¿POR QUÉ LOS TERRORISTAS YIHADISTAS ATENTAN CONTRA SUS PATROCINADORES OCCIDENTALES?

No resulta fácil, debido a la rapidez con la que se desarrollan los acontecimientos y a las múltiples aristas que los rodean, entender y explicar la actualidad geopolítica y geoestratégica mundial. No es tarea fácil para los académicos y expertos que se dedican en exclusiva o profesionalmente a esta tarea. Resulta todavía mucho más difícil de entender y de explicar para aquellos ciudadanos de a pie que tratamos de informarnos a través de los medios y analistas independientes. Pero resulta literalmente imposible de entender para la inmensa mayoría de ciudadanos occidentales que se informan a través de la televisión, la radio y la prensa corporativa occidental. En este caso la ignorancia es absoluta.
 
La falta de información veraz y de pluralidad de opiniones existente en estos medios masivos, provoca en el lector, oyente o espectador habitual una ignorancia (premeditada) que le impide conocer la realidad de los hechos políticos y económicos que influyen en sus vidas y, por lo tanto, les impiden razonar, opinar y actuar en consecuencia. Pero no sólo eso. El bombardeo diario y constante de noticias y opiniones que apuntan en una misma dirección, provoca un doble efecto en el subconsciente de la audiencia ignorante: fomenta la credibilidad absoluta e incuestionable de la información que están recibiendo, y el rechazo y desprecio hacia cualquier opinión alternativa o independiente que contradiga el discurso dominante al que están sometidos diariamente.
 
El lector, oyente o espectador ignorante deduce que si todas las cadenas, televisiones y periódicos repiten una misma versión de los hechos, es porque ésa es la única realidad posible. La Verdad, con mayúsculas. Es decir, que la unanimidad (más bien el pensamiento único) y uniformidad que podemos ver en la “línea editorial” de los medios corporativos incrementa la credibilidad de su audiencia sobre los hechos que les están contando. De manera que si todos los medios de masas al unísono señalan que Rusia ha invadido Ucrania, o que Gadafi o Al Assad está matando deliberadamente a su propia población, ningún espectador ignorante pondrá en duda esta realidad, que se hace incuestionable ante sus ojos, sencillamente porque ésa es la única versión de los hechos que conocen. “Lo que no sale en televisión no existe”, dicen algunos.
 
Por otro lado, debido precisamente a ese sesgo informativo al que están sometidos, existe ante sus ojos y sus mentes una única interpretación posible de los hechos, y quien cuestione esta versión unidireccional es porque está obedeciendo a intereses espurios o es, sencillamente, un “conspiranoico”, un “populista”, “un radical”, un “chavista” o un “comunista trasnochado”. La mente de esta gran masa de espectadores está lo suficientemente moldeada durante años como para no aceptar ninguna opinión que choque contra sus prejuicios o ideas preconcebidas. No importan los hechos, pruebas o evidencias que se les pongan delante. No perderán ni un segundo en analizarlas.
¿”Entonces por qué los terroristas atentan contra sus propios patrocinadores”?
Teniendo en cuenta todo lo anterior, resulta lógico que cuando alguno de estos lectores, oyentes o espectadores que dan total credibilidad a los grandes medios corporativos, se encuentran con alguna opinión o información que contradice radicalmente la versión difundida por esos periodistas que les desinforman, su reacción inmediata sea de rechazo o, cuando menos, de incredulidad hacia lo que no alcanzan a comprender. Por ejemplo, cuando alguien denuncia y evidencia que las potencias occidentales están armando y apoyando a los mismos terroristas yihadistas que dicen combatir en Oriente Medio y que también han atentado en varias ocasiones en suelo europeo, la reacción más habitual es preguntar “porqué esos terroristas iban a ir en contra de los gobiernos que les están financiando”. Algunas personas plantean esta reflexión de forma sincera, otras lo hacen de forma malintencionada para tratar de desacreditar la información sin ni siquiera analizarla. En cualquier caso la respuesta no es sencilla, puesto que no existe una única respuesta o explicación, sino diversos factores que hay que analizar para tratar de entenderlo. Veamos algunos aspectos importantes a tener en cuenta:
El enemigo de los yihadistas es cualquier persona, grupo o gobierno que no defienda la ideología wahabí, incluidos los propios musulmanes.
Las potencias occidentales llevan décadas utilizando a diferentes grupos yihadistas para atentar contra gobiernos, ideologías o movimientos populares que son hostiles a sus intereses económicos y geoestratégicos, tanto en Europa como en Latinoamérica, Asia Central, Oriente Medio o África [1]. Los múltiples grupos de terroristas yihadistas, a su vez, se aprovechan de este patrocinio para fortalecer sus organizaciones, tratar de extender su ideología y eliminar a quienes consideran sus enemigos.
Pero esta colaboración estratégica no significa que los terroristas takfirís (me refiero a aquellos que, más allá de ser meros mercenarios que se mueven únicamente por dinero, abrazan una ideología y el integrismo religioso) consideren a los gobiernos y sociedades occidentales como “sus hermanos”, ni a sus “valores cristianos” y sus “libertades” como una opción respetable. Los ciudadanos de a pie occidentales, como cualquier musulmán que no defienda su ideología (el wahabismo con epicentro en Arabia Saudí), son objetivo potencial de los terroristas takfirís a los que Occidente paradójicamente apoya. En realidad hay que recordar que las principales víctimas del fanatismo takfirí-wahabí son los musulmanes. Casi el 90% de los atentados yihadistas se producen en países de mayoría musulmana, matando en su inmensa mayoría a personas de religión musulmana. No existe por tanto una “guerra de civilizaciones” o “religiones”, sino una utilización perversa del fanatismo y el terror por parte del imperialismo occidental y sus aliados para alcanzar sus objetivos.
Los gobiernos y servicios secretos de los países de la OTAN saben perfectamente que la población occidental también es objetivo de los terroristas, como se ha comprobado en varias ocasiones. Conocen perfectamente a los terroristas que residen en Europa así como conocían a los que atentaron en París o Bruselas. Pero aún así los financian y manipulan para utilizarlos como sus “escuadrones de la muerte” sobre el terreno en Oriente Medio y norte de África, principalmente. Y no sólo fuera, sino también los utilizan dentro de los países occidentales (como veremos más abajo). Los gobiernos occidentales y sus servicios secretos utilizan a estos terroristas para atacar a sus enemigos en el exterior y aplicar una agenda represiva y reaccionaria en sus propios países.
 
Mientras que las operaciones de OTAN y la CIA durante la Guerra Fría estaban destinadas a actos de terrorismo contra el propio pueblo [Operación Gladio], las redes actuales se utilizan para llevar a cabo tanto guerras en el extranjero, como ataques terroristas en el propio país. [2]
 
Es un hecho conocido y confirmado que a todos estos yihadistas europeos se les facilita su salida de Europa para unirse a los “rebeldes sirios”. Europa exporta terroristas: los “euro-yihadistas”. En esos momentos son definidos por Occidente como “luchadores por la libertad” [3], es decir, mercenarios que van a hacerle el trabajo sucio a la OTAN. Cuando más tarde regresan y atentan en Europa, estos mismos “héroes” se trasforman en “terroristas yihadistas” [4].
 
En las calles de Bruselas los rumores abundaban sobre el viaje de este o aquel ‘mudjadhid’. En marzo de 2013, coincidiendo con el anuncio de la creación de la Task Force Syrie por el ministro belga de Interior, envié a los padres de los yihadistas una carta de aviso apuntando a la complicidad de las autoridades belgas en la partida de sus hijos”.[5]
 
La relación de Occidente con sus terroristas es cínica, coyuntural y ambivalente. Mientras existe un enemigo común, como lo fue Gadafi o ahora Al Assad, las potencias occidentales y los grupos terroristas cooperan y se respetan por su propio interés. El problema para los gobiernos de la OTAN surge cuando ese enemigo común desaparece y algunos grupos terroristas díscolos siguen entonces su propia agenda por el poder al margen de sus patrocinadores. Las potencias de la OTAN crean y dirigen a la mayoría de estos grupos terroristas, pero no pueden garantizar su control absoluto todo el tiempo y en todos los lugares. En ese momento esos díscolos terroristas dejan de ser útiles para Occidente; y a su vez los terroristas dejan de ver a Occidente como un “aliado” para convertirse en un “impuro” invasor.
Esto fue lo que ocurrió, por ejemplo, con los talibanes en Afganistán en los años 80 (los antecesores de Al Qaeda/ISIS). Fueron útiles a sus patrocinadores estadounidenses para luchar contra la Unión Soviética, pero EE.UU. acabó convirtiendo a su propio agente Osama Ben Laden en el enemigo público número uno cuando Al Qaeda comenzó a actuar de forma autónoma y EE.UU. necesitaba un nuevo enemigo global tras la caída del Muro de Berlín que justificara la implementación de su política imperialista [6].
 
Recientemente se ha conocido que el gobierno de EE.UU. ha ofrecido una recompensa de 3 millones de dólares para quien capture a Gulmurod Khalimov,  quien fuera comandante de una unidad policial especializada del Ministerio del Interior de Tayikistánun. Entre 2003 y 2014 Khalimov participó en cinco cursos de formación en Estados Unidos y Tayikistán que fueron financiados por el programa “antiterrorista” del Departamento de Estado de EE.UU., según publicaba la web de canal Hispan TV el miércoles 31 de agosto.
 
No sabemos cuánto hay de realidad y cuánto hay de impostura y estrategia por parte de Washington respecto a estas amenazas de sus antiguos pupilos. Pero los hechos objetivos son claros: Khalimov fue entrenado por Washington para utilizarlo como mercenario en países como Afganistán, Irak, Libia o Siria. Ahora es dirigente del Estado Islámico y amenaza a sus patrocinadores. Y son cientos los ejemplos similares que pueden encontrarse.
 
Los miembros del EIIL, algunos de los cuales fueron entrenados en 2012, siguen recibiendo formación de Washington. El pasado 19 de febrero, Estados Unidos y Turquía firmaron un acuerdo para entrenar y armar a quienes llaman militantes moderados en Siria con el pretexto de prepararles para luchar contra los extremistas de Daesh, aunque de acuerdo con varios documentos, hasta el momento, cientos de elementos entrenados por EE.UU. se han unido a las bandas terroristas. [7]
Una vez descartado el Comunismo como amenaza mundial, y utilizando los turbios atentados yihadistas del 11 de septiembre de 2001 [8] como excusa, EE.UU. reorienta su estrategia hegemónica unipolar hacia la actual farsa denominada “guerra global contra el terrorismo”.
Los servicios secretos occidentales fomentan los atentados yihadistas en sus propios países.
En EE.UU. la Oficina Federal de Investigación “fabrica casos de terrorismo”. El FBI utiliza a agentes secretos para hacerse pasar por yihadistas y organizar atentados terroristas, con el fin de identificar y detener a los potenciales yihadistas que posteriormente se unan a ellos. Los agentes seducen o coaccionan a aquellas personas que, según su sesgado criterio, son sospechosas o susceptibles de cometer actos terroristas. Estos agentes secretos proporcionan armas, explosivos y dinero a estas personas vulnerables. En muchos casos estas personas elegidas se encuentran en situaciones personales muy precarias, o incluso en algunos casos las personas cooptadas por el FBI tienen alguna discapacidad mental o “son genuinamente psicóticos, que toman medicación”.
 
El pasado marzo, en The Intercept, aparecía el perfil de Sami Osmakac, de 25 años, que se encontraba “sin blanca y luchando contra una enfermedad mental” cuando se convirtió en el objetivo de una operación secreta del FBI. “El FBI proporcionó todas las armas que aparecen en el vídeo del martirio de Osmakac”, señaló The Intercept. “El FBI también le proporcionó el coche bomba que supuestamente planeaba hacer estallar e incluso el dinero para un taxi, de forma que fuera a donde el FBI necesitaba que fuera” [9]
Según una información publicada en el New York Times en junio de este año (F.B.I. Steps Up Use of Stings in ISIS Cases) aproximadamente el 67% de los procesos judiciales en los que están implicados sospechosos de apoyar al ISIS o Estado Islámico incluyen pruebas que se obtuvieron a partir de operaciones secretas, todas ellas muy poco fiables. Un estudio ha revelado que en la gran mayoría de estas operaciones secretas (317 casos estudiados) existen indicios claros de haber utilizado trampas en los procesamientos judiciales contra esos supuestos “terroristas”.
 
Para las élites estadounidenses el fin justifica los medios, tanto dentro como fuera del país. La leyes son pisoteadas si éstas se cruzan en su camino. Por supuesto la ética y la moral se compran a golpe de talonario. Estos fundamentalistas de la globalización neoliberal son mucho más fanáticos y mucho más integristas que los terroristas que utilizan como mercenarios.
En clave interna, en los países occidentales los atentados terroristas, o la sombra del terrorismo como amenaza permanente, sirven a los gobiernos neoliberales para imponer una agenda de represión, control social y recorte de libertades que en un escenario de normalidad y paz los ciudadanos occidentales no aceptarían. De hecho en Alemania se está estudiando la posibilidad legal de desplegar soldados del Ejército en lugares públicos para “proteger” a los ciudadanos de un posible ataque del Estado Islámico [10]. 
 
Las víctimas civiles que provocan en Europa estos atentados yihadistas, que se llegan a producir por la acción o bien por la omisión de los servicios secretos occidentales, son el equivalente a los “daños colaterales” que se provocan las bombas de la OTAN en Oriente Medio. Pese al riesgo que suponen internamente, Occidente los sigue promocionando hacia el exterior. Quizás tenga mucho que ver en esto, el hecho de que los muertos en los atentados siempre los ponen las clases populares y más bajas de la sociedad, nunca las élites occidentales siempre bien protegidas y seguras. 
La geopolítica detrás de los terroristas
Existen múltiples grupos terroristas, financiados por distintos regímenes y con diferentes intereses en cada momento y lugar. Esto también explicaría, en parte, porqué algunos países patrocinadores del terrorismo sufren también ataques de los yihadistas. El terrorismo es utilizado para desestabilizar países y para presionar a gobiernos hostiles a los intereses de quienes pagan las bombas.
 
Sin ir más lejos, en estos momentos en Siria estamos asistiendo a un enfrentamiento armado entre diferentes grupos terroristas que eran aliados hasta hace apenas unas semanas o meses. Grupos “rebeldes” apoyados por EE.UU., Turquía, Arabia Saudí, etc. unidos desde 2011 por un “cambio de régimen” organizado por la OTAN en Siria, se están matando entre ellos debido a los desencuentros y movimientos geoestratégicos de sus patrocinadores. Parece ser que, entre otros factores, el “Gran Kurdistán” diseñado por EE.UU. no es del agrado de un Erdogan con pretensiones expansionistas en la región [11].
 
Los ataques terroristas, como los golpes de Estado como el ocurrido el 15 de julio en Turquía, pueden hacer cambiar la política exterior de un gobierno o régimen, algo que resulta muy tentador para sus respectivos enemigos. Lejos de formar parte de la “teoría de la conspiración”, los ataques de “falsa bandera” se han utilizado política y geoestratégicamente a lo largo de la historia, como reconocen años después sus propios autores [12].
Si “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, podemos concluir que el terrorismo es a su vez una herramienta del poder corporativo y político occidental para conseguir por la fuerza aquello que con la diplomacia, el diálogo, el acuerdo y la razón no pueden conquistar.
 
 
 
REFERENCIAS – NOTAS
 
 
[2] Paris Shooters Just Returned from NATO’s Proxy War in Syria,- artículo del analista independiente Tony Cartalucci (New Eastern Outlook, 8/1/2015). [Este artículo puede leerse en español en el blog El Robot Pescador: Terroristas Islamistas: ¿títeres controlados por occidente?]
 
 
[5] Euro-djihadistes : des mercenaires de l’OTAN,- Entrevista de Silvia Cattori al periodista y escritor nacido en Bélgica pero de origen turco-sirio Bahar Kimyongür (web de Silvia Cattori, 25/4/2014)
 
[6] ¿Quién fundó a los yihadistas: los Bush, los Clinton u Obama?: Operación Ciclón de la CIA,- artículo del profesor Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 17/8/2016)
 
[7] EEUU entrenó a terroristas que se convirtieron en líderes de Daesh,- información publicada por la web del canal Hispan TV (24/4/2016) citando un informe emitido por el diario tunecino Alshruq.
 
 
[9] The FBI is ‘manufacturing terrorism cases’ on a greater scale than ever before,- artículo de Caroline Simon (Business Insider, 9/6/2016). [Este artículo también puede leerse en español traducido por Nuria Blanco para el Foro Contra la Guerra Imperialista y la OTAN: Cómo el FBI fabrica terroristas (30/6/2016)]
[11] ¿Por qué Erdogan se volvió anti-euratlantista? ,- análisis de Valentín Vasilescu (Katehon, 5/8/2016) 
 
[12] 42 ADMITTED False Flag Attacks,- recopilación publicada por el Washington`s Blog, 9/2/2015

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