LA IZQUIERDA ESPAÑOLA PADECE EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO NEOLIBERAL

 
El pasado 1 de febrero de 2016 diversas personalidades del mundo de la política, la economía, el periodismo, los movimientos sociales, etc. enviaron una carta al Congreso de los Diputados de España dirigida a los grupos parlamentarios y a los diputados que los componen exigiéndoles que apoyaran dos medidas muy concretas: por un lado la “Desvinculación de España del Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria”, y por otro la “Derogación de la Ley orgánica de Estabilidad Presupuestaria y sostenibilidad financiera” [1].
 

“(…) Ningún cambio favorable a la mayoría social, a las clases trabajadoras y populares, que contemple las medidas necesarias de gasto social para recuperar los derechos sociales, crear empleo digno, distribuir la riqueza para reducir la desigualdad, será posible mientras no se desobedezcan las imposiciones autoritarias de los “guardianes” de los intereses de las oligarquías de la UE, no se recupere la soberanía popular cedida a las instituciones europeas, no se restablezca el respeto al autogobierno y las vías de diálogo, negociación y pacto con las comunidades autónomas y administraciones locales. (…)”

 
Como era de esperar esta iniciativa, al igual que otras muchas que se impulsan desde diversas organizaciones políticas y sociales, ha pasado totalmente desapercibida en los grandes medios de comunicación españoles, todos ellos propiedad del capital financiero e industrial nacional e internacional. A pesar de que ya han pasado casi ocho años del estallido de la interminable crisis capitalista de 2007-2008 y de sufrir las dramáticas consecuencias de las llamadas “políticas de austeridad” o de “ajuste estructural” impuestas a la población, y a pesar de todas las evidencias y de la información de la que disponemos principalmente a través de los medios alternativos difundidos por internet que demuestran que estas políticas neoliberales sirven únicamente para enriquecer aún más a los más ricos [2], los pilares fundamentales del régimen neoliberal europeo y global no están siendo cuestionados por ninguno de los actores que encabezan la actualidad política y mediática del país.
 
No existe debate político al respecto. El terreno de discusión está acotado. Los debates y la información que cuestionan el sistema son censurados. Las cartas ya están marcadas de antemano. Los grandes ejes a seguir en materia económica ya están bien delimitados y los gobiernos europeos deben limitarse a seguirlos. “No hay alternativas”, nos siguen señalando.
 
En España, a pesar del espectáculo ampliamente difundido en los medios corporativos sobre la conformación del futuro gobierno, no se está debatiendo o discutiendo la posibilidad de un cambio en el modelo neoliberal dominante en Europa. Al contrario de lo que ocurre en muchos países de Latinoamérica donde en la última década la izquierda marcó una nueva etapa pos-neoliberal y delimitó los términos ideológicos de discusión política, aquí en España no existen esos dos bloques políticos enfrentados, uno neoliberal que defienda el statu quo y otro anti-neoliberal o “de izquierdas” que proponga un modelo político, económico y social alternativo al neoliberalismo [3]. Existen distintos candidatos y distintos partidos que proponen políticas diferentes pero dentro del mismo sistema. Es decir, que desde las elecciones del pasado 20 de diciembre de 2015, en España se está discutiendo únicamente qué partidos y qué personas formarán el próximo gobierno que deberá aplicar la agenda política y económica que dictan las instituciones europeas, es decir, las grandes corporaciones financieras y empresariales occidentales que dirigen en la sombra las instituciones públicas. 
 
El funcionamiento de dichas instituciones europeas y su servilismo al capital financiero es más que evidente. En la “democrática” Unión Europea trabajan en silencio entre 15.000 y 30.000 lobistas que defienden los intereses de las grandes corporaciones y que tratan de “influir” (léase imponer) en las políticas que se aplican desde las instituciones públicas con sede en Bruselas [4].
 
El capital financiero o la poderosa industria del agro-negocio, entre otros muchos sectores privados, son los poderes en la sombra que dictan las políticas públicas y económicas que se imponen en Europa. Los diferentes gobiernos neoliberales europeos – ya se definan como “conservadores-liberales” o “socialdemócratas” – se limitan a obedecer a esta oligarquía financiera y empresarial globalizada. Estos gobernantes títeres del poder económico reciben a su vez por parte de esta corrupta oligarquía financiación para sus partidos políticos y fundaciones, y apoyo mediático a través de sus grandes medios de comunicación, así como suculentos contratos en sus grandes empresas y Bancos cuando abandonan sus cargos públicos. Es lo que conocemos popularmente como “puertas giratorias”, o “cabildeo” utilizando términos anglosajones.
 
A pesar de ello entre las fuerzas políticas de izquierdas con mayor presencia parlamentaria y mediática, no se plantean ni siquiera – en caso de llegar al gobierno – abandonar dichas instituciones y romper con un engranaje burocrático y legal que impide el desarrollo de cualquier programa electoral que se centre en alcanzar la justicia social y la soberanía del Estado frente a las grandes corporaciones. Lo ocurrido en Grecia con el gobierno títere de Syriza debería servir como ejemplo de todo esto. El sistema no permite “reformas” desde dentro salvo aquellas que sirven para reforzarlo e impulsarlo. Lo reconocen los propios implicados directos, tal y como hace el ex-ministro de economía griego Yanis Varoufakis en una interesante entrevista [5].
 

“Cualquier Gobierno liderado por el PSOE en el que participe Podemos tendrá atadas las manos por la troika y, a corto plazo, socavará la integridad de Podemos”.

 
Los grandes capitales y las grandes corporaciones empresariales y financieras (incluidas las españolas: la Marca España) se mueven por el mundo con total libertad, sin regulaciones, sin barreras, en función de sus intereses económicos privados. Todos los tratados económicos, como el citado “Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza” europeo que nos obliga a reducir al máximo el déficit público en los próximos años (lo que se traduce en más recortes sociales) o anteriormente el Tratado de Maastrich (1992), la entrada en el Euro así como los Tratados de Libre Comercio (TLC), los Tratados Bilaterales y Plurilaterales de Inversiones, etc. a los que se ha adherido España desde la Transición hasta la actualidad van dirigidos a reducir la presencia del Estado en la economía en favor de las grandes corporaciones financieras y empresariales mundiales.
 
El rol del Estado queda sustituido por el mercado. Reagan y Thatcher están más vigentes hoy que nunca en Europa y nadie parece cuestionar las teorías económicas que aplicaron. Las deslocalizaciones, la precariedad laboral, las privatizaciones, el alto desempleo, la desigualdad, la estafa de la “deuda soberana”, la propia crisis financiera, etc. son las consecuencias lógicas y esperadas de una globalización capitalista que es incompatible con la democracia y la soberanía de los Estados.  
 

“Los tratados de libre comercio quiebran la soberanía de los Estados. (…) En el acuerdo entre EE.UU. y la U.E. (TTIP) se habla de un Consejo de Regulación. Es decir que en el propio tratado ya se prevé un organismo de carácter administrativo, que estaría formado por representantes de comercio de EE.UU. y representantes de comercio de la Comisión Europea, que van a actuar como filtro regulatorio. Es decir, van a hacer un análisis previo de carácter económico y jurídico sobre las decisiones soberanas de los parlamentos. Es un Consejo que va a tener secciones sectoriales, donde las corporaciones trasnacionales van a poder hacer una “co-escritura de la legislación”. Es decir que el lobby de la empresa trasnacional no solo va a presionar sino que va a coescribir legislación, que a su vez va a controlar lo que los parlamentos vayan a hacer. Esto es de una perversión tremenda, porque es privatizar los parlamentos.” [6]

 
Estas grandes corporaciones transnacionales que dominan la economía por encima de los Estados poseen un poder que no tiene contrapeso jurídico alguno. Por el contrario existe todo un marco jurídico internacional que protege los intereses económicos de estas grandes corporaciones empresariales, por ejemplo a través de la llamada Lex Mercatoria [7] o del Centro internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI) [8], hasta el punto de que estas empresas transnacionales pueden demandar a un gobierno si esta empresa considera que las políticas públicas que aplica ese gobierno perjudican a sus inversiones e intereses corporativos.
 
Según unos recientes datos ofrecidos por Credit Suisse el 1% más rico del planeta ya tiene tanta riqueza como el otro 99%. Las 62 personas más ricas del mundo tienen tanta riqueza como la mitad de la población más pobre de la Tierra [9]. Tan sólo 50 corporaciones controlan el total de la economía del planeta [10]. Apenas 10 grandes corporaciones dominan el mercado de alimentos a nivel mundial [11]. Estos datos son el resultado de la hegemonía del neoliberalismo implementado desde los años 80 y que tras la caída de la Unión Soviética no encontró contrapeso alguno que la enfrentase política, económica, cultural e ideológicamente.
 
Todo esto significa que, ante este engranaje jurídico global que protege a las grandes corporaciones, los gobiernos no son soberanos y sus políticas están condicionadas a los intereses económicos de unas minorías privilegiadas que usurpan la soberanía popular. Los gobiernos títeres occidentales – como en España los gobiernos PP-PSOE y sus sucedáneos – se someten a las decisiones que adoptan unos organismos como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el Banco de Pagos Internacionales,… o el Banco Central Europeo y la Comisión Europea en el caso de la eurozona, que sin someterse a ningún tipo de filtro democrático toman decisiones por encima de los Estados sobre asuntos que afectan directamente a la nuestras economías y a la vida de todos los ciudadanos. Estos gobiernos títeres del capital cambian incluso sus Constituciones por orden de estos organismos e instituciones supranacionales que representan al capital financiero internacional.
 
Por si fuera poco, el Tratado de Libre Comercio que pronto estará en marcha entre EE.UU y la Unión Europea [12], y que se está negociando de espalda a las clases trabajadoras de ambos lados del atlántico norte, supondrá más desregulaciones y servirá para dar más poder y libertad a estas grandes empresas transnacionales y para dejar a los pies de los caballos a los trabajadores y ciudadanos frente a sus abusos. ¿Qué tiene pensado hacer el partido Podemos, o incluso Izquierda Unida, respecto a este tratado de libre comercio si finalmente llega a un acuerdo de gobierno con un PSOE que apoya este tratado (TTIP) y, de nuevo, acaba de votar en Bruselas a favor del TISA [13]? ¿Se puede hablar con rigor de “cambio” y “alternativa” política en España cuando para tumbar a un gobierno neoliberal (PP) se apoya a otro partido neoliberal (PSOE) que defiende el mismo modelo económico? ¿en que consiste el “cambio” entonces, en la sustitución de unos tecnócratas por otros para que gestionen mejor nuestra miseria?
Por todo esto, y por mucho más, como las guerras imperialistas por motivos económicos que ejecutan y dirigen los miembros de la OTAN, resulta incompresible que la izquierda española y europea no esté planteando abiertamente la ruptura con esta estructura neoliberal que impide cualquier desarrollo de un programa político mínimamente de izquierdas y democrático. No se comprende cómo desde la izquierda (con las excepciones sobreentendidas de muchos sectores de la izquierda que sí lo hacen, aunque por desgracia son minoritarios y con nula presencia mediática) se esquiva este debate y se renuncia a la pelea dialéctica e ideológica que enfrente la ideología dominante en los últimos 30 años y sus instituciones: el Neoliberalismo.
 
Este travestismo político o esta cooptación ideológica sufrida por parte de quienes se presentan como la “alternativa”, los “reformistas” o como los defensores de las clases trabajadoras y de los Derechos Humanos es lo que ya definí hace tiempo como El fundamentalismo económico de la izquierda que apoyó Maastrich. A pesar de la evidencia empírica existente, esta denominada izquierda o nuevo “progresismo”, asume religiosamente un modelo de globalización neoliberal que contradice sus palabras y hace inviable el cumplimiento de sus promesas electorales. Esta izquierda padece el síndrome de Estocolmo neoliberal. Toda una traición a los principios de solidaridad y justicia social que dicen defender y todo un engaño y falta de honestidad hacia sus votantes, a quienes prometen un paraíso de igualdad y democracia que es imposible de alcanzar bajo la dictadura corporativa que dicta las leyes en España y en Europa. 
 
 
“La economía libre y el libre comercio son sólo expresiones para el consumo de los tontos e ignorantes. La economía nunca ha sido libre. O la maneja el Estado en beneficio del pueblo o lo hacen grandes consorcios en perjuicio de éste”. (Juan Domingo Perón, 1895-1974).
 
 
REFERENCIAS – NOTAS
 
 
[2] Un 40% más de ricos desde el inicio de la crisis,- agencia Europa Press (17/6/2015)
 
 
[4] Documental Tras los pasos de los lobbies YouTube (13/11/2014) 
 
[5] Entrevista a Yanis Varoufakis para el diario El Mundo,- publicada en Sin Permiso (23/1/2016)
 
[6] Entrevista con el experto en Derecho Internacional Juan Hernández Zubizarreta, publicada en la página de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadores Estatales (CLATE) (18/1/2016)
 
[7] Diez claves para entender la Lex Mercatoria,- artículo de Juan Hernández Zubizarreta y Pedro Ramiro. La Marea (20/3/2015)
[8] Justicia privatizada: España y el CIADI,- artículo de Beatriz Plaza y Pedro Ramiro, investigadores del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) (31/1/2016)
 
[9] El 1% más rico del planeta “ya tiene tanto como el otro 99%”,- información de 
 
 
 
[12] ¡Peligro! Acuerdo trasatlántico,- editorial de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique (marzo de 2014) 
 
[13] El TiSA desenmascara a PP, PSOE y Ciudadanos,- artículo de la eurodiputada de Izquierda Unida Marina Albiol, publicado en eldiario.es (4/2/2016)
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  1. Mikel Itulain

    El problema es de fondo, ni siquiera los trabajadores se atreven a cuestionar un modelo económico que está pensado en claro perjuicio de ellos y en beneficio de unas pocas familias. Echan la culpa a agentes externos, que por supuesto la tienen, pero no a ellos y a su mente completamente dominada por otros.
    Muy bueno el nuevo formato del blog Adolfo.
    Saludos.

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  2. ADOLFO FERRERA MARTÍNEZ

    Es verdad Mikel. La revolución debe producirse en nuestro interior antes de nada; y no parece que haya mucho cambio al respecto. Muchos “indignados” todavía sueñan con volver a los “años dorados” anteriores a la crisis. Abrazan cualquier discurso que se lo prometa.

    Gracias Mikel, un saludo.

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