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EE.UU pierde la guerra contra China por la hegemonía mundial

A pesar de las grandes campañas de propaganda dirigidas a denunciar la ficticia “injerencia de Rusia en las elecciones de Estados Unidos”, la supuesta “amenazada nuclear” que representa Corea del Norte, el falso “apoyo al terrorismo” por parte de Irán, o la “crisis humanitaria” y “represión” que sufre la población civil en Venezuela, el verdadero dolor de cabeza que sufren los planificadores estratégicos estadounidenses se llama República Popular China. El resto de países son un problema para Washington en la medida en que éstos se están relacionando estratégicamente con China, que ya ejerce como la primera potencia mundial.

En julio de este año Michael Collins, subdirector adjunto y jefe del centro de misiones de la CIA en Asia Oriental, pronunció las siguientes palabras en un foro sobre Seguridad celebrado en la ciudad de Aspen, en Colorado:

“China representa una amenaza mayor que Rusia (…) China está socavando el orden internacional dirigido por Estados Unidos que ha traído paz y estabilidad en Asia durante los últimos 40 años. Beijing está tratando de usurpar el poder y la influencia estadounidenses en la región” (…). [CIA analyst: Beijing poses a greater threat than Russia, Asia Times, 26/7/2017]

Posteriormente el director de la CIA, Mike Pompeo, apuntaba en la misma dirección que su subordinado y añadía:

China, y no Rusia o Irán, es quien supone la mayor amenaza para Estados Unidos en materia de Seguridad Nacional” (…) debido a su economía robusta y creciente poderío militar, ambos dirigidos contra los Estados Unidos. (…) El ejército chino está construyendo fuerzas que tienen como objetivo contrarrestar la proyección de nuestro poder en todo el mundo (…) En materia tecnológica están intentando robar nuestras cosas, o asegurándose de que puedan derrotarlas” (…). [CIA Gives More Power to Spies to Bolster Intelligence Operations,  The Washington Free Beacon, 26/7/2017]

Steve Bannon, ex-jefe de estrategia de la Casa Blanca, también dibujó el negro escenario futuro al que se enfrenta Estados Unidos. Además reconoció abiertamente que las recientes tensiones con Corea del Norte forman parte de un “espectáculo” político y mediático cuyo verdadero objetivo es realmente frenar el crecimiento de China:

“Estamos en guerra económica con China. Uno de nosotros va a ser un hegemón en 25 o 30 años, y van a ser ellos si continuamos por este camino ” (…) tenemos que estar masivamente enfocados en esto. Si seguimos perdiendo terreno, estaremos a cinco años de distancia, creo, diez años como máximo, de llegar a un punto de inflexión del que nunca podremos recuperarnos ” (…) nos están aplastando. [Economic War With China is Everything,’ North Korea a ‘Sideshow’: White House Chief Strategist,- TeleSur, 17/8/2017]

Estados Unidos ha iniciado una guerra geoeconómica contra China para intentar salvar su hegemonía mundial vigente desde hace 70 años. Por el momento lo hacen de forma superficial, pero algunos analistas ya están advirtiendo sobre cómo se está fraguando entre bambalinas esta inminente guerra geoeconómica contra China [1] que en el peor de los casos podría derivar en una guerra militar-nuclear mundial.

Aunque, más allá de las intenciones y estrategias de Washington, la realidad tangible en estos momentos es que el decadente imperio estadounidense no está en condiciones de ganar esta guerra geoeconómica, sencillamente porque el viejo orden mundial ha muerto. La nueva realidad multipolar (especialmente visible a partir de la crisis financiera de 2008, con la anexión voluntaria y pacífica de Crimea y Sebastopol a Rusia, y ahora tras la derrota de la OTAN en Siria) impide al poder económico de Estados Unidos – y occidental en general – imponer por la fuerza o a través del chantaje sus intereses particulares al resto del mundo.

Y mucho menos pueden hacerlo en contra de la primera potencia global de facto (China), que además ha establecido una serie de alianzas estratégicas con otras potencias (especialmente Rusia) y países de primer nivel y ha creado estructuras financieras, económicas, monetarias y militares (BRICS, OCS, RCEP, BAII,…) que funcionan al margen de los viejos organismos internacionales controlados por Estados Unidos.

[leer también: ¿Será Arabia Saudí el verdugo definitivo de Estados Unidos?, El Mirador Global, 27/9/2017]

Dicho de otro modo, el mundo es algo más que Estados Unidos y Europa (Occidente). Y ese mundo crece y se desarrolla sin necesidad de que Estados Unidos participe en la fiesta o tenga que dar su aprobación a los acuerdos y a las políticas que se implementan entre estos países. China es quien lidera ese “nuevo mundo” y la economía global. Al viejo imperio norteamericano sólo le quedan dos opciones: aceptar esta nueva realidad multipolar global y resituarse ante el nuevo escenario compartiendo su hegemonía y las regiones de influencia con los nuevos centros de poder euroasiáticos; o bien iniciar contra sus competidores una devastadora guerra mundial que sería nuclear y que no tendría ganadores.

Todavía estamos en la fase de ruido y pataleo. Las sanciones económicas y las amenazas lanzadas desde Washington (y seguidas por sus títeres europeos) contra aquellos países que no se someten a sus intereses no sólo resultan inútiles, sino que están fortaleciendo y cohesionando a sus enemigos/competidores. Estas acciones desesperadas de Estados Unidos y sus “aliados” son una demostración de la impotencia que sienten al no poder revertir el cambio tectónico que se está produciendo en la estructura del poder capitalista a nivel global [2].

Como señala el reconocido economista y profesor canadiense Michel Chossudovsky en uno de sus artículos, la economía estadounidense de hoy es totalmente dependiente de la economía China, y no al revés. Hablar desde Washington de doblegar a China tratando de “aislarla” imponiéndole sanciones económicas y restricciones comerciales resulta ridículo y además es suicida. Si China se hunde… será Estados Unidos quien se ahogue.

“China no depende de las importaciones estadounidenses. Todo lo contrario. América es una economía de importación con una débil base industrial y manufacturera, fuertemente dependiente de las importaciones de la República Popular China.

China es el mayor socio comercial de Estados Unidos. Según fuentes estadounidenses, el comercio de bienes y servicios con China ascendió a unos 648.200 millones de dólares en 2016. Las exportaciones de productos básicos de China a Estados Unidos totalizaron 462.800 millones de dólares. Eso quiere decir que Estados Unidos exporta a China 185.400 millones de dólares. El déficit comercial de EE.UU. respecto a China es gigantesco.

La importación de productos básicos procedentes de China (más de 462.000 millones de dólares) es propicia a través de la interacción de las cotizaciones mayoristas y minoristas (que contribuyen al valor añadido) a un aumento sustancial del PIB de Estados Unidos, sin necesidad de producción de productos básicos. Sin las importaciones chinas, la tasa de crecimiento del PIB sería sustancialmente menor. A lo que nos estamos refiriendo es Import Led Growth. Las empresas estadounidenses ya no necesitan producir, subcontratan con un socio chino.

(…) A esto hay que añadir que China posee 1 billón de dólares en Bonos del Tesoro estadounidense [3].

Por otro lado, China ya no es sólo una potencia exportadora de productos manufacturados de baja calidad y sin ningún valor añadido. Esta definición ha quedado obsoleta, aunque desde Occidente se sigue caricaturizando la imagen de lo que hoy en día representa China en el mundo, presentándola como un país medieval que crece a base de exportar productos copiados y baratos y de explotar a su empobrecida población. Sin embargo, como suele ocurrir demasiado a menudo con la información que recibimos, los datos nos muestran una realidad bien diferente y muy amenazante para los intereses de las grandes corporaciones financieras e industriales occidentales.

Veamos algunos ejemplos muy clarificadores:

– En el año 2010 un centro de investigación científica de China presentó el “superordenador más rápido jamás fabricado” (Ashlee Vance, The New York Times, 28/10/2010), desplazando a Estados Unidos del primer lugar como el fabricante de la máquina más rápida. Estas “supercomputadoras” se utilizan para realizar millones de operaciones financieras de forma inmediata a escala global; se supone que quien disponga la máquina más rápida tiene ventaja frente a sus competidores en los mercados financieros mundiales. Pero estas máquinas también se utilizan en el sector de la energía (petróleo y gas), la defensa, la ciencia, etc. Era la confirmación de que Pekín también aspiraba a ser una superpotencia tecnológica.

– En 2011 China fabricaba “7 de cada 10 teléfonos celulares vendidos en todo el mundo”; producía “más del 90% de las computadoras de todo el mundo”; y su industria naval representaba “el 45% de la construcción naval a nivel mundial” (The Atlantic, 5/8/2013).

– En 2014 China triplicó el número de patentes registradas en comparación con Estados Unidos (801.000 patentes chinas, casi la mitad del total mundial, frente a las 285.000 patentes estadounidenses). Se espera que en 2020 China registre 14 patentes por cada 10.000 habitantes frente a las 4 por cada 10.000 que registró en 2013.

– China ya iguala o supera en estos momentos a los estadounidenses en ámbitos tan importantes estratégicamente como la informática, la robótica, la industria electrónica, el ciberespacio, la ciberseguridad, la defensa digital, las comunicaciones satelitales… o en los niveles de educación de sus jóvenes estudiantes, según los informes PISA.

– En 2012 China ya invertía en investigación y desarrollo la misma cantidad que toda la Unión Europea. En 2016 China se posicionó como la segunda potencia mundial en investigación y desarrollo, y se espera que en los próximos años supere a Estados Unidos. Ahora mismo en China se producen tantas publicaciones científicas como en Estados Unidos. Y los universitarios chinos ya superan a sus homólogos estadounidenses en el número de doctorados otorgados en ciencia e ingeniería. El futuro de la investigación científica mundial tiene su epicentro en Pekín.

– “China es el nuevo líder en el campo de la inteligencia artificial”; así titulaba The New York Times un informe publicado el 2 de junio de 2017.

– También hay que actualizar el discurso en materia de salarios: en la industria manufacturera en China los salarios se han triplicado en la última década hasta llegar a superar los salarios de países como Brasil, México (hasta un 40% más altos que en México en el año 2015) o Colombia, y llegando a igualar a los salarios de países europeos como Portugal o Grecia. El salario “por hora” del trabajador medio en China es superior al de todos los grandes países de América Latina (con excepción de Chile). En 2016 un trabajador chino recibía un salario equivalente al 70% del salario medio que reciben los trabajadores en la Eurozona.

Es casi seguro que esa diferencia salarial se ha reducido a día de hoy (2017), puesto que las tendencias salariales en ambos lugares siguen avanzando en la misma dirección: hacia arriba en el caso chino, hacia abajo en el caso europeo. Pero, además, debemos señalar que existen otras variables económicas a la hora de medir el nivel de los salarios (el poder adquisitivo por ejemplo) que si las tenemos en cuenta colocan los salarios chinos a la misma altura que los salarios estadounidenses y europeos.

(…) en términos de utilidad real, la economía de China es ya mas grande que la de Estados Unidos y explica porque sigue creciendo a un ritmo sostenido mucho mayor: los salarios chinos, calculados a la tasa de cambio formal entre las monedas respectivas, pueden ser más bajos, en términos nominales, que los salarios norteamericanos o europeos, pero puede que sean mayores en cuanto a capacidad de compra de los bienes y servicios necesarios para llevar una vida confortable en China. [4]

La imparable tendencia ascendente de China – en cualquiera de los parámetros que lo queramos medir – es tan evidente que hasta sus principales enemigos y máximos perjudicados con su progresión no tienen más remedio que reconocer este nuevo paradigma global que se viene fraguando en los últimos años.

Tal es su avance tecnológico, por ejemplo, que el think tank de cabecera del Pentágono, la RAND Corporation, incluso reconoce que Estados Unidos perdería una ciberguerra contra China, y que en el caso de iniciarse una guerra militar convencional la contienda “no tendría un  ganador claro” [5], lo cual equivale a reconocer que también la perderían en ese terreno.

Este sentimiento de debilidad y de miedo respecto a la espectacular transformación de China quedó confirmado una vez más a través de unas declaraciones de Joseph Dunford, Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, pronunciadas el pasado 26 de septiembre ante el Comité de Servicios Armados del Senado y en las que señaló que China se convertirá en  “la mayor amenaza para la seguridad de EE.UU. en el año 2025“, por encima incluso de Rusia y Corea del Norte.

Especialmente relevante es la opinión del veterano politólogo estadounidense y especialista en materia de Defensa, Graham T. Allison, quien escribió lo siguiente respecto a los desafíos que enfrenta Estados Unidos: “El preeminente desafío geoestratégico de esta época no son los extremistas islámicos violentos ni la renaciente Rusia. Es el impacto del ascenso de China”. Esta contundente afirmación viene de alguien que ha sido asesor del Pentágono y del Departamento de Defensa con diferentes gobiernos desde los años 60, además de miembro de la RAND Corporation, del Consejo de Relaciones Exteriores, del Brookings Institution y de la Comisión Trilateral. Nada más y nada menos.

En su libro titulado Destinados a la guerra: ¿Pueden Estados Unidos y China escapar de la trampa de Tucídides? publicado en mayo de 2017, el experto aporta multitud de datos que dan muestra del poderío multidimensional de China, a la que Allison considera ya “la mayor economía del mundo”.

En las tres décadas y media transcurridas desde que Ronald Reagan se convirtió en presidente (…) China subió del 10 por ciento del tamaño de Estados Unidos al 60 por ciento en 2007, al 100 por ciento en 2014 y al 115 por ciento hoy. Si la tendencia actual continúa, la economía de China será un 50 por ciento más grande que la de Estados Unidos en 2023. Para 2040 podría ser casi tres veces más grande. Eso significa que China contaría con unos recursos tres veces superiores a los de América para usarlos como poder de influencia en las relaciones internacionales. Tales ventajas económicas, políticas y militares brutas crearían un mundo más allá de lo que los políticos estadounidenses puedan imaginar. [6]

En los últimos 15 años China ha sacado de la pobreza a más de 600 millones de personas (cifra que aumenta hasta los 800 millones si analizamos los últimos 35 años, algo jamás visto antes). Pekín, bajo el fuerte liderazgo de Xi Jimping, está reestructurando y diversificando su economía para hacerla menos dependiente de las exportaciones, fortaleciendo a su vez la demanda interna del país. A ello contribuyen los millones de chinos que se han incorporado a la “clase media” en los últimos años. En el año 2015 China ya tenía la mayor “clase media” del mundo, superando claramente a Estados Unidos. Un estudio de The Economist pronostica que en el año 2030 habrá en China 500 millones de personas formando parte de la “clase media”; está previsto también que la demanda interna china crezca a un ritmo del 5% anual hasta ese mismo año 2030.

Por otro lado Xi Jimping se ha comprometido este año a erradicar totalmente la pobreza en el año 2020. Todavía existen en el país cerca de 50 millones de personas en situación de pobreza, principalmente en las zonas rurales; a finales de 2014 esta cifra era superior a los 70 millones. El objetivo de fondo del plan puesto en marcha por Pekín es crear una “sociedad de bienestar integral”. Observando los datos no cabe duda de que lograrán este deseable objetivo.

Y todo esto, claro, sin hablar de las mareantes cifras que rodean a la Nueva Ruta de la Seda, el mayor y más extenso proyecto de infraestructura e inversión de la historia.

NOTA ADJUNTA: Algunos sectores desde la izquierda critican a China por considerar que su interés reside únicamente en “sustituir” a Estados Unidos como la primera potencia capitalista global, sin que esto suponga ningún cambio sustancial en el panorama internacional. Sin embargo existen diferencias profundas entre el liderazgo chino y el estadounidense. Señalo las dos más importantes:

1- China no impone por la fuerza militar sus intereses al resto del mundo;

2- China tampoco impone condiciones políticas a sus socios para llegar a acuerdos comerciales o financieros (como obligar a los gobiernos a aplicar “ajustes estructurales” o “políticas de austeridad”, por ejemplo).

Sus acuerdos tanto de tipo comercial como económico-financiero están basados en la cooperación y el beneficio mutuo (Ganar-Ganar). China no exige la subordinación de sus homólogos para firmar un acuerdo, ni les prohíbe comerciar o relacionarse con terceros países. Respeta la soberanía de los Estados (no patrocina “cambios de régimen” ni “primaveras árabes”) y recurre a la diplomacia como vía para resolver los conflictos (como vimos recientemente en su disputa fronteriza con India en la región de Doklam. Un conflicto, por cierto, azuzado por Estados Unidos e Israel).

En resumen: Estado Unidos necesita recurrir a la guerra y al terrorismo para sostener su economía; China promueve una economía global de paz. Estas diferencias, por sí solas y con todos los matices que queramos añadirles, ya cambian por completo el panorama internacional abriendo una puerta a la esperanza de cara al futuro.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Kissinger y Bannon forman proyecto de alarma contra China,- artículo del experto en geopolítico Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 4/10/2017)

[2] Nueva estructura económica del sistema capitalista mundial después del 2008,- artículo del sociólogo y analista geopolítico Enrique Muñoz Gamarra (11/2/2017) http://www.enriquemunozgamarra.org/Articulos/163.pdf

[3] Imagine What Would Happen if China Decided to Impose Economic Sanctions on the USA?,- artículo del profesor Michel Chossudovsky (Global Research, 3/8/207) http://www.globalresearch.ca/imagine-what-would-happen-if-china-decided-to-impose-economic-sanctions-on-the-usa/5598941 

[4] De los salarios chinos,- una nota de Umberto Mazzei, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia y director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales Sismondi, en Ginebra.  (América Latina en Movimiento, 22/9/2017)

[5] Tomgram: Alfred McCoy, The Global War of 2030,- un artículo extraído del último libro del historiador Alfred W. McCoy titulado En las Sombras del Siglo Americano: El Auge y la Decadencia del Poder Global de los Estados Unidos (publicado en TomDispatch, 26/9/2017)

[6] La trampa de Tucídides: ¿Están los Estados Unidos y China dirigidos a la guerra?,- un trabajo de Graham T. Allison, ex-director del Centro Belfer de Ciencias y Asuntos Internacionales de la Escuela Kennedy de Harvard y ex-secretario adjunto de Defensa de Estados Unidos para políticas y proyectos. Es el autor del libro Destinados a la guerra: ¿Pueden Estados Unidos y China escapar de la trampa de Tucídides?

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¿Será Arabia Saudí el verdugo definitivo de Estados Unidos?

La hegemonía global de Estados Unidos y la supremacía regional del criminal régimen saudí ejercidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial han sido posibles en la medida en que ambos regímenes protegían mutuamente sus intereses. A raíz de unos acuerdos bilaterales alcanzados tras la crisis petrolera de 1973, fundamentalmente, Estados Unidos garantizaba a los Al Saud protección e impunidad a nivel internacional así como la expansión de sus negocios e inversiones por todo el mundo a cambio de que la primera potencia petrolera mundial utilizara el Dólar como moneda de referencia para el comercio petrolero internacional, permitiendo con ello que Washington (con un Dólar hipervalorado artificialmente) impusiera su hegemonía financiera, monetaria, económica, política y militar sobre el resto del mundo. Así viene siendo desde 1975 hasta nuestros días.

(Un capítulo aparte merecería la utilización del terrorismo yihadista como arma geopolítica desarrollada por Washington y Riad – con la ayuda inestimable de Israel  y otros regímenes “aliados” – desde al menos el año 1978-79 en Afganistán en contra de la Unión Soviética y hasta nuestros días en contra de la República Árabe de Siria quien, finalmente, ha salido victoriosa.)

A las élites políticas y económicas de ambos regímenes (corporativo/wahabí) les ha ido muy bien desde entonces. Pero los acontecimientos ocurridos en la última década, con la resurrección político-militar de Rusia de la mano de Vladimir Putin y el ascenso económico-financiero arrasador de China convertida ya en la primera potencia mundial, han puesto boca bajo el tablero geopolítico global poniendo en peligro, incluso, esta vieja relación Washington-Riad basada en el  petrodólar.

En estos momentos Arabia Saudí tiene en sus manos el futuro del imperio estadounidense. El régimen wahabí puede romper el equilibrio de poder global en favor de China y Rusia eliminando del tablero a Estados Unidos.

Obviamente esta hipótesis es arriesgada, pero existen hechos objetivos que indican que Arabia Saudí, pensando únicamente en su propia supervivencia y en sus intereses mercantilistas, podría verse obligado a dar un giro geoestratégico hacia Eurasia (China-Rusia básicamente, así como Irán e India, entre otros mimbros de la OCS y del BRICS) que podría suponer el punto final de la dictadura del petrodólar y por ende de la hegemonía integral estadounidense.

No es la primera vez que Arabia Saudí amenaza con hacer “colapsar al dólar” como una forma de presión sobre las decisiones políticas de Washington. Esto ocurrió, por ejemplo, en abril de 2016 cuando en el Congreso de Estados Unidos se debatía la aprobación de un proyecto de ley que permitiera juzgar al régimen saudí por su responsabilidad en los atentados del 11-S (el entonces presidente Barack Obama vetó personalmente aquel proyecto de ley, algo que el propio Congreso reprobó y anuló posteriormente).

Posteriormente los multimillonarios contratos para la venta de armas firmados en mayo pasado por Donald Trump y el rey Salman bin Abdelaziz, así como las duras amenazas del presidente estadounidense contra Irán, han hecho que las aguas vuelvan a su cauce entre ambos regímenes, al menos aparentemente.

Si no puedes con tu enemigo… únete a él

Pero la geopolítica provoca extraños compañeros de cama y deja al desnudo la hipocresía de los discursos oficiales. Primero fue Turquía, más tarde Catar, y ahora es la mismísima Arabia Saudí quien está cambiando por debajo de la mesa su estrategia y buscando un acercamiento hacia Irán, aliada estratégica de Rusia y China.

Nada menos que el diario globalista británico The Economist, uno de los principales órganos de propaganda del capital financiero anglosajón, informó el pasado 7 de septiembre sobre este acercamiento entre Arabia Saudí y los gobiernos chiítas de la región, principalmente Irán. En el artículo se viene a reconocer implícitamente la situación de debilidad interna y regional que atraviesa el régimen wahabí. La utilización de la “fuerza” ha fracasado, porque sus rivales son más fuertes, y ahora toca explorar otras alternativas mientras recuperan oxígeno.

El cambio puede estar en marcha en las relaciones hostiles de Arabia Saudita con los chiítas y su campeón, Irán. (…) Al ascender al trono en 2015, el rey Salman bin Abdelaziz y su joven hijo y ministro de Defensa, Muhammad, buscaron revertir la influencia de Irán de la región por la fuerza. (…) Dos años después, el príncipe Muhammad, que desde junio ha sido príncipe heredero, puede estar pensando de forma diferente. En lugar de enfrentarse a los diversos satélites de Irán, los está cortejando a ellos y a sus gobernantes chiítas. [The Saudis may be stretching out the hand of peace to their old foes,- The Economist, 7/9/2017]

Este giro aparentemente tan radical y que contradice absolutamente el discurso público de Arabia Saudí respecto a Irán y su posición en Oriente Medio, no obedece a un cambio ideológico de sus dirigentes o a una crisis de conciencia por los crímenes cometidos. Obedece más bien a un pragmático cambio de estrategia obligados por la actual coyuntura económica, política y militar a nivel regional y global.

No es nada personal, sólo son negocios

La caída de los precios del petróleo ha dejado un agujero en las cuentas públicas saudís que no parece cerrarse a pesar del repunte en el precio del crudo de los últimos meses. La fuga de capitales parece imparable y las reservas del Banco Central están en mínimos históricos. El régimen saudí se ha visto obligado a poner en marcha un plan de diversificación y modernización de su economía que está disparando el gasto público contribuyendo con ello a incrementar su déficit fiscal. A nadie se le escapa que Arabia Saudí es una potencia petrolera y todavía mantiene unas reservas de divisas muy grandes, pero aún así el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que de seguir por esta senda en 5 años el país se quedará sin los recursos financieros necesarios para cubrir sus gastos presupuestarios.

En paralelo a la caída de los ingresos, el régimen saudí financió desde 2011 la guerra contra Siria y todavía financia una guerra contra Yemen iniciada en marzo de 2015 que tiene perdida. En Siria sus terroristas fueron derrotados y su millonaria inversión tirada a la basura. En Yemen ocurre exactamente lo mismo. El príncipe heredero saudí Mohammed ben Salman está tratando de buscar una salida digna en Yemen, lo que conlleva obligatoriamente a que Arabia Saudí y Estados Unidos – entre otros – alcancen un acuerdo con Irán.

De nuevo comprobamos que la retórica pública y la propaganda mediática van por un lado, mientras que la pragmática realidad trascurre por otra senda más oculta.

A toda esta precaria situación económica y geopolítica saudí, hay que sumar una desestabilización social y política interna provocada por una guerra civil desatada contra los chiítas en la  gobernación de Qatif y una lucha por el poder entre las élites wahabitas que se están librando de forma soterrada en el reino petrolero.

Las implicaciones del asedio de Arabia Saudí sobre la ciudad de Awamiyah, en la periferia de Qatif, están empezando a surgir. Varias fotos que muestran la destrucción y las condiciones similares a las de una guerra civil en la ciudad, de mayoría chií, demuestran la intensidad del conflicto. (…). Las fuerzas centrífugas de la provincia son muy importantes por tres razones. La primera; la mayor parte de la minoría chíi de Arabia Saudí (algunos estiman que compone el 15% de la población) se concentra aquí. La segunda; la provincia alberga la mayor parte de las industrias petroleras y petroquímicas del reino. La tercera; se trata del acceso de Arabia Saudí al Golfo. (…). Pero lo más importante es que el intenso conflicto en Qatif amenaza con acabar con la nueva y más agresiva política exterior saudí, como demuestra la guerra en Yemen y los intentos de aislar a Qatar. [Maha Abdin, Arabia Watch, 12/8/2017]

Esta situación de retroceso e inestabilidad saudí contrasta con el crecimiento de sus principales competidores comerciales y adversarios políticos. La alianza estratégica en materia energética iniciada en 2014 entre Moscú y Pekín ha propiciado que desde marzo de este año Rusia haya desplazado a Arabia Saudí como el principal exportador de petróleo a China, que es el mayor importador de petróleo del mundo. China y Rusia comercializan el gas y el petróleo en Yuanes respaldados por Oro.

La República Islámica de Irán, potencia energética y principal enemigo regional de Arabia Saudí, fue la primera que abandonó el Dólar en sus transacciones energéticas con China, evadiendo así las sanciones occidentales. En el año 2012-2013 las sanciones impuestas por el régimen de Barack Obama obligaron a Irán a buscar nuevos mercados en Eurasia. India se convirtió en uno de sus socios estratégicos de primer nivel en detrimento de Arabia Saudí. India comenzó a pagar el petróleo iraní en Oro utilizando a Turquía como intermediario y esquivando así las sanciones estadounidenses. Desde enero de 2013 Irán también comenzó a aceptar Rupias indias como moneda para el pago de petróleo y gas. Irán ha triplicado sus exportaciones energéticas a la India desde que se levantaran las sanciones en enero de 2016.

Estas maniobras llevadas a cabo por Irán demuestran que el Dólar no es imprescindible para hacer negocios y desarrollar las economías de los países (más bien al contrario). Las sanciones de Estados Unidos, aunque no son deseables por ningún gobierno, ya no son efectivas, y además obligan a estos gobiernos sancionados a diversificar su economía y buscar nuevos mercados y socios comerciales, como también ocurrió con Rusia que terminó hermanándose estratégicamente con China ante la irracional y peligrosa hostilidad de Occidente (EE.UU-OTAN-UE).

Arabia Saudí sigue siendo el principal suministrador de petróleo de la India (un gigante en ascenso con más de 1.300 millones de habitantes, potencia nuclear y el tercer mayor importador de petróleo mundial), pero en los últimos años está perdiendo terreno en favor de las empresas rusas que han iniciado una fuerte campaña de inversiones energéticas en el país.

Después de fallidas conversaciones con Saudi Aramco, Essar Oil podría vender 49% de su negocio a Rosneft a cambio de $5,5 millardos y un acuerdo de suministro de 200 mil barriles diarios (MBD) a 10 años. Parte de ese crudo ahora podría venir de las empresas mixtas en las que participa Rosneft en Venezuela.
Por otra parte, el gobierno indio ha animado a las empresas petroleras públicas y privadas a adquirir activos petroleros en el extranjero, desde Rusia y Sudán hasta Venezuela, como una forma de garantizar su seguridad energética. Después de un período de cierto retraimiento tras la crisis económica mundial, las empresas petroleras indias parecen estar mirando de nuevo al extranjero, con Ongc, Indian Oil, Oil India y Bharat Petroleum pagando $4,2 millardos, para adquirir participaciones en campos de Siberia Oriental de Rosneft.
Además, estas empresas indias están haciendo una oferta por 22% de Adco en Abu Dhabi. [India: un elefante sediento de petróleo ,- Kenneth Ramírez, diario venezolano El Mundo (Economía y Negocios), 21/8/2016]

Por otro lado Venezuela, que recientemente anunció que también abandona el petrodólar, es el cuarto suministrador petrolero de India y las transacciones entre ambos se realizarán a partir de ahora en monedas distintas al Dólar (Rupias y Yuanes básicamente). India es además miembro de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), organismos que representan a la mitad del planeta tanto en términos demográficos como económicos.

Añadan a toda esta ecuación a Catar, que ya opera en Yuanes en su comercio con China, y se encontrarán con que algunos de los mayores exportadores de petróleo y gas natural del mundo y los dos países más poblados del planeta y que más hidrocarburos importan están abandonando o lo han hecho ya el Dólar como única moneda de referencia para sus transacciones.

[leer también: La guerra por el mercado europeo del gas o el suicidio del imperio estadounidense]

En esta extraordinaria coyuntura internacional Arabia Saudí tendrá que decidir si sigue perdiendo terreno geoestratégico de la mano de un imperio en decadencia, o se abraza al salvavidas euroasiático, lo que conlleva abandonar la exclusividad del petrodólar. Por el momento el régimen wahabí no ha tenido más remedio, para disgusto del imperialismo norteamericano, que recurrir a China para financiarse en Yuanes y tratar de revitalizar su economía.

Arabia Saudita está dispuesta a  financiarse en yuanes chinos (…) lo que plantea la posibilidad de estrechar las relaciones financieras entre los dos países. El gobierno saudita ha comenzado a pedir prestados decenas de miles de millones de dólares en el extranjero en el último año para cubrir su gran déficit presupuestario causado por los bajos precios del petróleo, pero sus emisiones de bonos y préstamos extranjeros han sido denominados en su totalidad en moneda estadounidense. La obtención ahora de fondos en yuanes podría darle a Ryad más flexibilidad financiera y marcaría un éxito para China, el mercado más grande para el petróleo saudí, en su campaña para hacer del yuan una moneda internacional de primer nivel. [Saudis may seek funding in Chinese yuan, Reuters, 24/8/2017]

Rusia y China han creado en los últimos años la infraestructura financiera necesaria para poner en marcha un sistema monetario internacional alternativo al petrodólar (aunque también es cierto que existen algunas contradicciones dentro de los BRICS que parecen retrasar este cambio, como explica el economista y analista geopolítico Peter Koenig en uno de sus recientes artículos: BRICS – Potential and Future in an Emerging New World Economy). Solo falta que de forma oficial y definitiva por fin se anuncie este cambio histórico de paradigma en la arquitectura del poder mundial.

¿Todavía no se lo creen? Hablemos de China y de la petrolera saudí Aramco

Debido a su delicada situación financiera el régimen wahabita anunció en 2016 que se disponía a privatizar el 5%, (por el momento) de su empresa estatal de petróleo Aramco, la mayor empresa petrolera del mundo. El dinero de esta venta serviría, según el régimen wahabí, para financiar el ambicioso y costoso Proyecto Visión 2030 mediante el cual Riad pretende diversificar su economía hasta el punto de llegar a no depender del petróleo en esa fecha.

La salida a bolsa de este 5% de Aramco ha sido pospuesta recientemente debido, entre otras cuestiones internas, a que los inversores dispuestos a comprar las acciones de la petrolera la valoran en un precio infinitamente menor que el marcado por los dirigentes saudíes.

Pero más allá de esta guerra interesada de cifras, el verdadero interés geopolítico de esta privatización parcial de la petrolera saudí reside en que, según señalan muchos de los expertos en la materia (por ejemplo Tom Holland en SCMP o Nick Butler en Financial Times), es el capital procedente de China quien más probabilidades tiene de hacerse con esta participación directa en Aramco.

Por un lado China, que consume 9 millones de barriles de petróleo al día y cuya economía sigue creciendo, necesita garantizarse el suministro de petróleo. Por otro lado Arabia Saudí, que necesita con urgencia el dinero fresco del que disponen los chinos gracias a su enorme superávit comercial global. La ecuación para sencilla de resolver.

El dinero corre en ambas direcciones. Arabia Saudí está incrementando en el último año sus inversiones en China a pesar de sus problemas financieros. En el mes de marzo el rey Salman ben Abdulazid y Xi Jimping firmaron “14 acuerdos de cooperación” por valor de 65.000 millones de dólares, especialmente en el sector petrolero y petroquímico.

Al mes siguiente, el 16 de marzo de 2017, la agencia Reuters publicaba la siguiente información:

El conglomerado chino de defensa North Industries Group Corp (Norinco) firmó un acuerdo marco con la petrolera estatal Saudi Aramco para construir un complejo de refinerías y productos químicos en el noreste de China. Los proyectos planeados – incluyendo una refinería de 300.000 barriles por día y un complejo de etileno con capacidad anual de 1 millón de toneladas – se construirán con un costo estimado de 69.500 millones de yuanes (10.090 millones de dólares), según un funcionario de la industria con conocimiento de el acuerdo. 

Hace apenas unas semanas, el 23 de agosto pasado, el ministro saudí de Energía anunció que Aramco había llegado a un acuerdo con la estatal PetroChina para invertir cientos de millones en una nueva refinería en la provincia china de Yunnan, donde próximamente esperan producir conjuntamente 260.000 barriles diarios de petróleo. Arabia Saudí ya es propietaria de un 25% de otra refinería en Fujian, en el sureste de China.

Además ciudades como Pekín, Shanghai y Xiamen albergan las oficinas centrales de Aramco China, la filial china de la estatal petrolera saudí, desde donde se gestiona no sólo el comercio petrolero con China sino su estrategia comercial de expansión por toda Asia.

La exportaciones petroleras de la saudí Aramco hacia Estados Unidos disminuyen en la misma medida en que se incrementan sus acuerdos energéticos con China. Arabia Saudí no sólo pretende “diversificar su economía” sino también diversificar a sus aliados estratégicos. China parece ser su prioridad vital de cara al futuro. Y obviamente sus intercambios petroleros se realizarán finalmente en Yuanes, lo que supondrá el adiós definitivo al petrodólar y a la hegemonía global estadounidense.

Las consecuencias de la derrota de la OTAN-CCG en Siria 

Si bien desde un punto de vista puramente económico la crisis financiera de 2007-2008 supuso un punto de inflexión en la decadencia de Occidente a nivel mundial, la reciente derrota geoestratégica de la OTAN-CCG en Siria supuso un golpe casi definitivo para sus intereses.

Esto explica porqué algunos de los principales patrocinadores de la guerra de invasión terrorista contra Siria iniciada en 2011 están dando ahora un giro tan radical en sus políticas, como Turquía o Catar. O como el propio Estados Unidos, que de la mano de Donald Trump buscaba tras su llegada a la presidencia un acuerdo global con Rusia, lo que suponía en sí mismo un reconocimiento del nuevo orden mundial multipolar y el fin de la hegemonía unipolar de Estados Unidos, como reconoce el propio Pentágono en uno de sus informes. Aunque ahora Trump parece estar definitivamente en manos de los sectores imperialistas más extremistas.

Siria ha sido, gracias a su pueblo, su ejército, su gobierno y sus  del Eje de la Resistencia, la tumba del imperialismo occidental y de sus títeres en Oriente Medio. Rusia, Irán, Siria y Hezbollá salen fortalecidas tras ganar la guerra al terrorismo occidental/wahabí. La OTAN, Israel y Arabia Saudí están aterrorizados ante el escenario que se presenta en la región. La Nueva Ruta de la Seda atravesará Irak y Siria en su camino hacia Europa, así como los gasoductos y oleoductos conjuntos de Irán y de un reconvertido Catar hacia el codiciado mercado europeo… con el permiso de Rusia.

Tanto Estados Unidos a nivel mundial como Arabia Saudí a nivel regional están siendo devorados por quienes algún día fueron sus víctimas. Unos países y pueblos cuyo instinto de supervivencia y necesidad de desarrollo han hecho que en los últimos años unieran sus intereses formando una red alianzas estratégicas y una infraestructura alternativa que ahora amenazan con tumbar a quienes fueron en algún momento sus verdugos e impusieron su dictadura neoliberal global a sangre y fuego.

Ni desde un punto de vista militar, ni económico-financiero, ni tampoco político-diplomático pueden ya las potencias occidentales imponer sus intereses en Oriente Medio y el resto del planeta. Ya nada se decide sin contar con el beneplácito de las potencias euroasiáticas y sus dirigentes.

Occidente no puede “aislar” a la otra mitad del planeta, y mucho menos cuando además las economías y demografías euroasiáticas están en continuo ascenso. A las élites políticas y económicas occidentales sólo les resta utilizar sus aparatos de propaganda mediática para manipular y vilipendiar a estos dirigentes euroasiáticos. Porque en la realidad, sobre el terreno, son ellos quienes se disponen a dirigir el mundo.

Trump amenaza a Corea del Norte: el ruido que precede al acuerdo

“Fuego” de artificio y “furia” de cantina. Así podemos calificar las nuevas amenazas del presidente estadounidense contra Corea del Norte. Una reiterativa bravuconada de Donald Trump para contentar al Estado Profundo y entretener a los medios corporativos. Unas declaraciones que llevarán inevitablemente a la frustración de los más belicistas cuando la realidad geopolítica mundial se imponga de nuevo.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha endurecido su discurso contra el régimen de Corea del Norte, al que ha instado a no realizar ninguna amenaza más si no quiere encontrarse con un nivel de “fuego” y “furia” inédita en la historia mundial. “Se encontrarán con un fuego y una furia nunca vistos en el mundo” (…) “Será mejor que Corea del Norte no haga más amenazas a Estados Unidos”, ha advertido Trump, durante una reunión en su club de golf de Bedminster (Nueva Jersey) en la que, de brazos cruzados y con un tono contundente, ha deslizado la posibilidad de una acción militar contra el país asiático. [Huffington Post, 8/8/2017]

Sin duda que estas declaraciones de Trump tienen mucho que ver con la aprobación por parte del Consejo de Seguridad de la ONU de una propuesta de EE.UU. para sancionar a Pyongyang y que fue aprobada con el voto a favor de Rusia y China (5 de agosto de 2017). Resulta paradójico que Moscú y Pekín den un giro tan radical en su postura y aprueben ahora la imposición de nuevas sanciones contra Corea del Norte cuando ellos mismos han condenado y están sufriendo este tipo de políticas injerencistas ejecutadas por Washington.

Este sorprendente cambio, sin embargo, puede interpretarse como una forma de ganar tiempo y de relajar las tensiones entre China-Rusia y Estados Unidos (la Casa Blanca se entiende). Todo apunta a que previamente hubo algún tipo de acuerdo entre Estados Unidos y China [1], lo que llevó al presidente Trump a cancelar un discurso justo antes (el 4 de agosto) de la reunión del Consejo de Seguridad y en el cuál se esperaba el anuncio de sanciones contra China por parte de Washington. Es decir, China habría cedido su voto ante Estados Unidos a cambio de suspender las sanciones en su contra (por ahora); y habría convencido a Rusia para que se uniera a ella en la votación.

Esta es una arriesgada maniobra diplomática, puede que una estupidez también. Resulta demasiado ingenuo pensar que tras esta unanimidad en el Consejo de Seguridad Estados Unidos reducirá su despliegue militar y armamentístico en la península coreana como gesto de buena voluntad o que cancelará su guerra económica contra China y Rusia. Al contrario, Trump se sentió envalentonado y legitimado para continuar con sus amenazas al resto del mundo, lo que ha enfadado sobremanera a los chinos.

En este sentido es previsible que esta presión puesta ahora sobre Pyongyang por parte de China y Rusia a través de su voto en el Consejo de Seguridad, pronto se dará la vuelta para señalar hacia Washington. De hecho China, en la misma reunión del Consejo de Seguridad que sancionó a Norcorea, criticó también el despliegue del sistema antimisiles THAAD de Estados Unidos en suelo surcoreano. Rusia (quizás arrepentida) también apuntó en esa dirección.

Aunque China, gran aliada de Corea del Norte, ha sumado su apoyo a la resolución, su embajador ha aprovechado para criticar el despliegue del sistema estadounidense antimisiles THAAD en suelo surcoreano (…) “El despliegue del THAAD no va a solucionar los ensayos nucleares y lanzamientos de misiles de Corea del Norte”, ha avisado el diplomático Liu Jieyi (…); una opinión que ha compartido su colega ruso. “Un factor adicional desestabilizador en la región consiste en el incremento en Corea del Sur de los elementos del sistema de defensa antimisil estadounidense THAAD”, ha coincidido Nebenzia, “y será difícil avanzar hacia la desnuclearización mientras Corea del Norte sienta amenazada su seguridad”. [Agencia EFE,- 5/8/2017]

Más allá de la contundente retórica empleada por Trump, los imperialistas saben perfectamente que Corea del Norte no es Afganistán, donde Washington pudo lanzar ante el mundo “la madre de todas las bombas” sin recibir ninguna respuesta militar, política o diplomática en su contra o la de alguno de sus “aliados” en la región (Japón y Corea del Sur principalmente). Esto lo reconoce incuso la prensa anglosajona. Corea del Norte es una potencia nuclear. Geográficamente se encuentra entre Rusia y China, también política y comercialmente hablando [2]. Ninguna de estas dos potencias va a permitir que estalle el caos a sus pies. Por todo esto Norcorea no ha sido ni será bombardeada.

Se está incrementando por enésima vez la tensión en la península coreana y se multiplica el ruido mediático convertido en propaganda de guerra, pero la sangre no llegará el río. Son tan vacías las amenazas de Trump que ni siquiera su equipo de gobierno tenía idea de que hubiese un plan “inminente” para atacar a Corea del Norte. Pero la ficticia amenaza que supone Kim Jon-Un para el resto del mundo sirve a Estados Unidos para justificar su enorme despliegue militar por todo el sudeste asiático y el Mar de China Meridional que, como sabemos, busca cercar militarmente y cortar las rutas comerciales de su gran competidora, China.

Ese “peligro para la paz mundial” llamado Kim Jong-un tendió la mano (junto a China) a Estados Unidos en varias ocasiones para detener la escalada nuclear en la península de Corea, y fue Barack Obama, el “Premio Nobel de la Paz”, quien la rechazó con arrogancia y desplegando más armamento nuclear frente a las fronteras norcoreanas. En marzo de este mismo año fue Donald Trump quien rechazó la propuesta de China para “reducir la tensión” en la península y “evitar una colisión frontal” entre Estados Unidos y Corea del Norte.

¿Quién quiere realmente la paz y quién la boicotea? ¿Quién es el verdadero peligro para el resto del mundo?

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha desestimado la propuesta de Corea del Norte de suspender los ensayos nucleares si Estados Unidos termina sus ejercicios militares anuales con el Sur. (…). El ministro de Relaciones Exterioresde Corea del Norte Ri Su-yong dijo a Associated Press el sábado que “si continuamos en este camino de confrontación, esto llevará a resultados muy catastróficos, no sólo para los dos países, sino también para todo el mundo”. “Es realmente crucial para el gobierno de Estados Unidos retirar su política hostil contra la RPDC y como una expresión de esto detener los ejercicios militares, ejercicios de guerra, en la Península Coreana. Entonces responderemos de igual manera” [BBC News, 25/4/2016]

Por otro lado las amenazas contra Norcorea tratan de escenificar una aparente demostración de fuerza por parte de una maquinaria imperial que ya no puede imponer unilateralmente sus políticas al resto mundo. En el fondo las amenazas de Trump no dejan de ser gritos de impotencia de un imperio en decadencia.

La presión política, mediática y militar de Washington sobre Pyongyang suponen un nuevo intento vacío de mostrar ante el mundo un poderío que ya no tienen en unos momentos en los que, fruto precisamente de la pérdida de la hegemonía global estadounidense, Trump se dispone a negociar con China y Rusia un acuerdo para estabilizar la península de Corea. El nuevo presidente surcoreano Moon Jae-in mostró en varias ocasiones su intención de visitar Pyongyang “si se dan las condiciones adecuadas“.

Esperemos que así sea. Bienvenidos (una vez más) a la nueva era mundial multipolar.

REFERENCIAS – NOTAS 

[1] Why Siding with Washington on Korea May Be Dangerous,- artículo de Finian Cunningham (Strategic Culture Foundation, 10/8/2017) https://www.strategic-culture.org/news/2017/08/10/why-siding-with-washington-korea-may-be-dangerous.html

[2] The Real Reason Washington is Worried about North Korea’s ICBM Test,- artículo de Stephen Gowans (What’s left, 5/7/2017)

 

La guerra por el mercado europeo del gas o el suicidio del imperio estadounidense

El “pivote asiático” anunciado por Barak Obama en 2012 tuvo como respuesta el anuncio de la Nueva Ruta de la Seda por parte de la China de Xi Jimping en 2013, el proyecto más ambicioso de la historia moderna y que ha dejado boquiabiertas a las élites imperialistas occidentales. El golpe de Estado neonazi patrocinado por Washington y Bruselas en Ucrania en febrero de 2014 arrojó definitivamente a Rusia a los brazos de China. Fue Rusia quien “pivotó” hacia Asia. El pacto secreto alcanzado el 11 de septiembre de 2014 entre Estados Unidos y Arabia Saudí para hundir los precios del petróleo [1] tampoco obtuvo los resultados esperados: la economía de Rusia se está recuperando y además se está diversificando.

Desde entonces las sanciones y la hostilidad política, económica y militar de EE.UU. y sus vasallos de la OTAN contra Rusia, China o Irán sólo han servido para profundizar los lazos entre estos países e incrementar su influencia en Oriente Medio y en todo Asia. Por si esto fuera poco, como resultado de este fortalecimiento, Rusia le ha ganado la guerra a la OTAN en Siria.

Eurasia ya no es sólo un concepto geográfico sino que se ha convertido en un sujeto geopolítico y geoestratégico real que ha cambiado la balanza del poder mundial. Cada vez son más los países que buscan la cobertura de la Organización de Cooperación de Shanghai (como India y Pakistán, dos potencias nucleares) y la financiación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés), para mayor desesperación de la OTAN y sus think tanks corporativos.

Sin embargo lejos de cambiar su estrategia, las élites imperialistas estadounidenses continúan con la misma agenda de agresión e injerencia contra aquellos Estados soberanos que no se someten a sus intereses. Su fe ciega en su “excepcionalismo” y su ambición de poder están acelerando el fin definitivo de su hegemonía global.

Ahora desde Estados Unidos se implementan nuevas sanciones contra Rusia, Irán, Corea del Norte e indirectamente contra China (posteriormente también contra Venezuela) que inevitablemente ocasionarán los mismos resultados para sus promotores.

No es ninguna casualidad que estos países sean la obsesión del Estado Profundo estadounidense. En un reciente informe emitido por el Pentágono, en el cuál se reconoce sin disimulos que Estados Unidos ha perdido su dominio global, se señala precisamente a China, Rusia, Irán y Corea del Norte como los responsables del fin de la “primacía” de Estados Unidos [2]. Este trascendental informe viene a confirmar que una mayoría de los militares del Pentágono apoyan a Donald Trump y su pretendido cambio de paradigma en su política exterior y que asumen el carácter multipolar del Nuevo Orden Mundial. El problema es que sus recetas para recuperar su hegemonía siguen siendo las mismas de siempre: más injerencia y más militarización en contra de sus “competidores”.

Pero lo más relevante en estos momentos a raíz de las nuevas sanciones procedentes de Washington, es que ahora son sus propios vasallos europeos quienes también sufren su injerencia directa en sus asuntos internos y estratégicos, lo que puede provocar una ruptura histórica entre Estados Unidos y las viejas potencias europeas, principalmente de una Alemania que está en el punto de mira geoeconómico de Donald Trump desde su llegada a la Casa Blanca, obsesionado con revertir el déficit comercial que mantiene con este país.

Guerra por el mercado energético de Europa contra Rusia, Irán y Catar

En diciembre del año 2015 el Congreso estadounidense votó a favor de eliminar las restricciones sobre la exportación de petróleo y gas (vigentes desde 1973) para dar salida al excedente de energía proveniente de la “fracturación hidráulica” o fracking impulsado especialmente por el régimen de Obama. La intención de Estados Unidos era convertirse en una potencia exportadora de hidrocarburos, principalmente de gas natural licuado (GNL) o gas de esquisto.

En el año 2012 la Agencia Internacional de Energía (AIE), un organismo dependiente de la OCDE, pronosticó que Estados Unidos se convertiría en 2015 en el mayor productor de gas y petróleo del mundo por delante de Rusia y Arabia Saudí respectivamente [3], nada más y nada menos. Hasta ese punto llegan los ambiciosos planes de las élites económicas y políticas estadounidenses. Pero para alcanzar ese objetivo, las grandes corporaciones estadounidenses necesitan conquistar el mercado energético de Europa. Y para lograrlo es necesario a su vez eliminar a sus competidores: estos son Rusia e Irán, principalmente, a los que ahora se une también Qatar. Estos países son los mayores exportadores de gas del mundo.

Catar está negociando con Irán la construcción de un gasoducto que inundaría a Europa con el gas procedente del gigantesco yacimiento South Pars/North Dome que comparten ambos países. El gasoducto pasaría por Catar, Irán y Turquía hasta Europa. Esto supone que Catar (y Turquía) da un giro geoestratégico radical y se sitúa en frente de los intereses de Arabia Saudí y Estados Unidos. Recordemos que Estados Unidos, Arabia Saudí, el propio Catar y Turquía (más el Reino Unido, Francia, Israel y Jordania) iniciaron la guerra terrorista contra Siria en 2011 precisamente porque Bashar al Assad se opuso en el año 2009 a la construcción de un gasoducto común procedente de Catar y Arabia Saudí con destino al mercado europeo, lo que iría en detrimento de Irán y Rusia, aliados fundamentales de la República Árabe Siria.

Por lo tanto la guerra terrorista contra Siria iniciada en 2011, así como las sanciones posteriores contra Rusia, Irán o Catar (también contra China y Venezuela), no obedecen a cuestiones que tengan que ver con los “Derechos Humanos”, la extensión de la “democracia”, la reducción de las armas nucleares (cuyos acuerdos Irán cumple escrupulosamente) o la “lucha global contra el terrorismo”, sino a la lucha de Estados Unidos por mantener su ya inexistente hegemonía global y la conquista del mercado energético en Europa en particular.

Actualización de la “doctrina Wolfowitz”: dominar Europa atacando los intereses de Europa. (China y Rusia se frotan las manos)

Antes de aterrizar en Alemania para asistir a la cumbre del G-20 celebrada en Hamburgo el pasado 7 y 8 de julio, el presidente Trump aterrizó en Varsovia. Los grandes medios corporativos, especialistas en manipulación informativa y en desviar la atención de la audiencia hacia cuestiones superficiales y políticamente irrelevantes, pusieron el énfasis de la noticia en el carácter “populista” y “nacionalista” de ambos gobernantes o en su hostilidad conjunta hacia las “autoridades europeas”. Sin embargo prefirieron ignorar lo más relevante del trasfondo de esta visita.

Polonia y Croacia (junto a otros 10 países) encabezan un proyecto de carácter estratégico que pretende unir el mar Báltico, el mar Adriático y el mar Negro: la Iniciativa de los Tres Mares. Washington apoya esta iniciativa porque a través de estos países pretende introducir su gas licuado en Europa. En el año 2014 Polonia comenzó la construcción de una terminal de gas natural licuado en el Báltico que a día de hoy ya recibe los buques cisterna procedentes de Estados Unidos. Por su parte Croacia está construyendo una terminal similar en el mar Adriático. Trump pretende crear un corredor energético para unir ambas terminales [4].

Consecuentemente con esta estrategia, Washington se opone a la construcción del gasoducto North Stream 2 entre Rusia y Alemania, proyecto que fortalecería la seguridad energética alemana y la posición de Rusia en Europa como su principal potencia exportadora. La Casa Blanca, siguiendo la línea marcada por el Congreso y el Senado estadounidenses, anunció recientemente que impondría sanciones a aquellas empresas europeas que participen en la construcción de dicho gasoducto.

Por otro lado Trump pretende reducir el déficit comercial que Estados Unidos mantiene con Alemania. Por su parte Alemania ve como una amenaza la iniciativa de los Tres Mares ya que pondría en peligro su hegemonía en el este de Europa. Además a Donald Trump todavía le escuece el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Japón firmado justo antes de que aterrizara en Hamburgo para acudir a la cumbre del G-20. Todos estos hechos cruzados enfrentan los intereses de EE.UU. con los de Alemania, y por extensión con los de toda Europa.

También con los de Francia. El pasado 3 de julio la petrolera francesa Total firmó un acuerdo con Irán para liderar un consorcio que explotará la parte iraní del gasoducto South Pars/North Dome. La participación de Total será aproximadamente de un 50% del proyecto (que ascenderá a 5.000 millones de euros en total), junto a la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) que controlará un 30% y la empresa estatal iraní Petropars que recibirá el 20% restante [5]. Este es el primer gran acuerdo energético de un país occidental con Irán tras el levantamiento de las sanciones en enero de 2016.

Las duras reacciones de las élites neoliberales europeas ante el nuevo paquete de sanciones de Washington no tiene nada con ver con un cambio ideológico de los gobiernos y los globalistas europeos, y mucho menos con cuestiones éticas. No están defendiendo a Rusia, ni el respeto por el Derecho Internacional, ni siquiera se oponen a las sanciones, sino que protestan porque ahora las sanciones ilegales les afectan a ellos directamente al mantener acuerdos estratégicos con Moscú, algo que ha dejado claro la ministra de Economía de Alemania en unas declaraciones públicas cargadas de hipocresía:

La ministra de Economía de Alemania, Brigitte Zypries, ha denunciado que las nuevas medidas contra Moscú propuestas por los legisladores estadounidenses “violan el derecho internacional” (…) los estadounidenses “no pueden castigar a las empresas alemanas” porque tengan intereses comerciales en otro país. La ministra ha enfatizado que “por supuesto que no queremos una guerra comercial” con EE.UU., pero ha recordado que Alemania había pedido repetidamente a Washington que no se desviara de la política común de sanciones occidentales contra Rusia. “Desafortunadamente, eso es exactamente lo que están haciendo” (…) “es correcto que la Comisión Europea considere ahora “contramedidas” contra Washington. [Rusia Today, 31/7/2017]

Parece ser, escuchando a la ministra alemana, que los Estados están obligados a respetar el Derecho Internacional sólo cuando su incumplimiento afecta a sus propios intereses. Ya saben, las leyes las cumplo cuando me benefician y las pisoteo cuando me perjudican.

La amenazas lanzadas desde Europa contra EE.UU. forman parte de un pulso entre las potencias y las grandes corporaciones occidentales por acaparar más cuota de poder en un inestable tablero geopolítico y geoeconómico mundial que les ha dejado descolocados tras el cambio de paradigma en la balanza de poder global.

La Unión Europea está ahora probando de su propia medicina, la misma que ellos aplicaron (siguiendo mansamente las órdenes de Washington) contra Rusia, Irán… o mucho antes contra Cuba.

El Estado Profundo pretende reactivar la doctrina Wolfowitz de 1992. Y Donald Trump parece sucumbir ante su estrategia.

(…) la doctrina Wolfowitz teoriza sobre la necesidad de que los Estados Unidos bloqueen el surgimiento de cualquier competidor potencial a la hegemonía estadounidense, particularmente las «naciones industrializadas avanzadas» como Alemania y Japón. La Unión Europea es un blanco particular:

«A pesar de que los Estados Unidos apoyan el proyecto de integración europea, debemos velar para que no surja un sistema de seguridad puramente europeo que socave la OTAN, y particularmente su estructura de mando militar integrado». 

Se solicitará a los europeos que incluyan en el Tratado de Maastricht una cláusula que subordine su política de defensa a la de la OTAN, mientras el informe del Pentágono aboga por la integración de los nuevos Estados de Europa Central y del Este en el seno de la Unión europea, beneficiándolos con un acuerdo militar con los Estados Unidos que los proteja contra un posible ataque ruso. [6]

¿Qué ocurrirá de aquí en adelante? Todavía es muy pronto para saberlo. Pero algunos analistas geopolíticos ya anticipan que Alemania y quizás otros países de la UE reorientarán su política exterior hacia el eje eurasiático encabezado por China y Rusia (Eurasia) [7]. Otros importantes “aliados” de Washington (como Turquía, Irak, India, Pakistán, Filipinas…) ya han iniciado este viraje estratégico. Con sus propias acciones violentas y desesperadas el Imperio está cavando su propia tumba. Esto último, al menos, es algo que debemos celebrar en estos tiempos de incertidumbre.

 

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Did The Saudis And The US Collude In Dropping Oil Prices?,- artículo de Andrew Topf

[2] Pentagon Report Points To Unsustainable Status Quo For U.S.’ Global Empire,- artículo de Whitney Webb (Mint Press News, 28/7/2017) http://www.mintpressnews.com/report-unsustainable-status-quo-u-s-global-empire/230231/

[3] La revolución que cambiará el mapa energético mundial,- diario económico Expansión (15/11/2012). Leer también: Estados Unidos se convertirá en el mayor productor de gas y petróleo del mundo,- revista Petroquímica (petróleo, gas, química y energía)

[4] The Fatal Flaw in Washington’s New Energy Strategy,- artículo del analista geopolítico y escritor F. William Engdahl (13/7/2017)

[5] Acuerdo de desarrollo de Pars del Sur,- un reportaje de la cadena iraní Hispan TV (YouTube, 28/7/2017)

[6] Paul Wolfowitz, el alma del Pentágono,- por Paul Labarique (Red Voltaire, 24/2/2005) http://www.voltairenet.org/article123982.html

[7] Imperial Folly Brings Russia and Germany Together,- artículo del analista geopolítico Pepe Escobar (Sputnik International, 29/7/2017)

 

 

 

 

La utilización del terrorismo como arma geopolítica

En un artículo que publiqué el 27 de marzo de 2017 titulado “El Gran Kurdistán y la balcanización de Siria” advertía que muy probablemente veríamos en las próximas semanas cómo la actividad de los grupos terroristas que operan en Siria e Irak desde 2011 (bajo las directrices de EE.UU-OTAN-CCG) se iría desplazando a otras regiones más cercanas a Rusia y China para tratar de frenar su integración, desarrollo e influencia en Eurasia (y en todo el mundo), lo que supone una amenaza mayúscula para la hegemonía occidental y estadounidense en particular.

Esta imparable pérdida de la hegemonía global por parte del poder económico y político occidental, decía entonces, es el mayor problema al que se enfrentan y lo que verdaderamente aterra a las clases dominantes. La “guerra global contra el terrorismo”, la situación de los “refugiados”, los “Derechos Humanos” o la “extensión de la democracia” son tan sólo cínicos pretextos utilizados por Occidente para justificar sus políticas imperialistas contra Estados soberanos que siguen su propia agenda. Pero estos argumentos artificiales no aguantan el menor análisis.

En aquel artículo escribí también que ante la imposibilidad de imponerse en Siria y debilitar a Irán, con una Rusia impermeable a las sanciones y cada vez más influyente en Oriente Medio, y con una China cada vez más fuerte en todo África, Asia y Latinoamérica, era más que probable que las potencias de la OTAN tratasen de incendiar y desestabilizar a Rusia, China e Irán desde lugares más cercanos a sus fronteras o incluso desde su propio territorio utilizando para ello al terrorismo yihadista que ahora opera en Siria y en otros países de Oriente Medio y del sudeste y centro de Asia. Tengamos en cuenta que en Siria e Irak están operando miles de yihadistas rusos procedentes de la región del Cáucaso, así como también miles de yihadistas uigures procedentes de la región de Xinjiang, en el noroeste de China.

Estos terroristas, ahora con experiencia de combate y entrenamiento militar servido por la OTAN, suponen un potencial peligro para la estabilidad y seguridad interna de Rusia y China, algo que ya están aprovechando los patrocinadores del terrorismo internacional para reorganizarse ante el nuevo orden mundial multipolar.

Pues bien, en las últimas semanas estamos asistiendo a este previsible desplazamiento de la actividad terrorista hacia las proximidades de Rusia y China y sus esferas de influencia. Algunos de sus aliados estratégicos ya están sufriendo el ataque de los yihadistas dirigidos por la OTAN. Pero antes de nada es conveniente repasar algunos hechos probados que demuestran esta utilización del terrorismo con fines políticos y económicos.

En política internacional no existen las casualidades, sino las causalidades

Si uno observa tanto el momento como el lugar donde se producen los atentados terroristas, así como los golpes de Estado o “revoluciones de color” patrocinadas por Occidente, se da cuenta de que existe una relación directa y descarada entre este incremento de la actividad yihadista y las decisiones políticas que adoptan los gobiernos de los países que sufren esa violencia y desestabilización. Es decir, los atentados terroristas y los “golpes suaves” son una forma de castigo hacia aquellos gobiernos que toman una dirección política que va en contra de los intereses de Estados Unidos y la OTAN (del poder económico y financiero occidental).

En algunos casos se busca el derrocamiento total del gobierno en cuestión (el “cambio de régimen”) y en otros casos se trata de darle un escarmiento para que rectifique su rumbo y se coloque de nuevo bajo la órbita del poder político y económico occidental.

Esto último fue lo que le ocurrió al presidente turco Recep Tayyip Erdogan cuando en junio de 2016 decidió restablecer las relaciones diplomáticas y comerciales con Rusia y firmar posteriormente importantes acuerdos geoestratégicos con el presidente Vladimir Putin. La consecuencia de esta decisión – y de otras, como oponerse a la creación de un “Kurdistán” en Siria – fue el intento de golpe de Estado patrocinado por Washington ocurrido inmediatamente después, el 15 de julio de 2016. Una filtración de los servicios secretos rusos al presidente Erdogan impidió que éste último fuera asesinado mientras descansaba en un hotel a las afueras de Estambul. Meses más tarde, el 19 de diciembre de ese año, era asesinado el embajador ruso en Turquía Andréi Kárlov a manos de un miembro de la red terrorista FETO, protegida por la CIA y vinculada al Estado Islámico. Este cobarde asesinato se producía justo después de que la mediática ciudad siria de Alepo fuera liberada de la barbarie terrorista, con la colaboración de Turquía.

Algo muy similar, aunque bajo el formato de “Revolución de Color”, fue lo que ocurrió en Ucrania a finales de 2014 y principios de 2015, cuando el entonces presidente Viktor Yanukovic decidió rechazar las duras condiciones políticas que le imponían desde Bruselas a cambio de ingresar en la UE y de recibir el apoyo financiero de la Troika (FMI, BCE y la Comisión Europea). Por el contrario el entonces presidente ucraniano firmó un acuerdo económico, financiero y comercial con Rusia bajo unas condiciones mucho más favorables para el país. Inmediatamente después recibió como respuesta desde Washington y Bruselas un golpe de Estado ejecutado por grupos fascistas extremadamente violentos que fue retransmitido y presentado por los medios corporativos como una “revolución democrática” pro-europea: la llamada “revolución del Euromaidán“.

O también en Honduras. La noche del 28 de junio de 2009 un grupo de militares golpistas sacaron de la cama al legítimo presidente de Honduras, Manuel Zelaya, lo subieron a un avión y lo trasladaron a la base militar de EE.UU. en Palmerola, desde donde fue llevado finalmente a Costa Rica. Apenas tres meses antes del golpe, “casualmente”, el gobierno hondureño había anunciado un acuerdo con Petróleos de Venezuela (PDVSA) – en el marco de cooperación regional del ALBA – para la explotación del petróleo de Honduras, decisión que iba en detrimento de varias empresas norteamericanas y europeas, como Chevron, Exxon Mobil, Shell o incluso la hondureña Dippsa, que estaban interesadas en explotar sus recursos [1]. Se da la circunstancia, además, de que el presidente Zelaya mantenía una disputa legal con estas empresas transnacionales, a las que incluso había amenazado con “nacionalizar” si éstas no se sometían a las leyes que impulsaba el gobierno pensando en el interés general de sus ciudadanos y no en los intereses privados de las oligarquías.

[leer también: No son los Derechos Humanos, ¡es el petróleo, estúpido!]

En Egipto también asistimos a este fenómeno desde la llegada al poder en 2013 de Abdelfatah al Sisi tras derrocar a los Hermanos Musulmanes apoyados por las potencias occidentales. El cambio de rumbo geopolítico de Egipto y su acercamiento a Rusia (incluyendo las negociaciones para la instalación de bases militares rusas en la costa egipcia, el intercambio comercial bilateral utilizando sus propias monedas nacionales, un  fondo de inversión conjunta, acuerdos en materia alimentaria, militar, tecnológica…) tuvo como consecuencia un incremento de la actividad terrorista en el país árabe. Por ejemplo, el 8 de diciembre de 2016 la corporación rusa Rosatom y el gobierno egipcio anunciaron los detalles de un acuerdo para la construcción de una planta nuclear en Al Dabaa, en la costa mediterránea de Egipto. Dos días después, el 11 de diciembre de 2016, estallaba una bomba en una catedral cristiana copta en El Cairo matando a 25 personas y dejando más de 50 heridos. El Estado Islámico reivindicó posteriormente el atentado. Días antes de producirse este atentado, además, el presidente egipcio había reafirmado su apoyo a la integridad territorial de Siria y a su gobierno en su lucha contra el terrorismo yihadista.

Más recientemente, el pasado 7 de junio de 2017, la República Islámica de Irán sufría dos ataques terroristas el mismo día, uno contra el Parlamento iraní (15 días después de celebrar las elecciones presidenciales) y otro contra el mausoleo del Ayatolá Khomeini que causaron 17 muertos y más de 40 heridos. Estos atentados se producían sólo dos semanas después de que Donald Trump viajara a Riad para llamar a sus “aliados” a la creación de una coalición militar suní en contra de Irán (la mal llamada “OTAN árabe”), país al que calificó como el principal patrocinador del terrorismo del mundo. Anteriormente el ministro de Defensa saudí, Mohamed Ben Salman, amenazó abiertamente con llevar el terror a suelo iraní: “Nosotros no esperaremos a que la batalla se dé en Arabia Saudí; en lugar de eso, trabajaremos para que la batalla se dé sobre ellos, en Irán” (Sputnik Mundo, 5/5/2017). Y sólo un día antes de los atentados, el ministro de Exteriores saudí Abdel al Jubeir sentenció públicamente a Teherán a través de su cuenta en Twitter: “Irán debe ser castigado por su apoyo al terrorismo” (RT, 7/7/2017). Era la primera vez que el obediente Estado Islámico cometía un atentado terrorista dentro de Irán.

En los casos concretos de Libia y Siria no se trataba de dar un “escarmiento” a sus dirigentes sino de eliminarlos físicamente y destruir las infraestructuras de estos países para convertirlos en “Estados fallidos” fácilmente dominables. Para ello múltiples grupos terroristas fueron coordinados para invadir estos países y reconvertidos en verdaderos ejércitos de mercenarios al servicio de la OTAN y las grandes corporaciones occidentales.

En el año 2009 Muamar Gadafi propuso, como presidente de la Unión Africana, la creación de una moneda panafricana respaldada por el oro libio y abandonar el dólar para la venta del petróleo y el gas africano. Muchos países, entre ellos Túnez y Egipto, respaldaron esta iniciativa que trataba de alcanzar la unidad política, la independencia económica y la soberanía de los Estados africanos. Además de Estados Unidos, si este gran proyecto impulsado por Gadafi se hubiese puesto en marcha, Francia sería una de las más perjudicadas al perder su dominio monetario (franco CFA), comercial y económico-financiero en el “África francófona”, lo cual explica la implicación directa de Francia (y en particular de Nicolas Sarkozy)  en la organización de la destrucción de Libia, planificada junto a EE.UU. y Reino Unido mucho antes de iniciarse la guerra de invasión contra el país más desarrollado de África por aquel entonces. Sarkozy llegó a calificar a Libia como una “amenaza para la estabilidad financiera del mundo” [2].

Es necesario recordar en este punto que anteriormente Sadam Hussein – el otrora “aliado” de EE.UU. contra Irán – ya había comenzado a vender el petróleo iraquí en Euros en lugar de Dólares (noviembre del año 2.000). Esto desencadenó la posterior invasión y destrucción de Irak en el año 2003. Estados Unidos temía que el resto de miembros de la OPEP siguieran el mismo ejemplo de Irak ante la caída del Dólar frente al Euro, lo que hubiese provocado el colapso definitivo de la economía estadounidense (basada en el “petrodólar”) y el fin de su hegemonía global [3].

De nuevo en el año 2009, en Siria el presidente Bashar al Assad rechazó una propuesta de Catar para construir un gasoducto que permitiera llevar su gas a través de Arabia Saudí, Jordania, Siria y Turquía hasta Europa, en detrimento de Rusia que es su principal suministrador. De esta manera, además, EE.UU. podría asegurarse de que esas reservas y operaciones comerciales se siguieran denominando en Dólares, manteniendo así la hegemonía monetaria y financiera mundial que permite que su economía siga a flote. Por si fuera poco, en paralelo a este rechazo a la propuesta catarí (saudí y occidental), el presidente sirio llegó a un acuerdo con Irán, Irak y Líbano para construir un “oleoducto islámico” que podría convertir a Irán en “el principal proveedor del mercado energético europeo”, lo que chocaba frontalmente con los intereses de EE.UU. y sus aliados en la región, principalmente de Arabia Saudí, Catar e Israel.

[leer también: Daraa, el origen censurado de la guerra terrorista contra Siria]

Poco después, como ya sabemos, surgieron “espontáneamente” las “Primaveras Árabes” que afectaron “casualmente” a estos gobiernos díscolos cuya agenda se desvinculaba peligrosamente de los intereses occidentales.

Pero incluso detrás de la reciente crisis en Oriente Medio tras el “bloqueo” de Estados Unidos (que sigue vendiendo armas y firmando acuerdos para “combatir el terrorismo” con Doha), Arabia Saudí y otros Estados árabes en contra de Catar, se esconden unas motivaciones similares a las anteriormente señaladas, aunque los medios corporativos se están encargando de distraernos y manipularnos. Catar está vendiendo su gas en otras divisas distintas al dólar, principalmente a China que importa de Catar un 20% del gas que consume utilizando como moneda de pago el Yuan (Renminbi). En abril de 2015 China abrió en Doha un “centro de distribución e intercambio de renminbi” que pretende ser el centro financiero para la expansión del Yuan en Oriente Medio. Desde la pasada primavera el régimen catarí está estudiando junto a Irán la construcción de un gasoducto conjunto que pasaría por Siria y Turquía dirigido a abastecer al mercado europeo con el gas procedente del gigantesco yacimiento que comparten ambos países: South Pars-North Dome. También estudian la posibilidad de llevar este gas al mercado asiático a través de la India (la 4ª potencia económica mundial, 1ª potencia demográfica, potencia nuclear, miembro de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghai, nada menos). En diciembre de 2016 Catar compró (junto a la firma suiza Glencore) un 20% de las acciones de la petrolera estatal rusa Rosneft.

Los vínculos económicos entre Rusia, Irán, Catar y Turquía nos ayudan a comprender mejor los acuerdos políticos alcanzados en Siria entre estos países. Pero estos “pequeños detalles” no son tenidos en cuenta por los medios corporativos occidentales a la hora de explicarnos lo que ocurre con Catar y la “crisis” en Oriente Medio.

Es decir, Catar maneja una agenda política propia cuyos intereses chocan frontalmente con los de EE.UU., Arabia Saudí y el régimen sionista de Israel.

¿Tiene entonces algo que ver el bloqueo a Catar con la “lucha contra el terrorismo” por parte de Estados Unidos y sus “aliados” en la región? Más bien es una guerra geoeconómica para tratar de mantener su hegemonía mundial [4].

Reorganización del terrorismo yihadista ante el fin de la hegemonía estadounidense

Además de los ya conocidos escenarios donde actúan los yihadistas de la OTAN, en la actualidad aparecen en escena nuevos puntos calientes donde los grupos terroristas surgen como por arte de magia o reaparecen “células durmientes” que despiertan ante la voz de sus amos. No es por casualidad, lógicamente.

Una vez asumida por parte de Donald Trump la derrota terrorista en Siria e Irak y asumido el carácter multipolar del Nuevo Orden Mundial, tal y como se evidenció en la reciente Cumbre del G-20 en Hamburgo [5], el imperialismo norteamericano redirige ahora a sus mercenarios salafistas hacia las fronteras de sus máximos enemigos geoestratégicos Rusia y China con el fin de cortar el paso de la Nueva Ruta de la Seda y la imparable asociación Eurasiática liderada por ambas potencias.

[leer también: Escalada militar y expansión del yihadismo contra Rusia y China]

Por ejemplo, en Afganistán se lanzó “la madre de todas las bombas” después de que Washington alertase sobre la creciente presencia del Estado Islámico en el país, motivo por el cual anunció el envío de más tropas y más armas al país. Sin embargo las élites estadounidenses no se sienten obligadas a explicar cómo ha sido posible este incremento del terrorismo yihadista en un país que están vigilando y ocupando militarmente desde hace 16 años. Sólo veo dos posibles respuestas: o bien las agencias de inteligencia estadounidenses y las élites militares y políticas reconocen que son unos absolutos incompetentes a la hora de “luchar contra el terrorismo” y garantizar la seguridad de los países donde intervienen; o bien están reconociendo implícitamente que su “guerra global contra el terrorismo” es un fraude y que son ellos mismos quienes permiten, fomentan y dirigen la expansión y actividad de los terroristas en el mundo. Llevan 16 años “reconstruyendo un país” que cada día está más destrozado. Y ahora pretenden volver a invadirlo con miles de soldados y de mercenarios a sueldo (“contratistas privados“).

Indonesia, el país con la población musulmana más grande del mundo, también sufre actualmente la inestabilidad política y la actividad terrorista alentada desde el exterior [6]. Arabia Saudí es el principal patrocinador de algunos grupos yihadistas que actúan en este país, como el “Frente de Defensores Islámicos”. El régimen saudí además financia más de 100 centros de estudios y universidades (como LIPIA, situada en la capital Yakarta) y ha construido 150 mezquitas en Indonesia desde donde difunde su ideología: el  wahabismo. Hay que destacar que Indonesia, además de los acuerdos que mantiene con Rusia en el plano militar, forma parte de la Asociación Económica Regional Integral (RCEP, por sus siglas en inglés) liderada por China, un gigantesco tratado comercial asiático del que está excluido Estados Unidos y que absorbió a los miembros de la ASEAN, además de otras potencias como Japón, India y Corea del Sur, y ha sepultado definitivamente el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) que pretendía liderar Washington frente a Pekín para extender su influencia por el Pacífico.

En Malasia también se está incrementando la actividad terrorista a medida que los yihadistas locales que viajaron a Siria e Irak desde 2011 regresan a sus países de origen una vez derrotados por Rusia y el “Eje de la Resistencia” en Oriente Medio. Su guerra ahora está en el sudeste asiático, hacia donde están señalando sus patrocinadores que tienen a China y su Nueva Ruta de la Seda en el punto de mira.

Aunque quizás el país donde ésta utilización geopolítica del terror se evidencia con más claridad y descaro sea en estos momentos Filipinas. El radical giro estratégico de Rodrigo Duterte hacia China y Rusia y la dureza de su discurso en contra de la intervención de EE.UU. en Filipinas ha tenido como consecuencia directa la invasión del país por parte del Estado Islámico y sus filiales locales. Nadie podía dudar de que presidente filipino (cuyas polémicas políticas cuentan con un gran apoyo popular después de un año en el cargo, algo que reconocen hasta sus enemigos) estaba el primero en la lista para un “cambio de régimen” en Filipinas al estilo de Ucrania, Siria o Libia. Los “rebeldes” de la OTAN se han puesto en marcha para llevar la “democracia” a Filipinas. ¿Tendrán los grandes medios corporativos la desfachatez de llamarlo algún día “primaveras asiáticas”?

En paralelo a estos hechos, en los Balcanes los funcionarios de Bruselas y Washington se preparan para aceptar la posible creación de la “Gran Albania” (que abarcaría zonas de Albania, Kosovo, Serbia, Montenegro, Macedonia o incluso Grecia), dando una vuelta de tuerca más al escarnio que cometieron con la destrucción de Yugoslavia. Desde Ucrania la OTAN anuncia el envío de más armas para el régimen neonazi de Poroshenko. En Asia Central y la región del Cáucaso, según pronostican algunos analistas, debemos esperar también un incremento de la actividad terrorista en lugares como Chechenia o Tayikistán. También en la región de Xinjiang (noreste de China); así como un empeoramiento de los conflictos en Libia o Yemen, donde la OTAN y sus regímenes aliados también están perdiendo la guerra o ven peligrar sus intereses. O que se alimente el viejo conflicto en Baluchistán en la frontera entre India y Pakistán [7]. Por cierto que ambas potencias nucleares (India y Pakistán) ya son recientes miembros de la gigantesca Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), lo cual abre nuevas expectativas sobre la solución de su conflicto territorial bajo el liderazgo de Rusia y China. Además se espera también que Irán ingrese próximamente en la OCS, mientras que países tan importantes desde el punto de vista geoestratégico como Afganistán o Turquía ya han solicitado su ingreso.

En resumen: la presencia del terrorismo yihadista en aquellos lugares estratégicos del planeta donde se está desarrollando  una guerra multidimensional por la hegemonía global de las próximas décadas es un hecho más que evidente. Este hecho no es casual, como tampoco lo fue su desplazamiento hacia Oriente Medio y norte de África en 2011 durante las llamadas “primaveras árabes“. El yihadismo se está extendiendo de forma premeditada hacia Asia Central y el sudeste asiático sencillamente porque el centro de gravedad de la economía mundial se desplaza imparable hacia Asia.

Las potencias occidentales (representantes del capital financiero anglosajón, fundamentalmente) que se oponen a este histórico cambio de paradigma global están movilizando todos los medios y recursos a su alcance para tratar de evitar lo inevitable: la consolidación de un “nuevo orden mundial multipolar”.

La utilización de grupos terroristas (yihadistas o de otra ideología) y mercenarios es una de esas herramientas de desestabilización que utilizan estas potencias (con Estados Unidos a la cabeza) para alcanzar sus objetivos. Lo vienen haciendo desde al menos los tiempos de la “Operación Ciclón” (puesta en marcha por Zbigniew Brzezinski en Afganistán y Pakistán en 1979 en contra de la Unión Soviética), pasando por el apoyo a “la Contra” en Nicaragua, la puesta en marcha de la “Operación Gladio” en Europa… y hasta nuestros días con la mutación de Al-Qaeda en el llamado “Estado Islámico” en Oriente Medio.

Y los “periodistas” de los medios corporativos occidentales (que son propiedad de ese mismo poder financiero-económico occidental que patrocina el terrorismo) nos quieren hacer creer, fomentando la desinformación y la ignorancia colectiva, que todos estos acontecimientos que presenciamos son fruto de la casualidad y no están relaciones entre sí. Todos estos mercenarios de la (des)información en Occidente están en la misma trinchera que los terroristas: ellos están ejerciendo la Yihad Mediática.

 

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Alguien consiguió petróleo tras caer Zelaya,- un detallado artículo de Julio Escoto (Agencia Latinoamericana de Información ALAI, 15/6/2010)

[2] Hillary Emails, Gold Dinars and Arab Springs,- un análisis del escritor y experto en geoestrategia y F. William Engdahl (New Eastern Outlook, 17/3/2016) https://journal-neo.org/2016/03/17/hillary-emails-gold-dinars-and-arab-springs/

[3] The Real Reasons for the Upcoming War With Iraq: A Macroeconomic and Geostrategic Analysis of the Unspoken Truth,- un detallado informe de William Clark (Global Research, 17/2/2003) http://www.globalresearch.ca/articles/CLA302A.html

[4] The Qatar Blockade, the Petro-Yuan, and the Coming War on Iran,- un artículo del periodista y analista internacional Dan Glazebrook (Counterpunch, 16/6/2017)

[5] G-20 de Hamburgo: fin del “orden neoliberal global” por el G-3 (EU/Rusia/China),- análisis del experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 9/7/2017) http://www.jornada.unam.mx/2017/07/09/opinion/014o1pol?partner=rss

[6] Saudi Arabia is destabilizing the world,- artículo de Stephen Kinzer (The Boston Globe, 11/6/2017) https://www.bostonglobe.com/opinion/2017/06/10/saudi-arabia-destabilizing-world/ivMeb7TWGk1fQaVjZWWKGP/story.html

[7] ISIS “Coincidentally” Appears Along China’s One Belt, One Road,- artículo del analista internacional e investigador afincado en Bangkok Tony Cartalucci (Land Destroyer, 1/7/2017) http://landdestroyer.blogspot.com.es/2017/07/isis-coincidentally-appears-along.html

Eurasia, Euráfrica y la Nueva Ruta de la Seda Latinoamericana

Estados Unidos nunca dejó de intervenir en América Latina desde que se presentara la Doctrina Monroe en 1823 bajo la máxima “América para los americanos” (es decir, para los estadounidenses). Pero la realidad geopolítica del momento obliga al imperialismo norteamericano a incrementar su injerencia en el sur del continente para tratar de dominar sus recursos naturales y controlar los mercados de la región frente a la imparable influencia del proyecto euroasiático encabezado por el tándem geoestratégico China-Rusia.

Algunos hechos evidencian que en Latinoamérica también se desarrolla un nuevo frente de lucha por la hegemonía global entre las viejas potencias occidentales y el nuevo bloque euroasiático (Eurasia), cuyo epicentro geográfico y simbólico podríamos colocar en Siria principalmente. La guerra contra Siria evidenció que Estados Unidos ya no tiene capacidad de imponer su voluntad por la fuerza de forma unilateral.

Es en este contexto de lucha intercapitalista y de reconfiguración del tablero geopolítico a nivel global, caracterizado por el fin de la hegemonía estadounidense y el inicio de un nuevo orden mundial multipolar, donde debemos enmarcar noticias como la futura instalación de una nueva “base militar multinacional” y las maniobras militares anunciadas por EE.UU. y la OTAN para finales de año entre las fronteras compartidas de Brasil, Colombia y Perú [1].

En esa misma zona, el pasado 28 de diciembre de 2016 todavía bajo el mandato de Barack Obama, el Comando Sur de EE.UU. firmaba un acuerdo con el Departamento de Amazonas de Perú para la instalación de una base militar disfrazada como “Centro de Operaciones de Emergencia Regional” (COER), que se suma a los otros seis “centros de operaciones” similares que se reparten estratégicamente por diversos lugares de Perú [2].

Si en Oriente Medio la excusa es la “lucha contra el terrorismo”, en Latinoamérica la injerencia militar imperialista se justifica bajo el manto propagandístico de la “ayuda humanitaria” o la “lucha contra el narcotráfico”. Los intereses ocultos, obviamente, son otros.

Desestabilizar a Venezuela, fracturar la integración regional y frenar la Nueva Ruta de la Seda en Latinoamérica

Venezuela sigue en el punto de mira de EE.UU., que sigue financiando el golpe suave que se está ejecutando contra el gobierno de Maduro y continúa ampliando las sanciones contra ese país en el marco de una guerra económica más amplia. Pero no sólo se trata de robar el petróleo venezolano (las mayores reservas probadas del planeta), o de derrocar a un gobierno antagónico desde el punto de vista ideológico, sino que Venezuela ejerce ahora más que nunca – tras el regreso al poder de la derecha neoliberal en Argentina y en Brasil – como la locomotora política de la integración latinoamericana y caribeña que en los últimos 10-15 años alcanzaron un nivel de soberanía e independencia respecto a Washington que no tiene precedentes y que permitió a estos países un gran nivel de desarrollo.

La caída de Venezuela supondría el inicio del fin de este proceso y de las instituciones creadas a partir de esa posición de soberanía regional surgida en los últimos años, como Unasur, CELAC, Alba, Mercosur, Petrocaribe, etc. Países de la órbita venezolana como Ecuador, Bolivia, Cuba o Nicaragua quedarían más aisladas y debilitadas tras la caída de la Revolución Bolivariana. Precisamente fue ésta posición de soberanía e independencia reflejadas en la creación de estos organismos regionales durante los últimos 10-15 años que ahora se pretenden demoler, lo que ha permitido a sus países miembros llegar libremente a acuerdos comerciales, económicos o financieros con potencias como China y Rusia, que ofrecen unas condiciones mucho más ventajosas para la región que las impuestas por la fuerza bajo el Consenso de Washington, incrementando de esta manera su influencia en todo el continente.

China ya era en 2015 el primer socio comercial de Brasil (la 6ª economía mundial por PIB y miembro de los BRICS), Perú, Chile, Venezuela o Argentina, y el segundo socio comercial de México (la 2ª economía por PIB de América Latina). Las inversiones chinas y su influencia política, comercial, económica y financiera en Latinoamérica no ha hecho más que multiplicarse desde entonces, lo que ha hecho saltar las alarmas de sus enemigos estadounidenses que se consideran dueños legítimos “por la gracia de Dios” de los recursos de todo el continente (y del resto del planeta, podríamos decir).

América Latina es el más reciente compañero de negocios de China. Los bancos chinos aumentaron las inversiones en América Latina en 71% el año pasado, y el país tiene previsto duplicar su volumen de comercio con la región de Centro y Sudamérica en la próxima década. Esto se produce a medida que el poder de Estados Unidos en América Latina está empezando a erosionarse. El efectivo estadounidense de hecho está huyendo de la región a medida que los inversores ven mejores ofertas en sus propios países o en otros lugares. (…)

“Lo que estamos viendo no es simplemente un juego económico. Es un juego económico que también tiene un trasfondo político y estratégico”, dice Ilan Berman, vicepresidente del American Foreign Policy Council en Washington. [América Latina, manzana de la discordia entre China y EU,- CNN, 5/3/2015]

Teniendo en cuenta estos factores, podemos afirmar que las “inéditas” maniobras militares anunciadas por Washington en la “triple frontera” de la región de Amazonas próximamente, no van dirigidas única y directamente contra Venezuela, puesto que en realidad ya existen en Colombia siete bases militares estadounidenses apuntando contra Caracas, además de las bases existentes también en Guyana y Surinam, o las bases aéreas de Aruba y Curazao, que en conjunto cercan militarmente a Venezuela por los cuatro costados [3]. Es decir, que Venezuela ya está cercada militarmente desde hace bastante tiempo.

La pregunta pertinente que debemos hacernos ante el actual escenario, es si una Venezuela sin el apoyo firme de una potencia como Rusia y los países y organismos regionales – incluido el apoyo militar – puede resistir la envestida de EE.UU-OTAN. En 2011 Libia estaba sola, y Gadafi fue asesinado públicamente y el próspero Estado libio fue destruido en apenas unos meses. Siria tiene el apoyo del “Eje de la Resistencia” y de Rusia, y está ganando la guerra al terrorismo patrocinado por la OTAN-CCG después de 6 años de lucha. La respuesta parece evidente. En Venezuela este debate ya está sobre la mesa.

(…) la única forma de resistir a la embestida imperialista y a sus lacayos de la región es como lo hizo Siria. El gobierno venezolano debe integrar a Rusia y a otros países aliados en una ecuación que podemos denominar: Muralla de Defensa Antimperialista. Si EE.UU. cuenta con varias bases militares en Colombia (…) también Rusia debería ser convencida de estar presente en Venezuela bajo una figura que no necesariamente signifique una base militar perenne (…). ¿Estaría interesada Rusia en apoyar a Venezuela? ¿Cuál sería el costo político y económico que implicaría para la defensa del país? [4]

Por otro lado, Rusia y China han concedido varios préstamos a Venezuela que han sido avalados con el propio petróleo venezolano, incluso con acciones de la filial de PDVSA en Estados Unidos (Citgo Petroleum), lo cual preocupa mucho a Washington, puesto que si el gobierno venezolano no cumple con sus obligaciones crediticias Rusia podría apropiarse de esas empresas petroleras que operan en 19 Estados de Estados Unidos. Tanto China como Rusia mantienen importantes acuerdos estratégicos con Venezuela también en materia de energía, de infraestructuras, finanzas, agricultura, en el plano militar, de la automoción, etc. Sus intereses tanto económicos como geopolíticos son muy grandes en Venezuela y Sudamérica [5]. ¿Hasta qué punto están dispuestos a defenderlos?

Por lo tanto, éstas nuevas maniobras militares que se anuncian y la escalada belicista del Imperio en América Latina responden a una visión geopolítica más amplia que pretende cortar de raíz los proyectos y las inversiones de China y Rusia en estos países y frenar su influencia en toda la región.

Por ejemplo, el gran Ferrocarril Transoceánico

Brasil y Perú (junto a Bolivia, Venezuela y Chile) son miembros del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura fundado por China en 2014 (en detrimento del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial dominados por el capital financiero estadounidense). Bajo este paraguas financiero, China está construyendo un gigantesco “ferrocarril transoceánico” que unirá los océanos Pacífico y Atlántico a través de estos dos países, a los que finalmente también se unirá Bolivia por cuyo suelo, aunque originalmente no estaba previsto así, también pasará el Ferrocarril Transoceánico [6].

Este megaproyecto, que conectará la ciudad brasileña de Sao Paulo con el puerto costero peruano de Ilo, es una extensión del plan estratégico global de China conocido como la Nueva Ruta de la Seda, y con él se reducirá enormemente el tiempo y los costos del trasporte de petróleo, minerales y todo tipo de materias primas y mercancías entre China y Sudamérica. Además está previsto que esa red ferroviaria central transoceánica (Brasil-Bolivia-Perú) se extienda hacia el sur con la construcción de ramificaciones que a su vez la conectarían con países como Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay.

Además no hay que olvidar que desde finales de 2014 China construye el Gran Canal de Nicaragua [7] que conectará también más al norte los océanos Pacífico y Atlántico (el equivalente marítimo del Ferrocarril Transoceánico) y que superará al obsoleto Canal de Panamá controlado históricamente por Estados Unidos. Todo esto y otras muchas inversiones e infraestructuras de origen “euroasiático”, lógicamente, no son del agrado del imperialismo estadounidense.

¿Alguien puede pensar que es mera casualidad el lugar elegido (entre Brasil (BRICS) y Perú principalmente) para realizar las futuras maniobras de la OTAN y sus títeres regionales? ¿Alguien puede creerse que sus intenciones reales son las de luchar contra las mafias relacionadas con el narcotráfico o “combatir la delincuencia transfronteriza”? ¿Cuánto tiempo tardaremos en asistir a una extensión de la “revolución de color” venezolana contra Evo Morales en Bolivia, Lenín Moreno en Ecuador o Daniel Ortega en Nicaragua?

Euráfrica, el nuevo proyecto imperialista de Alemania frente a Eurasia

Nadie puede negar ya a estas alturas que atravesamos de forma irreversible un periodo histórico de transición entre el “viejo Orden Mundial” dominado integralmente por Estados Unidos y las potencias europeas (Occidente) desde la Segunda Guerra Mundial, y un Nuevo Orden Mundial donde el eje de poder global se ha desplazado hacia Asia bajo el liderazgo de China y Rusia (Eurasia). La reciente cumbre celebrada en Pekín el pasado 14 y 15 de mayo sobre la Nueva Ruta de la Seda no dejó lugar a dudas sobre esta nueva realidad geopolítica global [8]. La llamada “crisis económica” de 2008 supuso un punto de inflexión en la decadencia occidental y el despegue definitivo del tándem estratégico Moscú-Pekín y del resto de potencias medias y países agrupados en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS).

En realidad, estamos asistiendo a una guerra híbrida entre las principales potencias del mundo por el dominio de las regiones estratégicas del planeta. Al no poder intimidarlos o eliminarlos militarmente, como se ha demostrado en Ucrania y Siria o más recientemente en la península de Corea, Occidente da por hecho que tendrá que compartir el poder global con sus enemigos euroasiáticos (aunque esto nunca se reconozca y trate de ocultarse al público occidental). El proyecto de integración de Eurasia bajo el liderazgo chino-ruso parece inquebrantable y avanza de forma imparable.

[Leer también: Eurasian Economic Transformation Goes Forward,- un análisis de F. William Engdhal (23/5/2017]

De ahí que Estados Unidos tenga prisa por recuperar su dominio estratégico en aquellos lugares donde ha perdido terreno – como Sudamérica (su “patio trasero”) – y que Donald Trump se haya lanzado a fortalecer su relación militar con Arabia Saudí con un acuerdo armamentístico sin precedentes y haya llamado a la creación de la mal llamada “OTAN árabe” (en realidad no es “árabe” sino sunní-wahabita; y además algunos países aludidos han mostrado su desacuerdo con la propuesta). Esta “OTAN sunní” (que paradójicamente incluye al régimen sionista de Israel) está dirigida contra Irán, lo que significa a su vez en contra de Rusia, tratando de eliminar al Eje de la Resistencia antimperialista y de dominar Oriente Medio para evitar que esta rica región se integre en Eurasia (su lugar natural desde un punto de vista geográfico).

Pero en esta guerra geoestratégica global parece que Alemania y las élites globalistas europeas tienen su propia agenda:

En noviembre de 2016 el entonces ministro de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania, Gerd Mueller, habló de la necesidad de “diseñar un Plan Marshall para África con el fin de generar las condiciones económicas que permitan frenar el flujo migratorio hacia Europa”. (Europa Press, 11/11/2016).

Ya en marzo de este año el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, presentó ante sus homólogos y los directores de los bancos centrales del G-20 los ejes de esta propuesta alemana y pedía “involucrar a los países ricos en el desarrollo económico de África como vía indirecta de reducción del flujo migratorio, la defensa de la libertad de comercio y estabilizar la economía de la zona euro”. (ABC, 8/3/2017).

En mayo de 2017 el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, se reunió en Estrasburgo con el presidente de la Comisión de la Unión Africana, Moussa Faki Mahamat. Tajani afirmó entonces: “África es una prioridad para la Unión Europea. (…). Debemos invertir más en África y emprender una verdadera diplomacia económica, en un esfuerzo para crear crecimiento y empleo. África es un continente de oportunidades y y creo que va a ser el continente del futuro”. (web oficial de la Presidencia del Parlamento Europeo, 16/5/2017)

En resumen, una Europa dominada por Alemania y estancada en una crisis económico-financiera permanente desde 2008 tiene sus ojos puestos en África. Sus objetivos, más allá de la propaganda político-mediática y los discursos “humanitarios”, es dominar los mercados y los recursos naturales del continente africano a través de un proyecto de “neocolonización occidental” que, a pesar de presentarse como un “rescate” altruista desde el próspero Norte hacia el Sur, sólo endeudará aún más si cabe a los países africanos y les impedirá desarrollar su propia soberanía nacional.

Pero la Unión Europea llega muy tarde y además no tiene dinero. China ya desarrolla desde hace tiempo su “Plan Marshall” particular en África [9]. China tiene dinero, capacidad para desarrollar infraestructuras, ofrece préstamos sin intereses en muchas ocasiones, y a cambio no impone ningún modelo político a sus socios ni les exige “políticas de ajuste”, como ocurre en el caso de las potencias occidentales (a través del FMI o el Banco Mundial). China es el principal competidor de las élites económicas y políticas europeas. Su influencia en África es tan grande que China, entre otras cosas, es la responsable del 60% de los empleos que se crean en todo el continente.

Otro gran problema para las élites económicas y políticas europeas, es que Estados Unidos también tiene sus ojos puestos en África. El AFRICOM, el Mando Militar de EE.UU. para África, se creó en 2007 con la intención no sólo de expoliar sus grandes recursos naturales sino para frenar la expansión de China en el continente africano, como reconoció el Departamento de Estado de entonces y el propio Pentágono.

En 2007, J. Peter Pham, asesor del Departamento de Estado de EEUU, ofreció la siguiente definición del AFRICOM y los objetivos estratégicos: “la protección de acceso a los hidrocarburos y otros recursos estratégicos que África tiene en abundancia, una tarea que incluye la garantía contra la vulnerabilidad de las riquezas naturales y asegurar que no hay otros terceros interesados, tales como China, India, Japón, o Rusia, o que obtengan monopolios o trato preferencial”. Además, durante una Conferencia de AFRICOM en el Fuerte McNair, el 18 de febrero de 2008, el vicealmirante Robert T. Moeller, declaró abiertamente que el principio rector de AFRICOM es proteger “el libre flujo de los recursos naturales de África para el mercado global”, antes de citar la presencia cada vez mayor de China como un gran desafío para los intereses estadounidenses en la región. [10]

Pero no es el único obstáculo que se encontrarán en el continente africano los altruistas ideólogos del “Plan Marshall” europeo. Debemos escuchar qué tienen que decir al respecto los propios pueblos afectados, cansados de sufrir durante décadas la explotación de sus recursos por parte de las grandes corporaciones occidentales mientras sus gentes se hunden en la miseria. Recordemos que a Muamar Gadafi lo asesinaron – entre otras cosas – por encabezar un proyecto de integración y soberanía regional independiente de los intereses de las potencias occidentales. Por eso le asesinaron. Pero esos sentimientos y movimientos panafricanos siguen vivos en la actualidad y siguen trabajando por alcanzar una verdadera soberanía que permita su desarrollo.

El Franco de la Cooperación Financiera Africana (CFA), que se utiliza en 15 países de África Occidental y Central, atraviesa una zona de turbulencias. Tanto dentro como fuera del continente se ha formado un gran movimiento contra el CFA. Su misión es clara: “liberar a los estados africanos del yugo del franco CFA”. (…). Después de haber esperado en vano que la palabra dando la orden de salida del franco CFA viniera de Jefes de Estados, las organizaciones de la sociedad civil han tomado el toro por los cuernos y fijan el 2017 bajo el signo de la liquidación de este “avatar del colonialismo”. [11]

¿De dónde van a sacar unos países europeos en continuo retroceso el dinero para un “Plan Marshall africano” que compita con la Nueva Ruta de la Seda global de China (Eurasia)?

Al no tener nada atractivo que ofrecerle a África, los imperialistas europeos recurren a la fuerza para intentar imponer sus intereses a los pueblos, como han hecho siempre. Recientemente conocimos que el gobierno de Alemania estaba desarrollando discretamente un “ejército europeo” paralelo a la OTAN. La estrategia de Alemania consiste en absorber a los ejércitos de algunos países más pequeños creando “una red de mini-ejércitos europeos”, o como se define también en un artículo publicado en Foreign Policy “compartir sus recursos a cambio de la utilización de sus tropas”. De momento Rumanía, República Checa y Holanda ya están bajo la órbita militar de Alemania.

El domingo 28 de mayo, justo después de evidenciarse la ruptura occidental en la Cumbre de la OTAN, la Unión Europea y el G-7 celebrada en Sicilia [12], la presidenta alemana Ángela Merkel durante un acto electoral en Múnich envió un mensaje al mundo que anuncia un cambio geopolítico muy claro:

“Estados Unidos y Reino Unido ya no son socios fiables” (…)  “Los tiempos en los que podíamos depender completamente de otros han pasado” (…) “Nosotros, los europeos, tenemos que tener nuestro destino en nuestras propias manos” [Agencia France Press, 28/5/2017]

De esta forma se confirma la guerra comercial y monetaria que Donald Trump pretende librar contra el Euro y la Unión Europea – principalmente contra Alemania – con quien Estados Unidos mantiene un gigantesco déficit comercial (el mayor después de China) y cuya reversión supone una de las obsesiones de Trump respecto a su política geoeconómica.

No sabemos todavía lo que hará al respecto el nuevo presidente francés Emmanuel Macron – el “candidato” de las élites globalistas – que se dispone a recibir a Vladimir Putin en Versalles, aunque podemos imaginarlo. Recordemos que Francia, tras la salida del Reino Unido, es la única potencia nuclear de la Unión Europea. Por si acaso, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, pronunció estas esclarecedoras palabras el pasado mes de marzo, durante las celebraciones por el 60 aniversario de la firma de los Tratados de Roma, que le indican el camino a seguir a los gobiernos neoliberales europeos:

Ningún Estado europeo tiene fuerza por sí solo para negociar con los Estados Unidos, China, Rusia o la India. Solamente juntos podremos ejercer realmente nuestra soberanía. 

Hemos de seguir fomentando mercados más abiertos, poniendo fin a la competencia desleal. Al igual que nuestro mercado interno, el mundial ha de garantizar la libertad dentro de las normas, no convertirse en una jungla. 

Hoy, en esta sala, también debemos volver a poner en marcha el gran proyecto de una defensa común. Es la mejor manera de rendir un homenaje concreto a nuestros padres fundadores.

Se están configurando tres alianzas o bloques geoestratégicas muy claros que luchan por la hegemonía mundial:

El eje atlantista EE.UU-Reino Unido (“una sola América”); la vieja Europa de Alemania-Francia (a la conquista de “Euráfrica”); y las potencias “emergentes” lideradas por China-Rusia (Eurasia), que ya no son “emergentes” sino que ya están liderando el mundo. Todas estas potencias y los países que orbitan a su alrededor mantienen una guerra híbrida por el poder que se desarrolla en diferentes planos y escenarios (el geográfico, el institucional, el monetario, el financiero, el militar, el mediático…).

Está claro que el nuevo Orden Mundial para las próximas décadas tendrá un carácter multipolar. Queda por dirimir qué cuota de poder obtendrán los intervinientes en esta guerra multidimensional y sobre qué valores o principios se asentará el nuevo paradigma que se imponga. América Latina, África, Oriente Medio, el Ártico…. el mundo entero está en disputa. Y los medios corporativos occidentales no quieren que lo veamos.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Los ejercicios militares “inéditos” que tendrán lugar en la triple frontera entre Brasil, Colombia y Perú con la participación de Estados Unidos,- información de Ricardo Senra para BBC Brasil (BBC Mundo, 6/5/2017) http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-39826017?ocid=socialflow_twitter

[2]  Sudamérica bajo amenaza: EE.UU. instalará una nueva base militar en Perú,- artículo del economista y analista mexicano Ariel Noyola Rodríguez (Global Research, 9/1/2017) http://www.globalresearch.ca/sudamerica-bajo-amenaza-ee-uu-instalara-una-nueva-base-militar-en-peru/5567328

[3] Esta información y muchos más datos aparecen en el recomendable libro de la periodista y escritora argentina Telma Luzzani titulado Territorios Vigilados: Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica (Editorial Debate, 2012)

[4] La hipotética guerra civil en Venezuela y la ecuación Rusia,- artículo del analista político Basem Tajeldine (23/5/2017)

[5] The Strategy Behind Washington,s Destabilization of Venezuela,- análisis geopolítico de Eric Draitser (Mint Press News, 19/5/2017) http://www.mintpressnews.com/the-strategy-behind-washingtons-destabilization-of-venezuela/227967/

[6] América del Sur en el emergente orden mundial multipolar,- análisis de Andrew Korybko (Geopolítica.ru, 26/4/2017) https://www.geopolitica.ru/es/article/america-del-sur-en-el-emergente-orden-mundial-multipolar

[7] Gran Canal de Nicaragua: la bomba geoestratégica de Latinoamérica que cambiará la historia (un detallado informe preparado por María Lekant e Iván Sérbinov (RT, 4/8/2015)

[8] Cumbre de la Ruta de la Seda: último paso hacia la quiebra del dominio de EE.UU.,- artículo del periodista e investigador uruguayo Raúl Zibechi (Sputnik, 16/5/2017)

[9] La nueva transformación económica en África: el rol de China,- artículo del economista argentino Nicolás Depretis Chauvin, experto en el comercio internacional y políticas de Desarrollo (Voces en el Fénix) http://www.vocesenelfenix.com/content/la-nueva-transformaci%C3%B3n-econ%C3%B3mica-en-%C3%A1frica-el-rol-de-china

[10] USAFRICOM y la militarización del continente africano: lucha contra la penetración económica de China,- un trabajo de Nile Bowie publicado en Global Research. Traducido por María Valdés para el CEPRID (30/3/2012) http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1382

[11] Los últimos días del franco CFA,- información aportada por Olivier Ndenkop y Carlos Siélenou; traducido al español por Carles Acózar (Investig’action, 21/1/2017) http://www.investigaction.net/es/los-ultimos-dias-del-franco-cfa/

[12] Atropellos y empujones de Trump en la OTAN y el G-7,- artículo del profesor y experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 28/5/2017)

 

Escalada militar y expansión del yihadismo contra Rusia y China

Las élites imperialistas estadounidenses están imponiendo la agenda global que tenían preparada para Hillary Clinton. Pero es finalmente Donald Trump quien la está aplicando tras haber cedido a sus presiones. Esta metamorfosis ideológica y estratégica de Trump ha provocado a su vez una metamorfosis mediática y política de sus enemigos en ambos frentes, que ahora le aplauden y le incitan a que continúe por esa senda belicista tan peligrosa. Todos sus defectos anteriores han desaparecido tras bombardear Siria y Afganistán.

Esta compleja situación deja al desnudo a muchos farsantes de la esfera política y mediática. ¿Dónde están ahora los “progresistas” que anunciaban grandes movilizaciones mundiales contra Donald Trump? ¿Dónde han quedado aquellas afirmaciones que acusaban a Trump de ser un “agente del Kremlin”, o la famosa “injerencia rusa” en las elecciones, o sus preocupaciones por los derechos de los inmigrantes, o los vínculos del nuevo gobierno estadounidense con Rusia? Queda demostrado que todo era una farsa mediática dirigida a presionar y deslegitimar al nuevo presidente electo. La preocupación real de las élites políticas, industriales y mediáticas que atacaban a Trump era el proceso de “des-globalización” que se anunciaba y el fin de la vieja política exterior imperialista, que significaba de facto el reconocimiento y la aceptación del nuevo orden mundial multipolar. Ahora que la estrategia ha cambiado y Trump ha cedido ante el Estado Profundo, todas esas mentiras utilizadas durante meses contra él han desaparecido de las portadas de la prensa occidental.

[Leer también: Demagogia y populismo progresista contra Donald Trump]

Es revelador este cambio de actitud de los políticos, periodistas y activistas “anti-Trump”: resulta que cuando meses atrás Donald Trump hablaba de diálogo, acuerdos y entendimiento con Rusia, era considerado un loco-ultraderechista-racista que suponía una amenaza para el resto del mundo, hasta el punto de que un golpe de Estado contra él o incluso su propio asesinato parecían estar justificados y serían aceptados por la opinión pública occidental. Ahora, que abraza el viejo imperialismo belicista bombardeando ilegalmente países y que amenaza a Estados soberanos poniendo en peligro la paz mundial, es considerado un presidente responsable y respetable que se sitúa ideológicamente en el centro político. El corresponsal en Washington del diario español El Mundo definió el nuevo rumbo belicista del presidente estadounidense como un “brutal giro al centro”, literalmente: El brutal giro al centro de Donald Trump (El Mundo, 18/4/2017). Veamos: antes de los bombardeos ilegales era un “ultraderechista”. Ahora tras los bombardeos y la escalada militar global es un “moderado político de centro”. Tomamos nota.

Por otro lado, Francois Hollande dijo tras el bombardeo estadounidense contra Siria que ahora era el mejor momento para “derrocar a Al Assad” [1], aprovechando la supuesta “debilidad de Rusia” demostrada al no responder militarmente ante el ataque estadounidense contra la base siria de Al Shairat el pasado 7 de abril. Hollande, además de un criminal político, es un cínico y un irresponsable absoluto. Él más que nadie sabe que si el legítimo presidente Al Assad todavía no ha sido “derrocado”, es precisamente por la fortaleza y determinación de Rusia con respecto a Siria, además de que cuenta con el apoyo de la mayoría de su propio pueblo. Si Rusia estuviera “débil”, Francia (junto a Reino Unido) no dudaría en tomar la iniciativa y bombardear Damasco tal y como hicieron en 2011 en la capital de Libia, y le aplicarían al presidente sirio la misma “justicia universal” que le aplicaron al líder libio, y a Siria la misma “democracia” que la aplicada en Libia hoy en día.

Con sus declaraciones, el presidente francés está intentando empujar a Trump a iniciar una guerra contra Rusia en Siria cuyas consecuencias e implicaciones serían incalculables. También desde la yihad mediática occidental están interpretando muy bien su papel y animan a Trump a continuar por la senda del abismo belicista. Sin ningún tipo de complejo ni disimulo, desde el diario The New York Times se ha pedido a Donald Trump que no ataque al Estado Islámico, sino que el Pentágono se una a ellos y los utilice para atacar a Siria, Rusia, Irán y Hezbollá en Oriente Medio. Fue el pasado día 12 de abril a través de un artículo del periodista y escritor Thomas L. Friedman, ganador del premio Pulitzer nada menos que en tres ocasiones : Why is Trump fighting ISIS in Syria?.

Pero se “olvida” este galardonado y desvergonzado “periodista” que ISIS, o Al Qaeda para ser más exactos, ya está siendo utilizado por sus creadores de la CIA y el Pentágono desde 2011 en Siria para atacar a esos Estados soberanos y organizaciones antimperialistas que él coloca en el punto de mira. En realidad ya lo hacen desde al menos el año 1979 con su “muyahidines” en Afganistán; y desde el año 2014 bajo las nuevas iniciales de Estado Islámico, ISIS o Daesh tras su advenimiento en Irak de la mano del embajador John Negroponte y de Robert S. Ford, entre otros especialistas en reclutar y organizar escuadrones de la muerte para utilizarlos como un ejército de mercenarios en la sombra.

El objetivo declarado de la “Opción Salvador en Irak” era “eliminar la insurgencia”. En la práctica las brigadas terroristas patrocinadas por EE.UU. estaban involucradas en los asesinatos rutinarios de civiles a fin de fomentar la violencia sectaria. Por su parte, la CIA y MI6 estaban supervisando unidades de “al Qaida en Irak” involucradas en asesinatos selectivos dirigidos contra la población chií. Es importante señalar que los escuadrones de la muerte estaban integrados y asesorados por Fuerzas Especiales de EE.UU. encubiertas. (…) La horripilante versión iraquí de la “Opción Salvador” bajo la dirección del embajador John Negroponte ha servido como “modelo a imitar” para establecer los Contras del Ejército Libre Sirio. Robert Stephen Ford estuvo, sin duda, involucrado en la implementación del proyecto de los Contras sirios, después de su reasignación en Bagdad como jefe de misión adjunto en 2008. [2]

Este tipo de declaraciones y opiniones descabelladas dan muestra del nivel de fundamentalismo ideológico que inunda las redacciones de los grandes medios corporativos y los despachos presidenciales occidentales. Son yihadistas con traje y corbata.

Son precisamente estos “progresistas neoliberales” como Hollande (o Hillary Clinton) así como sus correligionarios de la OTAN y aquellos “activistas” y “periodistas” que piden una “intervención humanitaria” en Siria o directamente aliarse con Al Qaeda, quienes suponen un auténtico peligro para la paz mundial.

Bombardeo geoestratégico de EE.UU. en Siria y Afganistán. Desplazamiento de sus terroristas hacia las fronteras de Rusia y China.

Estados Unidos no renuncia a Siria, pero da por perdida la guerra en las actuales circunstancias. El bombardeo del 7 de abril se realizó sobre una base militar vacía que al día siguiente del ataque estaba de nuevo operativa. Más de la mitad de los 59 misiles lanzados no alcanzaron su objetivo. Si la intención del Pentágono era asestar un duro golpe al “régimen de Al Assad”, éste no se ha visto por ningún lado. El ataque era más bien un gesto de cara a la galería destinado al consumo interno. Un bombardeo propagandístico de Trump que ha desactivado el discurso de la oposición y con el que se ha garantizado la continuidad de su mandato presidencial. El problema es que su huida hacia adelante no tiene marcha atrás y nos puede arrastrar a todos hacia el precipicio.

Estados Unidos se ha empantanado en Siria. Ahora los estrategas imperialistas necesitan diversificar la guerra para obligar a Rusia y sus aliados a dispersar sus tropas de Siria y a dedicar sus esfuerzos a atender otros frentes bélicos que ahora se abren en diferentes latitudes estratégicas mundiales.

Afganistán parece ser uno de esos frentes elegidos. El 13 de abril Estados Unidos lanzó “la madre de todas las bombas” en Afganistán. Oficialmente el impresionante bombardeo iba dirigido contra el Estado Islámico que ahora, según ellos, ha cobrado fuerza en el país. La pregunta es: ¿Quién les ha permitido trasladarse y desarrollarse en un país vigilado e invadido militarmente por EE.UU-OTAN desde hace décadas? ¿Cómo han podido cruzar miles de terroristas y de armamento desde Siria e Irak sin que nadie haya visto nada?  Esto demuestra que la presencia militar de Estados Unidos en otros países sólo incrementa sus problemas y multiplica el número de terroristas sobre el terreno. En realidad esta nueva escalada militar de EE.UU. en Afganistán pretende retomar el control del país y hacer frente a los talibanes que cada día son más fuerte y tienen más apoyo popular entre aquellos que se oponen a la invasión estadounidense [3].

Esta maniobra de Washington supondría también una forma de rodear de terroristas y tropas militares a Irán, que quedaría “atrapada” entre Irak y Afganistán. También sería una amenaza para algunos países pertenecientes a la Organización para el Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) liderado por Rusia, que son fronterizos con Afganistán por el norte. También supone un peligro para China, cuya región de Xinjiang se une a Afganistán a través del corredor de Wakhan. Recordemos que actualmente miles de yihadistas uigures procedentes de esa región del noroeste de China actúan en Siria e Irak en las filas del Estado Islámico y otras organizaciones terroristas. También, de forma indirecta, el reciente bombardeo y la posterior presencia militar de EE.UU. en Afganistán supone un toque de atención a Pakistán, cuyo acercamiento y buena relación con la India – país miembro de los BRICS y que ya es la cuarta economía mundial desplazando a Japón – es vista como una amenaza para los intereses de Washington en Eurasia.

En resumen, Estados Unidos pretende rememorar contra Rusia los tiempos en los que utilizó a los terroristas de Al Qaeda para empantanar a la Unión Soviética en Afganistán en 1979-80. Estados Unidos no quiere paz ni estabilidad en Asia Central y mucho menos que los países de esta región se integren política, económica y militarmente en Eurasia. China también está en el punto de mira de esta diversificación del terrorismo yihadista y de la escalada militar multipolar estadounidense, como se pudo comprobar recientemente tras las supuestas maniobras militares contra Corea del Norte que en realidad sirven de excusa para cercar militarmente a China. Washington no va a bombardear Pyongyang debido al poderío nuclear de la RPDC [4], a la situación de debilidad interna de Corea del Sur y al freno que suponen Rusia y China. Pero el ruido mediático y la propaganda de guerra contra Corea del Norte está siendo utilizada para justificar su política belicista en el Mar de la China meridional. De hecho el tan anunciado envío por parte de EE.UU. de su armada nuclear hacia la península de Corea se dirigía realmente a Australia, país que se prepara bajo el mando estadounidense para una posible guerra futura con China [5]. A esto hay que añadir que Washington recientemente anunció que también estaba desplegando tropas en Somalia a “petición” del gobierno títere y corrupto de Mohamed Abdullahi Farmajo. EE.UU. retiró “oficialmente” sus tropas del país en 1994. La excusa es la misma que en casos anteriores, la “lucha contra el terrorismo”, pero su objetivo realmente es aplastar a la resistencia interna antimperialista y controlar el tráfico marítimo a través del océano Índico y del Golfo de Adén; con China nuevamente en el horizonte.

En el trasfondo de todo este despliegue militar de alcance global, aunque jamás se menciona en los medios corporativos occidentales, se encuentra el interés de Washington y sus títeres por bloquear el gigantesco proyecto comercial chino de la Nueva Ruta de la Seda (marítima y terrestre; ver la foto que encabeza este artículo). Para ello EE.UU. tiene desplegadas unas 400 bases militares cercando a China y Rusia [6], lo que el Pentágono llama “una soga perfecta”.

En un artículo que publiqué el pasado 27 de marzo titulado El Gran Kurdistán y la balcanización de Siria advertía que muy probablemente veríamos en las próximas semanas cómo la actividad de los grupos terroristas que operan en Siria e Irak desde 2011, bajo las directrices de EE.UU-OTAN-CCG, se iría desplazando a otras regiones más cercanas a Rusia y China para tratar de frenar su desarrollo e influencia en Eurasia y en todo el mundo, lo que supone una amenaza mayúscula para la hegemonía occidental, y estadounidense en particular. Esta pérdida de la hegemonía global por parte del poder económico y político occidental, es el mayor problema al que se enfrentan y lo que verdaderamente les aterra. La “lucha global contra el terrorismo”, la situación de los “refugiados”, los “Derechos Humanos” o la extensión de la “democracia” son sólo pretextos utilizados por Occidente para justificar sus políticas injerencistas contra Estados soberanos. Pero estos argumentos artificiales no aguantan el menor análisis. En aquel artículo escribí:

(…) Es por ello que ante la imposibilidad de imponerse en Siria y debilitar a Irán, con una Rusia impermeable a las sanciones y cada vez más influyente en Oriente Medio, y con una China cada vez más fuerte en todo África, Asia y Latinoamérica, es más que probable que las potencias de la OTAN traten de incendiar y desestabilizar a Rusia, China e Irán desde lugares más cercanos a sus fronteras o incluso desde su propio territorio utilizando para ello al terrorismo yihadista que ahora opera en Siria y en otros países de Oriente Medio y del sudeste y centro de Asia. Tengamos en cuenta que en Siria e Irak están operando miles de yihadistas rusos procedentes de la región del Cáucaso, así como también miles de yihadistas uigures procedentes de la región de Xinjiang, en el noroeste de China. Estos terroristas, ahora con experiencia de combate y entrenamiento militar servido por la OTAN, suponen un potencial peligro para la estabilidad y seguridad interna de Rusia y China, algo que no van a desaprovechar sus enemigos, los patrocinadores del terrorismo internacional.

Algunos de los acontecimientos recientes parecen apuntar en esa dirección que señalaba. Ojalá que toda esta escalada militar y propaganda de guerra mediática – como apuntan algunos reconocidos analistas [7] – forme parte tan sólo de una demostración de fuerza previa a una posible negociación entre las tres potencias destinadas a repartirse el mundo: China, Rusia y Estados Unidos. No es el escenario ideal, pero al menos evitaríamos por ahora una guerra nuclear mundial que por momentos parece inminente.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Francia: Rusia está débil, EE.UU. ya puede derrocar a Al-Asad,- (Hispan TV, 14/4/2017) http://www.hispantv.com/noticias/francia/338620/rusia-debil-derrocar-assad-hollande-siria-iran

[2] Terrorismo con “cara humana”: La historia de los escuadrones de la muerte de EE.UU.,- un informe del profesor Michel Chossudovsky (traducido al español por la web Rebelión.org (13/1/2013)  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=162053

[3] America Aggression: A Threat To The World,- artículo del abogado Christopher Black (New Eastern Outlook, 17/4/2017) 

[4] RPDC sepulta la agresividad estadounidense,- artículo del analista geopolítico Enrique Muñoz Gamarra http://www.enriquemunozgamarra.org/Articulos/169.pdf

[5] John Pilger: U.S. Deep State Is Pushing Australia Into War With China,- Sean Adl-Tabatabai (Your News Wire, 16/4/2017) http://yournewswire.com/john-pilger-deep-state-australia-china/?_utm_source=1-2-2OHN

[6] La guerra nuclear contra China no es ninguna sombra,- artículo del veterano periodista, escritor y director australiano John Pilger (Diario Octubre, 25/2/2017)

[7] Momento decisivo en Norcorea: Orden tripolar de EU/Rusia/China o guerra nuclear,- un análisis del experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 19/4/2017) http://www.jornada.unam.mx/2017/04/19/opinion/014o1pol