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La utilización del terrorismo como arma geopolítica

En un artículo que publiqué el 27 de marzo de 2017 titulado “El Gran Kurdistán y la balcanización de Siria” advertía que muy probablemente veríamos en las próximas semanas cómo la actividad de los grupos terroristas que operan en Siria e Irak desde 2011 (bajo las directrices de EE.UU-OTAN-CCG) se iría desplazando a otras regiones más cercanas a Rusia y China para tratar de frenar su integración, desarrollo e influencia en Eurasia (y en todo el mundo), lo que supone una amenaza mayúscula para la hegemonía occidental y estadounidense en particular.

Esta imparable pérdida de la hegemonía global por parte del poder económico y político occidental, decía entonces, es el mayor problema al que se enfrentan y lo que verdaderamente aterra a las clases dominantes. La “guerra global contra el terrorismo”, la situación de los “refugiados”, los “Derechos Humanos” o la “extensión de la democracia” son tan sólo cínicos pretextos utilizados por Occidente para justificar sus políticas imperialistas contra Estados soberanos que siguen su propia agenda. Pero estos argumentos artificiales no aguantan el menor análisis.

En aquel artículo escribí también que ante la imposibilidad de imponerse en Siria y debilitar a Irán, con una Rusia impermeable a las sanciones y cada vez más influyente en Oriente Medio, y con una China cada vez más fuerte en todo África, Asia y Latinoamérica, era más que probable que las potencias de la OTAN tratasen de incendiar y desestabilizar a Rusia, China e Irán desde lugares más cercanos a sus fronteras o incluso desde su propio territorio utilizando para ello al terrorismo yihadista que ahora opera en Siria y en otros países de Oriente Medio y del sudeste y centro de Asia. Tengamos en cuenta que en Siria e Irak están operando miles de yihadistas rusos procedentes de la región del Cáucaso, así como también miles de yihadistas uigures procedentes de la región de Xinjiang, en el noroeste de China.

Estos terroristas, ahora con experiencia de combate y entrenamiento militar servido por la OTAN, suponen un potencial peligro para la estabilidad y seguridad interna de Rusia y China, algo que ya están aprovechando los patrocinadores del terrorismo internacional para reorganizarse ante el nuevo orden mundial multipolar.

Pues bien, en las últimas semanas estamos asistiendo a este previsible desplazamiento de la actividad terrorista hacia las proximidades de Rusia y China y sus esferas de influencia. Algunos de sus aliados estratégicos ya están sufriendo el ataque de los yihadistas dirigidos por la OTAN. Pero antes de nada es conveniente repasar algunos hechos probados que demuestran esta utilización del terrorismo con fines políticos y económicos.

En política internacional no existen las casualidades, sino las causalidades

Si uno observa tanto el momento como el lugar donde se producen los atentados terroristas, así como los golpes de Estado o “revoluciones de color” patrocinadas por Occidente, se da cuenta de que existe una relación directa y descarada entre este incremento de la actividad yihadista y las decisiones políticas que adoptan los gobiernos de los países que sufren esa violencia y desestabilización. Es decir, los atentados terroristas y los “golpes suaves” son una forma de castigo hacia aquellos gobiernos que toman una dirección política que va en contra de los intereses de Estados Unidos y la OTAN (del poder económico y financiero occidental).

En algunos casos se busca el derrocamiento total del gobierno en cuestión (el “cambio de régimen”) y en otros casos se trata de darle un escarmiento para que rectifique su rumbo y se coloque de nuevo bajo la órbita del poder político y económico occidental.

Esto último fue lo que le ocurrió al presidente turco Recep Tayyip Erdogan cuando en junio de 2016 decidió restablecer las relaciones diplomáticas y comerciales con Rusia y firmar posteriormente importantes acuerdos geoestratégicos con el presidente Vladimir Putin. La consecuencia de esta decisión – y de otras, como oponerse a la creación de un “Kurdistán” en Siria – fue el intento de golpe de Estado patrocinado por Washington ocurrido inmediatamente después, el 15 de julio de 2016. Una filtración de los servicios secretos rusos al presidente Erdogan impidió que éste último fuera asesinado mientras descansaba en un hotel a las afueras de Estambul. Meses más tarde, el 19 de diciembre de ese año, era asesinado el embajador ruso en Turquía Andréi Kárlov a manos de un miembro de la red terrorista FETO, protegida por la CIA y vinculada al Estado Islámico. Este cobarde asesinato se producía justo después de que la mediática ciudad siria de Alepo fuera liberada de la barbarie terrorista, con la colaboración de Turquía.

Algo muy similar, aunque bajo el formato de “Revolución de Color”, fue lo que ocurrió en Ucrania a finales de 2014 y principios de 2015, cuando el entonces presidente Viktor Yanukovic decidió rechazar las duras condiciones políticas que le imponían desde Bruselas a cambio de ingresar en la UE y de recibir el apoyo financiero de la Troika (FMI, BCE y la Comisión Europea). Por el contrario el entonces presidente ucraniano firmó un acuerdo económico, financiero y comercial con Rusia bajo unas condiciones mucho más favorables para el país. Inmediatamente después recibió como respuesta desde Washington y Bruselas un golpe de Estado ejecutado por grupos fascistas extremadamente violentos que fue retransmitido y presentado por los medios corporativos como una “revolución democrática” pro-europea: la llamada “revolución del Euromaidán“.

O también en Honduras. La noche del 28 de junio de 2009 un grupo de militares golpistas sacaron de la cama al legítimo presidente de Honduras, Manuel Zelaya, lo subieron a un avión y lo trasladaron a la base militar de EE.UU. en Palmerola, desde donde fue llevado finalmente a Costa Rica. Apenas tres meses antes del golpe, “casualmente”, el gobierno hondureño había anunciado un acuerdo con Petróleos de Venezuela (PDVSA) – en el marco de cooperación regional del ALBA – para la explotación del petróleo de Honduras, decisión que iba en detrimento de varias empresas norteamericanas y europeas, como Chevron, Exxon Mobil, Shell o incluso la hondureña Dippsa, que estaban interesadas en explotar sus recursos [1]. Se da la circunstancia, además, de que el presidente Zelaya mantenía una disputa legal con estas empresas transnacionales, a las que incluso había amenazado con “nacionalizar” si éstas no se sometían a las leyes que impulsaba el gobierno pensando en el interés general de sus ciudadanos y no en los intereses privados de las oligarquías.

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En Egipto también asistimos a este fenómeno desde la llegada al poder en 2013 de Abdelfatah al Sisi tras derrocar a los Hermanos Musulmanes apoyados por las potencias occidentales. El cambio de rumbo geopolítico de Egipto y su acercamiento a Rusia (incluyendo las negociaciones para la instalación de bases militares rusas en la costa egipcia, el intercambio comercial bilateral utilizando sus propias monedas nacionales, un  fondo de inversión conjunta, acuerdos en materia alimentaria, militar, tecnológica…) tuvo como consecuencia un incremento de la actividad terrorista en el país árabe. Por ejemplo, el 8 de diciembre de 2016 la corporación rusa Rosatom y el gobierno egipcio anunciaron los detalles de un acuerdo para la construcción de una planta nuclear en Al Dabaa, en la costa mediterránea de Egipto. Dos días después, el 11 de diciembre de 2016, estallaba una bomba en una catedral cristiana copta en El Cairo matando a 25 personas y dejando más de 50 heridos. El Estado Islámico reivindicó posteriormente el atentado. Días antes de producirse este atentado, además, el presidente egipcio había reafirmado su apoyo a la integridad territorial de Siria y a su gobierno en su lucha contra el terrorismo yihadista.

Más recientemente, el pasado 7 de junio de 2017, la República Islámica de Irán sufría dos ataques terroristas el mismo día, uno contra el Parlamento iraní (15 días después de celebrar las elecciones presidenciales) y otro contra el mausoleo del Ayatolá Khomeini que causaron 17 muertos y más de 40 heridos. Estos atentados se producían sólo dos semanas después de que Donald Trump viajara a Riad para llamar a sus “aliados” a la creación de una coalición militar suní en contra de Irán (la mal llamada “OTAN árabe”), país al que calificó como el principal patrocinador del terrorismo del mundo. Anteriormente el ministro de Defensa saudí, Mohamed Ben Salman, amenazó abiertamente con llevar el terror a suelo iraní: “Nosotros no esperaremos a que la batalla se dé en Arabia Saudí; en lugar de eso, trabajaremos para que la batalla se dé sobre ellos, en Irán” (Sputnik Mundo, 5/5/2017). Y sólo un día antes de los atentados, el ministro de Exteriores saudí Abdel al Jubeir sentenció públicamente a Teherán a través de su cuenta en Twitter: “Irán debe ser castigado por su apoyo al terrorismo” (RT, 7/7/2017). Era la primera vez que el obediente Estado Islámico cometía un atentado terrorista dentro de Irán.

En los casos concretos de Libia y Siria no se trataba de dar un “escarmiento” a sus dirigentes sino de eliminarlos físicamente y destruir las infraestructuras de estos países para convertirlos en “Estados fallidos” fácilmente dominables. Para ello múltiples grupos terroristas fueron coordinados para invadir estos países y reconvertidos en verdaderos ejércitos de mercenarios al servicio de la OTAN y las grandes corporaciones occidentales.

En el año 2009 Muamar Gadafi propuso, como presidente de la Unión Africana, la creación de una moneda panafricana respaldada por el oro libio y abandonar el dólar para la venta del petróleo y el gas africano. Muchos países, entre ellos Túnez y Egipto, respaldaron esta iniciativa que trataba de alcanzar la unidad política, la independencia económica y la soberanía de los Estados africanos. Además de Estados Unidos, si este gran proyecto impulsado por Gadafi se hubiese puesto en marcha, Francia sería una de las más perjudicadas al perder su dominio monetario (franco CFA), comercial y económico-financiero en el “África francófona”, lo cual explica la implicación directa de Francia (y en particular de Nicolas Sarkozy)  en la organización de la destrucción de Libia, planificada junto a EE.UU. y Reino Unido mucho antes de iniciarse la guerra de invasión contra el país más desarrollado de África por aquel entonces. Sarkozy llegó a calificar a Libia como una “amenaza para la estabilidad financiera del mundo” [2].

Es necesario recordar en este punto que anteriormente Sadam Hussein – el otrora “aliado” de EE.UU. contra Irán – ya había comenzado a vender el petróleo iraquí en Euros en lugar de Dólares (noviembre del año 2.000). Esto desencadenó la posterior invasión y destrucción de Irak en el año 2003. Estados Unidos temía que el resto de miembros de la OPEP siguieran el mismo ejemplo de Irak ante la caída del Dólar frente al Euro, lo que hubiese provocado el colapso definitivo de la economía estadounidense (basada en el “petrodólar”) y el fin de su hegemonía global [3].

De nuevo en el año 2009, en Siria el presidente Bashar al Assad rechazó una propuesta de Catar para construir un gasoducto que permitiera llevar su gas a través de Arabia Saudí, Jordania, Siria y Turquía hasta Europa, en detrimento de Rusia que es su principal suministrador. De esta manera, además, EE.UU. podría asegurarse de que esas reservas y operaciones comerciales se siguieran denominando en Dólares, manteniendo así la hegemonía monetaria y financiera mundial que permite que su economía siga a flote. Por si fuera poco, en paralelo a este rechazo a la propuesta catarí (saudí y occidental), el presidente sirio llegó a un acuerdo con Irán, Irak y Líbano para construir un “oleoducto islámico” que podría convertir a Irán en “el principal proveedor del mercado energético europeo”, lo que chocaba frontalmente con los intereses de EE.UU. y sus aliados en la región, principalmente de Arabia Saudí, Catar e Israel.

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Poco después, como ya sabemos, surgieron “espontáneamente” las “Primaveras Árabes” que afectaron “casualmente” a estos gobiernos díscolos cuya agenda se desvinculaba peligrosamente de los intereses occidentales.

Pero incluso detrás de la reciente crisis en Oriente Medio tras el “bloqueo” de Estados Unidos (que sigue vendiendo armas y firmando acuerdos para “combatir el terrorismo” con Doha), Arabia Saudí y otros Estados árabes en contra de Catar, se esconden unas motivaciones similares a las anteriormente señaladas, aunque los medios corporativos se están encargando de distraernos y manipularnos. Catar está vendiendo su gas en otras divisas distintas al dólar, principalmente a China que importa de Catar un 20% del gas que consume utilizando como moneda de pago el Yuan (Renminbi). En abril de 2015 China abrió en Doha un “centro de distribución e intercambio de renminbi” que pretende ser el centro financiero para la expansión del Yuan en Oriente Medio. Desde la pasada primavera el régimen catarí está estudiando junto a Irán la construcción de un gasoducto conjunto que pasaría por Siria y Turquía dirigido a abastecer al mercado europeo con el gas procedente del gigantesco yacimiento que comparten ambos países: South Pars-North Dome. También estudian la posibilidad de llevar este gas al mercado asiático a través de la India (la 4ª potencia económica mundial, 1ª potencia demográfica, potencia nuclear, miembro de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghai, nada menos). En diciembre de 2016 Catar compró (junto a la firma suiza Glencore) un 20% de las acciones de la petrolera estatal rusa Rosneft.

Los vínculos económicos entre Rusia, Irán, Catar y Turquía nos ayudan a comprender mejor los acuerdos políticos alcanzados en Siria entre estos países. Pero estos “pequeños detalles” no son tenidos en cuenta por los medios corporativos occidentales a la hora de explicarnos lo que ocurre con Catar y la “crisis” en Oriente Medio.

Es decir, Catar maneja una agenda política propia cuyos intereses chocan frontalmente con los de EE.UU., Arabia Saudí y el régimen sionista de Israel.

¿Tiene entonces algo que ver el bloqueo a Catar con la “lucha contra el terrorismo” por parte de Estados Unidos y sus “aliados” en la región? Más bien es una guerra geoeconómica para tratar de mantener su hegemonía mundial [4].

Reorganización del terrorismo yihadista ante el fin de la hegemonía estadounidense

Además de los ya conocidos escenarios donde actúan los yihadistas de la OTAN, en la actualidad aparecen en escena nuevos puntos calientes donde los grupos terroristas surgen como por arte de magia o reaparecen “células durmientes” que despiertan ante la voz de sus amos. No es por casualidad, lógicamente.

Una vez asumida por parte de Donald Trump la derrota terrorista en Siria e Irak y asumido el carácter multipolar del Nuevo Orden Mundial, tal y como se evidenció en la reciente Cumbre del G-20 en Hamburgo [5], el imperialismo norteamericano redirige ahora a sus mercenarios salafistas hacia las fronteras de sus máximos enemigos geoestratégicos Rusia y China con el fin de cortar el paso de la Nueva Ruta de la Seda y la imparable asociación Eurasiática liderada por ambas potencias.

[leer también: Escalada militar y expansión del yihadismo contra Rusia y China]

Por ejemplo, en Afganistán se lanzó “la madre de todas las bombas” después de que Washington alertase sobre la creciente presencia del Estado Islámico en el país, motivo por el cual anunció el envío de más tropas y más armas al país. Sin embargo las élites estadounidenses no se sienten obligadas a explicar cómo ha sido posible este incremento del terrorismo yihadista en un país que están vigilando y ocupando militarmente desde hace 16 años. Sólo veo dos posibles respuestas: o bien las agencias de inteligencia estadounidenses y las élites militares y políticas reconocen que son unos absolutos incompetentes a la hora de “luchar contra el terrorismo” y garantizar la seguridad de los países donde intervienen; o bien están reconociendo implícitamente que su “guerra global contra el terrorismo” es un fraude y que son ellos mismos quienes permiten, fomentan y dirigen la expansión y actividad de los terroristas en el mundo. Llevan 16 años “reconstruyendo un país” que cada día está más destrozado. Y ahora pretenden volver a invadirlo con miles de soldados y de mercenarios a sueldo (“contratistas privados“).

Indonesia, el país con la población musulmana más grande del mundo, también sufre actualmente la inestabilidad política y la actividad terrorista alentada desde el exterior [6]. Arabia Saudí es el principal patrocinador de algunos grupos yihadistas que actúan en este país, como el “Frente de Defensores Islámicos”. El régimen saudí además financia más de 100 centros de estudios y universidades (como LIPIA, situada en la capital Yakarta) y ha construido 150 mezquitas en Indonesia desde donde difunde su ideología: el  wahabismo. Hay que destacar que Indonesia, además de los acuerdos que mantiene con Rusia en el plano militar, forma parte de la Asociación Económica Regional Integral (RCEP, por sus siglas en inglés) liderada por China, un gigantesco tratado comercial asiático del que está excluido Estados Unidos y que absorbió a los miembros de la ASEAN, además de otras potencias como Japón, India y Corea del Sur, y ha sepultado definitivamente el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) que pretendía liderar Washington frente a Pekín para extender su influencia por el Pacífico.

En Malasia también se está incrementando la actividad terrorista a medida que los yihadistas locales que viajaron a Siria e Irak desde 2011 regresan a sus países de origen una vez derrotados por Rusia y el “Eje de la Resistencia” en Oriente Medio. Su guerra ahora está en el sudeste asiático, hacia donde están señalando sus patrocinadores que tienen a China y su Nueva Ruta de la Seda en el punto de mira.

Aunque quizás el país donde ésta utilización geopolítica del terror se evidencia con más claridad y descaro sea en estos momentos Filipinas. El radical giro estratégico de Rodrigo Duterte hacia China y Rusia y la dureza de su discurso en contra de la intervención de EE.UU. en Filipinas ha tenido como consecuencia directa la invasión del país por parte del Estado Islámico y sus filiales locales. Nadie podía dudar de que presidente filipino (cuyas polémicas políticas cuentan con un gran apoyo popular después de un año en el cargo, algo que reconocen hasta sus enemigos) estaba el primero en la lista para un “cambio de régimen” en Filipinas al estilo de Ucrania, Siria o Libia. Los “rebeldes” de la OTAN se han puesto en marcha para llevar la “democracia” a Filipinas. ¿Tendrán los grandes medios corporativos la desfachatez de llamarlo algún día “primaveras asiáticas”?

En paralelo a estos hechos, en los Balcanes los funcionarios de Bruselas y Washington se preparan para aceptar la posible creación de la “Gran Albania” (que abarcaría zonas de Albania, Kosovo, Serbia, Montenegro, Macedonia o incluso Grecia), dando una vuelta de tuerca más al escarnio que cometieron con la destrucción de Yugoslavia. Desde Ucrania la OTAN anuncia el envío de más armas para el régimen neonazi de Poroshenko. En Asia Central y la región del Cáucaso, según pronostican algunos analistas, debemos esperar también un incremento de la actividad terrorista en lugares como Chechenia o Tayikistán. También en la región de Xinjiang (noreste de China); así como un empeoramiento de los conflictos en Libia o Yemen, donde la OTAN y sus regímenes aliados también están perdiendo la guerra o ven peligrar sus intereses. O que se alimente el viejo conflicto en Baluchistán en la frontera entre India y Pakistán [7]. Por cierto que ambas potencias nucleares (India y Pakistán) ya son recientes miembros de la gigantesca Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), lo cual abre nuevas expectativas sobre la solución de su conflicto territorial bajo el liderazgo de Rusia y China. Además se espera también que Irán ingrese próximamente en la OCS, mientras que países tan importantes desde el punto de vista geoestratégico como Afganistán o Turquía ya han solicitado su ingreso.

En resumen: la presencia del terrorismo yihadista en aquellos lugares estratégicos del planeta donde se está desarrollando  una guerra multidimensional por la hegemonía global de las próximas décadas es un hecho más que evidente. Este hecho no es casual, como tampoco lo fue su desplazamiento hacia Oriente Medio y norte de África en 2011 durante las llamadas “primaveras árabes“. El yihadismo se está extendiendo de forma premeditada hacia Asia Central y el sudeste asiático sencillamente porque el centro de gravedad de la economía mundial se desplaza imparable hacia Asia.

Las potencias occidentales (representantes del capital financiero anglosajón, fundamentalmente) que se oponen a este histórico cambio de paradigma global están movilizando todos los medios y recursos a su alcance para tratar de evitar lo inevitable: la consolidación de un “nuevo orden mundial multipolar”.

La utilización de grupos terroristas (yihadistas o de otra ideología) y mercenarios es una de esas herramientas de desestabilización que utilizan estas potencias (con Estados Unidos a la cabeza) para alcanzar sus objetivos. Lo vienen haciendo desde al menos los tiempos de la “Operación Ciclón” (puesta en marcha por Zbigniew Brzezinski en Afganistán y Pakistán en 1979 en contra de la Unión Soviética), pasando por el apoyo a “la Contra” en Nicaragua, la puesta en marcha de la “Operación Gladio” en Europa… y hasta nuestros días con la mutación de Al-Qaeda en el llamado “Estado Islámico” en Oriente Medio.

Y los “periodistas” de los medios corporativos occidentales (que son propiedad de ese mismo poder financiero-económico occidental que patrocina el terrorismo) nos quieren hacer creer, fomentando la desinformación y la ignorancia colectiva, que todos estos acontecimientos que presenciamos son fruto de la casualidad y no están relaciones entre sí. Todos estos mercenarios de la (des)información en Occidente están en la misma trinchera que los terroristas: ellos están ejerciendo la Yihad Mediática.

 

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Alguien consiguió petróleo tras caer Zelaya,- un detallado artículo de Julio Escoto (Agencia Latinoamericana de Información ALAI, 15/6/2010)

[2] Hillary Emails, Gold Dinars and Arab Springs,- un análisis del escritor y experto en geoestrategia y F. William Engdahl (New Eastern Outlook, 17/3/2016) https://journal-neo.org/2016/03/17/hillary-emails-gold-dinars-and-arab-springs/

[3] The Real Reasons for the Upcoming War With Iraq: A Macroeconomic and Geostrategic Analysis of the Unspoken Truth,- un detallado informe de William Clark (Global Research, 17/2/2003) http://www.globalresearch.ca/articles/CLA302A.html

[4] The Qatar Blockade, the Petro-Yuan, and the Coming War on Iran,- un artículo del periodista y analista internacional Dan Glazebrook (Counterpunch, 16/6/2017)

[5] G-20 de Hamburgo: fin del “orden neoliberal global” por el G-3 (EU/Rusia/China),- análisis del experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 9/7/2017) http://www.jornada.unam.mx/2017/07/09/opinion/014o1pol?partner=rss

[6] Saudi Arabia is destabilizing the world,- artículo de Stephen Kinzer (The Boston Globe, 11/6/2017) https://www.bostonglobe.com/opinion/2017/06/10/saudi-arabia-destabilizing-world/ivMeb7TWGk1fQaVjZWWKGP/story.html

[7] ISIS “Coincidentally” Appears Along China’s One Belt, One Road,- artículo del analista internacional e investigador afincado en Bangkok Tony Cartalucci (Land Destroyer, 1/7/2017) http://landdestroyer.blogspot.com.es/2017/07/isis-coincidentally-appears-along.html

El Gran Kurdistán y la balcanización de Siria

¿Cómo es posible que cuando más debilitados están los grupos yihadistas en Siria más se incrementa la escalada terrorista y militar de las fuerzas invasoras en el país? ¿Cómo es posible que, si todas las potencias intervinientes en Siria dicen estar “luchando contra el Estado Islámico”, esta organización criminal tan rudimentaria todavía no haya sido derrotada por los ejércitos más potentes del mundo?

Parece una contradicción, pero no lo es. La explicación, como es bien sabido y se ha documentado en tantas ocasiones, es que la OTAN y las dictaduras del Golfo crearon al Estado Islámico (EI) para invadir Siria y derrocar al gobierno secular de Bashar Al Assad, en el marco de una agenda imperialista de más largo alcance (“primaveras árabes”), con Irán como la pieza regional más deseada. Estos terroristas actuales son los nietos de los “muyahidines” que la CIA envió a Afganistán en 1979 bajo la dirección del ideólogo Zbigniew Brzezinski para tratar de empantanar allí a la Unión Soviética. Desde entonces han sido utilizados para desestabilizar países y regiones en función de sus intereses económicos y geopolíticos. Por lo tanto, los terroristas del EI y del resto de grupos takfiríes (los “rebeldes moderados”) son los aliados de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo en Siria. Son sus soldados de infantería, sus mercenarios sobre el terreno, pero además, su propia existencia sirve como excusa a la OTAN para justificar sus intervenciones directas en Siria e Irak y todo Oriente Medio y norte de África (en el marco de la llamada guerra global contra el terrorismo). Desde el año 2011 hemos visto cómo cada vez que estos terroristas wahabíes que actúan en Siria – bajo diversas siglas y denominaciones – se encuentran acorralados por parte de las fuerzas sirias y de sus aliados antimperialistas, los patrocinadores de los terroristas salen a su rescate. Sin su financiación y su apoyo militar y logístico el EI en Irak y Siria sería historia desde hace mucho tiempo.

Hago este pequeño preámbulo – que para aquellos lectores mejor informados sonará reiterativo – para poner en contexto la escalada de terror que estamos viendo en Siria en los últimos días. Los recientes ataques del régimen sionista israelí contra el Ejército Árabe Sirio [1], así como los bombardeos de Estados Unidos (EU) contra la población civil (incluida una escuela en Al Mansur) y el despliegue de sus tropas en Siria [2], o los atentados terroristas provocados en Damasco y sus alrededores durante los últimos días evidencian la desesperación de las potencias occidentales y sus criminales aliados porque están perdiendo la guerra de invasión que iniciaron hace ahora seis años. Y son un nuevo intento de hacer fracasar las conversaciones de Astaná (Siria-Rusia-Turquía-Irán) para alcanzar un acuerdo político en el que estas potencias occidentales tienen poco o nada que decir sobre el futuro de Siria.

En paralelo también debemos prestar atención al peligroso doble juego que están interpretando algunos de los actores que intervienen en esta guerra de invasión. Y no me refiero únicamente a Turquía, sino también a la alianza entre EU y los kurdos sirios. Esta alianza supuestamente “antiterrorista” esconde otros intereses que nada tienen que ver con mantener y respetar la integridad y la soberanía de la República Árabe Siria. Más bien todo lo contrario.

El Gran Kurdistán de Siria e Irak

La destrucción de Siria como Estado independiente y su posterior balcanización forma parte de los planes de Washington desde hace muchos años. De hecho la creación de “zonas de seguridad” o “zonas de exclusión aérea” bajo la excusa de “proteger a la población civil”, algo que reclaman insistentemente los gobiernos de la OTAN y las grandes ONGs a su servicio, oculta realmente la intención de ir arrebatando partes del territorio sirio al gobierno de Damasco hasta fracturarlo definitivamente como hicieron, por ejemplo, en Yugoslavia bajo el mandato del español Javier Solana (PSOE) o posteriormente en Irak tras la invasión en 2003.

En esta línea, actualmente Estados Unidos está utilizando las reivindicaciones de los kurdos sirios para crear un Kurdistán en Siria, que se uniría estratégicamente al ya existente Kurdistán iraquí que dirige el títere criminal Masud Barzani. Según informaciones publicadas recientemente en la página Inside Syria Media Center, Estados Unidos y los kurdos sirios habrían llegado a un acuerdo sobre los límites geográficos del futuro Kurdistán sirio, que unido al Kurdistán iraquí formarían el llamado Gran Kurdistán entre Siria e Irak [3]. Según los planes de Washington la creación del Kurdistán sirio se llevaría a cabo después de liberar Al-Raqa y de expulsar al Estado Islámico tanto de Siria como de Irak.

Ya en septiembre de 2016 el líder kurdo del Partido de la Unión Democrática (PYD), Salim Muslim, anunció desde la ciudad de Kobane un acuerdo de colaboración en materia militar y política de los kurdos sirios con los kurdos iraquíes, después de que varios miembros del PYD se reunieran con el presidente del Kurdistán iraquí, Masud Barzani. Estos acuerdos se realizaron bajo la supervisión de funcionarios y militares de Estados Unidos [4].

Sobre el terreno Rusia, al igual que Estados Unidos, ha movilizado a sus tropas en Afrin y Mabij en lo que Turquía considera un movimiento para proteger a los kurdos sirios. Rusia colabora con los kurdos en la medida en que éstos luchan contra el EI. Pero está por ver hasta qué punto Rusia está dispuesta a defender los intereses kurdos en cuanto a la creación de un Kurdistán en Siria. Moscú siempre ha defendido que la soberanía y la integridad territorial de Siria no son negociables. Pero todos sabemos la “volatilidad” de la situación en Oriente Medio y lo rápido que pueden cambiar las alianzas estratégicas entre las diferentes fuerzas intervinientes en la región. En cualquier caso, ya sea contra EU, ya sea contra Rusia, o contra ambos a la vez, la situación del régimen de Erdogan en Siria terminará por colapsar en algún momento [5].

También es importante señalar aquí dos asuntos a tener en cuenta: a principios del mes de marzo los líderes de los 6 partidos kurdos más importantes de Irán se reunieron para organizar acciones conjuntas en contra la República Islámica de Irán. Varios días después, el 20 de marzo, dos miembros de la Guardia Revolucionaria iraní fueron asesinados (algunas fuentes hablan de seis muertos) y varios más resultaron heridos en la ciudad de Mariwan tras un ataque lanzado por el grupo las Águilas de Zagros (Zagros Eagles), compuesto por militantes del llamado Kurdistán oriental (Irán) y del Kurdistán iraquí del clan Barzani.

Por otro lado, en febrero de este año el Partido Democrático del Kurdistán de Irán (KDP-I) – alineado con los intereses de Washington, Londres, Israel, Arabia Saudí y el clan Barzani – exigió al presidente estadounidense Donald Trump que incluyera a la Guardia Revolucionaria de Irán en la lista de “organizaciones terroristas” [6].

Los kurdos están jugando en Siria el papel de peones del imperialismo anglosajón en el “gran tablero de ajedrez” geopolítico. La “izquierda” debería tener un poco más de cuidado a la hora de hacer bandera de sus reivindicaciones “soberanistas” en Oriente Medio.

La OTAN moverá a sus terroristas en Siria para golpear desde adentro a Rusia, China e Irán 

En buena medida la resolución de la guerra de invasión contra la República Árabe Siria depende del resultado de otra guerra soterrada que se está disputando en el corazón político de Estados Unidos. Si Donald Trump se impone al Estado Profundo que pretende derrocarlo y logra imponer su agenda, es probable que su deseado acercamiento a Rusia termine con un acuerdo sobre Siria y con el consecuente cese de su apoyo a los terroristas de Al Qaeda y sus filiales en Siria e Irak. Pero, a la vista de los acontecimientos que están ocurriendo en EU y de algunas peligrosas maniobras por parte del gobierno estadounidense, pensar que el presidente Trump vaya a imponerse a los golpistas y a dar un giro drástico a la política imperialista de Washington – tal y como prometió en campaña – supone ser demasiado ingenuo. De momento, mientras la guerra civil entre las elites sigue en marcha en Washington, sobre el terreno la política exterior estadounidense sigue avanzando por la misma senda y dirigida por los mismos criminales de antaño.

En un plano más amplio del análisis, en Siria no sólo se están disputando los grandes recursos energéticos del país, o la construcción de los gasoductos y oleoductos que permitirían a Arabia Saudí y Catar conquistar el mercado europeo en detrimento de Irán, o incluso la intención por parte de Occidente de eliminar a un gobierno soberano, antimperialista, anti-sionista y aliado de Hezbolá y de una potencia regional “enemiga” de la OTAN como es Irán. Sino que en Siria se está disputando el nuevo equilibrio de poder entre las principales potencias capitalistas del mundo. O si lo prefieren lo que algunos analistas definen como el Nuevo Orden Mundial, o el paso del “mundo unipolar” caracterizado por el dominio absoluto de Estados Unidos, a un “mundo multipolar” donde la hegemonía y el centro del poder se distribuye entre varios actores y lugares, básicamente China, Rusia y EU (aunque también entre países como India o Irán en un segundo plano).

Como consecuencia de este cambio geopolítico de primer nivel, Rusia y China están en el punto de mira de los globalizadores occidentales que intentan conservar su hegemonía política, militar, financiera, económica y cultural, impuesta al resto del mundo desde la Segunda Guerra Mundial y acelerada e intensificada tras la caída de su único contrapeso, la Unión Soviética.

Siria y Ucrania, así como las maniobras militares en el Mar Meridional de China, son algunos de los escenarios principales donde Occidente trata de frenar la influencia y el crecimiento del eje estratégico Moscú-Pekín-Teherán que, entre otras cosas, amenaza con dominar Eurasia, “el corazón del mundo”. Es por ello que ante la imposibilidad de imponerse en Siria y debilitar a Irán, con una Rusia impermeable a las sanciones y cada vez más influyente en Oriente Medio, y con una China cada vez más fuerte en todo África, Asia y Latinoamérica, es más que probable que las potencias de la OTAN traten de incendiar y desestabilizar a Rusia, China e Irán desde lugares más cercanos a sus fronteras o incluso desde su propio territorio utilizando para ello al terrorismo yihadista que ahora opera en Siria y en otros países de Oriente Medio y del sudeste y centro de Asia [7]. Tengamos en cuenta que en Siria e Irak están operando miles de yihadistas rusos procedentes de la región del Cáucaso, así como también miles de yihadistas uigures procedentes de la región de Xinjiang, en el noroeste de China. Estos terroristas, ahora con experiencia de combate y entrenamiento militar servido por la OTAN, suponen un potencial peligro para la estabilidad y seguridad interna de Rusia y China, algo no van a desaprovechar sus enemigos, los patrocinadores del terrorismo internacional.

Sin olvidar, claro está, el patrocinio occidental de grupos “opositores” y “ONGs” dentro de estos países con el fin de implementar nuevas “revoluciones de colores” o “primaveras árabes” que tantos réditos les dieron en el pasado.

Todo esto, obviamente, es una hipótesis que con el tiempo veremos si es acertada o no. Pero lo que es ya un hecho objetivo es que Estados Unidos y sus aliados llevan décadas utilizando a los grupos terroristas wahabíes que crearon (como Al Qaeda o ahora el Estado Islámico) para derrocar gobiernos, desestabilizar regiones y alcanzar así sus espurios intereses económicos y geopolíticos. De esto no cabe ninguna duda.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Regional, World War Possible As Israel Continues To Provoke Full-Scale Confrontation With Syria,- artículo de Brandon Turbeville (Activist Post, 23/3/2017) http://www.activistpost.com/2017/03/regional-world-war-possible-as-israel-continues-to-provoke-full-scale-confrontation-with-syria.html

[2] US Expands Defacto Syrian Invasión,- artículo de Tony Cartalucci (Land Destroyer, 25/3/2017) http://landdestroyer.blogspot.com.es/2017/03/us-expands-defacto-syrian-invasion.html

[3] BREAKING: State of Great Kurdistan to be Created in Syria and Iraq,- Inside Syria Media Center (24/3/2017) https://en.insidesyriamc.com/2017/03/24/breaking-news-state-of-great-kurdistan-to-be-created-in-syria-and-iraq/

[4] Is the U.S. Ready to Back a Kurdistán?,- información de Mariam Al-Hijab (International Policy Digest, 7/10/2015)  https://intpolicydigest.org/2015/10/07/is-the-u-s-ready-to-back-a-kurdistan/

[5] Checkmate in Syria: Erdogan’s gambit with Putin is not paying off,- David Barchard (Middle East Eye, 24/3/2017) http://www.middleeasteye.net/columns/checkmate-syria-erdogan-s-gambit-putin-not-paying-159544833

[6] Iranian Kurds Attack Revolutionary Guards in New Year Offensive,- análisis de Christof Lehmann (NSNBC, 20/3/2017)  https://nsnbc.me/2017/03/20/iranian-kurds-attack-revolutionary-guards-in-new-year-offensive/

[7] Keeping The “Counter-terrorism” Myth And The Islamic State Alive,- artículo de Toni Cartalucci publicado en NEO (Global Research, 24/3/2017) http://www.globalresearch.ca/keeping-the-counter-terrorism-myth-and-the-islamic-state-alive/5581565