SOBRE EL DEBATE MONARQUÍA-REPÚBLICA

Un Jefe de Estado que no ha elegido el pueblo trabajador resulta imprescindible en España para seguir desarrollando un régimen político que sólo beneficia a la oligarquía dominante que sostiene a la Corona. Visto desde los intereses de esta oligarquía financiera y empresarial, la llegada de Felipe VI era necesaria para seguir imponiendo una agenda económica que perjudica a las mayorías sociales; para seguir aplicando unas políticas y unas reformas que nadie ha votado puesto que ningún partido las llevaba en su programa electoral; para tratar de ocultar la corrupción que afecta a todas las instituciones del régimen, incluida la Casa Real; para seguir cediendo soberanía ante “los mercados”; para seguir en la línea militarista y pro-imperialista de la OTAN bajo las órdenes de Washington. Y todo ello amparándose además en una Constitución que ellos mismos no respetan y la inmensa mayoría de la sociedad actual no tuvo ocasión de votar hace 36 años en unas circunstancias muy concretas. La falta de legitimidad del régimen borbónico es absoluta, y no se limita a la Jefatura del Estado sino que afecta a todo un sistema económico, político y a un engranaje institucional que funciona al margen de las clases trabajadoras y en beneficio de unas élites económicas nacionales e internacionales que son quienes toman las decisiones de forma unilateral en contra de los intereses de la mayoría.  
 
Estoy de acuerdo con aquellos que plantean el debate no en términos sólo de “república o monarquía” sino en términos de “monarquía o democracia”. No se trata ni mucho menos de renunciar a la idea o a los principios y valores clásicos republicanos, sino de señalar por un lado el carácter antidemocrático de esa institución no electa; y por otro, la necesidad de poner en valor el carácter democrático y de clase que debe tener ésa república española que reclamamos. El hecho de que en España hoy hubiese una república, o bien que el pueblo eligiese en referéndum a Felipe VI como Jefe de Estado, no sería necesariamente sinónimo de democracia, ni mucho menos. Podría darse perfectamente la circunstancia de tener en España una república burguesa o de derechas. Sólo basta recordar que países como EE.UU, México, Colombia, Alemania, Italia, Portugal, o Grecia, por citar sólo algunos, son repúblicas y las clases trabajadores y los más humildes de estos países sufren también la explotación de las clases capitalistas dominantes y están sufriendo la imposición de las mismas políticas neoliberales que las clases trabajadores y populares españolas. Monarquía es sinónimo de plutocracia, pero república en sí misma no es sinónimo de democracia.  
 
El poder político, económico y mediático lo tiene relativamente “fácil” a la hora de posicionarse en ese debate monarquía-república. Debido a décadas de manipulación y desinformación, la palabra República (en referencia a la II República Española) es relacionada por muchos españoles con periodos de inestabilidad, conflictos sociales, pobreza o directamente con haber dado origen a la guerra civil. Por contra, según el relato del establishment, la llegada de la monarquía puso fin a la dictadura, reinventó la democracia, proyectó una imagen de modernidad de España en el exterior, y dejó 30 años de estabilidad política y prosperidad social. Muchos de estos propagandistas del régimen borbónico tratan de desacreditar a los republicanos de izquierdas poniendo como ejemplo negativo de repúblicas a Cuba o Venezuela, países y gobiernos que llevan muchos años sufriendo una guerra mediática feroz y que a la vista de la opinión pública española son dictaduras que reprimen a su población. Triste pero piensan así. Además estos voceros del régimen borbónico español disponen de todos los grandes medios de comunicación para exponer sus falaces argumentos y descalificar a través de la mentira cualquier pensamiento crítico alternativo al régimen y al orden establecido. Por eso digo que tienen relativamente fácil defender la monarquía frente a lo que ellos interpretan y difunden que es la república. Sin embargo tienen muchísimo más difícil defender sus argumentos si logramos colocar el debate en términos de monarquía o democracia. Entendiendo democracia como el gobierno del pueblo para el pueblo. Su sistema capitalista y modelo neoliberal son claramente incompatibles con una verdadera democracia. Hay que recuperar y utilizar como arma a nuestro favor este término del que se han apropiado las clases dominantes.
 
El término Democracia – al igual que el término República – es mucho más amplio y va más allá de la elección del Jefe del Estado, que por supuesto debería someterse a la voluntad popular. Democracia significa democratizar la vida política y las instituciones del Estado, ponerlas al servicio del pueblo trabajador y bajo su control y su gestión colectiva. Pero esto se debe hacer como paso previo para democratizar la Economía. Y esto significa – además del lema ya conocido de “la economía debe estar al servicio de la gente” – que la propiedad de la riqueza y la gestión de los recursos del país debe cambiar de manos: debe pasar de una oligarquía minoritaria a las clases trabajadoras y populares mayoritarias. Por esta misma razón el capitalismo es incompatible con la democracia. No se trata de rogarles a las clases capitalistas que repartan más generosamente su riqueza, porque jamás lo van a hacer: se trata de expropiársela. Y “expropiar” es un término que provoca pánico pronunciar en España a los dirigentes de izquierdas, puesto que seguidamente son acusados de chavistas, castristas, soviéticos, estalinistas, extremistas, sectarios, golpistas, etc., etc. Pero se pronuncie esa palabra o no, lo llamemos Socialismo o no, debemos saber que sin expropiación no puede haber reparto de la riqueza ni justicia social en España. Habrá parches, reformas, socialdemocracia… pero no habrá plena democracia. La salud, la educación, el trabajo, la alimentación, la vivienda, los derechos, la igualdad… la dignidad de las personas no pueden depender de la “generosidad” de la burguesía o de los ciclos económicos del capitalismo.
 
En resumen, tal y como escribí el pasado 14 de abril (¿Una República Española de derechas?), a los términos políticos, a los grandes titulares y expresiones políticas, hay que dotarlas de contenido para que cobren sentido. Proclamar la llegada de la República sin dotar de contenido de clase a esta expresión no significa nada. La República puede ser de derechas. La ausencia de monarquía no necesariamente trae aparejado un cambio de modelo político y económico emancipador de las clases trabajadores y realmente democratizador. La llegada de una República sin matizar quién detentará el poder real y la propiedad y gestión de los recursos o el modelo de convivencia dentro de la sociedad, puede ser defendida tanto por la izquierda como por la derecha y la extrema derecha. De hecho, por poner un ejemplo, la organización fascista Falange Española de las JONS acaba de emitir un comunicado donde rechazan la proclamación de Felipe VI como rey y defienden una “república nacional-sindicalista justa y equitativa para todos los españoles”. Cuidado con confundir a la gente. Desde la izquierda republicana y transformadora son necesarios los mensajes directos que vayan a la raíz de los problemas y que sean entendibles por todas las víctimas del neoliberalismo, pero siempre matizando bien su contenido ideológico para no confundir a la gente menos concienciada.  
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