LA CENSURA MEDIÁTICA Y LA GEOPOLÍTICA TRAS LA LIBERACIÓN DE ALEPO

La cara de satisfacción de quien se siente por fin a salvo. La opinión de este hombre sirio liberado en el este de Alepo es censurada en los medios corporativos. Quizás sea porque su opinión sobre los “rebeldes” a los que apoya la OTAN sea diametralmente opuesta a la que difunden desde Occidente. Muchos “activistas” y “progresistas” al servicio de las grandes corporaciones hubiesen preferido que este hombre siguiese en manos de la “oposición moderada” wahabí. (Foto tomada por Andrew Ashdown)
 
Nerviosismo, desconcierto, resignación, tristeza, impotencia, incertidumbre… Los gobiernos de la OTAN y los medios corporativos se han quedado sin discurso en Siria tras su derrota en Alepo. Entre sollozos intentan explicar al gran público qué ha ocurrido para llegar a esta situación. Todos sus sesudos análisis concluyen que Rusia tiene la culpa por apoyar a Al Assad. Periodistas y activistas “humanitarios” piden que las potencias occidentales intervengan contra Rusia para “frenar al régimen Al Assad”, negando que en realidad ya lo están haciendo desde hace años y están siendo derrotados. Obviamente Rusia está interviniendo en Siria y defendiendo sus intereses, pero lo hace a petición de un gobierno legítimo apoyado por la mayoría de la población para luchar contra unos grupos terroristas patrocinados por la OTAN que invadieron el país en marzo de 2011. EE.UU. patrocina y utiliza al terrorismo yihadista como arma. Rusia combate ese terrorismo acorde al derecho internacional. Algunos “equidistantes progresistas” todavía no quieren ver esta diferencia.
 
Pero que Rusia respete el derecho internacional, mientras que la OTAN y sus terroristas invaden ilegalmente un Estado soberano asesinando a su población civil para destruirlo, es totalmente irrelevante. EE.UU. dicta unilateralmente lo que es legal o ilegal, lo que es legítimo o no, lo que es “democracia” o “dictadura”, lo que es un golpe de Estado o una “revolución popular”, lo que son terroristas o “libertadores”, o cómo deben interpretarse los Derechos Humanos. El resto de Occidente se limita a obedecer. Incluidos los periodistas y activistas que difunden a diario ese relato artificial construido para justificar las “intervenciones humanitarias” imperialistas en Oriente Medio y otras partes del mundo. 
 
Tanto la prensa corporativa así como los organismos internacionales controlados por las potencias occidentales insisten en seguir utilizando y manipulando la “situación humanitaria” en Alepo como arma de propaganda contra Siria y Rusia. En realidad no pueden hacer otra cosa, salvo reconocer que han mentido todos estos años. Su debilidad tras el golpe de Alepo es más que notable. Cuando pasen unos días y toda la población de Alepo haya sido evacuada, se quedarán de nuevo sin discurso y tendrán que colocar el foco de atención en otro lugar (Palmira, por ejemplo) para posteriormente repetir la misma estrategia de desgaste “humanitario”  contra el gobierno sirio.
 
Sin embargo pese a su derrota en Alepo, el “cambio de régimen” en Siria sigue en la agenda del Pentágono, y Donald Trump todavía no ha hecho nada (o no ha podido hacerlo todavía) que nos haga ser optimistas, más allá de su retórica durante la campaña. Por ahora, como parte de esa reorganización tras la caída de Alepo, la OTAN ha movilizado a sus grupos terroristas desde Mosul (Irak) y Al Raqa (Siria) para invadir de nuevo la ciudad de Palmira. Los medios lo ven como una gran noticia, como un consuelo para alimentar su autoestima tras perder Alepo. Pero siguen sin querer explicarnos por qué ocurren los hechos, cuáles son las causas reales que los provocan. Como si los terroristas, sus armas y su estrategia militar se produjeran de forma espontánea e incomprensible para la mente humana.
 
Para que el Emirato Islámico lograra ocupar Palmira nuevamente, las fuerzas estadounidenses, que deberían haber cercado Mosul, le dejaron abierto el camino hacia el desierto sirio y detuvieron los bombardeos que la aviación de la coalición internacional había emprendido sobre la provincia siria de Raqqa. Al estar concentrado en la liberación de Alepo, el Ejército Árabe Sirio no tuvo tiempo de enviar refuerzos a Palmira, cuya guarnición se vio obligada a retirarse ante la embestida de una fuerza yihadista 5 veces superior en número de hombres. [1]
 
Estos son momentos de incertidumbre para quienes tanto dinero y esfuerzo invirtieron en derrotar a Al Assad. Hasta que reorganicen su estrategia de nuevo, a la yihad política y mediática occidental sólo les queda seguir recurriendo a la manipulación y la censura informativa para intentar ocultar las evidencias que dejan al descubierto su gran mentira sobre una inexistente “primavera árabe” en Siria. Sin esta censura, si los grandes medios publicaran lo que realmente está sucediendo, se verían en la obligación de explicar a su audiencia cómo es posible que los ciudadanos liberados del este de Alepo estén celebrando con lágrimas de alegría y emoción la llegada del Ejército Árabe Sirio, después de que nos dijeran desde hace 5 años que ese ejército los estaba “bombardeando” y “reprimiendo”. Si no aplicaran la censura, tendrían que explicar a su audiencia que esos “heroicos rebeldes” a los que defienden, almacenaban y utilizaban armas químicas contra la población civil en las zonas de Alepo controladas por el gobierno sirio, al mismo tiempo que nos decían que era “el régimen de Al Assad” el que las utilizaba contra civiles.
 
Unos “insurgentes” que, según las grandes agencias occidentales, están siendo objeto de “ejecuciones sumarias” en el este de Alepo por parte del “régimen” y sus aliados, sin que nadie en absoluto pueda verificar esas afirmaciones. Ni siquiera la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, que también difunde esta propaganda aunque reconoce que no ha podido comprobar su veracidad. Si no pueden comprobar su veracidad, entonces, ¿por qué la ONU contribuye a la desinformación y a la propaganda de guerra?
 
Obviamente ni la ONU, ni la gran prensa occidental, ni los gobiernos de la OTAN, ni tampoco las ONGs corporativas pueden verificar los hechos, en primer lugar, porque son falsos, y en segundo lugar, porque no tienen a nadie informando sobre el terreno que pueda hacerlo. Sus principales fuentes son el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, los Cascos Blancos, o el Alepo Media Center, organizaciones financiadas por los gobiernos y corporaciones occidentales y de los cuáles ya he hablado en otros artículos [2]. O bien sus fuentes son directamente los “grupos opositores”, es decir, los propios terroristas. En estas condiciones, la “información” de las grandes agencias occidentales y de los organismos internacionales se convierte en pura propaganda yihadista.
 
Claro que, después de que el enviado de la ONU en Siria, Stephan de Mistura, pidiera crear una “región autónoma” gobernada por los terroristas de Al Qaeda en Siria, y de que la Unión Europea tratara de sobornar económicamente a Bashar Al Assad para que permitiera esta propuesta y entregara una parte de Siria a los terroristas a cambio de seguir en el poder, se puede esperar cualquier cosa que provenga de este corrupto organismo internacional y de los países que lo someten a su voluntad. Sí, han leído bien, la misma Unión Europea que quiere juzgar a Al Assad (y a Vladimir Putin [3], por cierto) por cometer “crímenes de guerra” y ser un “dictador sanguinario” que “asesina a su propio pueblo”, ofreció financiación y apoyo al gobierno sirio a cambio de que Al Assad aceptara la “balcanización” de Siria, tal y como pretenden EE.UU. y las grandes corporaciones que planificaron la guerra contra Siria hace años. Este dato demuestra que el concepto de Derechos Humanos que tiene la UE y EE.UU. es el mismo que tiene cualquier mafia: los negocios son lo primero; los principios se amoldan a la realidad; nuestros amigos o enemigos se miden en función de la tasa de ganancia que nos aporten.
 
Según informes, la UE planea ofrecer ayuda financiera a Damasco a cambio de permitir que las fuerzas rebeldes permanezcan en el poder en algunas regiones de Siria. (…) A cambio, si todas las partes están de acuerdo, la UE ofrece una gran bolsa de dinero. (…) Bruselas admite ahora que Al Assad siga en el poder, pero exige la “devolución del poder en algunas provincias de Siria, lo que permitiría a los rebeldes moderados integrarse en las fuerzas de seguridad locales” (…). La UE está dispuesta a ofrecer ayuda financiera tanto al gobierno sirio como a los rebeldes para endulzar el acuerdo, según informó The Times. El informe sugiere que pagar a Damasco es mejor que tener que lidiar con el éxodo continuo de refugiados sirios hacia la UE, que están “contribuyendo al caos electoral en todo el continente” y “destruyendo el tejido político de Europa”. [4]
Los grandes medios occidentales convierten a los verdugos en víctimas y en protagonistas, mientras silencian la voz de las verdaderas víctimas del terrorismo, los sirios liberados en el este de Alepo. Resulta paradójico que aquellos que protagonizan campañas políticas, mediáticas y humanitarias en favor de los “civiles sirios”, los censuren cuando estos civiles por fin pueden hablar y constatar su relato abiertamente. Obviamente censuran su opinión porque la audiencia occidental descubriría que les han estado mintiendo todo este tiempo. Por suerte no todos los periodistas y activistas que trabajan en Siria actúan de la misma manera. Gracias a ellos podemos conocer la verdad y escuchar a quienes deberían ser los únicos protagonistas. 
 
Por ejemplo el sacerdote Andrew Ashdown, un miembro de la Iglesia de Inglaterra que estudia las relaciones cristiano-musulmanas en Siria y que se encuentra en el este de Alepo y ha recabado de primera mano la opinión de los sirios liberados. Su conclusión es rotunda: los informes sobre Siria publicados en los grandes medios son “fabricaciones retorcidas”. Este sacerdote se pregunta ¿por qué no hay ninguna agencia internacional occidental en Alepo prestando ayuda humanitaria? ¿por qué no están las agencias de noticias hablando personalmente con los refugiados sirios liberados, teniendo en cuenta que estas agencias dedicaron tanto tiempo a denunciar que estos civiles estaban siendo masacrados por el gobierno sirio? Parece evidente la respuesta a estas acertadas preguntas. Andrew Ashdown denuncia también que los medios occidentales no informan de forma objetiva ni siquiera se molestan en recabar información ni en preguntar a los propios sirios liberados cuál es su opinión, al mismo tiempo que estos medios “conceden toda credibilidad a los terroristas sin comprobar la veracidad de sus afirmaciones”.  
 
La sensación de alivio entre los miles de refugiados es palpable. Todos estaban dispuestos a hablar, y entrevistamos a varios de ellos que llegaron ayer y hoy. Todos dijeron lo mismo. Dijeron que habían estado viviendo con miedo. Informaron que los combatientes habían estado diciéndoles a todos que el ejército sirio mataría a cualquiera que huyera al oeste, pero fueron ellos quienes mataron a muchas personas que trataron de huir, hombres, mujeres y niños. También mataban a cualquiera que diera muestras de apoyar al gobierno (…). Nos dijeron que se les había dado muy poca comida, que cualquier ayuda que llegaba a la zona se les negaba en su mayoría o se vendía a precios exorbitantes. Del mismo modo, a la mayoría no se les había dado tratamiento médico. (…). La mayoría de los refugiados dijeron que los rebeldes habían matado a miembros de sus familias y hablaban constantemente de asesinatos, torturas, violaciones y secuestros generalizados por parte de los rebeldes. (…). Les preguntamos si el ejército sirio había maltratado a alguien. Dijeron que nunca. Una mujer dijo: “Nos ayudaron a escapar y nos proporcionaron comida y agua”. [5]
La realidad es que en el momento en que más aliviados se muestran los civiles en el este de Alepo, más tristes y preocupados se muestran los gobiernos, periodistas corporativos y activistas humanitarios en Occidente. Está quedando meridianamente claro que sus intereses nada tienen que ver con la situación humanitaria de los civiles sirios. De ser así, estarían celebrando esta liberación de Alepo, escuchando a los sirios, y condenando la ocupación de otras ciudades sirias por parte de la “moderada” Al Qaeda, es decir, sus “rebeldes sirios”.
 
Ampliando el prisma del análisis, lo que ocurre en Siria es el reflejo del cambio que se está produciendo en la correlación de fuerzas en el tablero geopolítico mundial. El viejo sistema unilateral bajo el cual EE.UU. y sus “aliados” eran capaces de imponer por la fuerza sus intereses ha fracasado en Siria. Aunque la guerra contra Siria continúa, puesto que la OTAN y las dictaduras del Golfo siguen utilizando el terrorismo salafista en Siria para lograr un “cambio de régimen”, la derrota en Alepo supone un punto de inflexión que evidencia que este cambio dentro del Orden Mundial es imparable. El eje Rusia-China junto a todos los países y regiones que orbitan en su entorno ya suponen de facto un freno a la hegemonía económica, comercial, militar, y política de Occidente encabezada por EE.UU.
 
En el trasfondo de la guerra contra Siria, como antes la invasión de Libia, el golpe de Estado neonazi en Ucrania, las sanciones y ataques contra Rusia y Venezuela, o incluso los recientes atentados en Egipto [6], entre otras muchas maniobras políticas, suponen el intento desesperado por parte de EE.UU. de frenar el fin de su supremacía global, y reflejan su negativa a aceptar la nueva realidad “multipolar” en la que estamos.
 
Estos dos países van a establecer acuerdos tanto con EEUU como con la UE, sin duda, pero ya no será desde una posición subordinada sino que se basarán, en gran medida, en sus propias premisas e intereses. Las últimas maniobras rusófobas de EEUU y de la UE no son otra cosa que el canto del cisne por intentar evitar lo inevitable. China y Rusia, Rusia y China están asumiendo de forma clara, constante y decidida su posición geopolítica y no la van a dejar en mucho tiempo. Para ellos Occidente ya no es más que una cuestión geográfica con cada vez menos relevancia internacional. El siglo XXI es, claramente, el siglo de Eurasia. [7]
Sin embargo, cuanto más se incrementan las sanciones de Occidente contra Rusia – fruto todas ellas de la impotencia  occidental ante su decadencia – más se incrementan los lazos de Rusia con China y su influencia en Eurasia, que es justo lo contrario de lo que planearon siempre sus enemigos. Y mientras tanto algunas figuras del “periodismo” y el “humanitarismo” en Europa todavía se preguntan “qué nos ha pasado en Alepo”.
 
 
[Una periodista realmente independiente y honesta, como la canadiense Eva Bartleet, dejó en evidencia recientemente las mentiras de la OTAN sobre Siria y desenmascaró a dos de las fuentes más utilizadas por los medios corporativos para informar sobre Siria: el Observatorio Sirio de Derechos Humanos y los llamados Cascos Blancos, ambos creados y financiados por EE.UU. y Reino Unido y otras “democracias” como Catar, así como las grandes corporaciones anglosajonas]  
 
REFERENCIAS – NOTAS
 
 
 
 
[3] ¿Habría que juzgar a Vladimir Putin?,- artículo de Thierry Meyssan (Red Voltaire, 12/10/2016)
 
[4] EU will give Assad money if he allows Al Qaeda jihadists to rule over parts of Syria,- información de Alex Christoforou (The Duran, 5/12/2016)
 
[5] Aleppo: The truth that the western media refuses to report,- crónica publicada en Tal Fanzine (15/12/2016). El texto puede leerse originalmente en el muro de Facebook del sacerdote Andrew Ashdown
 
[6] Por qué los atentados en Egipto,- artículo del escritor y analista Mikel Itulain (¿Es Posible la Paz? 14/12/2016)
 
[7] Los movimientos de China y Rusia acotan, aún más, a Occidente,- artículo del periodista y politólogo Alberto Cruz (CEPRID, 13/12/2016)

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  1. Loam

    A más de otras cosas y rabias diversas, me vienen a la memoria tres canciones o poemas:
    “Sé todos los cuentos” de León Felipe.
    “El lobito bueno” de José Agustín Goytisolo.
    Y, del cancionero popular, “Vamos a contar mentiras”.

    Saludos cordiales.

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