ELECCIONES EN BRASIL: "REFORMISMO" O BARBARIE. NO HAY ALTERNATIVA A LA IZQUIERDA DE DILMA ROUSSEFF

En el mundo globalizado en el que vivimos, cualquier cita electoral en la que los ciudadanos elijan a su futuro gobierno tiene una suma importancia para el resto de los países y sociedades. Y mucho más si ese país sobrepasa los 200 millones de habitantes, es un miembro destacado de los BRICS y es la primera economía de América Latina. Este domingo se celebran unas elecciones presidenciales muy importantes en Brasil (además se eligen 27 gobernadores y 531 diputados). A escasas horas de la cita electoral, si las encuestas no fallan, parece que su actual presidenta Dilma Rousseff ganará en primera vuelta y es posible que repita mandato.
 
He sido y sigo siendo muy crítico con el gobierno brasileño. Es innegable que en los últimos doce años de gobierno del Partido de los Trabajadores se ha avanzado mucho en la lucha contra la pobreza. En la última década 20 millones de personas han salido de la pobreza mientras que 35 millones de brasileños pasaron de la clase baja a la clase media. Se ha incrementado el salario mínimo y el acceso de la población a la educación y la sanidad, entre otros servicios públicos. También es cierto que el gobierno ha recuperado en parte la propiedad y la gestión de algunas empresas de sectores como el petrolero (Petrobras) que han mejorado los ingresos del Estado. Algunos datos brutos arrojan en principio un saldo favorable para la gestión de Lula da Silva y Dilma Rousseff.
 
Ahora bien, ¿es este el desarrollo social que se podía esperar y las políticas que se deben exigir a un gobierno de izquierdas de una potencia emergente mundial como Brasil? Evidentemente no. La reducción de la pobreza no ha sido exclusiva de Brasil, sino que ha sido una constante en los últimos años en toda la región, incluido en aquellos países donde ha gobernado la derecha neoliberal más reaccionaria y se han incrementado las desigualdades, como en Colombia o Chile. Otros países como Venezuela y Ecuador están bastante por delante de Brasil en la reducción de la pobreza. Por otro lado el número de millonarios brasileños también se ha incrementado notablemente en estos últimos años. Las grandes corporaciones todavía controlan la mayor parte de los recursos naturales y los sectores estratégicos del país. Brasil sigue siendo uno de los países más desiguales y más latifundistas del mundo. Los avances se han mostrado claramente insuficientes porque las clases capitalistas nacionales y extranjeras siguen manejando la economía brasileña y apropiándose de su riqueza. Este es el mismo problema que existe en todas las demás economías capitalistas del mundo.  
 
Pero, desde una perspectiva de izquierdas, anticapitalista, revolucionaria, socialista, ¿cuál es la alternativa de gobierno al Partido de los Trabajadores en estos momentos? En el actual contexto… claramente ninguna. A la izquierda del Partido de los Trabajadores no hay nadie con una mínima posibilidad de llegar al gobierno. Si Dilma Rousseff perdiera las elecciones el 5 de octubre la alternativa de gobierno sería una vuelta al neoliberalismo más voraz, algo que resultaría absolutamente nefasto para los intereses de las clases trabajadoras y populares brasileñas. Los otros dos candidatos que aspiran a alcanzar el gobierno, Aécio Neves y Marina Silva, del Partido de la Social Democracia y del Partido Socialista de Brasil respectivamente, defienden modelos netamente neoliberales y pro-imperialistas. Podríamos decir de forma irónica que las clases populares y brasileñas deberán resignarse a elegir entre “reformismo” o barbarie. El sociólogo y analista estadounidense James Petras lo resumía de la siguiente forma en uno de sus recientes análisis radiofónicos:

(…) En el caso de Brasil la izquierda consecuente – el PCB, el PSOL, el PSTU – no tienen muchas posibilidades. Yo creo que el mejor entre ellos es el Partido Comunista Brasileños con el candidato Mauro Iasi, pero no va a conseguir más de un 2%. Entonces, ¿cuál es la oferta entre los principales candidatos? De un lado tenemos a Dilma Rousseff que después de 12 años de gobierno, sin cambios estructurales importantes, con algunas políticas asistencialistas, con alguna intervención estatal pero mezclada con una enorme cantidad de corrupción. (…) En este contexto la alternativa surge de Marina Silva, que ejerce más o menos como representante del gran capital. (…) por un lado tenemos la corrupción, la continuidad de la entrega y la política que busca cada vez más la inversión privada en el sector del agro-mineral. Por otro lado tenemos una versión del neoliberalismo más radicalizada con Marina Silva. (…) En otras palabras, después de la primera ronda, donde hay posibilidades de hacer un voto de protesta, en la segunda ronda no hay una alternativa progresista.(…) [1]

 
En el caso concreto de Marina Silva, la gran sorpresa electoral y la candidata de EE.UU. y las grandes corporaciones financieras y mediáticas [2], sus propuestas económicas no dejan lugar a dudas sobre su inclinación ideológica, más allá de su retórica y su propaganda “progresista” y “ecologista”. Tres de sus propuestas principales en esta campaña en materia económica han sido: 1º) caminar hacia la “independencia” del Banco Central de Brasil; 2º) reducir la presencia del Estado en la explotación del Presal [3]; 3º) desvincularse progresivamente del Mercosur y desarrollar “acuerdos bilaterales”. Todo esto significaría, respectivamente: 1º) entregar la política monetaria y económica del Banco Central, actualmente manejada por el Estado, a la Banca privada y el capital financiero (en España y Europa sabemos bien lo que significa “independizar” el Banco Central Europeo); 2º) renunciar como país a tener más independencia o soberanía energética, dejando de ingresar una gigantesca cantidad de dinero, regalándole a las grandes corporaciones energéticas extranjeras la riqueza natural del país; 3) alejarse de los proyectos y acuerdos económicos, comerciales y políticos de integración regional en Suramérica para avanzar principalmente hacia un Tratado de Libre Comercio con EE.UU. y la Unión Europea (un proyecto éste pregonado por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso y bloqueado por la victoria de Lula en 2002).
 
En resumen, de llegar al gobierno los  “socialistas” y “socialdemócratas” brasileños aplicarían un paquetazo neoliberal en Brasil equivalente al aplicado por los partidos “socialistas” o “socialdemócratas” en Europa (en España el PSOE neoliberal) bajo el eufemismo de “políticas de austeridad”.
 

(…) Marina Silva deja en claro la naturaleza de su proyecto, por las posiciones que explicita y porque tiene en la coordinación de su campaña electoral a renombrados nombres del neoliberalismo –Andre Lara Resenda, ex ministro de los gobiernos Collor de Melo y de Cardoso; Giannetti da Fonseca, connotado ideólogo neoliberal, y Neca Setubal, heredera del Banco Itaú, uno de los más grandes bancos privados brasileños–. Con esas posiciones y ese equipo, la ex líder ecologista Marina Silva se convierte de lleno al neoliberalismo.(…) [4]

En Brasil no sólo están en juego las políticas internas que se aplicarán en los próximos años y si éstas continúan teniendo un carácter social e inclusivo (a pesar de sus limitaciones y de los graves errores del gobierno) y se mantiene su soberanía como país. Lo que está en juego además en estas elecciones es mucho más que la elección de un gobierno nacional. Lo que se decide es si Brasil sigue ejerciendo un papel preponderante en el proceso de integración y de soberanía de América Latina y del Sur del mundo o si por el contrario se convierte definitivamente en un títere de EE.UU. y sus grandes corporaciones con sede en Wall Street.

Brasil forma parte de los llamados BRICS, el grupo de potencias emergentes que de la mano de Rusia y China están desplazando a EE.UU como primera potencia hegemónica mundial – algo que ya es un hecho. Y no solo eso, sino que estos países pueden arruinar la economía de EE.UU si deciden abandonar el dólar como moneda de referencia para las transacciones comerciales y financieras internacionales, tal y como ocurre con muchos contratos firmados entre Rusia y China y otros países. Si Dilma Rousseff gana las elecciones este domingo 5 de octubre tal y como parece – y a pesar de la docilidad de su gobierno ante los grandes capitales internacionales y las clases capitalistas locales – es muy probable que dentro de un tiempo asistamos al nacimiento y bendición mediática de una “primavera brasileña” patrocinada por Washington siguiendo el patrón de las “primaveras árabes” o las “revoluciones de colores”, como la última iniciada en Hong Kong contra China en los últimos días [5]. En este punto es necesario recordar un dato muy importante: Brasil ya se encuentra rodeada en estos momentos por 25 bases militares de EE.UU. (con 13 bases rodea también a Venezuela, una potencia petrolera.) [6].

En cierta medida me resulta difícil censurar totalmente la acción del gobierno de Lula-Rousseff, quizás porque sé que están en el punto de mira del Imperio, y porque soy consciente de su fuerte influencia positiva en la integración de los pueblos de Latinoamérica, y porque además la “alternativa” supondría una vuelta al pasado todavía peor que nadie desea para Brasil. Sería injusto no reconocer los importantes avances de estos últimos años, pero sería igual de injusto y muy poco ético por nuestra parte mirar para otro lado cuando hay demasiados motivos para la crítica o incluso para la rotunda condena en algunas de sus decisiones políticas (como la expropiación de tierras a los campesinos autóctonos en favor de las multinacionales [7]). Además la crítica es un ejercicio democrático imprescindible si se quiere avanzar desde la izquierda y no desilusionar y perder el apoyo de las masas populares a las que supuestamente dicen defender.

Lo que sí tengo claro y de nuevo queda demostrado observando el caso de Brasil y de otros gobiernos progresistas de la región, o a los gobiernos “socialdemócratas” en Europa, es que resulta imposible “humanizar el capitalismo”. Incluso en Alemania, cuyo “milagroso” modelo económico es puesto como ejemplo por el establishment político y mediático neoliberal, se ha derrumbado aquella idea del capitalismo social [8].

Las clases dominantes que detentan el poder y que gestionan y se adueñan de las economías capitalistas jamás van a permitir que se implementen las reformas necesarias para empoderar a las mayorías sociales y democratizar la riqueza. No basta con repartir las limosnas que nos dejan, como propone la socialdemocracia en el mejor de los casos. La dignidad de las personas no puede depender de las “fluctuaciones de los mercados”. Las políticas sociales o asistenciales como las que aplica en gobierno de Brasil, aunque sean necesarias y urgentes a corto plazo, no pueden eternizarse o convertirse en un fin. No se trata de subvencionar la pobreza eternamente, sino de dotar al pueblo trabajador de las herramientas necesarias para que ellos mismos se organicen y tomen las riendas de la economía y de la vida política de su país. Se trata de cuestionar y revertir la propiedad y la gestión de todos los recursos del Estado y de sus instituciones. Y para ello es imprescindible traspasar el poder desde las clases capitalistas hacia las clases trabajadoras y populares. Transitar del capitalismo y su lógica mercantilista hacia el Socialismo y su lógica de la igualdad, la justicia social y la plena soberanía.

En Brasil esto segundo está todavía por hacer, y las mismas clases populares que auparon con condiciones al Partido de los Trabajadores al poder, pueden cansarse de tanto esperar. Desde la distancia física espero, resignado, a que este domingo le den otra oportunidad para seguir avanzando.

[Análisis del periodista mexicano experto en geopolítica Afredo Jalife Rahme]

NOTAS:

[1] “No hay opciones de izquierda y crece el abstencionismo”,- análisis de James Petras para Radio Centenario de Uruguay (29/9/2014)

[2] Marina Silva – Part of Plan to Destabilize Brazil,- artículo de Nil Nikandrov (



[4]  Brasil: Marina Silva deja en claro a qué vino,- artículo de Emir Sader (Contrainjerencia, 17/9/2014)

[5]   HONG KONG: otra “revolución de color” empujada y financiada por el poder económico occidental,- artículo de Mikel Itulain (blog ¿Es posible la paz? 2/10/2014)

[6] “Estados Unidos tiene rodeado militarmente a Brasil y a Venezuela”,- artículo de Atilio Boron (Agencia Popular de Comunicación Suramericana)

[7] Azúcar con sabor a tierra robada,- Laura Villadiego/ Nazaret Castro (eldiario.es, 11/11/2013)

[8] Alemania y el desmantelamiento del “capitalismo social”,- artículo basado en un estudio de la Fundación Rosa Luxemburgo de Alemania, publicado en Jaque al Neoliberalismo (1/10/2014)

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