Categoría: Geopolítica

Escalada militar y expansión del yihadismo contra Rusia y China

Las élites imperialistas estadounidenses están imponiendo la agenda global que tenían preparada para Hillary Clinton. Pero es finalmente Donald Trump quien la está aplicando tras haber cedido a sus presiones. Esta metamorfosis ideológica y estratégica de Trump ha provocado a su vez una metamorfosis mediática y política de sus enemigos en ambos frentes, que ahora le aplauden y le incitan a que continúe por esa senda belicista tan peligrosa. Todos sus defectos anteriores han desaparecido tras bombardear Siria y Afganistán.

Esta compleja situación deja al desnudo a muchos farsantes de la esfera política y mediática. ¿Dónde están ahora los “progresistas” que anunciaban grandes movilizaciones mundiales contra Donald Trump? ¿Dónde han quedado aquellas afirmaciones que acusaban a Trump de ser un “agente del Kremlin”, o la famosa “injerencia rusa” en las elecciones, o sus preocupaciones por los derechos de los inmigrantes, o los vínculos del nuevo gobierno estadounidense con Rusia? Queda demostrado que todo era una farsa mediática dirigida a presionar y deslegitimar al nuevo presidente electo. La preocupación real de las élites políticas, industriales y mediáticas que atacaban a Trump era el proceso de “des-globalización” que se anunciaba y el fin de la vieja política exterior imperialista, que significaba de facto el reconocimiento y la aceptación del nuevo orden mundial multipolar. Ahora que la estrategia ha cambiado y Trump ha cedido ante el Estado Profundo, todas esas mentiras utilizadas durante meses contra él han desaparecido de las portadas de la prensa occidental.

[Leer también: Demagogia y populismo progresista contra Donald Trump]

Es revelador este cambio de actitud de los políticos, periodistas y activistas “anti-Trump”: resulta que cuando meses atrás Donald Trump hablaba de diálogo, acuerdos y entendimiento con Rusia, era considerado un loco-ultraderechista-racista que suponía una amenaza para el resto del mundo, hasta el punto de que un golpe de Estado contra él o incluso su propio asesinato parecían estar justificados y serían aceptados por la opinión pública occidental. Ahora, que abraza el viejo imperialismo belicista bombardeando ilegalmente países y que amenaza a Estados soberanos poniendo en peligro la paz mundial, es considerado un presidente responsable y respetable que se sitúa ideológicamente en el centro político. El corresponsal en Washington del diario español El Mundo definió el nuevo rumbo belicista del presidente estadounidense como un “brutal giro al centro”, literalmente: El brutal giro al centro de Donald Trump (El Mundo, 18/4/2017). Veamos: antes de los bombardeos ilegales era un “ultraderechista”. Ahora tras los bombardeos y la escalada militar global es un “moderado político de centro”. Tomamos nota.

Por otro lado, Francois Hollande dijo tras el bombardeo estadounidense contra Siria que ahora era el mejor momento para “derrocar a Al Assad” [1], aprovechando la supuesta “debilidad de Rusia” demostrada al no responder militarmente ante el ataque estadounidense contra la base siria de Al Shairat el pasado 7 de abril. Hollande, además de un criminal político, es un cínico y un irresponsable absoluto. Él más que nadie sabe que si el legítimo presidente Al Assad todavía no ha sido “derrocado”, es precisamente por la fortaleza y determinación de Rusia con respecto a Siria, además de que cuenta con el apoyo de la mayoría de su propio pueblo. Si Rusia estuviera “débil”, Francia (junto a Reino Unido) no dudaría en tomar la iniciativa y bombardear Damasco tal y como hicieron en 2011 en la capital de Libia, y le aplicarían al presidente sirio la misma “justicia universal” que le aplicaron al líder libio, y a Siria la misma “democracia” que la aplicada en Libia hoy en día.

Con sus declaraciones, el presidente francés está intentando empujar a Trump a iniciar una guerra contra Rusia en Siria cuyas consecuencias e implicaciones serían incalculables. También desde la yihad mediática occidental están interpretando muy bien su papel y animan a Trump a continuar por la senda del abismo belicista. Sin ningún tipo de complejo ni disimulo, desde el diario The New York Times se ha pedido a Donald Trump que no ataque al Estado Islámico, sino que el Pentágono se una a ellos y los utilice para atacar a Siria, Rusia, Irán y Hezbollá en Oriente Medio. Fue el pasado día 12 de abril a través de un artículo del periodista y escritor Thomas L. Friedman, ganador del premio Pulitzer nada menos que en tres ocasiones : Why is Trump fighting ISIS in Syria?.

Pero se “olvida” este galardonado y desvergonzado “periodista” que ISIS, o Al Qaeda para ser más exactos, ya está siendo utilizado por sus creadores de la CIA y el Pentágono desde 2011 en Siria para atacar a esos Estados soberanos y organizaciones antimperialistas que él coloca en el punto de mira. En realidad ya lo hacen desde al menos el año 1979 con su “muyahidines” en Afganistán; y desde el año 2014 bajo las nuevas iniciales de Estado Islámico, ISIS o Daesh tras su advenimiento en Irak de la mano del embajador John Negroponte y de Robert S. Ford, entre otros especialistas en reclutar y organizar escuadrones de la muerte para utilizarlos como un ejército de mercenarios en la sombra.

El objetivo declarado de la “Opción Salvador en Irak” era “eliminar la insurgencia”. En la práctica las brigadas terroristas patrocinadas por EE.UU. estaban involucradas en los asesinatos rutinarios de civiles a fin de fomentar la violencia sectaria. Por su parte, la CIA y MI6 estaban supervisando unidades de “al Qaida en Irak” involucradas en asesinatos selectivos dirigidos contra la población chií. Es importante señalar que los escuadrones de la muerte estaban integrados y asesorados por Fuerzas Especiales de EE.UU. encubiertas. (…) La horripilante versión iraquí de la “Opción Salvador” bajo la dirección del embajador John Negroponte ha servido como “modelo a imitar” para establecer los Contras del Ejército Libre Sirio. Robert Stephen Ford estuvo, sin duda, involucrado en la implementación del proyecto de los Contras sirios, después de su reasignación en Bagdad como jefe de misión adjunto en 2008. [2]

Este tipo de declaraciones y opiniones descabelladas dan muestra del nivel de fundamentalismo ideológico que inunda las redacciones de los grandes medios corporativos y los despachos presidenciales occidentales. Son yihadistas con traje y corbata.

Son precisamente estos “progresistas neoliberales” como Hollande (o Hillary Clinton) así como sus correligionarios de la OTAN y aquellos “activistas” y “periodistas” que piden una “intervención humanitaria” en Siria o directamente aliarse con Al Qaeda, quienes suponen un auténtico peligro para la paz mundial.

Bombardeo geoestratégico de EE.UU. en Siria y Afganistán. Desplazamiento de sus terroristas hacia las fronteras de Rusia y China.

Estados Unidos no renuncia a Siria, pero da por perdida la guerra en las actuales circunstancias. El bombardeo del 7 de abril se realizó sobre una base militar vacía que al día siguiente del ataque estaba de nuevo operativa. Más de la mitad de los 59 misiles lanzados no alcanzaron su objetivo. Si la intención del Pentágono era asestar un duro golpe al “régimen de Al Assad”, éste no se ha visto por ningún lado. El ataque era más bien un gesto de cara a la galería destinado al consumo interno. Un bombardeo propagandístico de Trump que ha desactivado el discurso de la oposición y con el que se ha garantizado la continuidad de su mandato presidencial. El problema es que su huida hacia adelante no tiene marcha atrás y nos puede arrastrar a todos hacia el precipicio.

Estados Unidos se ha empantanado en Siria. Ahora los estrategas imperialistas necesitan diversificar la guerra para obligar a Rusia y sus aliados a dispersar sus tropas de Siria y a dedicar sus esfuerzos a atender otros frentes bélicos que ahora se abren en diferentes latitudes estratégicas mundiales.

Afganistán parece ser uno de esos frentes elegidos. El 13 de abril Estados Unidos lanzó “la madre de todas las bombas” en Afganistán. Oficialmente el impresionante bombardeo iba dirigido contra el Estado Islámico que ahora, según ellos, ha cobrado fuerza en el país. La pregunta es: ¿Quién les ha permitido trasladarse y desarrollarse en un país vigilado e invadido militarmente por EE.UU-OTAN desde hace décadas? ¿Cómo han podido cruzar miles de terroristas y de armamento desde Siria e Irak sin que nadie haya visto nada?  Esto demuestra que la presencia militar de Estados Unidos en otros países sólo incrementa sus problemas y multiplica el número de terroristas sobre el terreno. En realidad esta nueva escalada militar de EE.UU. en Afganistán pretende retomar el control del país y hacer frente a los talibanes que cada día son más fuerte y tienen más apoyo popular entre aquellos que se oponen a la invasión estadounidense [3].

Esta maniobra de Washington supondría también una forma de rodear de terroristas y tropas militares a Irán, que quedaría “atrapada” entre Irak y Afganistán. También sería una amenaza para algunos países pertenecientes a la Organización para el Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) liderado por Rusia, que son fronterizos con Afganistán por el norte. También supone un peligro para China, cuya región de Xinjiang se une a Afganistán a través del corredor de Wakhan. Recordemos que actualmente miles de yihadistas uigures procedentes de esa región del noroeste de China actúan en Siria e Irak en las filas del Estado Islámico y otras organizaciones terroristas. También, de forma indirecta, el reciente bombardeo y la posterior presencia militar de EE.UU. en Afganistán supone un toque de atención a Pakistán, cuyo acercamiento y buena relación con la India – país miembro de los BRICS y que ya es la cuarta economía mundial desplazando a Japón – es vista como una amenaza para los intereses de Washington en Eurasia.

En resumen, Estados Unidos pretende rememorar contra Rusia los tiempos en los que utilizó a los terroristas de Al Qaeda para empantanar a la Unión Soviética en Afganistán en 1979-80. Estados Unidos no quiere paz ni estabilidad en Asia Central y mucho menos que los países de esta región se integren política, económica y militarmente en Eurasia. China también está en el punto de mira de esta diversificación del terrorismo yihadista y de la escalada militar multipolar estadounidense, como se pudo comprobar recientemente tras las supuestas maniobras militares contra Corea del Norte que en realidad sirven de excusa para cercar militarmente a China. Washington no va a bombardear Pyongyang debido al poderío nuclear de la RPDC [4], a la situación de debilidad interna de Corea del Sur y al freno que suponen Rusia y China. Pero el ruido mediático y la propaganda de guerra contra Corea del Norte está siendo utilizada para justificar su política belicista en el Mar de la China meridional. De hecho el tan anunciado envío por parte de EE.UU. de su armada nuclear hacia la península de Corea se dirigía realmente a Australia, país que se prepara bajo el mando estadounidense para una posible guerra futura con China [5]. A esto hay que añadir que Washington recientemente anunció que también estaba desplegando tropas en Somalia a “petición” del gobierno títere y corrupto de Mohamed Abdullahi Farmajo. EE.UU. retiró “oficialmente” sus tropas del país en 1994. La excusa es la misma que en casos anteriores, la “lucha contra el terrorismo”, pero su objetivo realmente es aplastar a la resistencia interna antimperialista y controlar el tráfico marítimo a través del océano Índico y del Golfo de Adén; con China nuevamente en el horizonte.

En el trasfondo de todo este despliegue militar de alcance global, aunque jamás se menciona en los medios corporativos occidentales, se encuentra el interés de Washington y sus títeres por bloquear el gigantesco proyecto comercial chino de la Nueva Ruta de la Seda (marítima y terrestre; ver la foto que encabeza este artículo). Para ello EE.UU. tiene desplegadas unas 400 bases militares cercando a China y Rusia [6], lo que el Pentágono llama “una soga perfecta”.

En un artículo que publiqué el pasado 27 de marzo titulado El Gran Kurdistán y la balcanización de Siria advertía que muy probablemente veríamos en las próximas semanas cómo la actividad de los grupos terroristas que operan en Siria e Irak desde 2011, bajo las directrices de EE.UU-OTAN-CCG, se iría desplazando a otras regiones más cercanas a Rusia y China para tratar de frenar su desarrollo e influencia en Eurasia y en todo el mundo, lo que supone una amenaza mayúscula para la hegemonía occidental, y estadounidense en particular. Esta pérdida de la hegemonía global por parte del poder económico y político occidental, es el mayor problema al que se enfrentan y lo que verdaderamente les aterra. La “lucha global contra el terrorismo”, la situación de los “refugiados”, los “Derechos Humanos” o la extensión de la “democracia” son sólo pretextos utilizados por Occidente para justificar sus políticas injerencistas contra Estados soberanos. Pero estos argumentos artificiales no aguantan el menor análisis. En aquel artículo escribí:

(…) Es por ello que ante la imposibilidad de imponerse en Siria y debilitar a Irán, con una Rusia impermeable a las sanciones y cada vez más influyente en Oriente Medio, y con una China cada vez más fuerte en todo África, Asia y Latinoamérica, es más que probable que las potencias de la OTAN traten de incendiar y desestabilizar a Rusia, China e Irán desde lugares más cercanos a sus fronteras o incluso desde su propio territorio utilizando para ello al terrorismo yihadista que ahora opera en Siria y en otros países de Oriente Medio y del sudeste y centro de Asia. Tengamos en cuenta que en Siria e Irak están operando miles de yihadistas rusos procedentes de la región del Cáucaso, así como también miles de yihadistas uigures procedentes de la región de Xinjiang, en el noroeste de China. Estos terroristas, ahora con experiencia de combate y entrenamiento militar servido por la OTAN, suponen un potencial peligro para la estabilidad y seguridad interna de Rusia y China, algo que no van a desaprovechar sus enemigos, los patrocinadores del terrorismo internacional.

Algunos de los acontecimientos recientes parecen apuntar en esa dirección que señalaba. Ojalá que toda esta escalada militar y propaganda de guerra mediática – como apuntan algunos reconocidos analistas [7] – forme parte tan sólo de una demostración de fuerza previa a una posible negociación entre las tres potencias destinadas a repartirse el mundo: China, Rusia y Estados Unidos. No es el escenario ideal, pero al menos evitaríamos por ahora una guerra nuclear mundial que por momentos parece inminente.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Francia: Rusia está débil, EE.UU. ya puede derrocar a Al-Asad,- (Hispan TV, 14/4/2017) http://www.hispantv.com/noticias/francia/338620/rusia-debil-derrocar-assad-hollande-siria-iran

[2] Terrorismo con “cara humana”: La historia de los escuadrones de la muerte de EE.UU.,- un informe del profesor Michel Chossudovsky (traducido al español por la web Rebelión.org (13/1/2013)  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=162053

[3] America Aggression: A Threat To The World,- artículo del abogado Christopher Black (New Eastern Outlook, 17/4/2017) 

[4] RPDC sepulta la agresividad estadounidense,- artículo del analista geopolítico Enrique Muñoz Gamarra http://www.enriquemunozgamarra.org/Articulos/169.pdf

[5] John Pilger: U.S. Deep State Is Pushing Australia Into War With China,- Sean Adl-Tabatabai (Your News Wire, 16/4/2017) http://yournewswire.com/john-pilger-deep-state-australia-china/?_utm_source=1-2-2OHN

[6] La guerra nuclear contra China no es ninguna sombra,- artículo del veterano periodista, escritor y director australiano John Pilger (Diario Octubre, 25/2/2017)

[7] Momento decisivo en Norcorea: Orden tripolar de EU/Rusia/China o guerra nuclear,- un análisis del experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 19/4/2017) http://www.jornada.unam.mx/2017/04/19/opinion/014o1pol

La vieja Unión Europea atrapada entre Washington y Moscú

Desde hace varios años el llamado viejo Orden Mundial unipolar, caracterizado por la hegemonía de EE.UU. sobre el resto de países, está dando paso a otra realidad donde el poder y la influencia mundial se ha polarizado. En estos momentos aquellos poderes económico-financieros y aquellas élites políticas cuyos intereses están ligados a la continuidad de la Globalización neoliberal y de las guerras imperialistas de la OTAN, tratan de impedir lo inevitable ajenos a la nueva realidad que ya está en marcha. Para ello no dudan en seguir apoyando a los neonazis en Ucrania, a los terroristas de Al Qaeda en Siria, o al fascismo más reaccionario de EE.UU. (el “Estado Profundo”) que trata desesperadamente de derrocar a Donald Trump para conservar su poder.

Una ofensiva política y militar del fascismo occidental ante el fin de su hegemonía

Como se pudo comprobar en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich celebrada entre el 16 y el 19 de febrero, así como en la reunión del Consejo del Atlántico Norte celebrada anteriormente en Bruselas, los gobiernos y tecnócratas europeos continúan apostando su futuro a una confrontación directa contra Rusia bajo la escusa de defenderse de una inexistente invasión rusa de Ucrania que amenaza con extenderse al resto de Europa. Para agitar este viejo fantasma, los organizadores no dudaron en invitar al acto al presidente del régimen neonazi de Ucrania [1]. No les importó a estos defensores de la “democracia” europeos que desde el pasado 28 de enero Poroshenko esté bombardeando intensamente las regiones del Donbass asesinando a decenas de civiles y saltándose de paso todos los acuerdos y compromisos de paz firmados anteriormente. De hecho estos ataques por parte del ejército ucraniano, que violan una vez más los acuerdos de Minsk, se producen en presencia de funcionarios de la OSCE, sin que nadie haya dicho ni una sola palabra al respecto desde la Unión Europea.

En apoyo a la ofensiva criminal del régimen fascista ucraniano contra el Donbass, el pasado 31 de diciembre los senadores estadounidense John McCain  y Lindsay Graham estuvieron junto a Poroshenko visitando a las tropas que están asesinado civiles inocentes, emulando aquellas otras visitas que el sanguinario imperialista John McCain realizó ilegalmente a Libia o Siria para apoyar a los terroristas yihadistas que iniciaron las “primaveras árabes” bajo la dirección de la OTAN. Hace unos días viajó de nuevo a Siria para “evaluar las condiciones dinámicas en el terreno en Siria e Irak”, es decir, comprobar sobre el terreno las posibilidades para reactivar la guerra terrorista contra Siria. Y como ya sabemos, conquistar Siria forma parte de los preámbulos para una guerra mayor contra Irán. Los fundamentalistas del imperio, ajenos a su derrota en Siria, trabajan en la formación de una coalición suní para atacar a Irán.

Mientras tanto los medios corporativos occidentales (especialmente los españoles) guardan un absoluto silencio sobre los crímenes cometidos en pleno continente europeo, así como en Oriente Medio, por los neonazis y mercenarios subcontratados de la OTAN. Son los mismos medios que tienen la desvergüenza de llamar “propaganda rusa” a la información que aportan aquellos que denuncian los crímenes neonazis en Ucrania.

Tres años después del golpe de Estado neonazi del “Euromaidán”, apoyado por Washington y Bruselas, Ucrania atraviesa una grave crisis política, económica, energética y social. Poroshenko necesita buscar un enemigo en el exterior que justifique sus políticas neoliberales y oculte su propio fracaso. El régimen neonazi ucraniano incrementó unilateralmente la guerra contra las repúblicas del Donbáss para buscar el apoyo de Donald Trump frente a la supuesta “agresión rusa” tratando así de impedir el acercamiento entre Washington y Moscú. De hecho el citado John McCain, como jefe de la comisión del Senado para las Fuerzas Armadas de EE.UU., envió una carta al presidente Trump exigiéndole que sea firme y contundente contra Rusia ante la “invasión rusa” en Ucrania, instándole incluso a enviar “armas letales” al régimen de Kiev. Por su parte el presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Representantes de EE.UU., el republicano William Mac Thornberry, también instó recientemente al presidente Donald Trump a suministrar armamento letal a Ucrania:

“Creo que hay un apoyo bipartidista (demócratas y republicanos) profundo y amplio para proporcionar armas letales a los ucranianos a fin de que puedan defenderse y este ha sido el caso durante los últimos dos años”

John McCain también intervino en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich celebrada este fin de semana, donde siguió empujando a Europa a una guerra contra Rusia [2], un enemigo inexistente pero muy necesario para justificar sus criminales políticas imperialistas. La respuesta de los gobiernos europeos en esa cumbre fue seguir incrementando su escalada militar en las fronteras con Rusia [3].

Una guerra civil encubierta en el corazón político de Estados Unidos

Todos estos movimientos de propaganda política y mediática contra Rusia tratan de presionar al presidente estadounidense para que renuncie a su nueva política exterior y al proceso de “desglobalización” que pretende implementar.  Y forman parte de la guerra civil soterrada que se está produciendo entre las élites estadounidenses por alcanzar el poder.

La sonora renuncia de Michael Flynn como Asesor de Seguridad Nacional [4] supone una batalla  perdida por parte de Trump dentro de esa guerra desatada en la cumbre. La CIA, a la que Trump restó poder dentro del Consejo de Seguridad Nacional, se tomó su venganza filtrando las conversaciones de Flynn con funcionarios rusos durante la última campaña electoral estadounidense. Lo hizo con la imprescindible colaboración de la ex-fiscal general del Estado, Sally Yates, quien ya se había opuesto a aplicar la mal llamada ley “anti musulmana” de Trump, por lo que fue cesada posteriormente. Sally Yates utilizó su cargo para forzar al gobierno a eliminar a Michael Flynn. No fue, por tanto, una acción por cuestiones “legales” sino una acción con fines políticos.

Parece claro que Flynn no violó ninguna ley ni atentó contra la seguridad del país al mantener esas conversaciones privadas. Y mucho menos teniendo en cuenta que lo que dijo Flynn en privado, es decir, la intención de establecer buenas relaciones con Rusia o incluso de eliminar la sanciones en un futuro, estaba siendo defendido abiertamente por Donald Trump ante todo el mundo durante la campaña electoral. A pesar de ello Michael Flynn – que fue cesado por Obama como director de la DIA por oponerse a seguir armando al Estado Islámico en Siria [5] – se vio obligado a dimitir ante la enorme presión mediática y política sufrida. Por el contrario, los miembros de la inteligencia y los funcionarios estadounidenses (incluida la ex-fiscal general del Estado) que participaron en la filtración de esas conversaciones privadas, violaron la ley y la propia Constitución de EE.UU. [6]. Sin embargo, nadie ha puesto el acento sobre este dato, y los medios corporativos y el bipartidismo estadounidense y europeo han criticado duramente la intención de Trump de investigar estas filtraciones ilegales a la prensa. Los únicos que han cometido una ilegalidad son los golpistas de guante blanco que quieren derrocar a Trump.

La hipocresía de estos medios de comunicación y de estos políticos “anti-Trump”, que ahora se oponen a investigar las filtraciones de la CIA, queda en evidencia cuando escuchamos su opinión sobre las filtraciones hechas por Julian Assange (WikiLeaks) o Edward Swoden, los cuales, si de estos “demócratas” dependiera, estarían muertos hace mucho tiempo.

En cualquier caso, veremos muchas más batallas similares dentro de esta guerra por el poder. Trump pretende limpiar las instituciones públicas para poder desarrollar su programa electoral. En estos momentos sus enemigos están dentro de su propia casa. Tiene las manos atadas. Se comprueba de nuevo que ganar las elecciones en las “democracias burguesas” no es sinónimo de alcanzar el verdadero poder. Si Trump no ejecuta esta purga dentro de ese Estado Profundo con rapidez y firmeza su mandato será de corta duración, y aquellos trabajadores y víctimas de la globalización y del imperialismo que le dieron su apoyo recientemente lo acabarán viendo como un traidor más, tal y como vieron a sus antecesores.

Con el tiempo veremos quién sale vencedor en esta guerra. Por el momento la peligrosa estupidez cometida por Donald Trump al arremeter contra Irán para complacer a Israel y Arabia Saudí, no augura nada bueno. Esperemos que su enajenación sea tan solo transitoria.

La Unión Europea perdida ante el nuevo escenario geoestratégico

La respuesta de los gobiernos europeos que se niegan a aceptar la nueva realidad global es seguir repitiendo el mismo discurso ajenos a la nueva realidad geopolítica. La doctrina Wolfowitz [7] ha quedado obsoleta. Sin embargo los tecnócratas europeos que se oponen a la “desglobalización” y al reordenamiento de fuerzas mundial continúan con su agenda belicista contra Rusia con la esperanza de que Trump sea derrocado por el complejo militar industrial y el “Partido de la Guerra” (el bipartidismo globalista).

La Unión Europea se encuentra descolocada y desconcertada ante tanta incertidumbre. Su escalada en contra de Rusia obedecía a una histórica supeditación de sus propios intereses frente a los de EE.UU. en un contexto de Globalización y grandes tratados comerciales impuestos a través de la coacción y las guerras imperialista. Ahora las cosas han cambiado en Occidente, y los gobiernos europeos se encuentran atrapados entre un Donald Trump al que odian y una Rusia a la que siguen acosando por pura inercia del pasado.

Se encuentran en tierra de nadie, abrazados a un viejo modelo que no quieren abandonar pero incapaces de frenar el nuevo esquema que se impone.

Alemania, la “locomotora de Europa”, se prepara para una “guerra monetaria” con Washington [8]. Trump y sus asesores consideran que el Euro está devaluado artificialmente para beneficiar las exportaciones de Alemania, que es el país con el que EE.UU. mantiene el mayor déficit comercial del mundo después de China. De momento sabemos que Alemania ha retirado 300 toneladas de oro que guardaba en la Reserva Federal estadounidense, al mismo tiempo que Merkel sigue enviando tropas y armamento al este de Europa amenazando a Rusia. Y todo esto a la espera de que el Deutsche Bank anuncie si quiebra definitiva.

¿Qué rumbo va a tomar la Unión Europea si Washington y Moscú alcanzan un acuerdo geoestratégico?

La nueva administración estadounidense reconoce la multipolaridad del nuevo Orden Mundial. Donald Trump pretende crear el equivalente a un G-2 junto a Rusia para desligarla de sus acuerdos estratégicos con China. A cambio, Washington ofrecería a Moscú el reparto geoestratégico de la Unión Europea [9] una vez que ésta se descomponga. La posible victoria de Le Pen en Francia, tal y como señalan las encuestas, sería el golpe definitivo al Euro y a la Unión Europea tal y como la conocemos. Y todo este cambio de paradigma global se produce sin que la izquierda política y social mayoritaria tenga nada que decir ni un modelo alternativo que presentar.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Poroshenko en Múnich,- artículo publicado en la web Slavyangrand.es (22/2/2017) Artículo original publicado en Antifashist

[2] McCain in Munich: The War Party Fights Back,- artículo de Justin Raimondo, editor de la web Antiwar.com (Ron Paul Institute for Peace and Prosperity, 20/2/2017)

[3] Las palomas armadas de Europa,- artículo del politólogo Manlio Dinucci (Red Voltaire, 21/2/2017)

[4] El general Flynn y el Imperio del Mal ,-artículo de Joan Carrero (Mallorcadiario.com, 18/2/2017)

[5] Former DIA Chief Michael Flynn Says Rise of Islamic State was “a willful decision” and Defends Accuracy of 2012 Memo,- declaraciones muy relevantes del general Michael Flynn al canal Al Jazeera donde reconoce que EE.UU. impulsó la creación del Estado Islámico para derrocar al presidente Bashar Al Assad, tal y como pudo comprobar en los informes que manejaba cuando era director de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, por sus siglas en inglés). (Levant Report, 6/8/2015) https://levantreport.com/2015/08/06/former-dia-chief-michael-flynn-says-rise-of-islamic-state-was-a-willful-decision-and-defends-accuracy-of-2012-memo/

[6] How General Flynn’s accusers broke the law ‘behaved like police state’,- información de Alexander Mercouris (The Duran, 15/2/2017) http://theduran.com/general-flynns-accusers-broke-law/

[7] Paul Wolfowitz, el alma del Pentágono,- un detallado y amplio artículo de Paul Labarique (Red Voltaire, 24/2/2005)

[8] Will Trump destroy the Euro?,- artículo del analista geoestratégico F. Willian Engdahl (New Eastern Outlook, 9/2/2017)  http://journal-neo.org/2017/02/09/will-trump-destroy-the-euro/

[9] “El (des)Orden Global en la Era Trump”,- (VÍDEO) una entrevista donde el experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme realiza un análisis de la situación internacional tras la llegada de Trump a la presidencia de EE.UU. (vídeo publicado en YouTube, 10/2/2017) https://www.youtube.com/watch?v=op1Grnz1Cwk&t=901s

Trump buscará una alianza con Rusia para frenar a China y dominar Eurasia

China es la principal potencia económica mundial en torno a la cual giran todas las estrategias geopolíticas de los demás países y regiones del mundo, especialmente desde EE.UU. y Europa. Su alianza integral con Rusia – ambos miembros y líderes de los BRICS – está quebrando el viejo Orden Mundial unipolar implantado tras la Segunda Guerra Mundial y removiendo los cimientos donde se asientan desde hace décadas los centros del poder económico mundial [1]. El viejo eje político-financiero de influencia global EE.UU.-Unión Europea ha cedido su protagonismo al nuevo eje eurasiático Rusia-China. Lo visto en el último Foro Económico de Davos (2017) confirma esta realidad y ha evidenciado que China es ahora el máximo exponente de la Globalización y el Libre Comercio mundial, desplazando a EE.UU. de esa posición ahora que su nuevo presidente parece apuntar en otra dirección.

La llegada de Donald Trump a la presidencia, así como la salida de Reino Unido de la UE tras el Brexit (apoyado por la Corona británica y la City de Londres [2]) o la derrota de la OTAN-CCG y sus terroristas en Siria, son acontecimientos que aceleran y confirman el fin de esa hegemonía unipolar de EE.UU. y la llegada de ese nuevo Orden Mundial multipolar donde las potencias Occidentales ya no tienen la última palabra. Esto a su vez explicaría la peligrosa escalada militar de la OTAN en el este de Europa [3] y el despliegue militar estadounidense en el Mar de la China Meridional [4], o el incremento de las sanciones contra Rusia y los desesperados ataques mediáticos lanzados contra Putin y contra el propio Donald Trump que estamos viviendo en las últimas semanas.

El nuevo presidente de Estados Unidos pretende establecer nuevas relaciones con Rusia y alcanzar acuerdos que rebajen la tensión entre ambos países. Esto, supuestamente, significa que se eliminarían las sanciones económicas y la escalada militar contra Rusia. En varias ocasiones Trump ha dejado claro que su intención en política exterior pasa por abandonar los “cambios de régimen” impulsados por las gobiernos imperialistas anteriores, para centrarse en el desarrollo de la infraestructura interna de su país. Nada negativo que decir ante esta declaración de principios, sin duda. Pero ni Donald Trump es el nuevo Fidel Castro ni las grandes corporaciones que están detrás de él (Goldman Sachs, Exxon-Mobil, General Dynamics, etc.) han sufrido un repentino ataque de humanismo y de ética antibelicista. Más bien su llamada al diálogo y al acuerdo con Rusia  esconde una estrategia encaminada a debilitar y aislar a China.

EE.UU. sufre un insostenible déficit comercial con respecto a China. En los últimos 10 años ese déficit comercial se ha multiplicado hasta representar casi la mitad de todo el déficit comercial de EE.UU. China, además, posee un 15% de deuda pública de EE.UU. La consecuencia directa de esta llegada masiva de productos fabricados en China es la deslocalización de miles de empresas estadounidenses en los últimos años, cuyas desastrosas consecuencias para las clases trabajadoras propiciaron posteriormente la victoria electoral de un astuto Donald Trump que comprendió dónde estaba el problema y cuál era el mensaje que debía enviar a esos trabajadores y desempleados víctimas de la globalización capitalista. Este déficit comercial y el aumento de la deuda externa, unido a una previsible subida de los tipos de interés de los bonos públicos por parte de la Reserva Federal, pone en serio peligro la estabilidad del Dólar y de la economía de EE.UU. Estos y otros factores explican, en parte, porqué China está en el punto de mira del nuevo gobierno estadounidense [5].

Donald Trump necesita frenar el crecimiento y la expansión de China, que ha desplazado a EE.UU. como la primera potencia comercial y económica mundial y paradigma del Libre Comercio y la Globalización capitalista. Y para ello Trump pretende utilizar a Rusia, separándola de China y quebrando el bloque político-económico euroasiático que ambos lideran. Esta parece una tarea surrealista si observamos los fuertes lazos que unen a Rusia con China, pero la situación de debilidad de EE.UU. no le permite evaluar muchas más opciones, salvo que recurra a la fuerza militar que nos conduciría a una Tercera Guerra Mundial. Descartada esta opción tras la derrota de Hillary Clinton, el equipo de Trump intentará a través de las negociaciones con Moscú acercar a Rusia a su terreno, siguiendo una estrategia opuesta a la seguida por Obama que fue un fracaso.

¿Y qué puede ofrecer EE.UU. a Rusia para tratar de persuadirlo y que traicione sus compromisos con China?

En primer lugar, el nuevo gobierno de EE.UU. podría ofrecer a Rusia un acuerdo para luchar realmente contra el terrorismo yihadista (y no seguir apoyando al terrorismo como se ha hecho hasta ahora desde Washington), algo que Trump ya declaró en varias ocasiones. También un acuerdo de no injerencia en Siria respetando la soberanía del país, lo que se traduce en aceptar la legitimidad de Bashar de Al Assad como presidente del país. Además podría rebajar la tensión en el este de Ucrania, forzando al régimen de Kiev al cumplimiento de los acuerdos de Minsk, así como el reconocimiento de Crimea como parte legítima de Rusia. Se podría esperar también un retroceso de la escalada militar de la OTAN frente a sus fronteras. Y por supuesto eliminar las sanciones económicas, comerciales y financieras, que en lugar de aislar a Rusia incentivaron la implementación de acuerdos de Moscú con otras naciones y regiones euroasiáticas, fortaleciendo así su relación con China y su influencia en Eurasia. Como ejemplo de ello, el hecho de que la República Islámica de Irán se vaya a incorporar a la Organización de Cooperación de Shanghái (India y Pakistán también han decidido incorporarse próximamente a la OCS). China- Rusia-Irán forman actualmente un eje estratégico (bajo la nueva “Ruta de la Seda” [6]) que trae de cabeza a los poderes económicos y políticos occidentales. Incluso Rusia e Irán estarían pensando en abandonar el Dólar para realizar sus operaciones comerciales, algo a lo que sin duda se uniría China. La amenaza de sanciones por parte de Washington y sus lacayos ya no asusta a nadie; son un arma de doble filo que puede volverse contra ellos mismos.

Rusia es una potencia mundial de primer orden a todos los niveles. Es un Estado soberano que sigue una política independiente en función de sus intereses, y que es capaz de frenar el poderío militar, político, institucional y mediático de EE.UU., como acaba de demostrar en Siria. Resulta impensable que sus dirigentes puedan caer en esa trampa de Washington. Sin embargo el establishment estadounidense lleva meses trabajando en esta tarea. El 17 de abril de 2016 el influyente exconsejero de Seguridad Nacional y asesor político de las élites imperialistas, Zbigniew Brzezinski, publicó un esclarecedor artículo titulado “Hacia un realineamiento global” (Toward a Global Realignment,- The American Interest, 17/4/2016) donde reconocía y aceptaba resignadamente que EE.UU., a pesar de seguir siendo “la potencia mundial más poderosa”, ya no representaba “el poder imperial global” de antaño (al contrario de lo que él mismo había teorizado años atrás) y llamaba a reorientar la estrategia imperialista hacia un acercamiento a Rusia y China para no perder el tren de Eurasia.

El nuevo gabinete de Donald Trump y el resto de miembros de su equipo de asesores parecen elegidos especialmente para implementar esta agenda de conquista euroasiática. Y por encima de todos ellos, otro viejo criminal de guante blanco ejerce su poder de influencia en la sombra: Henry Kissinger, que en 2016 viajó a Moscú y Pekín y mantiene buenas relaciones personales con Putin y Xi Jinping. Algunos medios y analistas geopolíticos (como F. William Engdahl [7] o Pepe Escobar [8]) lo señalan como el principal asesor “no oficial” de Donald Trump en esta materia, y el responsable de la elección de algunos miembros destacados del gobierno de Trump, como el Secretario de Estado Rex Tillerson (vinculado a Exxon Mobil), o el Secretario de Defensa  James Mattis, entre otros.

Y tengamos en cuenta que decir Kissinger es decir Rockefeller, la poderosa familia de banqueros globalistas-neoliberales (fundadores de Exxon Mobil, precisamente) que han estado ligados a él desde sus inicios políticos. Su objetivo siempre ha sido imponer un “gobierno mundial” que estuviese dirigido por una élite financiera occidental que tomara las decisiones por encima de los gobiernos nacionales o los Estados-nación. Si analizamos en qué consisten las políticas neoliberales y vemos cómo en las últimas décadas los Estados y sus gobiernos, especialmente en Europa, han ido perdiendo soberanía frente a otras instituciones supranacionales (como la Troika, por ejemplo) nos daremos cuenta de que el objetivo de la Globalización y el libre mercado que ellos promueven – y tan defendido por la “izquierda progresista” también – era precisamente el de desarmar y vaciar a los Estados para sustituir su soberanía por la de un “gobierno mundial” que buscan imponer las élites financieras pensando en sus intereses privados.

Ahora parece que han cambiado la estrategia a seguir, pero sus objetivos de dominación global siguen siendo los mismos. Los hechos indican que el capitalismo occidental (EE.UU., Reino Unido, Alemania) mira desesperadamente a Eurasia como un gigantesco espacio imprescindible para poder expandirse y desarrollar sus negocios, sobretodo tras la “crisis económica” de 2008 que se ha convertido en crisis perpetua del sistema. En realidad esta visión estratégica no es nueva. Hace casi 20 años, el citado anteriormente Zbigniew Brzezinski, en su libro “El Gran Tablero Mundial”, ya escribió lo siguiente:

Para Estados Unidos, el premio geopolítico es Eurasia. (…). Eurasia es el continente más grande del mundo y es geopolíticamente axial. Un poder que domine Eurasia controlaría dos de las tres regiones más avanzadas y económicamente más productivas del mundo. El 75 por ciento de las personas en el mundo viven en Eurasia, y la mayor parte de la riqueza física del mundo está allí también, tanto en sus empresas y debajo de su suelo. Eurasia representa el 60 por ciento del PNB mundial y cerca de tres cuartas partes de los recursos energéticos conocidos del mundo”. [9]

Para dominar esa gigantesca parte del planeta es necesario romper las actuales estructuras políticas, financieras, comerciales, económicas y militares trazadas por China y Rusia y el resto de aliados, que son ahora quienes expanden su poder de influencia en Eurasia y cohesionan sus agendas e intereses al margen de EE.UU. El mundo que ellos diseñaron con la intención de dominarlo en exclusiva (bajo la fórmula de un único “gobierno mundial”) se ha derrumbado ante sus pies. Su modelo de globalización capitalista se ha vuelto contra ellos mismos. Ahora intentan recomponer el “gran tablero mundial”, pero parece que los globalizadores-neoliberales llegan demasiado tarde a la cita.

Ante este guerra inter-capitalista por el poder mundial que estamos viviendo, la Unión Europea se muestra una vez más fracturada, entre aquellos que se resisten a aceptar los cambios inevitables que anuncian el nuevo Orden Mundial, y aquellos otros poderes fácticos que se están realineando para salir ganando con el cambio. El Reino Unido parece que ha tomado ese camino eurasiático tras el Brexit. Alemania también está dando pasos para emanciparse de EE.UU. y buscar mercados y aliados estratégicos en Eurasia, sobretodo después de que el Tratado de Libre Comercio EE.UU-UE haya fracasado y de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Se habla incluso de un nuevo eje Pekín-Moscú-Berlín.

Entre tanto, los empresarios e industriales alemanes ya se han percatado de una nueva realidad: del mismo modo que el mercado final de los productos made-in-China que circularán por las futuras nuevas rutas de la seda será Europa, una circulación en sentido inverso es asimismo evidente. En un posible futuro comercial, China está destinada a convertirse en el principal socio comercial de Alemania para 2018, por delante tanto de EE.UU. como de Francia. [10]

¿Y cuál es el papel de España ante este cambio geopolítico histórico? Ninguno. ¿Y qué dice y hace la “izquierda parlamentaria” y los “medios progresistas” españoles? Pues manifestarse a favor de la Globalización, del Libre Mercado y de las guerras “humanitarias” de la mano de los globalistas-neoliberales encabezados por Hillary Clinton. El panorama institucional y mediático es desolador desde el punto de vista ideológico. La izquierda como tal ha dejado de existir.

Hoy está de plena actualidad aquella vieja estrategia descrita por el geógrafo y político británico Halford John Mackinder en 1904: “Quien domine Europa del Este controlará el Corazón Continental; quien domine el Corazón Continental controlará la Isla Mundial; quien domine la Isla Mundial controlará el mundo”.

Será apasionante observar cómo se desarrollan los acontecimientos geopolíticos en los próximos meses. No en vano, nuestro futuro como sociedad y como país depende en buen medida de cómo se resuelva toda esta guerra geoestratégica mundial.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Los movimientos de China y Rusia acotan, aún más, a Occidente,- artículo del periodista y politólogo Alberto Cruz (CEPRID, 13/12/2016)

[2] El Brexit redistribuye las cartas de la geopolítica mundial, artículo de Thierry Meyssan (Red Voltaire, 27/6/2016)

[3] Video: Military Press Briefing by US and NATO Generals: We’re Ready for War with Russia…,- informe de Michel Chossudovsky (Global Research, 14/1/2017)

[4] Mar de China Meridional: ¿Qué busca EE.UU. allí? ¿Hay peligro de confrontación?,- Gabriel Fernández para La Señal Medios (Annur TV, 19/1/2017)

[5] ¿Porqué la política exterior de Trump anuncia una guerra económica con China ?,- análisis de John Weeks, profesor de la Escuela de Economía de Asia y África de la Universidad de Londres (publicado en la web Salir del Euro, 7/1/2017)

[6] The Iran-Russia-China Strategic Triangle,- artículo del historiador, economista y periodista independiente F. William Engdahl (New Eastern Outlook, 21/11/2016)

[7] Is Trump the Back Door Man for Henry A. Kissinger & Co?,- F. William Engdahl (New Eastern Outlook, 9/1/2017)

[8] Trump will try to smash the China-Russia-Iran triangle … here’s why he will fail,- artículo del analista geopolítico Pepe Escobar (South China Morning Post, 22/1/2017)

[9] El gran tablero mundial roto: Brzezinski renuncia al imperio,- artículo del analista internacional Mike Whitney (Sin Permiso, 31/8/2016)

[10] ¿Pueden China y Rusia echar a Washington a empujones de Eurasia?,- artículo del analista y corresponsal Pepe Escobar para Tom Dispatch (publicado en español por la web Rebelión.org., 9/10/2014)