Cataluña: el amargo despertar de un dulce sueño inducido

Las burguesías española y catalana siempre han pactado desde 1978 en adelante. Ahora lo harán de nuevo. Algunos nos equivocamos en nuestras predicciones. Nunca antes se había llegado tan lejos, pero no habrá independencia sino un acuerdo o “pacto de Estado” entre las élites políticas de Madrid y Barcelona. A cambio son de esperar algunas concesiones por parte del régimen monárquico español hacia Cataluña.

Carles Puigdemont mandó ayer la recién nacida República Catalana al limbo político a los ocho segundos de haberla declarado. El ‘president’ hizo acuse de recibo de los resultados del referéndum del 1 de octubre y, como estipula la ley de referéndum, medio declaró la independencia catalana: “Asumo el mandato del pueblo  de que Catalunya se convierta en un estado independiente en forma de república”. Acto seguido propuso “suspender los efectos” de esa secesión para facilitar que los esfuerzos internacionales que se están llevando a cabo para conseguir que haya una mediación con el Estado fructifiquen. [Xabi Barrena, El Periódico de Cataluña, 10/10/2017]

Este nuevo escenario que se abre deja a la izquierda independentista catalana a los pies de los caballos, fuera de juego, sin discurso. Siempre que la izquierda va de la mano de los neoliberales (PP-PSOE-CIU…) acaba quemándose. Si la independencia de Cataluña suponía para esta izquierda un asunto de orden mayor que eclipsaba cualquier otro debate ideológico o planteamiento estratégico de fondo, ¿qué harán ahora que, según parece, la independencia ya no es la prioridad suprema para el pueblo catalán?

Desde hoy el títere fascista Mariano Rajoy será presentado ante Europa por la prensa corporativa como un líder fuerte que ha mantenido la “unidad del reino de España” con mano dura; pero también como un presidente “democrático” que tiene “capacidad de diálogo” cuando se necesita. Por su parte Puigdemont es quien recula, quien retrocede ante el vértigo de la ruptura, quien pierde el pulso… quien se quita la careta y muestra su raquítica talla política.

La crisis se traslada de aquí en adelante al interior de Cataluña, donde todo lo dicho ayer no sirve para nada hoy. La izquierda independentista catalana tiene que decidir si sigue agarrando la mano de un presidente que ha demostrado ser un cobarde, o bien un mentiroso, o las dos cosas a la vez. Muchos de los ciudadanos que salieron a la calle el 1 de Octubre a jugarse el físico por defender la independencia probablemente se estén arrepintiendo en estos momentos de haberlo hecho. Por su parte otros sectores políticos y sociales de la burguesía catalana que clamaban por un acuerdo – incluido buena parte del propio partido de Puigdemont (PDeCAT) – se sentirán más aliviados hoy.

Nos espera un proceso de negociación y de debates que se hará eterno para los ciudadanos del Estado español. Este asunto territorial-cultural-político es muy complejo de resolver, pero la conclusión que establecerán muchos desde Madrid es muy previsible: “España le ha ganado la partida a los “separatistas”; “Cataluña es España”; “la democracia ha vencido al radicalismo”. A pesar del ruido mediático y del entusiasmo “españolista” del momento, el régimen de Rajoy tendrá que negociar con Cataluña, empujado por una Unión Europea que ya tiene suficientes problemas. Pero no se negociará la “independencia de Cataluña” sino su nuevo estatus dentro del Estado español. Puede incluso que a Cataluña se le conceda la denominación de “nación catalana”. Pero lo realmente importante no se mueve.

Hace unos días escribí [1] que la fractura entre los distintos grupos independentistas (de la izquierda y de la derecha) se produciría al día siguiente de proclamarse la República de Cataluña, puesto que el concepto de “república”, o de “Estado-nación”, o de “soberanía” que tienen la derecha burguesa y la izquierda catalanas es diametralmente opuesto (o eso nos dicen desde la izquierda). Sin embargo esa fractura llegará antes de lo previsto y sin necesidad de que se produzca una ruptura oficial con el régimen español.

Los explotadores y los explotados, unidos hasta ahora por la “cuestión identitaria”, volverán mañana al lugar que les corresponde a cada uno en la escala social. La “lucha de clases” regresará a la agenda de la izquierda, al igual que la defensa de “la soberanía de los pueblos” frente a la Troika o en contra de la OTAN, por ejemplo. Sin embargo éstas corruptas y criminales instituciones supranacionales, que impiden realmente la “soberanía de los pueblos”, no estaban siendo cuestionadas por parte de la izquierda independentista cuando pactaban con la derecha neoliberal la creación de una futura “república catalana”.

Peor aún, tanto la derecha como la izquierda trataban de tranquilizar a los ciudadanos catalanes diciendo que una Cataluña independiente no sería “aislada” y seguiría formando parte de estas corruptas instituciones supranacionales. Es decir, pretendían romper con las cadenas de Madrid para encadenarse a la Troika y a la OTAN [2]. Independencia sin Soberanía.

Señalar y criticar esta contradicción de la izquierda catalana y este profundo error estratégico, fue considerado por algunos sectores de la izquierda del conjunto de España (muy visibles en las redes sociales) como un alineamiento con las políticas represivas del gobierno de Rajoy o como una defensa del Régimen del 78, cuando en realidad éstas críticas alertaban sobre la debilidad de un proceso que estaba encabezado por una élite que, paradójicamente, forma parte del mismo Régimen del 78 y siempre apoyó a la oligarquía española cuando ésta necesitó su apoyo político. Quizás estos sectores de la izquierda ahora lo vean mucho más claro tras el viraje inesperado de Puigdemont.

Como si se hubieran despertado de un sueño profundo, mañana volveremos a ver cómo la misma derecha catalana con la que la izquierda caminaba de la mano hacia el abismo, se convierte de repente en el enemigo natural y antagónico de la izquierda que dice representar a la clase trabajadora. Estas profundas contradicciones hacen que su credibilidad y su coherencia estén bajo mínimos o hayan desaparecido por completo.

Poco a poco todo volverá a la (a)normalidad. La prensa corporativa española en su conjunto ya podrá centrarse de nuevo en difamar a Venezuela.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] 10 apuntes sobre la independencia de Cataluña tras el 1-O,- Adolfo Ferrera, Facebook, 4/10/2017

[2] Catalan Independence: Out of Madrid’s Frying Pan, Into the NATO Fire?,- Tony Cartalucci (Land Destroyer, 9/10/2017)

http://landdestroyer.blogspot.com.es/2017/10/catalan-independence-out-of-madrids.html

[Foto de portada tomada de El Confidencial]

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EE.UU pierde la guerra contra China por la hegemonía mundial

A pesar de las grandes campañas de propaganda dirigidas a denunciar la ficticia “injerencia de Rusia en las elecciones de Estados Unidos”, la supuesta “amenazada nuclear” que representa Corea del Norte, el falso “apoyo al terrorismo” por parte de Irán, o la “crisis humanitaria” y “represión” que sufre la población civil en Venezuela, el verdadero dolor de cabeza que sufren los planificadores estratégicos estadounidenses se llama República Popular China. El resto de países son un problema para Washington en la medida en que éstos se están relacionando estratégicamente con China, que ya ejerce como la primera potencia mundial.

En julio de este año Michael Collins, subdirector adjunto y jefe del centro de misiones de la CIA en Asia Oriental, pronunció las siguientes palabras en un foro sobre Seguridad celebrado en la ciudad de Aspen, en Colorado:

“China representa una amenaza mayor que Rusia (…) China está socavando el orden internacional dirigido por Estados Unidos que ha traído paz y estabilidad en Asia durante los últimos 40 años. Beijing está tratando de usurpar el poder y la influencia estadounidenses en la región” (…). [CIA analyst: Beijing poses a greater threat than Russia, Asia Times, 26/7/2017]

Posteriormente el director de la CIA, Mike Pompeo, apuntaba en la misma dirección que su subordinado y añadía:

China, y no Rusia o Irán, es quien supone la mayor amenaza para Estados Unidos en materia de Seguridad Nacional” (…) debido a su economía robusta y creciente poderío militar, ambos dirigidos contra los Estados Unidos. (…) El ejército chino está construyendo fuerzas que tienen como objetivo contrarrestar la proyección de nuestro poder en todo el mundo (…) En materia tecnológica están intentando robar nuestras cosas, o asegurándose de que puedan derrotarlas” (…). [CIA Gives More Power to Spies to Bolster Intelligence Operations,  The Washington Free Beacon, 26/7/2017]

Steve Bannon, ex-jefe de estrategia de la Casa Blanca, también dibujó el negro escenario futuro al que se enfrenta Estados Unidos. Además reconoció abiertamente que las recientes tensiones con Corea del Norte forman parte de un “espectáculo” político y mediático cuyo verdadero objetivo es realmente frenar el crecimiento de China:

“Estamos en guerra económica con China. Uno de nosotros va a ser un hegemón en 25 o 30 años, y van a ser ellos si continuamos por este camino ” (…) tenemos que estar masivamente enfocados en esto. Si seguimos perdiendo terreno, estaremos a cinco años de distancia, creo, diez años como máximo, de llegar a un punto de inflexión del que nunca podremos recuperarnos ” (…) nos están aplastando. [Economic War With China is Everything,’ North Korea a ‘Sideshow’: White House Chief Strategist,- TeleSur, 17/8/2017]

Estados Unidos ha iniciado una guerra geoeconómica contra China para intentar salvar su hegemonía mundial vigente desde hace 70 años. Por el momento lo hacen de forma superficial, pero algunos analistas ya están advirtiendo sobre cómo se está fraguando entre bambalinas esta inminente guerra geoeconómica contra China [1] que en el peor de los casos podría derivar en una guerra militar-nuclear mundial.

Aunque, más allá de las intenciones y estrategias de Washington, la realidad tangible en estos momentos es que el decadente imperio estadounidense no está en condiciones de ganar esta guerra geoeconómica, sencillamente porque el viejo orden mundial ha muerto. La nueva realidad multipolar (especialmente visible a partir de la crisis financiera de 2008, con la anexión voluntaria y pacífica de Crimea y Sebastopol a Rusia, y ahora tras la derrota de la OTAN en Siria) impide al poder económico de Estados Unidos – y occidental en general – imponer por la fuerza o a través del chantaje sus intereses particulares al resto del mundo.

Y mucho menos pueden hacerlo en contra de la primera potencia global de facto (China), que además ha establecido una serie de alianzas estratégicas con otras potencias (especialmente Rusia) y países de primer nivel y ha creado estructuras financieras, económicas, monetarias y militares (BRICS, OCS, RCEP, BAII,…) que funcionan al margen de los viejos organismos internacionales controlados por Estados Unidos.

[leer también: ¿Será Arabia Saudí el verdugo definitivo de Estados Unidos?, El Mirador Global, 27/9/2017]

Dicho de otro modo, el mundo es algo más que Estados Unidos y Europa (Occidente). Y ese mundo crece y se desarrolla sin necesidad de que Estados Unidos participe en la fiesta o tenga que dar su aprobación a los acuerdos y a las políticas que se implementan entre estos países. China es quien lidera ese “nuevo mundo” y la economía global. Al viejo imperio norteamericano sólo le quedan dos opciones: aceptar esta nueva realidad multipolar global y resituarse ante el nuevo escenario compartiendo su hegemonía y las regiones de influencia con los nuevos centros de poder euroasiáticos; o bien iniciar contra sus competidores una devastadora guerra mundial que sería nuclear y que no tendría ganadores.

Todavía estamos en la fase de ruido y pataleo. Las sanciones económicas y las amenazas lanzadas desde Washington (y seguidas por sus títeres europeos) contra aquellos países que no se someten a sus intereses no sólo resultan inútiles, sino que están fortaleciendo y cohesionando a sus enemigos/competidores. Estas acciones desesperadas de Estados Unidos y sus “aliados” son una demostración de la impotencia que sienten al no poder revertir el cambio tectónico que se está produciendo en la estructura del poder capitalista a nivel global [2].

Como señala el reconocido economista y profesor canadiense Michel Chossudovsky en uno de sus artículos, la economía estadounidense de hoy es totalmente dependiente de la economía China, y no al revés. Hablar desde Washington de doblegar a China tratando de “aislarla” imponiéndole sanciones económicas y restricciones comerciales resulta ridículo y además es suicida. Si China se hunde… será Estados Unidos quien se ahogue.

“China no depende de las importaciones estadounidenses. Todo lo contrario. América es una economía de importación con una débil base industrial y manufacturera, fuertemente dependiente de las importaciones de la República Popular China.

China es el mayor socio comercial de Estados Unidos. Según fuentes estadounidenses, el comercio de bienes y servicios con China ascendió a unos 648.200 millones de dólares en 2016. Las exportaciones de productos básicos de China a Estados Unidos totalizaron 462.800 millones de dólares. Eso quiere decir que Estados Unidos exporta a China 185.400 millones de dólares. El déficit comercial de EE.UU. respecto a China es gigantesco.

La importación de productos básicos procedentes de China (más de 462.000 millones de dólares) es propicia a través de la interacción de las cotizaciones mayoristas y minoristas (que contribuyen al valor añadido) a un aumento sustancial del PIB de Estados Unidos, sin necesidad de producción de productos básicos. Sin las importaciones chinas, la tasa de crecimiento del PIB sería sustancialmente menor. A lo que nos estamos refiriendo es Import Led Growth. Las empresas estadounidenses ya no necesitan producir, subcontratan con un socio chino.

(…) A esto hay que añadir que China posee 1 billón de dólares en Bonos del Tesoro estadounidense [3].

Por otro lado, China ya no es sólo una potencia exportadora de productos manufacturados de baja calidad y sin ningún valor añadido. Esta definición ha quedado obsoleta, aunque desde Occidente se sigue caricaturizando la imagen de lo que hoy en día representa China en el mundo, presentándola como un país medieval que crece a base de exportar productos copiados y baratos y de explotar a su empobrecida población. Sin embargo, como suele ocurrir demasiado a menudo con la información que recibimos, los datos nos muestran una realidad bien diferente y muy amenazante para los intereses de las grandes corporaciones financieras e industriales occidentales.

Veamos algunos ejemplos muy clarificadores:

– En el año 2010 un centro de investigación científica de China presentó el “superordenador más rápido jamás fabricado” (Ashlee Vance, The New York Times, 28/10/2010), desplazando a Estados Unidos del primer lugar como el fabricante de la máquina más rápida. Estas “supercomputadoras” se utilizan para realizar millones de operaciones financieras de forma inmediata a escala global; se supone que quien disponga la máquina más rápida tiene ventaja frente a sus competidores en los mercados financieros mundiales. Pero estas máquinas también se utilizan en el sector de la energía (petróleo y gas), la defensa, la ciencia, etc. Era la confirmación de que Pekín también aspiraba a ser una superpotencia tecnológica.

– En 2011 China fabricaba “7 de cada 10 teléfonos celulares vendidos en todo el mundo”; producía “más del 90% de las computadoras de todo el mundo”; y su industria naval representaba “el 45% de la construcción naval a nivel mundial” (The Atlantic, 5/8/2013).

– En 2014 China triplicó el número de patentes registradas en comparación con Estados Unidos (801.000 patentes chinas, casi la mitad del total mundial, frente a las 285.000 patentes estadounidenses). Se espera que en 2020 China registre 14 patentes por cada 10.000 habitantes frente a las 4 por cada 10.000 que registró en 2013.

– China ya iguala o supera en estos momentos a los estadounidenses en ámbitos tan importantes estratégicamente como la informática, la robótica, la industria electrónica, el ciberespacio, la ciberseguridad, la defensa digital, las comunicaciones satelitales… o en los niveles de educación de sus jóvenes estudiantes, según los informes PISA.

– En 2012 China ya invertía en investigación y desarrollo la misma cantidad que toda la Unión Europea. En 2016 China se posicionó como la segunda potencia mundial en investigación y desarrollo, y se espera que en los próximos años supere a Estados Unidos. Ahora mismo en China se producen tantas publicaciones científicas como en Estados Unidos. Y los universitarios chinos ya superan a sus homólogos estadounidenses en el número de doctorados otorgados en ciencia e ingeniería. El futuro de la investigación científica mundial tiene su epicentro en Pekín.

– “China es el nuevo líder en el campo de la inteligencia artificial”; así titulaba The New York Times un informe publicado el 2 de junio de 2017.

– También hay que actualizar el discurso en materia de salarios: en la industria manufacturera en China los salarios se han triplicado en la última década hasta llegar a superar los salarios de países como Brasil, México (hasta un 40% más altos que en México en el año 2015) o Colombia, y llegando a igualar a los salarios de países europeos como Portugal o Grecia. El salario “por hora” del trabajador medio en China es superior al de todos los grandes países de América Latina (con excepción de Chile). En 2016 un trabajador chino recibía un salario equivalente al 70% del salario medio que reciben los trabajadores en la Eurozona.

Es casi seguro que esa diferencia salarial se ha reducido a día de hoy (2017), puesto que las tendencias salariales en ambos lugares siguen avanzando en la misma dirección: hacia arriba en el caso chino, hacia abajo en el caso europeo. Pero, además, debemos señalar que existen otras variables económicas a la hora de medir el nivel de los salarios (el poder adquisitivo por ejemplo) que si las tenemos en cuenta colocan los salarios chinos a la misma altura que los salarios estadounidenses y europeos.

(…) en términos de utilidad real, la economía de China es ya mas grande que la de Estados Unidos y explica porque sigue creciendo a un ritmo sostenido mucho mayor: los salarios chinos, calculados a la tasa de cambio formal entre las monedas respectivas, pueden ser más bajos, en términos nominales, que los salarios norteamericanos o europeos, pero puede que sean mayores en cuanto a capacidad de compra de los bienes y servicios necesarios para llevar una vida confortable en China. [4]

La imparable tendencia ascendente de China – en cualquiera de los parámetros que lo queramos medir – es tan evidente que hasta sus principales enemigos y máximos perjudicados con su progresión no tienen más remedio que reconocer este nuevo paradigma global que se viene fraguando en los últimos años.

Tal es su avance tecnológico, por ejemplo, que el think tank de cabecera del Pentágono, la RAND Corporation, incluso reconoce que Estados Unidos perdería una ciberguerra contra China, y que en el caso de iniciarse una guerra militar convencional la contienda “no tendría un  ganador claro” [5], lo cual equivale a reconocer que también la perderían en ese terreno.

Este sentimiento de debilidad y de miedo respecto a la espectacular transformación de China quedó confirmado una vez más a través de unas declaraciones de Joseph Dunford, Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, pronunciadas el pasado 26 de septiembre ante el Comité de Servicios Armados del Senado y en las que señaló que China se convertirá en  “la mayor amenaza para la seguridad de EE.UU. en el año 2025“, por encima incluso de Rusia y Corea del Norte.

Especialmente relevante es la opinión del veterano politólogo estadounidense y especialista en materia de Defensa, Graham T. Allison, quien escribió lo siguiente respecto a los desafíos que enfrenta Estados Unidos: “El preeminente desafío geoestratégico de esta época no son los extremistas islámicos violentos ni la renaciente Rusia. Es el impacto del ascenso de China”. Esta contundente afirmación viene de alguien que ha sido asesor del Pentágono y del Departamento de Defensa con diferentes gobiernos desde los años 60, además de miembro de la RAND Corporation, del Consejo de Relaciones Exteriores, del Brookings Institution y de la Comisión Trilateral. Nada más y nada menos.

En su libro titulado Destinados a la guerra: ¿Pueden Estados Unidos y China escapar de la trampa de Tucídides? publicado en mayo de 2017, el experto aporta multitud de datos que dan muestra del poderío multidimensional de China, a la que Allison considera ya “la mayor economía del mundo”.

En las tres décadas y media transcurridas desde que Ronald Reagan se convirtió en presidente (…) China subió del 10 por ciento del tamaño de Estados Unidos al 60 por ciento en 2007, al 100 por ciento en 2014 y al 115 por ciento hoy. Si la tendencia actual continúa, la economía de China será un 50 por ciento más grande que la de Estados Unidos en 2023. Para 2040 podría ser casi tres veces más grande. Eso significa que China contaría con unos recursos tres veces superiores a los de América para usarlos como poder de influencia en las relaciones internacionales. Tales ventajas económicas, políticas y militares brutas crearían un mundo más allá de lo que los políticos estadounidenses puedan imaginar. [6]

En los últimos 15 años China ha sacado de la pobreza a más de 600 millones de personas (cifra que aumenta hasta los 800 millones si analizamos los últimos 35 años, algo jamás visto antes). Pekín, bajo el fuerte liderazgo de Xi Jimping, está reestructurando y diversificando su economía para hacerla menos dependiente de las exportaciones, fortaleciendo a su vez la demanda interna del país. A ello contribuyen los millones de chinos que se han incorporado a la “clase media” en los últimos años. En el año 2015 China ya tenía la mayor “clase media” del mundo, superando claramente a Estados Unidos. Un estudio de The Economist pronostica que en el año 2030 habrá en China 500 millones de personas formando parte de la “clase media”; está previsto también que la demanda interna china crezca a un ritmo del 5% anual hasta ese mismo año 2030.

Por otro lado Xi Jimping se ha comprometido este año a erradicar totalmente la pobreza en el año 2020. Todavía existen en el país cerca de 50 millones de personas en situación de pobreza, principalmente en las zonas rurales; a finales de 2014 esta cifra era superior a los 70 millones. El objetivo de fondo del plan puesto en marcha por Pekín es crear una “sociedad de bienestar integral”. Observando los datos no cabe duda de que lograrán este deseable objetivo.

Y todo esto, claro, sin hablar de las mareantes cifras que rodean a la Nueva Ruta de la Seda, el mayor y más extenso proyecto de infraestructura e inversión de la historia.

NOTA ADJUNTA: Algunos sectores desde la izquierda critican a China por considerar que su interés reside únicamente en “sustituir” a Estados Unidos como la primera potencia capitalista global, sin que esto suponga ningún cambio sustancial en el panorama internacional. Sin embargo existen diferencias profundas entre el liderazgo chino y el estadounidense. Señalo las dos más importantes:

1- China no impone por la fuerza militar sus intereses al resto del mundo;

2- China tampoco impone condiciones políticas a sus socios para llegar a acuerdos comerciales o financieros (como obligar a los gobiernos a aplicar “ajustes estructurales” o “políticas de austeridad”, por ejemplo).

Sus acuerdos tanto de tipo comercial como económico-financiero están basados en la cooperación y el beneficio mutuo (Ganar-Ganar). China no exige la subordinación de sus homólogos para firmar un acuerdo, ni les prohíbe comerciar o relacionarse con terceros países. Respeta la soberanía de los Estados (no patrocina “cambios de régimen” ni “primaveras árabes”) y recurre a la diplomacia como vía para resolver los conflictos (como vimos recientemente en su disputa fronteriza con India en la región de Doklam. Un conflicto, por cierto, azuzado por Estados Unidos e Israel).

En resumen: Estado Unidos necesita recurrir a la guerra y al terrorismo para sostener su economía; China promueve una economía global de paz. Estas diferencias, por sí solas y con todos los matices que queramos añadirles, ya cambian por completo el panorama internacional abriendo una puerta a la esperanza de cara al futuro.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Kissinger y Bannon forman proyecto de alarma contra China,- artículo del experto en geopolítico Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 4/10/2017)

[2] Nueva estructura económica del sistema capitalista mundial después del 2008,- artículo del sociólogo y analista geopolítico Enrique Muñoz Gamarra (11/2/2017) http://www.enriquemunozgamarra.org/Articulos/163.pdf

[3] Imagine What Would Happen if China Decided to Impose Economic Sanctions on the USA?,- artículo del profesor Michel Chossudovsky (Global Research, 3/8/207) http://www.globalresearch.ca/imagine-what-would-happen-if-china-decided-to-impose-economic-sanctions-on-the-usa/5598941 

[4] De los salarios chinos,- una nota de Umberto Mazzei, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia y director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales Sismondi, en Ginebra.  (América Latina en Movimiento, 22/9/2017)

[5] Tomgram: Alfred McCoy, The Global War of 2030,- un artículo extraído del último libro del historiador Alfred W. McCoy titulado En las Sombras del Siglo Americano: El Auge y la Decadencia del Poder Global de los Estados Unidos (publicado en TomDispatch, 26/9/2017)

[6] La trampa de Tucídides: ¿Están los Estados Unidos y China dirigidos a la guerra?,- un trabajo de Graham T. Allison, ex-director del Centro Belfer de Ciencias y Asuntos Internacionales de la Escuela Kennedy de Harvard y ex-secretario adjunto de Defensa de Estados Unidos para políticas y proyectos. Es el autor del libro Destinados a la guerra: ¿Pueden Estados Unidos y China escapar de la trampa de Tucídides?

¿Será Arabia Saudí el verdugo definitivo de Estados Unidos?

La hegemonía global de Estados Unidos y la supremacía regional del criminal régimen saudí ejercidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial han sido posibles en la medida en que ambos regímenes protegían mutuamente sus intereses. A raíz de unos acuerdos bilaterales alcanzados tras la crisis petrolera de 1973, fundamentalmente, Estados Unidos garantizaba a los Al Saud protección e impunidad a nivel internacional así como la expansión de sus negocios e inversiones por todo el mundo a cambio de que la primera potencia petrolera mundial utilizara el Dólar como moneda de referencia para el comercio petrolero internacional, permitiendo con ello que Washington (con un Dólar hipervalorado artificialmente) impusiera su hegemonía financiera, monetaria, económica, política y militar sobre el resto del mundo. Así viene siendo desde 1975 hasta nuestros días.

(Un capítulo aparte merecería la utilización del terrorismo yihadista como arma geopolítica desarrollada por Washington y Riad – con la ayuda inestimable de Israel  y otros regímenes “aliados” – desde al menos el año 1978-79 en Afganistán en contra de la Unión Soviética y hasta nuestros días en contra de la República Árabe de Siria quien, finalmente, ha salido victoriosa.)

A las élites políticas y económicas de ambos regímenes (corporativo/wahabí) les ha ido muy bien desde entonces. Pero los acontecimientos ocurridos en la última década, con la resurrección político-militar de Rusia de la mano de Vladimir Putin y el ascenso económico-financiero arrasador de China convertida ya en la primera potencia mundial, han puesto boca bajo el tablero geopolítico global poniendo en peligro, incluso, esta vieja relación Washington-Riad basada en el  petrodólar.

En estos momentos Arabia Saudí tiene en sus manos el futuro del imperio estadounidense. El régimen wahabí puede romper el equilibrio de poder global en favor de China y Rusia eliminando del tablero a Estados Unidos.

Obviamente esta hipótesis es arriesgada, pero existen hechos objetivos que indican que Arabia Saudí, pensando únicamente en su propia supervivencia y en sus intereses mercantilistas, podría verse obligado a dar un giro geoestratégico hacia Eurasia (China-Rusia básicamente, así como Irán e India, entre otros mimbros de la OCS y del BRICS) que podría suponer el punto final de la dictadura del petrodólar y por ende de la hegemonía integral estadounidense.

No es la primera vez que Arabia Saudí amenaza con hacer “colapsar al dólar” como una forma de presión sobre las decisiones políticas de Washington. Esto ocurrió, por ejemplo, en abril de 2016 cuando en el Congreso de Estados Unidos se debatía la aprobación de un proyecto de ley que permitiera juzgar al régimen saudí por su responsabilidad en los atentados del 11-S (el entonces presidente Barack Obama vetó personalmente aquel proyecto de ley, algo que el propio Congreso reprobó y anuló posteriormente).

Posteriormente los multimillonarios contratos para la venta de armas firmados en mayo pasado por Donald Trump y el rey Salman bin Abdelaziz, así como las duras amenazas del presidente estadounidense contra Irán, han hecho que las aguas vuelvan a su cauce entre ambos regímenes, al menos aparentemente.

Si no puedes con tu enemigo… únete a él

Pero la geopolítica provoca extraños compañeros de cama y deja al desnudo la hipocresía de los discursos oficiales. Primero fue Turquía, más tarde Catar, y ahora es la mismísima Arabia Saudí quien está cambiando por debajo de la mesa su estrategia y buscando un acercamiento hacia Irán, aliada estratégica de Rusia y China.

Nada menos que el diario globalista británico The Economist, uno de los principales órganos de propaganda del capital financiero anglosajón, informó el pasado 7 de septiembre sobre este acercamiento entre Arabia Saudí y los gobiernos chiítas de la región, principalmente Irán. En el artículo se viene a reconocer implícitamente la situación de debilidad interna y regional que atraviesa el régimen wahabí. La utilización de la “fuerza” ha fracasado, porque sus rivales son más fuertes, y ahora toca explorar otras alternativas mientras recuperan oxígeno.

El cambio puede estar en marcha en las relaciones hostiles de Arabia Saudita con los chiítas y su campeón, Irán. (…) Al ascender al trono en 2015, el rey Salman bin Abdelaziz y su joven hijo y ministro de Defensa, Muhammad, buscaron revertir la influencia de Irán de la región por la fuerza. (…) Dos años después, el príncipe Muhammad, que desde junio ha sido príncipe heredero, puede estar pensando de forma diferente. En lugar de enfrentarse a los diversos satélites de Irán, los está cortejando a ellos y a sus gobernantes chiítas. [The Saudis may be stretching out the hand of peace to their old foes,- The Economist, 7/9/2017]

Este giro aparentemente tan radical y que contradice absolutamente el discurso público de Arabia Saudí respecto a Irán y su posición en Oriente Medio, no obedece a un cambio ideológico de sus dirigentes o a una crisis de conciencia por los crímenes cometidos. Obedece más bien a un pragmático cambio de estrategia obligados por la actual coyuntura económica, política y militar a nivel regional y global.

No es nada personal, sólo son negocios

La caída de los precios del petróleo ha dejado un agujero en las cuentas públicas saudís que no parece cerrarse a pesar del repunte en el precio del crudo de los últimos meses. La fuga de capitales parece imparable y las reservas del Banco Central están en mínimos históricos. El régimen saudí se ha visto obligado a poner en marcha un plan de diversificación y modernización de su economía que está disparando el gasto público contribuyendo con ello a incrementar su déficit fiscal. A nadie se le escapa que Arabia Saudí es una potencia petrolera y todavía mantiene unas reservas de divisas muy grandes, pero aún así el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que de seguir por esta senda en 5 años el país se quedará sin los recursos financieros necesarios para cubrir sus gastos presupuestarios.

En paralelo a la caída de los ingresos, el régimen saudí financió desde 2011 la guerra contra Siria y todavía financia una guerra contra Yemen iniciada en marzo de 2015 que tiene perdida. En Siria sus terroristas fueron derrotados y su millonaria inversión tirada a la basura. En Yemen ocurre exactamente lo mismo. El príncipe heredero saudí Mohammed ben Salman está tratando de buscar una salida digna en Yemen, lo que conlleva obligatoriamente a que Arabia Saudí y Estados Unidos – entre otros – alcancen un acuerdo con Irán.

De nuevo comprobamos que la retórica pública y la propaganda mediática van por un lado, mientras que la pragmática realidad trascurre por otra senda más oculta.

A toda esta precaria situación económica y geopolítica saudí, hay que sumar una desestabilización social y política interna provocada por una guerra civil desatada contra los chiítas en la  gobernación de Qatif y una lucha por el poder entre las élites wahabitas que se están librando de forma soterrada en el reino petrolero.

Las implicaciones del asedio de Arabia Saudí sobre la ciudad de Awamiyah, en la periferia de Qatif, están empezando a surgir. Varias fotos que muestran la destrucción y las condiciones similares a las de una guerra civil en la ciudad, de mayoría chií, demuestran la intensidad del conflicto. (…). Las fuerzas centrífugas de la provincia son muy importantes por tres razones. La primera; la mayor parte de la minoría chíi de Arabia Saudí (algunos estiman que compone el 15% de la población) se concentra aquí. La segunda; la provincia alberga la mayor parte de las industrias petroleras y petroquímicas del reino. La tercera; se trata del acceso de Arabia Saudí al Golfo. (…). Pero lo más importante es que el intenso conflicto en Qatif amenaza con acabar con la nueva y más agresiva política exterior saudí, como demuestra la guerra en Yemen y los intentos de aislar a Qatar. [Maha Abdin, Arabia Watch, 12/8/2017]

Esta situación de retroceso e inestabilidad saudí contrasta con el crecimiento de sus principales competidores comerciales y adversarios políticos. La alianza estratégica en materia energética iniciada en 2014 entre Moscú y Pekín ha propiciado que desde marzo de este año Rusia haya desplazado a Arabia Saudí como el principal exportador de petróleo a China, que es el mayor importador de petróleo del mundo. China y Rusia comercializan el gas y el petróleo en Yuanes respaldados por Oro.

La República Islámica de Irán, potencia energética y principal enemigo regional de Arabia Saudí, fue la primera que abandonó el Dólar en sus transacciones energéticas con China, evadiendo así las sanciones occidentales. En el año 2012-2013 las sanciones impuestas por el régimen de Barack Obama obligaron a Irán a buscar nuevos mercados en Eurasia. India se convirtió en uno de sus socios estratégicos de primer nivel en detrimento de Arabia Saudí. India comenzó a pagar el petróleo iraní en Oro utilizando a Turquía como intermediario y esquivando así las sanciones estadounidenses. Desde enero de 2013 Irán también comenzó a aceptar Rupias indias como moneda para el pago de petróleo y gas. Irán ha triplicado sus exportaciones energéticas a la India desde que se levantaran las sanciones en enero de 2016.

Estas maniobras llevadas a cabo por Irán demuestran que el Dólar no es imprescindible para hacer negocios y desarrollar las economías de los países (más bien al contrario). Las sanciones de Estados Unidos, aunque no son deseables por ningún gobierno, ya no son efectivas, y además obligan a estos gobiernos sancionados a diversificar su economía y buscar nuevos mercados y socios comerciales, como también ocurrió con Rusia que terminó hermanándose estratégicamente con China ante la irracional y peligrosa hostilidad de Occidente (EE.UU-OTAN-UE).

Arabia Saudí sigue siendo el principal suministrador de petróleo de la India (un gigante en ascenso con más de 1.300 millones de habitantes, potencia nuclear y el tercer mayor importador de petróleo mundial), pero en los últimos años está perdiendo terreno en favor de las empresas rusas que han iniciado una fuerte campaña de inversiones energéticas en el país.

Después de fallidas conversaciones con Saudi Aramco, Essar Oil podría vender 49% de su negocio a Rosneft a cambio de $5,5 millardos y un acuerdo de suministro de 200 mil barriles diarios (MBD) a 10 años. Parte de ese crudo ahora podría venir de las empresas mixtas en las que participa Rosneft en Venezuela.
Por otra parte, el gobierno indio ha animado a las empresas petroleras públicas y privadas a adquirir activos petroleros en el extranjero, desde Rusia y Sudán hasta Venezuela, como una forma de garantizar su seguridad energética. Después de un período de cierto retraimiento tras la crisis económica mundial, las empresas petroleras indias parecen estar mirando de nuevo al extranjero, con Ongc, Indian Oil, Oil India y Bharat Petroleum pagando $4,2 millardos, para adquirir participaciones en campos de Siberia Oriental de Rosneft.
Además, estas empresas indias están haciendo una oferta por 22% de Adco en Abu Dhabi. [India: un elefante sediento de petróleo ,- Kenneth Ramírez, diario venezolano El Mundo (Economía y Negocios), 21/8/2016]

Por otro lado Venezuela, que recientemente anunció que también abandona el petrodólar, es el cuarto suministrador petrolero de India y las transacciones entre ambos se realizarán a partir de ahora en monedas distintas al Dólar (Rupias y Yuanes básicamente). India es además miembro de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), organismos que representan a la mitad del planeta tanto en términos demográficos como económicos.

Añadan a toda esta ecuación a Catar, que ya opera en Yuanes en su comercio con China, y se encontrarán con que algunos de los mayores exportadores de petróleo y gas natural del mundo y los dos países más poblados del planeta y que más hidrocarburos importan están abandonando o lo han hecho ya el Dólar como única moneda de referencia para sus transacciones.

[leer también: La guerra por el mercado europeo del gas o el suicidio del imperio estadounidense]

En esta extraordinaria coyuntura internacional Arabia Saudí tendrá que decidir si sigue perdiendo terreno geoestratégico de la mano de un imperio en decadencia, o se abraza al salvavidas euroasiático, lo que conlleva abandonar la exclusividad del petrodólar. Por el momento el régimen wahabí no ha tenido más remedio, para disgusto del imperialismo norteamericano, que recurrir a China para financiarse en Yuanes y tratar de revitalizar su economía.

Arabia Saudita está dispuesta a  financiarse en yuanes chinos (…) lo que plantea la posibilidad de estrechar las relaciones financieras entre los dos países. El gobierno saudita ha comenzado a pedir prestados decenas de miles de millones de dólares en el extranjero en el último año para cubrir su gran déficit presupuestario causado por los bajos precios del petróleo, pero sus emisiones de bonos y préstamos extranjeros han sido denominados en su totalidad en moneda estadounidense. La obtención ahora de fondos en yuanes podría darle a Ryad más flexibilidad financiera y marcaría un éxito para China, el mercado más grande para el petróleo saudí, en su campaña para hacer del yuan una moneda internacional de primer nivel. [Saudis may seek funding in Chinese yuan, Reuters, 24/8/2017]

Rusia y China han creado en los últimos años la infraestructura financiera necesaria para poner en marcha un sistema monetario internacional alternativo al petrodólar (aunque también es cierto que existen algunas contradicciones dentro de los BRICS que parecen retrasar este cambio, como explica el economista y analista geopolítico Peter Koenig en uno de sus recientes artículos: BRICS – Potential and Future in an Emerging New World Economy). Solo falta que de forma oficial y definitiva por fin se anuncie este cambio histórico de paradigma en la arquitectura del poder mundial.

¿Todavía no se lo creen? Hablemos de China y de la petrolera saudí Aramco

Debido a su delicada situación financiera el régimen wahabita anunció en 2016 que se disponía a privatizar el 5%, (por el momento) de su empresa estatal de petróleo Aramco, la mayor empresa petrolera del mundo. El dinero de esta venta serviría, según el régimen wahabí, para financiar el ambicioso y costoso Proyecto Visión 2030 mediante el cual Riad pretende diversificar su economía hasta el punto de llegar a no depender del petróleo en esa fecha.

La salida a bolsa de este 5% de Aramco ha sido pospuesta recientemente debido, entre otras cuestiones internas, a que los inversores dispuestos a comprar las acciones de la petrolera la valoran en un precio infinitamente menor que el marcado por los dirigentes saudíes.

Pero más allá de esta guerra interesada de cifras, el verdadero interés geopolítico de esta privatización parcial de la petrolera saudí reside en que, según señalan muchos de los expertos en la materia (por ejemplo Tom Holland en SCMP o Nick Butler en Financial Times), es el capital procedente de China quien más probabilidades tiene de hacerse con esta participación directa en Aramco.

Por un lado China, que consume 9 millones de barriles de petróleo al día y cuya economía sigue creciendo, necesita garantizarse el suministro de petróleo. Por otro lado Arabia Saudí, que necesita con urgencia el dinero fresco del que disponen los chinos gracias a su enorme superávit comercial global. La ecuación para sencilla de resolver.

El dinero corre en ambas direcciones. Arabia Saudí está incrementando en el último año sus inversiones en China a pesar de sus problemas financieros. En el mes de marzo el rey Salman ben Abdulazid y Xi Jimping firmaron “14 acuerdos de cooperación” por valor de 65.000 millones de dólares, especialmente en el sector petrolero y petroquímico.

Al mes siguiente, el 16 de marzo de 2017, la agencia Reuters publicaba la siguiente información:

El conglomerado chino de defensa North Industries Group Corp (Norinco) firmó un acuerdo marco con la petrolera estatal Saudi Aramco para construir un complejo de refinerías y productos químicos en el noreste de China. Los proyectos planeados – incluyendo una refinería de 300.000 barriles por día y un complejo de etileno con capacidad anual de 1 millón de toneladas – se construirán con un costo estimado de 69.500 millones de yuanes (10.090 millones de dólares), según un funcionario de la industria con conocimiento de el acuerdo. 

Hace apenas unas semanas, el 23 de agosto pasado, el ministro saudí de Energía anunció que Aramco había llegado a un acuerdo con la estatal PetroChina para invertir cientos de millones en una nueva refinería en la provincia china de Yunnan, donde próximamente esperan producir conjuntamente 260.000 barriles diarios de petróleo. Arabia Saudí ya es propietaria de un 25% de otra refinería en Fujian, en el sureste de China.

Además ciudades como Pekín, Shanghai y Xiamen albergan las oficinas centrales de Aramco China, la filial china de la estatal petrolera saudí, desde donde se gestiona no sólo el comercio petrolero con China sino su estrategia comercial de expansión por toda Asia.

La exportaciones petroleras de la saudí Aramco hacia Estados Unidos disminuyen en la misma medida en que se incrementan sus acuerdos energéticos con China. Arabia Saudí no sólo pretende “diversificar su economía” sino también diversificar a sus aliados estratégicos. China parece ser su prioridad vital de cara al futuro. Y obviamente sus intercambios petroleros se realizarán finalmente en Yuanes, lo que supondrá el adiós definitivo al petrodólar y a la hegemonía global estadounidense.

Las consecuencias de la derrota de la OTAN-CCG en Siria 

Si bien desde un punto de vista puramente económico la crisis financiera de 2007-2008 supuso un punto de inflexión en la decadencia de Occidente a nivel mundial, la reciente derrota geoestratégica de la OTAN-CCG en Siria supuso un golpe casi definitivo para sus intereses.

Esto explica porqué algunos de los principales patrocinadores de la guerra de invasión terrorista contra Siria iniciada en 2011 están dando ahora un giro tan radical en sus políticas, como Turquía o Catar. O como el propio Estados Unidos, que de la mano de Donald Trump buscaba tras su llegada a la presidencia un acuerdo global con Rusia, lo que suponía en sí mismo un reconocimiento del nuevo orden mundial multipolar y el fin de la hegemonía unipolar de Estados Unidos, como reconoce el propio Pentágono en uno de sus informes. Aunque ahora Trump parece estar definitivamente en manos de los sectores imperialistas más extremistas.

Siria ha sido, gracias a su pueblo, su ejército, su gobierno y sus  del Eje de la Resistencia, la tumba del imperialismo occidental y de sus títeres en Oriente Medio. Rusia, Irán, Siria y Hezbollá salen fortalecidas tras ganar la guerra al terrorismo occidental/wahabí. La OTAN, Israel y Arabia Saudí están aterrorizados ante el escenario que se presenta en la región. La Nueva Ruta de la Seda atravesará Irak y Siria en su camino hacia Europa, así como los gasoductos y oleoductos conjuntos de Irán y de un reconvertido Catar hacia el codiciado mercado europeo… con el permiso de Rusia.

Tanto Estados Unidos a nivel mundial como Arabia Saudí a nivel regional están siendo devorados por quienes algún día fueron sus víctimas. Unos países y pueblos cuyo instinto de supervivencia y necesidad de desarrollo han hecho que en los últimos años unieran sus intereses formando una red alianzas estratégicas y una infraestructura alternativa que ahora amenazan con tumbar a quienes fueron en algún momento sus verdugos e impusieron su dictadura neoliberal global a sangre y fuego.

Ni desde un punto de vista militar, ni económico-financiero, ni tampoco político-diplomático pueden ya las potencias occidentales imponer sus intereses en Oriente Medio y el resto del planeta. Ya nada se decide sin contar con el beneplácito de las potencias euroasiáticas y sus dirigentes.

Occidente no puede “aislar” a la otra mitad del planeta, y mucho menos cuando además las economías y demografías euroasiáticas están en continuo ascenso. A las élites políticas y económicas occidentales sólo les resta utilizar sus aparatos de propaganda mediática para manipular y vilipendiar a estos dirigentes euroasiáticos. Porque en la realidad, sobre el terreno, son ellos quienes se disponen a dirigir el mundo.

Corea del Norte quiere la paz (reconoce el Pentágono) pero con soberanía

La tozuda realidad es que por muchas sanciones que se impongan y por muchos ejercicios militares que lleve a cabo Estados Unidos en la península coreana, las autoridades de Corea del Norte (Norcorea) no se van a amedrentar. Los misiles balísticos lanzados periódicamente por Pyongyang son la demostración de esta realidad que Washington finge no reconocer (al menos públicamente). A cada maniobra militar y diplomática amenazante por parte de Estados Unidos, le sigue una demostración de fuerza de carácter defensivo por parte de Norcorea que disuade a su enemigo.

El Consejo de Seguridad de la ONU emitió una declaración en la que condenaba el lanzamiento de un misil por parte de Corea del Norte sobre el espacio aéreo japonés (…). China y Rusia atribuyeron la culpa a otros miembros del Consejo de Seguridad por la reciente escalada de tensión y criticaron a Estados Unidos por las sanciones secundarias emitidas recientemente contra compañías que Washington acusó de violar las sanciones existentes contra Pyongyang. China también pidió a Estados Unidos y Corea del Sur que desmantelen un sistema de defensa antimisiles que han desplegado en Corea del Sur. [South China Morning Post, 30 de agosto 2017]

Las opciones siguen siendo únicamente dos: o una guerra nuclear (que implicaría además a Rusia y China), o utilizar la vía diplomática para alcanzar finalmente un acuerdo de paz para la península. Ninguna de las dos opciones complace al imperialismo estadounidense, pero finalmente se impondrá la “Realpolitik”.

(…) incluso en un escenario en el que los Estados Unidos o Corea del Sur lograran un ataque preventivo contra Kim Jong Un, las capacidades militares convencionales de Corea del Norte aseguran que todavía es capaz de infligir daños catastróficos al Sur, donde Estados Unidos tiene miles de soldados desplegados. Tampoco está claro que el KPA arrojaría sus armas a raíz de la muerte de Kim. El secretario de Defensa, James Mattis, ha asegurado a los legisladores estadounidenses que aunque los Estados Unidos prevalezcan en una guerra contra el Norte, cualquier conflicto sería “más grave en términos de sufrimiento humano que cualquier otra cosa que hayamos visto desde 1953”. [1]

Al contrario de lo que la narrativa oficial difundida por los medios corporativos occidentales relata, es Norcorea quien se está defendiendo de la amenaza estadounidense, y no al revés. Corea del Norte siempre ha querido llegar a un acuerdo definitivo con sus vecinos del sur. Recordemos que entre “las dos Coreas” nunca se firmó un tratado de paz sino un “alto el fuego” o armisticio tras el fin de la guerra en 1953.

Durante sus dos mandatos Barack Obama rechazó en varias ocasiones la propuesta de diálogo de Kim Yong-un, al mismo tiempo que el “Premio Nobel de la Paz” incrementaba el despliegue militar y armamentístico en la región asiática (en el marco geoestratégico del “Pivote Asiático” encaminado a cercar a China). También se ha rechazado en varias ocasiones la propuesta de China basada en el desarme gradual por ambas partes para tratar de “reducir la tensión” en la península y “evitar una colisión frontal” entre Estados Unidos y Corea del Norte. La respuesta de Washington fue aplicar sanciones no sólo a Corea del Norte sino a la propia China.

[Leer también: Trump amenaza a Corea del Norte: el ruido que precede al acuerdo]

Esta política de confrontación y amenaza permanente es utilizada por Estados Unidos para justificar su presencia militar y su injerencia política en el sudeste asiático. Su preocupación real no reside en un inminente ataque nuclear de Norcorea, sino en la influencia, crecimiento y expansión de China en el marco “Euroasiático”. Una China que ya ha superado a Estados Unidos como la locomotora de la economía capitalista global.

Esta falta de voluntad política para impedir un acuerdo con Pyongyang es señalado incluso desde la RAND Corporation, el think tank oficioso del Pentágono, que reconoce que son las imposiciones previas que se dictan desde Washington las que impiden un acuerdo nuclear con Norcorea. En un sorprendente artículo publicado en su web el pasado 8 de junio, desde este “tanque pensante” estadounidense se reconoce la voluntad histórica por parte de Pyongyang de alcanzar un acuerdo de paz, así como el derecho a la autodefensa por parte de Corea del Norte y del propio Kim Jong-un en persona.

Estas líneas, escritas desde el corazón mismo del imperialismo belicista norteamericano, destrozan toda la propaganda de guerra lanzada contra Corea del Norte desde los medios corporativos occidentales, ONGs, políticos neoliberales (“progresistas” incluidos), intelectuales alienados y demás voceros del poder económico anglosajón. Toda una paradoja que debería avergonzarlos.

Los líderes norcoreanos han concedido importancia desde hace tiempo a poner fin formalmente a la guerra. A lo largo de los años han planteado repetidamente la perspectiva de un tratado de paz para resolver los numerosos problemas que el armisticio de 1953 dejó sin resolver, sobre todo el acuerdo sobre la división permanente de la Península Coreana.

En varias ocasiones los norcoreanos han propuesto negociar un tratado con los Estados Unidos, otras veces con Corea del Sur. En los últimos años, China también ha instado a la apertura de esas negociaciones.

Los norcoreanos quieren una declaración definitiva de paz, no sólo una tregua, como garantía de que no serán atacados y como reconocimiento por parte de Estados Unidos, Corea del Sur y el resto del mundo de que su país es un Estado soberano y un poder legítimo .

Los sucesivos presidentes estadounidenses han insistido en una serie de condiciones previas antes de que se pudieran iniciar negociaciones serias de paz, incluyendo un compromiso con la desnuclearización y la detención de nuevas pruebas de misiles. Pero el líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, probablemente no acepte renunciar a los programas nucleares y de misiles de su país sin recibir garantías convincentes de que no sufrirá el destino de Saddam Hussein de Irak ni de Muammar el-Gadafi de Libia. [2]

Para las élites imperialistas dominantes en Estados Unidos (el “Estado Profundo”) la paz ha consistido históricamente en que sus enemigos o rivales se desarmen para poder dominarlos sin derramamiento de sangre. Paz como sinónimo de derrota y sumisión del enemigo. Es una paz basada en la aceptación por parte del resto de países de la doctrina del “excepcionalismo” norteamericano, según la cual Estados Unidos tiene la divida virtud de gobernar unilateralmente al resto el mundo y de no tener que responder ante nadie por los crímenes que comete.

Aquellos gobernantes y pueblos que no aceptan este principio de obediencia impuesta se convierten en un “peligro para la paz mundial”. Es decir, que suponen un obstáculo para los intereses económicos del imperialismo corporativo y deben ser eliminados cuanto antes (provocando un “cambio de régimen”, como en Ucrania, o una “intervención humanitaria” de la OTAN, como en Libia).

La gran desgracia actual para el Imperio estadounidense es que hoy en día ya no tienen la misma capacidad de imponer por la fuerza sus políticas, tal y como venía ocurriendo desde hace casi 70 años. Siria es el paradigma de este cambio tectónico en lo geopolítico. Ellos lo saben (como reconoció el propio Pentágono en uno de sus informes [3]), de ahí su desesperación.

Corea del Norte tiene derecho a defender su Soberanía, incluso nuclearmente. Un acuerdo de paz para la península coreana es inevitable y deseable. Quizás la visita que realizará Donald Trump a China prevista para el próximo mes de noviembre sea un buen momento para anunciarlo.

 

REFERENCIAS – NOTAS

[1] How (Not) to Kill Kim Jong Un,- artículo de Adam Rawnsley (Foreign Policy, 6/7/2017) http://foreignpolicy.com/2017/07/06/how-not-to-kill-kim-jung-un/

[2] End the Korean War, Finally,- artículo escrito por James Dobbins y Jeffrey W. Hornung, analistas y miembros de RAND Corporation (8/6/2017) https://www.rand.org/blog/2017/06/end-the-korean-war-finally.html

[3] At Our Own Peril: DoD Risk Assessment in a Post-Primacy World,-  informe del Pentágono: https://ssi.armywarcollege.edu/pdffiles/PUB1358.pdf

[Leer también: Trump amenaza a Corea del Norte: el ruido que precede al acuerdo, El Mirador Global, 11 de agosto de 2017]

Los creadores de Al Qaeda/ISIS dirigen la Guerra Global Contra el Terrorismo

La maquinaria de propaganda occidental (y especialmente la española) se encuentra muy atareada a raíz del reciente atentado de corte yihadista ocurrido en Barcelona el pasado 17 de agosto. El patrón se repite más allá de las fronteras donde tengan lugar los hechos. No se trata de informar sobre las causas de los atentados sino de aterrorizar y aturdir al espectador con imágenes de las consecuencias, para que en última instancia cierre filas en torno a las políticas de los gobiernos de turno y a las instituciones del Estado, incluido su aparato represor (policial y judicial). Se trata además de desviar la atención hacia cuestiones superficiales que no profundizan en los orígenes del terrorismo yihadista, que tienen nombre y apellidos.

Ningún medio corporativo ni tampoco ninguno de los múltiples “medios alternativos” y “ONGs” financiadas por George Soros y las grandes corporaciones denuncian que la CIA y el MI6 junto a sus “aliados” del Mossad, el ISI pakistaní y los servicios secretos saudís son los principales creadores de Al Qaeda [1], reconvertidos más tarde (2014) bajo la administración de Obama en el llamado Estado Islámico, cuyo papel es destruir los Estados árabes independientes para reescribir las fronteras en Oriente Medio y Norte de África (el Medio Oriente Ampliado o Gran Oriente Medio).

En un sorprendente artículo redactado el 13 de septiembre de 2001 para la revista de las fuerzas terrestres estadounidenses Parameters, el coronel Ralph Peters observaba que Washington no tiene fundamentalmente nada que temer del terrorismo y que no debe vacilar en utilizarlo. También señalaba, al referirse al proyecto de rediseño del «Medio Oriente ampliado» (que incluso delimitó en mapas entregados a la Comisión Baker-Hamilton), que Washington no debe temer el caos generalizado en el mundo árabe ya que, en definitiva, cuando estén divididos en micro-Estados, los árabes no tendrán más opción que recurrir a Estados Unidos para defenderse de la voracidad de Israel. [Thierry Meyssan, Red Voltaire, 21/9/2014]

En el momento primario de su creación como instrumentos del imperialismo, estos grupos salafistas (como la Hermandad Musulmana) fueron utilizados por las potencias occidentales para impedir la llegada al poder de los partidos y movimientos socialistas panárabes, o bien para derrocar a estos gobiernos soberanos como el encabezado por Gamal Nasser en Egipto [2]. Años más tarde su misión sería llevar a cabo la yihad contra el “comunismo soviético” bajo la Operación Ciclón (1978-79) dirigida por Brezinski [3]. Hoy en día su misión es hacer la yihad contra el nuevo orden multipolar, tal y como se evidencia con el desplazamiento del terrorismo yihadista hacia el centro y el sudeste Asiático apuntando contra China y Rusia y sus aliados regionales en Eurasia.

[leer también: Escala militar y expansión del terrorismo contra Rusia y China]

Cambian los nombre propios de los protagonistas, pero la estrategia del terror hoy en día tiene los mismos fines y es apoyada desde los mismos centros de poder. Sin embargo los omnipresentes “activistas humanitarios” y los “periodistas comprometidos” con las grandes causas de la humanidad, en lugar de informar y denunciar a los verdaderos culpables del terrorismo yihadista, prefieren presentarse como los grandes defensores de los musulmanes del mundo cada vez que los sectores más reaccionarios o de “extrema derecha” arremeten de forma oportunista contra este gigantesco colectivo (1.700 millones de musulmanes en el mundo) después de algún atentado de corte “islamista” que se produce en Europa.

Es decir, que siempre que se producen atentados terroristas en cualquier ciudad europea, la discusión pública y política se fractura en dos bloques: aquellos “reaccionarios” que culpan a los musulmanes (y extranjeros) en general y pretenden expulsarlos de sus países; y los más “progresistas” que defienden el buen entendimiento entre todas las religiones y culturas así como una política de “fronteras abiertas” para todos (incluidos los terroristas, a la vista de los acontecimientos).

Dentro de este esquema de discusión política y mediática se eliminan del mapa las causas geopolíticas y geoestratégicas que existen detrás de los atentados y de los terroristas yihadistas; y en su lugar, los “expertos” mediáticos tratan de encontrar las respuestas ante el comportamiento criminal de los yihadistas alegando razones psicológicas, sociológicas y antropológicas. Estos “analistas” no encuentran ningún hilo conductor entre terroristas y patrocinadores.

De esta forma el debate político, mediático y social se manipula y se desvía hacia terrenos menos comprometidos para los gobiernos de la OTAN y los negocios de las élites económicas y financieras occidentales en Oriente Medio y norte de África. Se impone el sensacionalismo y la ignorancia inducida por un “periodismo” al servicio de los negocios corporativos privados.

En el caso concreto del reino de España, las consignas políticas están muy claras y el terreno de discusión pública queda bien delimitado. Se trata finalmente de que aceptemos la política de Seguridad y de Defensa del régimen monárquico español en el marco de la OTAN con el objetivo de “luchar contra el terrorismo global” que nos golpea; y se trata además de que las protestas y la movilización social (principalmente por parte de la izquierda) se limite a homenajear a las víctimas y defender a “los musulmanes” de los ataques de la extrema derecha, los racistas y los intolerantes.

Mientras tanto los patrocinadores estatales del terrorismo internacional (de Oriente a Occidente) no están en el punto de mira de la crítica política y social.

No mordamos el anzuelo. No sigamos mansamente su agenda de propaganda

Cualquier persona medianamente inteligente y honesta sabe que el problema no son “los musulmanes”. De hecho decenas de miles de musulmanes (mayoritariamente chiís) están luchando contra los terroristas yihadistas (mayoritariamente sunís) en lugares como Siria e Irak. Un país como Irán, que se define constitucionalmente como una “República Islámica”, es uno de los objetivos principales de los terroristas (de sus patrocinadores estatales) y está a la cabeza en la lucha contra el terrorismo yihadista regional e internacional.

Además la inmensa mayoría de víctimas del terrorismo yihadista a nivel mundial son musulmanas: sólo un 2,6% del total registrado tuvieron lugar en los países occidentales (datos del Indice Global sobre Terrorismo 2015). Por estos motivos tampoco se puede hablar de un enfrentamiento entre una “primitiva y barbárica comunidad islámica” que ataca a una “moderna civilización occidental” y  sus “valores democráticos”. Este es un planteamiento artificial que no se sostiene con los datos en la mano.

El problema no es el Islam, sino el Wahabismo. El problema no son los musulmanes (nada menos que 1.700 millones en total) sino los salafistas que abrazan esta ideología wahabí que tiene su epicentro en Arabia Saudí. El problema no viene dado por un “choque de civilizaciones”, sino por la utilización del terrorismo como arma geopolítica por parte de la OTAN-Israel y las dictaduras “aliadas” del Golfo.

[leer también: La utilización del terrorismo como arma geopolítica]

Cualquier persona bien informada sabe también que si estos “periodistas”, “intelectuales”, “activistas humanitarios” y “democráticos” líderes políticos occidentales expusieran públicamente esta realidad se quedarían sin trabajo y perderían sus fuentes de financiación (o incluso su propia vida llegado el caso).

Es en éstas diferencias de concepto, exponiendo los hechos y evidencias existentes, donde los analistas independientes y organizaciones antimperialistas deberían centrar sus análisis y sus propuestas.

Cuando se desligan premeditadamente las “causas” de las “consecuencias” – ocultando las primeras y amplificando las segundas – los discursos y manifestaciones públicas “en contra del terrorismo” se convierten en pura propaganda que beneficia precisamente a los patrocinadores del terrorismo internacional.

¿Qué medidas han tomado los gobiernos europeos para combatir la matriz ideológica y financiera del terrorismo yihadista?

A finales del año 2015 el entonces presidente británico David Cameron encargó la elaboración de un estudio sobre la expansión del yihadismo y la situación de los distintos grupos radicales que operaban en el Reino Unido. Con esta iniciativa Cameron, que ya había bombardeado y arrasado Libia en 2011, trataba de justificar internamente la necesidad de bombardear la República Árabe Siria y asesinar al legítimo presidente Al Assad (actualmente el vencedor junto al Eje de la Resistencia de la guerra contra el terrorismo imperialista en Siria).

Dos años después de aquel encargo seguimos sin saber cuáles fueron los resultados de aquel estudio. La explicación de este “retraso” – es decir la censura de ese documento – es que los resultados de dicha investigación no eran del agrado del gobierno imperialista británico (tampoco del actual) ya que podrían perjudicar sus propios interese políticos así como los intereses económicos y comerciales de sus grandes corporaciones en Oriente Medio.

Lo que sí fue publicado por diversos medios británicos a mediados de mayo de este año 2017 fue un informe de la Henry Jackson Society sobre “la financiación exterior del extremismo islamista en el Reino Unido” [4]. Su conclusión fue que Arabia Saudí (y en menor medida Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait) es el principal patrocinador del “extremismo islámico” en el país. Aclaremos que la Henry Jackson Society no es una organización independiente crítica con la política exterior británica, sino un think-tank anglosajón con sede en Cambrige que defiende la Globalización neoliberal y la OTAN.

El Gobierno saudí financia programas educativos en escuelas islámicas que (…) usan los mismos libros que la educación rigorista saudí. El contenido de esos libros de texto, “es tan radical que en 2014 el Estado Islámico los adoptó como libros de texto oficiales para las escuelas en su califato”. El documento cita una publicación de la BBC que advierte que en 2010, en unas 40 escuelas islámicas sostenidas por el Gobierno saudí, en torno a 5.000 niños británicos estaban siendo educados según el programa oficial del Reino. Además de promover la educación rigorista apoyando las escuelas en el extranjero y exportando clérigos que difundan fuera del mundo islámico su ideología, el reino saudí ofrece becas a jóvenes salafistas en el extranjero para formarlos en sus propias escuelas en Medina y que regresen como clérigos. [Información Sensible, 7/7/2017]

La dictadura saudí financia miles de mezquitas, escuelas y universidades por toda Europa (y por todo el mundo) para expandir su ideología wahabí y reclutar futuros líderes y mártires para la Yihad Global. Miles de estos salafistas europeos viajaron a Siria e Irak desde 2011 para unirse al Estado Islámico con la complicidad absoluta de los servicios de inteligencia y los gobiernos europeos. En aquel momento eran calificados como “rebeldes” y “revolucionarios” que “luchaban por la democracia”. Fueron premiados y homenajeados por instituciones públicas y privadas de toda Europa. El caso de los Cascos Blancos es el más paradigmático de toda esta indecencia occidental.

Sin embargo cuando éstos “luchadores por la libertad” atentan posteriormente en suelo europeo se convierten en “terroristas” y reciben la condena de los mismos gobiernos y organizaciones que anteriormente les apoyaron. Parece ser que la nacionalidad de las víctimas influye directamente sobre el tratamiento que le damos a sus verdugos: “rebeldes” si asesinan en Siria, “terroristas” si lo hacen en Europa.

En el 2012, empezamos a escuchar algunas noticias que hablaban sobre la proliferación de ciertas redes de reclutamiento en Europa. Mientras tanto, en las calles de Bruselas, comenzaban los rumores sobre tal o cual “muyahidín” que partía a combatir a Siria. En marzo 2013, el ministro de interior belga anunció la creación de la Task Force Siria, fue entonces cuando escribí una carta a los padres de los yihadistas alertándolos de la gran complicidad que tenían las autoridades belgas en la partida de sus hijos a Siria. Voy a recordar que el ministro belga de asuntos extranjeros, Didier Reynders declaró en una entrevista realizada por Bel-RTL el 26 de abril 2013, que “puede que les construyamos un monumento como héroes de una revolución” refiriéndose a los combatientes belgas. La facilidad con la que estos jóvenes han conseguido salir de Bélgica, llegar a Siria y aterrorizar a su población es asombrosa. [5]

[leer también: Terroristas de ida, refugiados de vuelta]

Resulta abrumadora la información existente sobre quiénes están detrás de la “radicalización del islam” y la “expansión del yihadismo” en Europa. Los informes que manejan y publican las propias autoridades occidentales son muy claros y no dejan lugar a dudas, aunque sus conclusiones no ocupen las portadas de los principales periódicos ni sean debatidas en los Parlamentos para actuar en consecuencia.

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) de España alerta de que seis países musulmanes financian al islamismo. Un informe del servicio secreto señala que estas donaciones llegan a organizaciones radicales. (…) Los fondos que envían caen con frecuencia en manos de organizaciones radicales o de individuos sin escrúpulos. [Ignacio Cembrero, El País, 31/7/2011]

Reino Unido recibe con la alfombra roja a la llamada “oposición siria”, es decir, a la rama siria de la organización salafista Hermandad Musulmana, así como a la cofradía de los Deobandis y a su líder Masood Azhar. Francia por su parte es el refugio dorado de los dirigentes del grupo terrorista MKO. Este tipo de fundamentalistas son “activos” de los servicios de inteligencia occidentales. Son sus protegidos. Son utilizados por Occidente en el exterior para expandir su hegemonía, y sus dirigentes son acogidos en estos países occidentales cuando tienen que huir y “exiliarse” en ellos bajo el paraguas de “refugiados” o “exiliados políticos”.

Los gobiernos occidentales que acuden a los funerales de las víctimas de los atentados terroristas y emiten discursos de repulsa contra el terrorismo, son responsables y cómplices de los terroristas a los que dicen combatir.

Entramos en un Londres que nunca hubiésemos imaginado. Descubrimos cómo grupos islamistas controlan todo un barrio imponiendo, con dinero del contribuyente, la ley Sharia en templos, escuelas y tribunales. Así se radicalizan los británicos que se unen al terrorismo islámico. [Recorrido por el Londres más islamista, El Confidencial, 16/3/2016]

[leer también: Las potencias occidentales arman, entrenan, financian y utilizan a los terroristas que dicen combatir]

Son también sus propios “aliados” del Golfo, y principalmente” Arabia Saudí, quien promociona esta “radicalización” tanto cerca de sus fronteras como en la propia Europa y el resto de mundo. Sin embargo ningún gobierno occidental lo denuncia y lo sanciona. No sólo miran para otro lado, sino que tanto Estados Unidos, como Reino Unido y los países de la Unión Europea incrementan cada año sus lazos comerciales y militares con Arabia Saudí para imponer su agenda en Oriente Medio, al mismo tiempo que les permiten a los wahabitas-salafistas su expansión ideológica por toda Europa.

Los saudíes han llevado a cabo un proyecto para promover la ideología wahabí en el mundo entero. (…). El régimen saudí no trata de ocultar todo este proceso. Muy al contrario, se jacta de sus esfuerzos en este sentido. Según el diario pro saudí Asharq al Ausat, el régimen saudí ha edificado centros religiosos en Europa en una superficie de 3.842 m2 con un coste de unos 5 millones de dólares. Entre ellos están el centro de la M-30 en Madrid (donde el EI llevaba a cabo actividades de reclutamiento), el de Marbella y el de Málaga. Los saudíes planean otros en Córdoba y Granada, también en España. A ellos hay que sumar un centro en Ginebra, otro en Londres, otro en Escocia, otro en Viena, otro en Lisboa, otro en Bruselas (cercano al barrio de Molenbeek, presentado por los medios como el bastión de los yihadistas en Europa), otro en Roma y el de Nantes-La-Jolie en Francia. [Al Manar, 6/1/2016]

Por el contrario, Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea imponen sanciones y atacan directa y militarmente a Siria, a Irán, a Rusia o a organizaciones como Hezbolá y otras milicias chiítas que son quienes realmente están luchando contra el terrorismo sobre el terreno en Oriente Medio. La OTAN tiene una extraña forma de combatir el terrorismo: financia a los grupos yihadistas y ataca a quienes los están combatiendo.

Todos sabemos lo que supone desde un punto de vista estratégico el régimen de Arabia Saudí para Estados Unidos y para la supervivencia del Dólar como moneda de reserva y comercio a nivel global. Estados Unidos ofrece protección militar y política al régimen saudí, y éste a cambio ofrece petróleo barato para Washington y su comercialización en Dólares. Ambos utilizan a los yihadistas como peones en el tablero geopolítico mundial.

Los gobiernos europeos obedecen, callan y colaboran a cambio de algunas inversiones y algunos contratos millonarios para las grandes corporaciones y de algunas donaciones (manchadas de sangre inocente) para sus partidos políticos o fundaciones “sin ánimo de lucro”. Los civiles muertos en los atentados terroristas son para ellos “daños colaterales”. Unos atentados que además operan a su favor porque aterrorizan a la población europea y permiten anular cualquier atisbo de disidencia interna.

Los patrocinadores internacionales de los terroristas más sanguinarios del mundo, dirigen la “Guerra Global contra el Terrorismo”. Definitivamente nos hemos vuelto locos.

 

REFERENCIAS – NOTAS 

[1] America’s “Global War on Terror”, Al Qaeda and the Islamic State (ISIS),- dossier sobre la “Guerra Global contra el Terrorismo” del profesor canadiense Michel Chossudovsky (Global Research, 16/11/2015) http://www.globalresearch.ca/americas-global-war-on-terror-al-qaeda-and-the-islamic-state-isis/5434057

[2] La realidad tras los Hermanos Musulmanes,- artículo del analista Eric Draitser (Rebelión, 17/12/2012) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=160903

[3] They Sow the Cyclone — We Reap the Blowback,- un informe del ensayista y profesor Dan Sánchez (23/11/2015)

[4] Foreign Funded Islamist Extremism in the UK,- Centre for the Response to Radicalisation and Terrorism (Henry Jackson Society, julio 2017) http://henryjacksonsociety.org/wp-content/uploads/2017/07/Foreign-Funded-Islamist-Extremism-final.pdf

[5] Euro-yihadistas: instrumentos de la OTAN,- Silvia Cattori entrevista al periodista y escritor belga de origen sirio Bahar Kimyongür (La Haine, 2/6/2014) http://www.lahaine.org/mundo.php/euro-yihadistas-instrumentos-de-la-otan

NOTA: La foto que encabeza este artículo está sacada de un informe publicado por el sitio El Confidencial.com titulado Recorrido por el Londres más islamista y que fue citado en uno de los párrafos de este artículo. La imagen hace referencia al “colegio Madani Islamic School” situado en un barrio de Londres, donde “el ‘niqab’ es obligatorio para las niñas a partir de los 11 años”, según el citado medio. Desde estos colegios y centros de estudio muchos profesores muestran su apoyo hacia Al Qaeda o el Estado Islámico. Lo mismo ocurre con muchos de los Imanes que difunden la ideología wahabí a través de cientos de mezquitas que se asientan por todo el Reino Unido, así como en toda Europa.

 

Trump amenaza a Corea del Norte: el ruido que precede al acuerdo

“Fuego” de artificio y “furia” de cantina. Así podemos calificar las nuevas amenazas del presidente estadounidense contra Corea del Norte. Una reiterativa bravuconada de Donald Trump para contentar al Estado Profundo y entretener a los medios corporativos. Unas declaraciones que llevarán inevitablemente a la frustración de los más belicistas cuando la realidad geopolítica mundial se imponga de nuevo.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha endurecido su discurso contra el régimen de Corea del Norte, al que ha instado a no realizar ninguna amenaza más si no quiere encontrarse con un nivel de “fuego” y “furia” inédita en la historia mundial. “Se encontrarán con un fuego y una furia nunca vistos en el mundo” (…) “Será mejor que Corea del Norte no haga más amenazas a Estados Unidos”, ha advertido Trump, durante una reunión en su club de golf de Bedminster (Nueva Jersey) en la que, de brazos cruzados y con un tono contundente, ha deslizado la posibilidad de una acción militar contra el país asiático. [Huffington Post, 8/8/2017]

Sin duda que estas declaraciones de Trump tienen mucho que ver con la aprobación por parte del Consejo de Seguridad de la ONU de una propuesta de EE.UU. para sancionar a Pyongyang y que fue aprobada con el voto a favor de Rusia y China (5 de agosto de 2017). Resulta paradójico que Moscú y Pekín den un giro tan radical en su postura y aprueben ahora la imposición de nuevas sanciones contra Corea del Norte cuando ellos mismos han condenado y están sufriendo este tipo de políticas injerencistas ejecutadas por Washington.

Este sorprendente cambio, sin embargo, puede interpretarse como una forma de ganar tiempo y de relajar las tensiones entre China-Rusia y Estados Unidos (la Casa Blanca se entiende). Todo apunta a que previamente hubo algún tipo de acuerdo entre Estados Unidos y China [1], lo que llevó al presidente Trump a cancelar un discurso justo antes (el 4 de agosto) de la reunión del Consejo de Seguridad y en el cuál se esperaba el anuncio de sanciones contra China por parte de Washington. Es decir, China habría cedido su voto ante Estados Unidos a cambio de suspender las sanciones en su contra (por ahora); y habría convencido a Rusia para que se uniera a ella en la votación.

Esta es una arriesgada maniobra diplomática, puede que una estupidez también. Resulta demasiado ingenuo pensar que tras esta unanimidad en el Consejo de Seguridad Estados Unidos reducirá su despliegue militar y armamentístico en la península coreana como gesto de buena voluntad o que cancelará su guerra económica contra China y Rusia. Al contrario, Trump se sentió envalentonado y legitimado para continuar con sus amenazas al resto del mundo, lo que ha enfadado sobremanera a los chinos.

En este sentido es previsible que esta presión puesta ahora sobre Pyongyang por parte de China y Rusia a través de su voto en el Consejo de Seguridad, pronto se dará la vuelta para señalar hacia Washington. De hecho China, en la misma reunión del Consejo de Seguridad que sancionó a Norcorea, criticó también el despliegue del sistema antimisiles THAAD de Estados Unidos en suelo surcoreano. Rusia (quizás arrepentida) también apuntó en esa dirección.

Aunque China, gran aliada de Corea del Norte, ha sumado su apoyo a la resolución, su embajador ha aprovechado para criticar el despliegue del sistema estadounidense antimisiles THAAD en suelo surcoreano (…) “El despliegue del THAAD no va a solucionar los ensayos nucleares y lanzamientos de misiles de Corea del Norte”, ha avisado el diplomático Liu Jieyi (…); una opinión que ha compartido su colega ruso. “Un factor adicional desestabilizador en la región consiste en el incremento en Corea del Sur de los elementos del sistema de defensa antimisil estadounidense THAAD”, ha coincidido Nebenzia, “y será difícil avanzar hacia la desnuclearización mientras Corea del Norte sienta amenazada su seguridad”. [Agencia EFE,- 5/8/2017]

Más allá de la contundente retórica empleada por Trump, los imperialistas saben perfectamente que Corea del Norte no es Afganistán, donde Washington pudo lanzar ante el mundo “la madre de todas las bombas” sin recibir ninguna respuesta militar, política o diplomática en su contra o la de alguno de sus “aliados” en la región (Japón y Corea del Sur principalmente). Esto lo reconoce incuso la prensa anglosajona. Corea del Norte es una potencia nuclear. Geográficamente se encuentra entre Rusia y China, también política y comercialmente hablando [2]. Ninguna de estas dos potencias va a permitir que estalle el caos a sus pies. Por todo esto Norcorea no ha sido ni será bombardeada.

Se está incrementando por enésima vez la tensión en la península coreana y se multiplica el ruido mediático convertido en propaganda de guerra, pero la sangre no llegará el río. Son tan vacías las amenazas de Trump que ni siquiera su equipo de gobierno tenía idea de que hubiese un plan “inminente” para atacar a Corea del Norte. Pero la ficticia amenaza que supone Kim Jon-Un para el resto del mundo sirve a Estados Unidos para justificar su enorme despliegue militar por todo el sudeste asiático y el Mar de China Meridional que, como sabemos, busca cercar militarmente y cortar las rutas comerciales de su gran competidora, China.

Ese “peligro para la paz mundial” llamado Kim Jong-un tendió la mano (junto a China) a Estados Unidos en varias ocasiones para detener la escalada nuclear en la península de Corea, y fue Barack Obama, el “Premio Nobel de la Paz”, quien la rechazó con arrogancia y desplegando más armamento nuclear frente a las fronteras norcoreanas. En marzo de este mismo año fue Donald Trump quien rechazó la propuesta de China para “reducir la tensión” en la península y “evitar una colisión frontal” entre Estados Unidos y Corea del Norte.

¿Quién quiere realmente la paz y quién la boicotea? ¿Quién es el verdadero peligro para el resto del mundo?

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha desestimado la propuesta de Corea del Norte de suspender los ensayos nucleares si Estados Unidos termina sus ejercicios militares anuales con el Sur. (…). El ministro de Relaciones Exterioresde Corea del Norte Ri Su-yong dijo a Associated Press el sábado que “si continuamos en este camino de confrontación, esto llevará a resultados muy catastróficos, no sólo para los dos países, sino también para todo el mundo”. “Es realmente crucial para el gobierno de Estados Unidos retirar su política hostil contra la RPDC y como una expresión de esto detener los ejercicios militares, ejercicios de guerra, en la Península Coreana. Entonces responderemos de igual manera” [BBC News, 25/4/2016]

Por otro lado las amenazas contra Norcorea tratan de escenificar una aparente demostración de fuerza por parte de una maquinaria imperial que ya no puede imponer unilateralmente sus políticas al resto mundo. En el fondo las amenazas de Trump no dejan de ser gritos de impotencia de un imperio en decadencia.

La presión política, mediática y militar de Washington sobre Pyongyang suponen un nuevo intento vacío de mostrar ante el mundo un poderío que ya no tienen en unos momentos en los que, fruto precisamente de la pérdida de la hegemonía global estadounidense, Trump se dispone a negociar con China y Rusia un acuerdo para estabilizar la península de Corea. El nuevo presidente surcoreano Moon Jae-in mostró en varias ocasiones su intención de visitar Pyongyang “si se dan las condiciones adecuadas“.

Esperemos que así sea. Bienvenidos (una vez más) a la nueva era mundial multipolar.

REFERENCIAS – NOTAS 

[1] Why Siding with Washington on Korea May Be Dangerous,- artículo de Finian Cunningham (Strategic Culture Foundation, 10/8/2017) https://www.strategic-culture.org/news/2017/08/10/why-siding-with-washington-korea-may-be-dangerous.html

[2] The Real Reason Washington is Worried about North Korea’s ICBM Test,- artículo de Stephen Gowans (What’s left, 5/7/2017)

 

¿Quién defiende a Venezuela?

Todos los días y de forma masiva podemos recopilar decenas de noticias basadas en información falsa o manipulada difundidas a través de los medios corporativos occidentales. Pero hay límites, incluso dentro del repugnante ejercicio de la manipulación informativa, que si son rebasados dejan en evidencia a los propios propagandistas hasta el punto de hacernos sentir vergüenza ajena a quienes les escuchamos o leemos.

El último ejemplo de todo esto lo hemos visto a raíz del ataque terrorista contra el Fuerte Paramacay situado en la ciudad de Valencia en Venezuela ocurrido el pasado domingo 6 de agosto. Este ataque fue calificado como un “alzamiento”, “levantamiento” o “rebelión militar” por parte de algunos de los medios corporativos occidentales más reconocidos. Sin embargo, como reconocen los propios medios en sus informes, dicho ataque terrorista fue protagonizado por un sólo ex-militar, el ex-oficial de la Guardia Nacional Bolivariana Juan Carlos Caguaripano, quien llevaba tres años prófugo de la justicia venezolana por participar en otras intentonas golpistas anteriores contra el presidente Nicolás Maduro. Este golpista reincidente que reside en Miami (¡cómo no!) estuvo acompañado de otros nueve delincuentes civiles contratados para la ocasión y que nada tienen que ver con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) (Ataque armado al Fuerte Paramacay: análisis y contexto, Misión Verdad, 6/8/2017)

A pesar de estas evidencias, esta acción paramilitar encabezada por un sólo ex-militar y varios mercenarios civiles es presentada mediáticamente como toda una “rebelión militar apoyada por el pueblo” en contra del “régimen venezolano” y que demostraría una “fractura en las fuerzas armadas venezolanas”. Fractura que llevan años anunciando y nunca se produce, por eso tienen que fabricarla.

No contentos con esta ridícula conclusión, los medios corporativos occidentales (prensa, radio y televisión) añaden que esta “rebelión” cuenta con un amplio “apoyo civil”. Es decir, es una “rebelión cívico-militar”, según la calificaron los propios golpistas y sus correligionarios mediáticos tratando de equiparla con aquella verdadera rebelión cívico-militar que llevó a Hugo Chávez al poder en 1999. La prensa corporativa internacional no pudo presentar ni una sola imagen o reporte que respaldara tal afirmación. En las calles de Venezuela el pasado domingo no hubo ninguna manifestación pública que avalara este inexistente “Golpe de Estado” y diera un mínimo de credibilidad a esta interpretación torticera de los hechos. Sólo los dirigentes golpistas de la oposición política (y los grupúsculos violentos habituales) salieron a respaldar esta “rebelión militar” imaginaria.

Obviamente este ataque terrorista también fue apoyado y justificado por sus patrocinadores superiores en Washington y Bruselas, tal y como hicieran en otras ocasiones anteriores como en abril de 2002. (Golpe a un caudillo, editorial de El País, 13/4/2002)

El legítimo gobierno de Maduro y el pueblo trabajador venezolano están sufriendo una estrategia de desestabilización interna patrocinada y dirigida desde el exterior. La guerra económica (acaparamiento de productos básicos, manipulación de la tasa de cambio monetaria, las sanciones internacionales, el aislamiento institucional y político a nivel regional, etc.) llevada a cabo por la burguesía venezolana y el capital financiero anglosajón, así como el “terrorismo callejero” o “terrorismo de baja intensidad” ejecutado por mercenarios pagados en dólares por la oposición golpista, como el que vimos este domingo en el Fuerte Paracumay o el que vemos a diario en algunos lugares muy concretos de Venezuela (“casualmente” controlados por esa oposición), forman parte de una estrategia violenta de desgaste que ya fue puesta en marcha en otros lugares como Ucrania en 2013-2014 contra el gobierno del derechista Yanukovich o muy anteriormente en el Chile del legendario Salvador Allende en los años 70.

[leer también: Venezuela Freedom 2: se incrementa la escalada imperialista contra Venezuela (dirigentes españoles incluidos), El Mirador Global, 20/5/2016]

Las campañas “humanitarias” llevadas a cabo por algunas ONGs y la manipulación informativa son también armas psicológicas que utiliza el imperialismo occidental para adoctrinar a las masas y lograr que apoyen sus “intervenciones humanitarias” contra los Estados soberanos e independientes.

La debilidad de Venezuela ante una intervención militar imperialista

Frente a esta guerra híbrida y multidimensional que sufre desde hace años el gobierno bolivariano de Venezuela, el presidente electo Nicolás Maduro cuenta con un fuerte apoyo de los militantes de base, de la clase obrera y las clases populares beneficiadas por las políticas de la revolución y del ejército venezolano que se mantiene leal a la Constitución Bolivariana aprobada por el pueblo. También cuenta con el apoyo de la mayoría de movimientos sociales, sindicatos de clase y organizaciones antimperialistas de América Latina y del resto del mundo. Pero esto, que es mucho, puede no ser suficiente cuando de lo que se trata es de repeler un “cambio de régimen” orquestado desde Washington.

Imaginemos por un momento que Estados Unidos (y sus “aliados”) ha encontrado el momento y la excusa perfecta para intervenir militarmente contra Venezuela, algo que, por otra parte, lleva años diseñando y por lo tanto no sería una hipótesis descabellada. Si observamos el mapa regional y el contexto geopolítico global, Venezuela está sola desde un punto de vista estratégico-militar. En realidad Venezuela en estos momentos, en caso de producirse una intervención militar extranjera, sólo podría contar con el apoyo incondicional de Bolivia, Nicaragua y Cuba, básicamente, si damos por perdido a Ecuador que se dispone a regresar al Consenso de Washington de la mano del nuevo presidente Lenín Moreno (escucha la entrevista a Amauri Chamorro, Voces del Mundo, 5/8/2017). Estos actores regionales tienen un gran peso moral, político y diplomático a nivel regional para el gobierno de Venezuela, pero son irrelevantes desde un punto de vista militar.

Venezuela no es Corea del Norte, no tiene “dientes nucleares” para defenderse, ni sus fronteras limitan con Rusia y China. Ni es miembro de ningún organismo regional de Defensa o de Seguridad multiestatal que pudiera darle un apoyo militar que disuadiera al enemigo. Tampoco cuenta con un compromiso firme de defensa del país por parte de Rusia y China en caso de una invasión militar de la OTAN contra Venezuela, a pesar del apoyo público de Moscú y Beijing al gobierno de Maduro y de los importantes acuerdos estratégicos que ambas potencias mantienen con Caracas.

No seamos ingenuos: ningún país que esté en el punto de mira de Washington, y que militarmente no pueda hacerle frente con sus propias armas y no cuente con el paraguas nuclear-militar de las potencias eurasiáticas que hoy lideran el mundo, puede salir vivo de una “intervención humanitaria” occidental. Los casos de Libia y Siria, con finales muy distintos en cada caso, nos sitúan ante esta dura realidad de nuestros tiempos. Gadafi estaba solo y fue asesinado públicamente ante las carcajadas sicopáticas de Hillary Clinton por televisión; Al Assad contaba con Rusia y el Eje de la Resistencia y tras ganar la guerra al terrorismo (patrocinado por la OTAN-CCG) se dispone a reconstruir su país junto a sus aliados.

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno de Venezuela para encontrar el apoyo militar directo de Rusia? ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar Rusia en Venezuela? ¿Esta Venezuela demasiado lejos de sus fronteras quizás? ¿Estarían las autoridades rusas dispuestas a mirar pasivamente cómo las mayores reservas de petróleo del mundo caen en manos de Estados Unidos al mismo tiempo que la OTAN está asfixiando militarmente a Rusia (y a China)?

A principios del mes de junio de este año 2017 China incrementó sus acuerdos con Venezuela para explotar hasta 325.000 barriles diarios de petróleo procedentes en su mayoría de la Faja del Orinoco, cuya enorme riqueza se disputan todas las grandes empresas energéticas del mundo. Este tipo de acuerdos estratégicos tiene una doble lectura: por un lado parece que obliga a China (y a Rusia) a defender militarmente a Venezuela si fuese necesario para defender sus propios intereses. Pero por otro lado, también incrementa la necesidad y las prisas del Imperio yanqui y sus corporaciones por derrocar al gobierno de Maduro para robarle sus recursos y debilitar a sus principales competidores por la hegemonía mundial.

A día de hoy es una incógnita saber (al menos para mi) con qué escenario geopolítico mundial inmediato nos encontraríamos si Venezuela fuese atacada militarmente. Si el gobierno de Nicolás Maduro lograra despejar a su favor esta incógnita estratégica, el conflicto interno se desactivaría como por arte de magia. Es decir, que si Vladimir Putin y Nicolás Maduro comparecieran mañana ante los medios internacionales para anunciar la instalación de una base militar rusa en territorio venezolano, los terroristas callejeros y los “patrióticos” golpistas y demás mercenarios tendrían que buscarse otro trabajo, como está ocurriendo en Siria e Irak; y los dirigentes políticos opositores regresarían definitivamente a sus casas de lujo en Miami o Nueva York para gestionar su abundante patrimonio.

Otra cuestión diferente sería analizar si el decadente imperio estadounidense está o no en condiciones de emprender una guerra contra Venezuela en el momento de mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos acaba de recibir una clamorosa derrota en Siria; Trump se dispone a iniciar una (suicida) guerra geoeconómica y comercial contra China y Alemania; la economía de Estados Unidos presenta problemas estructurales graves; y todo esto al mismo tiempo en que se está librando una guerra civil interna entre las élites políticas y económicas estadounidenses por imponer su agenda y sus propios intereses.

Todavía estamos a tiempo de presionar desde todos los frentes para evitar una desesperada guerra imperialista por su propia supervivencia contra un pueblo digno y su legítimo gobierno.