformará con dar un “pequeño escarmiento” a Al Assad. La política de “cambio de régimen” en Siria vuelve a estar sobre la mesa de Donald Trump a pesar de sus promesas electorales y de que horas después de que ocurrieran los ataques químicos en Idlib, el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijera que no está en la agenda del gobierno derrocar a Al Assad. Repito: ya se habían producido los ataques químicos en Idlib cuando desde el gobierno estadounidense se reafirmaron en su política de no injerencia en Siria respecto a la continuidad de Al Assad. Por lo tanto, el argumento del “ataque químico” no sirve de excusa para justificar el ataque contra Siria y el cambio en el discurso de la Casa Blanca. Bombardear un país, destruir su infraestructura, matar a militares y civiles, no parece la mejor manera de respetar su soberanía y la estabilidad de su gobierno.

Este jueves, de nuevo, el Secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson afirmaba que los pasos para eliminar al presidente sirio “ya están en marcha”, según informaba Russia Insider el viernes. Ésta tampoco parece la mejor vía para llegar a un acuerdo con Rusia; acuerdo del que Rex Tillerson es un fuerte defensor, por ahora.

¿Entonces qué ha ocurrido para que Trump diera este giro radical tan peligroso en apenas 48 horas?

Trump ha cedido a las enormes presiones del Establishment (complejo militar-industrial-financiero-mediático) en un ejercicio de irresponsabilidad absoluto. Su promesa de no intervenir militarmente en otros países para centrarse en el desarrollo interno del país ha saltado por los aires. ¿Es definitiva esta vuelta al viejo imperialismo belicista? Todavía no podemos saber si este viraje supone una derrota absoluta de Trump frente al Estados Profundo, o si quizás sea una forma (peligrosa, ilegal y criminal) de ganarse su confianza para que rebajen la presión sobre su presidencia y le permitan implementar su programa de gobierno.

Esta última hipótesis es la que maneja también el reconocido investigador y periodista francés Thierry Meyssan, cuyos contactos con los servicios secretos de algunos países de Oriente Medio parecen evidentes. En su artículo Donald Trump impone su autoridad a sus aliados  (publicado el 8 de abril) Meyssan recuerda que Rusia y Siria fueron avisados con anterioridad por Washington del bombardeo contra la base de Ash Shairat, que se encontraba “prácticamente vacía” en el momento del  ataque, lo que explicaría porqué no interceptaron ninguno de los misiles. Trump pretendería con este ataque suavizar la presión del Estado Profundo. Y Rusia y Siria, por su parte, habrían “aceptado” este ataque para que Trump tome “autoridad” interna y pueda posteriormente implementar su plan inicial para acabar con el terrorismo yihadista en Siria e Irak. De hecho las imágenes publicadas de la base militar tras el ataque evidencian que los daños ocasionados no parecen ser cruciales o inasumibles para Damasco.

Arriesgada maniobra ésta, pero no puede descartase. Tengamos en cuenta, además, que la alternativa a la caída de Trump sería Hillary Clinton, una de las promotoras de la doctrina del “cambio de régimen” y del patrocinio de Al Qaeda en Libia y Siria, quien el pasado miércoles, horas antes de que lo anunciara Donald Trump, reclamaba nuevamente “bombardear Siria”.

En cualquier caso, las continuas contradicciones de Trump entre su discurso y los hechos son demasiado preocupantes. Si alguna vez existió un mínimo de esperanza en que su política exterior girara pronto hacia la racionalidad y el respeto al Derecho Internacional, ésta también fue bombardeada en la madrugada del viernes 7 de abril de 2017. Excepto para los terroristas, aquellos a los que Trump pretende combatir, que casi en paralelo a los ataques de EE.UU. iniciaron una ofensiva contra el ejército sirio en la carretera que une las ciudades de Homs y Palmira. Al Qaeda y sus patrocinadores felicitaron a Trump a través de las redes sociales por su ataque contra Siria [3].

De aquí adelante, o eso parece a tenor de los acontecimientos recientes, bastarán unas cuantas imágenes y unos vídeos prefabricados por los Cascos Blancos para que Washington y sus títeres europeos decidan bombardear un país soberano. Al Qaeda y su aparato de propaganda “humanitaria” se convierten a partir de ahora en árbitros de los conflictos internacionales y en los jueces del Derecho Internacional.

REFERENCIAS – NOTAS 

[1] No importa las siglas bajo las que actúen o las coaliciones que formen por cuestiones estratégicas; su matriz es Al Qaeda y su ideología es el wahabismo con epicentro en Arabia Saudí; todos ellos son los herederos de los “muyahidines” creados por la CIA y dirigidos por Brezinsky en 1979 para utilizarlos contra la Unión Soviética en Afganistán.

[2] Syria: New U.S. Air Support On Request Scheme For Al-Qaeda,- Moon of Alabama (7/4/2017) http://www.moonofalabama.org/2017/04/syria-us-creates-new-air-support-request-scheme-for-al-qaeda.html#more

[3] Without Evidence, Trump Launches 59 Cruise Missiles, Destroying Syrian Air Force Base,- (21st Century Wire, 7/4/2017) http://21stcenturywire.com/2017/04/07/without-evidence-trump-launches-us-59-cruise-missiles-destroying-syrian-air-force-base/

Idlib: ni un ataque químico del gobierno, ni un ataque terrorista de falsa bandera

El 14 de enero de 2014 Richard Lloyd, ex-inspector de armas de la ONU, y Theodore A. Postol, profesor de Ciencia, Tecnología y Política de Seguridad del Instituto Tecnológico de Massachusetts, presentaron en Washington un detallado informe sobre el ataque químico que tuvo lugar en la Ghouta oriental de Damasco el 21 de agosto de 2013.

El gobierno de Al Assad fue acusado entonces por la OTAN, sus ONGs y los medios corporativos occidentales de haber ejecutado este ataque químico, el cuál fue utilizado como argumento para reclamar una intervención de la “comunidad internacional” en Siria, es decir, un “bombardeo humanitario” con la excusa de “proteger a la población civil” (la doctrina R2P, Responsibility to Protect) tal y como había ocurrido en Libia en 2011.

Sin embargo las conclusiones del informe no pudieron ser más contundentes: desde un riguroso punto de vista técnico y científico era imposible que el ataque químico hubiese sido lanzado desde las posiciones que ocupaba el ejército sirio. Las pruebas presentadas por la inteligencia estadounidense eran “erróneas”, es decir, eran pruebas falsas o manipuladas (si dejamos a un lado el lenguaje diplomático) y “necesitaban ser explicadas” por parte de Washington, según estos expertos [1].

En aquel entonces algunos prestigiosos analistas independientes y periodistas de investigación – como Seymour Hersh o Christof Lehmann, entre otros – ya escribieron sobre la forma en la que llegaron las armas químicas a Siria. Estados Unidos – con Obama y Hillary Clinton a la cabeza – envió armas químicas a Siria a través de Turquía desde los arsenales que controlaban en Libia tras la invasión terrorista del país y posterior asesinato extrajudicial de Gadafi. En el año 2012 el Pentágono y la CIA junto a los regímenes de Arabia Saudí, Catar y Turquía llegaron a un acuerdo para realizar (a través de sus “rebeldes moderados”) ataques químicos de falsa bandera en Siria y acusar de ello al gobierno de Al Assad para tratar de forzar así una intervención militar internacional para derrocarlo [2].

En resumen, los ataques químicos de 2013 en Damasco fueron provocados por los terroristas “moderados” con armas químicas que les proporcionaron sus patrocinadores. Concretamente fue organizado por la inteligencia saudí, cuyos “rebeldes” en Siria asesinaron a cientos de personas (incluidos decenas de niños) para presentarlos como víctimas de los “bombardeos del régimen” [3]. La OTAN esperaba repetir en Siria el libreto “humanitario” que aplicó en Libia. En aquellos momentos esta coalición del terror (OTAN-CCG-Al Qaeda) no contaba con la implicación tan directa, contundente y efectiva que tuvo Rusia en Siria posteriormente.

A día de hoy, tres años y medio después de los ataques químicos en la Ghouta oriental de Damasco, todavía desde Occidente (gobiernos, prensa y ONGs) se sigue acusando al “régimen de Al Assad” de cometer aquellos crímenes. Lejos de rectificar, la historia ha vuelto a repetirse.

La OTAN-CCG y su aparato de propaganda han vuelto a acusar al “régimen de Damasco” de lanzar un ataque químico contra civiles en Jan Sheijun, en la provincia siria de Idlib, ocurrido este martes  4 de abril, una zona controlada por los terroristas yihadistas. Un análisis detallado de los hechos y de las imágenes que fueron publicadas tras los ataques (como el realizado por Paul Antonopoulos para Al-Masdar News), podría llevarnos a concluir que se trata de un nuevo ataque de falsa bandera de los terroristas al servicio de la OTAN, acompañado de una burda campaña de propaganda protagonizada por los Cascos Blancos, el brazo humanitario de Al Qaeda en Siria. Tanto su puesta en escena como la fecha en la que se tuvieron lugar los hechos, en vísperas de la Conferencia de Bruselas sobre Siria, apuntan en esa dirección claramente.

Sin embargo, una información aparecida posteriormente nos obliga a matizar y dificulta aún más las conclusiones. El  portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashénkov, confirmó que el ejército sirio había bombardeado un depósito de armas de los terroristas en Jan Sheijun, pero negaron rotundamente que hubiesen utilizado armas químicas. Este hecho, paradójicamente, refuerza el argumento de los terroristas y da “credibilidad” (al menos ante los ojos de Occidente) a las imágenes y vídeos difundidos por los medios corporativos, en los que se ven a decenas de civiles bajo los efectos de un supuesto ataque con “gas sarín” en Jan Sheijun, incluido decenas de niños. Por cierto, hablando de civiles y niños, cabe hacerse algunas preguntas:

¿Cómo había tantos niños muertos en el lugar del ataque (se habla de 30 niños de los aproximadamente 90 muertos que hubo en total) y sin embargo no hemos visto a ninguna mujer muerta o herida en las imágenes y vídeos difundidos? ¿Por qué había a esa horas de la noche tantos niños reunidos (incluidos bebés) cerca de un almacén de armas situado a las afueras de la ciudad? ¿Cómo es posible que en una ciudad controlada por los terroristas de Al Qaeda (llamados “rebeldes”) todos los muertos sean “civiles”, según nos relatan los medios de comunicación y gobiernos occidentales? ¿Por qué algunas de las 250 personas que fueron secuestradas por terroristas de Al Qaeda una semana antes en Majdal y Khattab, aparecen ahora entre las víctimas del ataque químico de Jan Sheijun? Todavía son muchas las cuestiones que están por aclarar [4].

Más allá de estas y otras preguntas que debemos hacernos, la hipótesis más plausible que personalmente barajo para explicar lo ocurrido, partiendo de la información que he podido ver hasta ahora, es que los terroristas de Jan Sheijun fueron “gaseados” con sus propias armas  químicas después de que el ejército sirio bombardeara sus almacenes. Posteriormente esta situación fue aprovechada por los terroristas y su aparato de propaganda para recrear sobre el terreno un ataque  químico por parte de la “aviación del régimen”. Todo esto sin descartar que los terroristas colocaran en la “escena del crimen” los cuerpos de otras personas asesinadas por ellos mismos, como ya hicieron en la Ghouta oriental de Damasco en agosto de 2013.

Por lo tanto, no existió ningún ataque químico por parte del legítimo gobierno de Siria, que no obtendría ningún beneficio (más bien todo lo contrario) de un ataque de este tipo porque no lo necesita para ganar la guerra contra el terrorismo, ni tampoco se ha demostrado que lo hiciera en el pasado. Pero tampoco es exactamente un atentado de falsa bandera al uso como el ocurrido en agosto de 2013. O al menos esto es lo que se desprende tras la confirmación del ataque por parte de Siria al depósito de armas químicas de los terroristas. Fue, eso sin duda, una operación de propaganda de guerra contra Siria lanzada por sus enemigos, que actuaron al unísono cada uno de ellos desde su trinchera: terroristas sobre el terreno, gobiernos de la OTAN, las principales agencias de noticias, medios corporativos, activistas y organizaciones humanitarias financiadas por las grandes corporaciones occidentales…

En cualquier caso, la absoluta  torpeza (¿o hay algo más que se nos escapa?) del gobierno sirio resulta incomprensible. ¿Por qué a 24 horas de una importante conferencia internacional sobre Siria deciden bombardear un “depósito de armas químicas” sabiendo que esta acción iba a ser utilizada y manipulada por sus enemigos?

No hubo  que esperar mucho tiempo para comprobarlo. Estados Unidos, Reino Unido y Francia convocaron una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para tratar el asunto. Acusaron de nuevo al “régimen de Al Assad” del ataque químico. No presentaron ninguna prueba, puesto que no ha habido tiempo para una investigación. Sus graves acusaciones se basan en la palabra de los terroristas de Al Qaeda en Siria, del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, y de los vídeos e imágenes que difunden los Cascos Blancos a través del Alepo Media Center (AMC) y otras agencias de propaganda yihadista. Es decir, las potencias occidentales en la ONU ejercen de facto como portavoces de Al Qaeda en Siria.  En realidad, con esta reunión de urgencia del Consejo de Seguridad, la OTAN únicamente trataba de escenificar ante el mundo la supuesta crueldad del “régimen sirio” y la necesidad imperiosa de intervenir en Siria por razones “humanitarias” y para poder juzgar internacionalmente a  Bashar al-Assad por cometer “crímenes contra la humanidad”. Afortunadamente se encontraron con el veto de Rusia y China nuevamente.

En esa reunión del Consejo de Seguridad, el representante de Reino Unido, Mark Rycroft, dijo desconocer el uso de armas químicas por parte de los “rebeldes sirios”, en respuesta a una acusación de Rusia que exhortó a los presentes a investigar también esos ataques por parte de los “rebeldes” apoyados por Occidente. Hay que ser muy cínico para alegar “desconocimiento” desde una responsabilidad política de tan alto nivel, cuando existen pruebas contundentes del uso de armas químicas por parte de los terroristas en Siria. Sin ir más lejos, en agosto de 2016 en Alepo, cuando los “rebeldes” que patrocina el propio Reino Unido y la OTAN, bombardearon con gas sarín a la población civil de Alepo de la zona controlada por el gobierno sirio. Este ataque (y otros semejantes) no tuvo la misma repercusión mediática ni política, lógicamente. Además, la alta funcionaria de la ONU Carla del Ponte, cuando dirigía la Comisión Internacional de la ONU sobre Siria a principios del año 2013, afirmó que eran los “rebeldes” y no el gobierno quienes estaban utilizando gas sarín contra los civiles en Siria en aquel momento. La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW, por sus siglas en inglés) no tuvo más remedio que reconocer, dos años y medio después de iniciar su investigación, que fueron los “rebeldes” y no el gobierno quien llevó a cabo el famoso y tan manipulado ataque con gas sarín en la Ghouta oriental de Damasco en agosto del año 2013.

Ahora, a pesar de la contundente evidencia que existe y que desacredita sus argumentos, desde Occidente pretenden resucitar el fantasma de las armas químicas para recuperar el pulso en una guerra que tienen perdida. EE.UU., Reino Unido y Francia conocen perfectamente el uso de armas químicas por parte de los yihadistas porque son ellos quienes los financian, dirigen y entrenan para que siembren el terror en Siria.

Estados Unidos y algunos aliados europeos están entrenando a rebeldes sirios sobre cómo asegurar arsenales de armas  químicas en Siria, dijo a CNN un alto funcionario estadounidense y varios diplomáticos de alto rango. El entrenamiento, que se está llevando a cabo en Jordania y Turquía, incluye cómo monitorear y asegurar las existencias y manejar los sitios y los materiales de las armas (…). [Estados Unidos apoya a los rebeldes sirios con el entrenamiento para proteger armas químicas,- CNN, Departamento de Seguridad, 9 de diciembre de 2012]

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Possible Implications of Faulty US Technical Intelligence in the Damascus Nerve Agent Attack of August 21, 2013,- (PDF) un informa del Grupo de Trabajo sobre Ciencia, Tecnología y Seguridad Global (Instituto de Tecnología  de Massachusetts) http://www.voltairenet.org/IMG/pdf/possible-implications-of-bad-intelligence.pdf

Leer también: The Failed Pretext For War: Seymour Hersh, Eliot Higgins, MIT Rocket Scientists On Sarin Gas Attack (Mint Press News, 15/4/2015) http://www.mintpressnews.com/the-failed-pretext-for-war-seymour-hersh-eliot-higgins-mit-professors-on-sarin-gas-attack/188597/

[2] Seymour Hersh Says Hillary Approved Sending Libya’s Sarin to Syrian Rebels,- artículo del historiador e investigador Eric Zuesse (Strategic Culture Foundation, 28/4/2016) http://www.strategic-culture.org/news/2016/04/28/seymour-hersh-hillary-approved-sending-libya-sarin-syrian-rebels.html

[3] The East Ghouta Chemical Attacks (2013): US-Backed False Flag? Killing Syrian Children to Justify a “Humanitarian” Military Intervention,- Julie Lévesque recupera un artículo del profesor Michel Chossudovsky sobre aquellos ataques químicos (Global Research, 6/4/2017) http://www.globalresearch.ca/the-ghouta-chemical-attacks-us-backed-false-flag-killing-children-to-justify-a-humanitarian-military-intervention/5351363

[4] Sacando conclusiones; algo no cuadra en el ataque químico de Idlib,- un artículo de Paul Antonopoulos para  Al-Masdar News (AMN), publicado el mismo día del ataque químico (4/4/2017) https://www.almasdarnews.com/article/sacando-conclusiones-algo-no-cuadra-en-el-ataque-quimico-de-idlib/

Venezuela y el factor de la legitimidad democrática como arma del imperialismo

El jueves día 30 de marzo el exdiputado brasileño Eduardo Cunha, el arquitecto político del golpe parlamentario (llamado eufemísticamente “impeachment”) contra Dilma Roussef, fue condenado a 15 años de cárcel por cometer “crímenes de corrupción, lavado de dinero y evasión fiscal”. Unos días antes, a través de una investigación de la periodista Cynthia García publicada en el diario argentino Página 12, también se dieron a conocer las corruptelas del candidato a la presencia del gobierno de Ecuador, el mal llamado “ex-banquero” Guillermo Lasso, quien de espaldas a las autoridades ecuatorianas y saltándose las leyes del país que pretende presidir sigue dirigiendo actualmente un banco de inversión con sede en Panamá dedicado principalmente a facilitar la fuga de capitales desde Ecuador, además de evadir impuestos a través de varias empresas o “sociedades off shore” que figuran a su nombre o al de algunos de sus familiares o allegados [1].

Sin embargo estas noticias de gran importancia y repercusión política no fueron del interés de los grandes medios corporativos. Nadie se cuestionó desde estas tribunas mediáticas la legitimidad del impopular y corrupto régimen brasileño, ni cuestionaron la legitimidad del corrupto banquero Lasso como aspirante a dirigir Ecuador (dirigirlo de nuevo hacia el neoliberalismo y la falta de soberanía).  Su atención estuvo una vez más puesta en Venezuela para arremeter contra el electo gobierno venezolano negando su legitimidad para aplicar las leyes y la Constitución vigentes en el país.

Los verdaderos golpistas denuncian un golpe de Estado inexistente

La decisión de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Venezuela de  desautorizar a la Asamblea Nacional y asumir sus competencias ocupó las portadas de la prensa internacional y fue citada en todos los informativos de televisión y radio en España y prácticamente en todos los países del mundo. El mensaje que se quiere enviar es claro: en Venezuela reina el caos, no existe separación de poderes, las instituciones no funcionan, es un Estado fallido, las libertades han sido eliminadas, se ha dado un “Golpe de Estado en Venezuela“. Sin embargo ninguno de estos medios de comunicación  – especialmente los medios españoles – parecen demasiado interesados en explicar el contexto jurídico y político en el que se adopta esta decisión del tribunal. Obviamente lo importante es difundir masivamente una matriz de opinión contraria al gobierno venezolano que ayude a incrementar su criminalización. La información es lo de menos.

La Asamblea Nacional se encontraba en situación de “desacato” desde el mismo día en que se constituyó ilegalmente. La razón es que tres de sus diputados, elegidos por el Estado Amazonas en las elecciones de diciembre de 2015, estaban siendo investigados debido a un presunto fraude electoral en el que incurrieron cuando fueron elegidos. Todo lo que la Asamblea Nacional debía hacer para normalizar y legalizar la situación era impedir la juramentación de los tres diputados para repetir las elecciones en ese Estado, siguiendo las leyes y procedimientos constitucionales que existen al respecto, hasta que la investigación judicial sobre el fraude electoral finalizase. Así de sencillo.

Sin embargo los miembros de la oposición que dominan la Asamblea Nacional decidieron desobedecer todas y cada una de las sentencias y advertencias que le llegaban desde las instituciones judiciales del Estado desde hace más de un año (5 de enero de 2016). Y se saltaron las leyes de forma premeditada porque buscaban una confrontación directa con el gobierno y las instituciones del Estado. Es su forma de hacer “política”.

En ningún país europeo si hubiera permitido algo parecido a lo ocurrido en Venezuela: que una institución del Estado desobedeciera a otra institución superior incumpliendo además lo dictado en su propia Constitución.  De hecho en España recientemente hemos asistido a la condena judicial del expresidente de Cataluña (Artur Mas) y de otros cargos políticos de su gobierno (como Francesc Homs) por convocar un referéndum o consulta popular sobre la futura independencia de Cataluña desobedeciendo al Tribunal Constitucional que había prohibido el referéndum unos días antes de celebrarse. Pero, en este caso, ningún medio corporativo ni gobierno occidental habló de “golpe de Estado” en España ni acusó al gobierno títere de Rajoy de “consolidar una dictadura”, como ha hecho el infame diario El País en su editorial del viernes 31 de marzo. Se olvida este diario, en manos de Catar y del capital financiero estadounidense, que en un sistema presidencialista como el de Venezuela, en caso de confrontación entre instituciones o poderes del Estado, es el presidente del gobierno quien tiene la legitimidad última para tomar decisiones. A día de hoy ninguno de estos medios de propaganda ha sido capaz de señalar qué artículos concretos de la Constitución venezolana están siendo violados por el presidente Nicolás Maduro.

Resulta paradójico que aquellos que encabezaron y apoyaron el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002 (Golpe a un caudillo, así lo celebraba El País en su editorial del 13 de abril de 2002) y el golpe suave contra Maduro patrocinado por Hillary Clinton y Obama en 2014 llamado La Salida (43 muertos en total), denuncien ahora con todas las letras un “golpe de Estado” en Venezuela. Grotesco también resulta escuchar a una oposición que ganó unas elecciones parlamentarias y que domina la Asamblea Nacional gritar que “Venezuela es una dictadura”. O que no existe la “separación de poderes” al mismo tiempo que escuchamos a la Fiscal General del Estado, Luisa Ortega Díaz, supuestamente “chavista”, criticar duramente y de forma pública la sentencia del Tribunal Supremo de Venezuela.

¿Se imaginan al Fiscal General de la democrática España hacer lo  mismo que su homóloga venezolana con una decisión del Tribunal Supremo español?

No reconocer la legitimidad de un gobierno, primer paso para justificar su derrocamiento

La oposición venezolana – siguiendo instrucciones de Washington – está acostumbrada a actuar fuera de los márgenes legales para provocar la consecuente reacción del gobierno y poder presentarse como “víctimas del régimen” cuando se les apliquen las leyes vigentes, como a cualquier otro ciudadano. Esa es su estrategia de oposición: tensar la cuerda al máximo con la esperanza de que se rompa y provoque una situación de violencia estatal y social que requiera de una “intervención internacional”, algo que la “patriótica” oposición venezolana ya reclamó en varias ocasiones de manera más que vergonzante. Y este es, en paralelo y de forma coordinada, el papel que ejerce el enviado de Washington a la OEA, Luis Almagro.

A pesar de encontrarse en situación de “desacato”, el pasado 9 de enero la Asamblea Nacional desautorizó institucionalmente al presidente Maduro alegando “abandono de su cargo”. Era otra provocación más. Realmente nunca reconocieron la legitimidad del gobierno de Maduro (en realidad nunca desde 1999). Este es un punto muy importante, porque no reconocer dicha legitimidad democrática para gobernar abre las puertas a cometer cualquier tipo de acto para luchar contra la supuesta “tiranía”. Desconocer su legitimidad es el primer paso para comenzar la guerra de propaganda que conduce finalmente a un “cambio de régimen”. Todo tipo de violencia y de crímenes están justificados contra un “régimen ilegítimo”. Las sociedades occidentales aceptan y apoyan cualquier crimen que se cometa contra alguien al que los medios corporativos le presenten como un “tirano” o un “dictador sanguinario”. Es la misma agenda de propaganda sicológica imperialista que se aplicó contra el gobierno de Yugoslavia, Irak, Libia… o actualmente Siria. Venezuela también está en esta agenda.

No debemos olvidar que en estos ambientes prebélicos y bélicos cualquier apoyo a una calumnia de un líder, de un pueblo, o del sistema político de un país tiene unos efectos demoledores, con unas consecuencias terribles. “Una vez que la conciencia  social es inducida a asumir la ilegitimidad de un líder o de un sistema político, la forma de su derrocamiento es ya una cuestión secundaria, un problema tecnológico.” …basta con deslegitimar o demonizar al líder de un país, una vez hecho esto lo demás viene seguido y rodado. Es una cuestión secundaria, solo un problema técnico que los expertos mediáticos y militares solventarán. [2]

Venezuela forma parte de ese grupo de países soberanos e independientes a los que desde Occidente se les niega el derecho a la legítima defensa, en todos los planos. A Venezuela se le exige que no aplique sus propias leyes y que deje en la impunidad aquellos actos ilegales que ningún gobierno occidental permite que ocurran en su propio territorio. Por ejemplo, si Leopoldo López – el “preso político” más paradigmático para la prensa occidental [3] – fuese un político estadounidense y hubiese ejercido allí ese tipo de “oposición” violenta que ejerce en Venezuela (La Salida, en 2014, con resultado de 43 muertos y 800 heridos) estaría en la cárcel condenado probablemente a cadena perpetua por llamar a una insurrección contra el gobierno de la nación. En Francia, tanto él como el resto de dirigentes de la oposición golpista, estarían en la cárcel condenados por “poner en peligro las instituciones de la República” [4]. En España, donde los familiares de Leopoldo López son recibidos como héroes, estaría en la cárcel condenado por cometer, como mínimo, un delito de “terrorismo callejero“.

Art. 577 del Código Penal. (Dentro del capítulo de delitos de terrorismo). «Los que, sin pertenecer a grupo terrorista, y con la finalidad de subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública (…), serán castigados con la pena que corresponda en su mitad superior». [Así se combatió jurídicamente la «kale borroka», diario español ABC, 31/3/2014]

Y, por supuesto, las “democracias” occidentales no permiten que otros países “enemigos” financien y “asesoren” a los partidos políticos y a las organizaciones de la oposición, tal y como hacen los gobiernos imperialistas (principalmente Estados Unidos [5]) con la oposición golpista venezolana a la que financian para derrocar por la vía rápida a un gobierno legítimo salido de las urnas.

Pero estamos hablando de Venezuela, un país que alberga las mayores reservas certificadas de petróleo del mundo (más que Arabia Saudí) y cuyo gobierno revolucionario no tiene ninguna intención de entregarle esos enormes recursos energéticos a las insaciables corporaciones occidentales. Eso lo explica y lo cambia todo.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Las preocupantes actividades financieras de un candidato presidencial ecuatoriano,- artículo de Mark Weisbrot, co-director del Centro de Investigación Política y Económica (CEPR) con sede en Washington

[2] Esta reflexión forma parte del libro “Chechenia versus Rusia: El caos como tecnología de la contrarrevolución” (2003), de  Antonio Fernández Ortiz. Pero el párrafo lo copié directamente de un brillante artículo del escritor y analista Mikel Itulain que recomiendo leer:    “Una vez asumida la ilegitimidad de un líder o de un sistema político, la forma de su derrocamiento es ya una cuestión secundaria, un problema técnico.” (¿Es Posible la Paz? 20/8/2014) http://miguel-esposiblelapaz.blogspot.com.es/2014/08/una-vez-asumida-la-ilegitimidad-de-un.html

[3] El López venezolano y el López puertorriqueño: un contraste esclarecedor,- artículo de Atilio Boron (TeleSur, 30/5/2017)

[4] Si la oposición venezolana fuera francesa…,- artículo del profesor Salim Lamrani publicado originalmente en el diario brasileño Opera Mundi (traducido al español en La Pupila Insomne, 15/4/2014)

[5] EE.UU: La emboscada contra Venezuela,- artículo de la abogada Eva Golinger (RT, 12/11/2015)