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La guerra por el mercado europeo del gas o el suicidio del imperio estadounidense

El “pivote asiático” anunciado por Barak Obama en 2012 tuvo como respuesta el anuncio de la Nueva Ruta de la Seda por parte de la China de Xi Jimping en 2013, el proyecto más ambicioso de la historia moderna y que ha dejado boquiabiertas a las élites imperialistas occidentales. El golpe de Estado neonazi patrocinado por Washington y Bruselas en Ucrania en febrero de 2014 arrojó definitivamente a Rusia a los brazos de China. Fue Rusia quien “pivotó” hacia Asia. El pacto secreto alcanzado el 11 de septiembre de 2014 entre Estados Unidos y Arabia Saudí para hundir los precios del petróleo [1] tampoco obtuvo los resultados esperados: la economía de Rusia se está recuperando y además se está diversificando.

Desde entonces las sanciones y la hostilidad política, económica y militar de EE.UU. y sus vasallos de la OTAN contra Rusia, China o Irán sólo han servido para profundizar los lazos entre estos países e incrementar su influencia en Oriente Medio y en todo Asia. Por si esto fuera poco, como resultado de este fortalecimiento, Rusia le ha ganado la guerra a la OTAN en Siria.

Eurasia ya no es sólo un concepto geográfico sino que se ha convertido en un sujeto geopolítico y geoestratégico real que ha cambiado la balanza del poder mundial. Cada vez son más los países que buscan la cobertura de la Organización de Cooperación de Shanghai (como India y Pakistán, dos potencias nucleares) y la financiación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés), para mayor desesperación de la OTAN y sus think tanks corporativos.

Sin embargo lejos de cambiar su estrategia, las élites imperialistas estadounidenses continúan con la misma agenda de agresión e injerencia contra aquellos Estados soberanos que no se someten a sus intereses. Su fe ciega en su “excepcionalismo” y su ambición de poder están acelerando el fin definitivo de su hegemonía global.

Ahora desde Estados Unidos se implementan nuevas sanciones contra Rusia, Irán, Corea del Norte e indirectamente contra China (posteriormente también contra Venezuela) que inevitablemente ocasionarán los mismos resultados para sus promotores.

No es ninguna casualidad que estos países sean la obsesión del Estado Profundo estadounidense. En un reciente informe emitido por el Pentágono, en el cuál se reconoce sin disimulos que Estados Unidos ha perdido su dominio global, se señala precisamente a China, Rusia, Irán y Corea del Norte como los responsables del fin de la “primacía” de Estados Unidos [2]. Este trascendental informe viene a confirmar que una mayoría de los militares del Pentágono apoyan a Donald Trump y su pretendido cambio de paradigma en su política exterior y que asumen el carácter multipolar del Nuevo Orden Mundial. El problema es que sus recetas para recuperar su hegemonía siguen siendo las mismas de siempre: más injerencia y más militarización en contra de sus “competidores”.

Pero lo más relevante en estos momentos a raíz de las nuevas sanciones procedentes de Washington, es que ahora son sus propios vasallos europeos quienes también sufren su injerencia directa en sus asuntos internos y estratégicos, lo que puede provocar una ruptura histórica entre Estados Unidos y las viejas potencias europeas, principalmente de una Alemania que está en el punto de mira geoeconómico de Donald Trump desde su llegada a la Casa Blanca, obsesionado con revertir el déficit comercial que mantiene con este país.

Guerra por el mercado energético de Europa contra Rusia, Irán y Catar

En diciembre del año 2015 el Congreso estadounidense votó a favor de eliminar las restricciones sobre la exportación de petróleo y gas (vigentes desde 1973) para dar salida al excedente de energía proveniente de la “fracturación hidráulica” o fracking impulsado especialmente por el régimen de Obama. La intención de Estados Unidos era convertirse en una potencia exportadora de hidrocarburos, principalmente de gas natural licuado (GNL) o gas de esquisto.

En el año 2012 la Agencia Internacional de Energía (AIE), un organismo dependiente de la OCDE, pronosticó que Estados Unidos se convertiría en 2015 en el mayor productor de gas y petróleo del mundo por delante de Rusia y Arabia Saudí respectivamente [3], nada más y nada menos. Hasta ese punto llegan los ambiciosos planes de las élites económicas y políticas estadounidenses. Pero para alcanzar ese objetivo, las grandes corporaciones estadounidenses necesitan conquistar el mercado energético de Europa. Y para lograrlo es necesario a su vez eliminar a sus competidores: estos son Rusia e Irán, principalmente, a los que ahora se une también Qatar. Estos países son los mayores exportadores de gas del mundo.

Catar está negociando con Irán la construcción de un gasoducto que inundaría a Europa con el gas procedente del gigantesco yacimiento South Pars/North Dome que comparten ambos países. El gasoducto pasaría por Catar, Irán y Turquía hasta Europa. Esto supone que Catar (y Turquía) da un giro geoestratégico radical y se sitúa en frente de los intereses de Arabia Saudí y Estados Unidos. Recordemos que Estados Unidos, Arabia Saudí, el propio Catar y Turquía (más el Reino Unido, Francia, Israel y Jordania) iniciaron la guerra terrorista contra Siria en 2011 precisamente porque Bashar al Assad se opuso en el año 2009 a la construcción de un gasoducto común procedente de Catar y Arabia Saudí con destino al mercado europeo, lo que iría en detrimento de Irán y Rusia, aliados fundamentales de la República Árabe Siria.

Por lo tanto la guerra terrorista contra Siria iniciada en 2011, así como las sanciones posteriores contra Rusia, Irán o Catar (también contra China y Venezuela), no obedecen a cuestiones que tengan que ver con los “Derechos Humanos”, la extensión de la “democracia”, la reducción de las armas nucleares (cuyos acuerdos Irán cumple escrupulosamente) o la “lucha global contra el terrorismo”, sino a la lucha de Estados Unidos por mantener su ya inexistente hegemonía global y la conquista del mercado energético en Europa en particular.

Actualización de la “doctrina Wolfowitz”: dominar Europa atacando los intereses de Europa. (China y Rusia se frotan las manos)

Antes de aterrizar en Alemania para asistir a la cumbre del G-20 celebrada en Hamburgo el pasado 7 y 8 de julio, el presidente Trump aterrizó en Varsovia. Los grandes medios corporativos, especialistas en manipulación informativa y en desviar la atención de la audiencia hacia cuestiones superficiales y políticamente irrelevantes, pusieron el énfasis de la noticia en el carácter “populista” y “nacionalista” de ambos gobernantes o en su hostilidad conjunta hacia las “autoridades europeas”. Sin embargo prefirieron ignorar lo más relevante del trasfondo de esta visita.

Polonia y Croacia (junto a otros 10 países) encabezan un proyecto de carácter estratégico que pretende unir el mar Báltico, el mar Adriático y el mar Negro: la Iniciativa de los Tres Mares. Washington apoya esta iniciativa porque a través de estos países pretende introducir su gas licuado en Europa. En el año 2014 Polonia comenzó la construcción de una terminal de gas natural licuado en el Báltico que a día de hoy ya recibe los buques cisterna procedentes de Estados Unidos. Por su parte Croacia está construyendo una terminal similar en el mar Adriático. Trump pretende crear un corredor energético para unir ambas terminales [4].

Consecuentemente con esta estrategia, Washington se opone a la construcción del gasoducto North Stream 2 entre Rusia y Alemania, proyecto que fortalecería la seguridad energética alemana y la posición de Rusia en Europa como su principal potencia exportadora. La Casa Blanca, siguiendo la línea marcada por el Congreso y el Senado estadounidenses, anunció recientemente que impondría sanciones a aquellas empresas europeas que participen en la construcción de dicho gasoducto.

Por otro lado Trump pretende reducir el déficit comercial que Estados Unidos mantiene con Alemania. Por su parte Alemania ve como una amenaza la iniciativa de los Tres Mares ya que pondría en peligro su hegemonía en el este de Europa. Además a Donald Trump todavía le escuece el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Japón firmado justo antes de que aterrizara en Hamburgo para acudir a la cumbre del G-20. Todos estos hechos cruzados enfrentan los intereses de EE.UU. con los de Alemania, y por extensión con los de toda Europa.

También con los de Francia. El pasado 3 de julio la petrolera francesa Total firmó un acuerdo con Irán para liderar un consorcio que explotará la parte iraní del gasoducto South Pars/North Dome. La participación de Total será aproximadamente de un 50% del proyecto (que ascenderá a 5.000 millones de euros en total), junto a la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) que controlará un 30% y la empresa estatal iraní Petropars que recibirá el 20% restante [5]. Este es el primer gran acuerdo energético de un país occidental con Irán tras el levantamiento de las sanciones en enero de 2016.

Las duras reacciones de las élites neoliberales europeas ante el nuevo paquete de sanciones de Washington no tiene nada con ver con un cambio ideológico de los gobiernos y los globalistas europeos, y mucho menos con cuestiones éticas. No están defendiendo a Rusia, ni el respeto por el Derecho Internacional, ni siquiera se oponen a las sanciones, sino que protestan porque ahora las sanciones ilegales les afectan a ellos directamente al mantener acuerdos estratégicos con Moscú, algo que ha dejado claro la ministra de Economía de Alemania en unas declaraciones públicas cargadas de hipocresía:

La ministra de Economía de Alemania, Brigitte Zypries, ha denunciado que las nuevas medidas contra Moscú propuestas por los legisladores estadounidenses “violan el derecho internacional” (…) los estadounidenses “no pueden castigar a las empresas alemanas” porque tengan intereses comerciales en otro país. La ministra ha enfatizado que “por supuesto que no queremos una guerra comercial” con EE.UU., pero ha recordado que Alemania había pedido repetidamente a Washington que no se desviara de la política común de sanciones occidentales contra Rusia. “Desafortunadamente, eso es exactamente lo que están haciendo” (…) “es correcto que la Comisión Europea considere ahora “contramedidas” contra Washington. [Rusia Today, 31/7/2017]

Parece ser, escuchando a la ministra alemana, que los Estados están obligados a respetar el Derecho Internacional sólo cuando su incumplimiento afecta a sus propios intereses. Ya saben, las leyes las cumplo cuando me benefician y las pisoteo cuando me perjudican.

La amenazas lanzadas desde Europa contra EE.UU. forman parte de un pulso entre las potencias y las grandes corporaciones occidentales por acaparar más cuota de poder en un inestable tablero geopolítico y geoeconómico mundial que les ha dejado descolocados tras el cambio de paradigma en la balanza de poder global.

La Unión Europea está ahora probando de su propia medicina, la misma que ellos aplicaron (siguiendo mansamente las órdenes de Washington) contra Rusia, Irán… o mucho antes contra Cuba.

El Estado Profundo pretende reactivar la doctrina Wolfowitz de 1992. Y Donald Trump parece sucumbir ante su estrategia.

(…) la doctrina Wolfowitz teoriza sobre la necesidad de que los Estados Unidos bloqueen el surgimiento de cualquier competidor potencial a la hegemonía estadounidense, particularmente las «naciones industrializadas avanzadas» como Alemania y Japón. La Unión Europea es un blanco particular:

«A pesar de que los Estados Unidos apoyan el proyecto de integración europea, debemos velar para que no surja un sistema de seguridad puramente europeo que socave la OTAN, y particularmente su estructura de mando militar integrado». 

Se solicitará a los europeos que incluyan en el Tratado de Maastricht una cláusula que subordine su política de defensa a la de la OTAN, mientras el informe del Pentágono aboga por la integración de los nuevos Estados de Europa Central y del Este en el seno de la Unión europea, beneficiándolos con un acuerdo militar con los Estados Unidos que los proteja contra un posible ataque ruso. [6]

¿Qué ocurrirá de aquí en adelante? Todavía es muy pronto para saberlo. Pero algunos analistas geopolíticos ya anticipan que Alemania y quizás otros países de la UE reorientarán su política exterior hacia el eje eurasiático encabezado por China y Rusia (Eurasia) [7]. Otros importantes “aliados” de Washington (como Turquía, Irak, India, Pakistán, Filipinas…) ya han iniciado este viraje estratégico. Con sus propias acciones violentas y desesperadas el Imperio está cavando su propia tumba. Esto último, al menos, es algo que debemos celebrar en estos tiempos de incertidumbre.

 

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Did The Saudis And The US Collude In Dropping Oil Prices?,- artículo de Andrew Topf

[2] Pentagon Report Points To Unsustainable Status Quo For U.S.’ Global Empire,- artículo de Whitney Webb (Mint Press News, 28/7/2017) http://www.mintpressnews.com/report-unsustainable-status-quo-u-s-global-empire/230231/

[3] La revolución que cambiará el mapa energético mundial,- diario económico Expansión (15/11/2012). Leer también: Estados Unidos se convertirá en el mayor productor de gas y petróleo del mundo,- revista Petroquímica (petróleo, gas, química y energía)

[4] The Fatal Flaw in Washington’s New Energy Strategy,- artículo del analista geopolítico y escritor F. William Engdahl (13/7/2017)

[5] Acuerdo de desarrollo de Pars del Sur,- un reportaje de la cadena iraní Hispan TV (YouTube, 28/7/2017)

[6] Paul Wolfowitz, el alma del Pentágono,- por Paul Labarique (Red Voltaire, 24/2/2005) http://www.voltairenet.org/article123982.html

[7] Imperial Folly Brings Russia and Germany Together,- artículo del analista geopolítico Pepe Escobar (Sputnik International, 29/7/2017)

 

 

 

 

Eurasia, Euráfrica y la Nueva Ruta de la Seda Latinoamericana

Estados Unidos nunca dejó de intervenir en América Latina desde que se presentara la Doctrina Monroe en 1823 bajo la máxima “América para los americanos” (es decir, para los estadounidenses). Pero la realidad geopolítica del momento obliga al imperialismo norteamericano a incrementar su injerencia en el sur del continente para tratar de dominar sus recursos naturales y controlar los mercados de la región frente a la imparable influencia del proyecto euroasiático encabezado por el tándem geoestratégico China-Rusia.

Algunos hechos evidencian que en Latinoamérica también se desarrolla un nuevo frente de lucha por la hegemonía global entre las viejas potencias occidentales y el nuevo bloque euroasiático (Eurasia), cuyo epicentro geográfico y simbólico podríamos colocar en Siria principalmente. La guerra contra Siria evidenció que Estados Unidos ya no tiene capacidad de imponer su voluntad por la fuerza de forma unilateral.

Es en este contexto de lucha intercapitalista y de reconfiguración del tablero geopolítico a nivel global, caracterizado por el fin de la hegemonía estadounidense y el inicio de un nuevo orden mundial multipolar, donde debemos enmarcar noticias como la futura instalación de una nueva “base militar multinacional” y las maniobras militares anunciadas por EE.UU. y la OTAN para finales de año entre las fronteras compartidas de Brasil, Colombia y Perú [1].

En esa misma zona, el pasado 28 de diciembre de 2016 todavía bajo el mandato de Barack Obama, el Comando Sur de EE.UU. firmaba un acuerdo con el Departamento de Amazonas de Perú para la instalación de una base militar disfrazada como “Centro de Operaciones de Emergencia Regional” (COER), que se suma a los otros seis “centros de operaciones” similares que se reparten estratégicamente por diversos lugares de Perú [2].

Si en Oriente Medio la excusa es la “lucha contra el terrorismo”, en Latinoamérica la injerencia militar imperialista se justifica bajo el manto propagandístico de la “ayuda humanitaria” o la “lucha contra el narcotráfico”. Los intereses ocultos, obviamente, son otros.

Desestabilizar a Venezuela, fracturar la integración regional y frenar la Nueva Ruta de la Seda en Latinoamérica

Venezuela sigue en el punto de mira de EE.UU., que sigue financiando el golpe suave que se está ejecutando contra el gobierno de Maduro y continúa ampliando las sanciones contra ese país en el marco de una guerra económica más amplia. Pero no sólo se trata de robar el petróleo venezolano (las mayores reservas probadas del planeta), o de derrocar a un gobierno antagónico desde el punto de vista ideológico, sino que Venezuela ejerce ahora más que nunca – tras el regreso al poder de la derecha neoliberal en Argentina y en Brasil – como la locomotora política de la integración latinoamericana y caribeña que en los últimos 10-15 años alcanzaron un nivel de soberanía e independencia respecto a Washington que no tiene precedentes y que permitió a estos países un gran nivel de desarrollo.

La caída de Venezuela supondría el inicio del fin de este proceso y de las instituciones creadas a partir de esa posición de soberanía regional surgida en los últimos años, como Unasur, CELAC, Alba, Mercosur, Petrocaribe, etc. Países de la órbita venezolana como Ecuador, Bolivia, Cuba o Nicaragua quedarían más aisladas y debilitadas tras la caída de la Revolución Bolivariana. Precisamente fue ésta posición de soberanía e independencia reflejadas en la creación de estos organismos regionales durante los últimos 10-15 años que ahora se pretenden demoler, lo que ha permitido a sus países miembros llegar libremente a acuerdos comerciales, económicos o financieros con potencias como China y Rusia, que ofrecen unas condiciones mucho más ventajosas para la región que las impuestas por la fuerza bajo el Consenso de Washington, incrementando de esta manera su influencia en todo el continente.

China ya era en 2015 el primer socio comercial de Brasil (la 6ª economía mundial por PIB y miembro de los BRICS), Perú, Chile, Venezuela o Argentina, y el segundo socio comercial de México (la 2ª economía por PIB de América Latina). Las inversiones chinas y su influencia política, comercial, económica y financiera en Latinoamérica no ha hecho más que multiplicarse desde entonces, lo que ha hecho saltar las alarmas de sus enemigos estadounidenses que se consideran dueños legítimos “por la gracia de Dios” de los recursos de todo el continente (y del resto del planeta, podríamos decir).

América Latina es el más reciente compañero de negocios de China. Los bancos chinos aumentaron las inversiones en América Latina en 71% el año pasado, y el país tiene previsto duplicar su volumen de comercio con la región de Centro y Sudamérica en la próxima década. Esto se produce a medida que el poder de Estados Unidos en América Latina está empezando a erosionarse. El efectivo estadounidense de hecho está huyendo de la región a medida que los inversores ven mejores ofertas en sus propios países o en otros lugares. (…)

“Lo que estamos viendo no es simplemente un juego económico. Es un juego económico que también tiene un trasfondo político y estratégico”, dice Ilan Berman, vicepresidente del American Foreign Policy Council en Washington. [América Latina, manzana de la discordia entre China y EU,- CNN, 5/3/2015]

Teniendo en cuenta estos factores, podemos afirmar que las “inéditas” maniobras militares anunciadas por Washington en la “triple frontera” de la región de Amazonas próximamente, no van dirigidas única y directamente contra Venezuela, puesto que en realidad ya existen en Colombia siete bases militares estadounidenses apuntando contra Caracas, además de las bases existentes también en Guyana y Surinam, o las bases aéreas de Aruba y Curazao, que en conjunto cercan militarmente a Venezuela por los cuatro costados [3]. Es decir, que Venezuela ya está cercada militarmente desde hace bastante tiempo.

La pregunta pertinente que debemos hacernos ante el actual escenario, es si una Venezuela sin el apoyo firme de una potencia como Rusia y los países y organismos regionales – incluido el apoyo militar – puede resistir la envestida de EE.UU-OTAN. En 2011 Libia estaba sola, y Gadafi fue asesinado públicamente y el próspero Estado libio fue destruido en apenas unos meses. Siria tiene el apoyo del “Eje de la Resistencia” y de Rusia, y está ganando la guerra al terrorismo patrocinado por la OTAN-CCG después de 6 años de lucha. La respuesta parece evidente. En Venezuela este debate ya está sobre la mesa.

(…) la única forma de resistir a la embestida imperialista y a sus lacayos de la región es como lo hizo Siria. El gobierno venezolano debe integrar a Rusia y a otros países aliados en una ecuación que podemos denominar: Muralla de Defensa Antimperialista. Si EE.UU. cuenta con varias bases militares en Colombia (…) también Rusia debería ser convencida de estar presente en Venezuela bajo una figura que no necesariamente signifique una base militar perenne (…). ¿Estaría interesada Rusia en apoyar a Venezuela? ¿Cuál sería el costo político y económico que implicaría para la defensa del país? [4]

Por otro lado, Rusia y China han concedido varios préstamos a Venezuela que han sido avalados con el propio petróleo venezolano, incluso con acciones de la filial de PDVSA en Estados Unidos (Citgo Petroleum), lo cual preocupa mucho a Washington, puesto que si el gobierno venezolano no cumple con sus obligaciones crediticias Rusia podría apropiarse de esas empresas petroleras que operan en 19 Estados de Estados Unidos. Tanto China como Rusia mantienen importantes acuerdos estratégicos con Venezuela también en materia de energía, de infraestructuras, finanzas, agricultura, en el plano militar, de la automoción, etc. Sus intereses tanto económicos como geopolíticos son muy grandes en Venezuela y Sudamérica [5]. ¿Hasta qué punto están dispuestos a defenderlos?

Por lo tanto, éstas nuevas maniobras militares que se anuncian y la escalada belicista del Imperio en América Latina responden a una visión geopolítica más amplia que pretende cortar de raíz los proyectos y las inversiones de China y Rusia en estos países y frenar su influencia en toda la región.

Por ejemplo, el gran Ferrocarril Transoceánico

Brasil y Perú (junto a Bolivia, Venezuela y Chile) son miembros del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura fundado por China en 2014 (en detrimento del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial dominados por el capital financiero estadounidense). Bajo este paraguas financiero, China está construyendo un gigantesco “ferrocarril transoceánico” que unirá los océanos Pacífico y Atlántico a través de estos dos países, a los que finalmente también se unirá Bolivia por cuyo suelo, aunque originalmente no estaba previsto así, también pasará el Ferrocarril Transoceánico [6].

Este megaproyecto, que conectará la ciudad brasileña de Sao Paulo con el puerto costero peruano de Ilo, es una extensión del plan estratégico global de China conocido como la Nueva Ruta de la Seda, y con él se reducirá enormemente el tiempo y los costos del trasporte de petróleo, minerales y todo tipo de materias primas y mercancías entre China y Sudamérica. Además está previsto que esa red ferroviaria central transoceánica (Brasil-Bolivia-Perú) se extienda hacia el sur con la construcción de ramificaciones que a su vez la conectarían con países como Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay.

Además no hay que olvidar que desde finales de 2014 China construye el Gran Canal de Nicaragua [7] que conectará también más al norte los océanos Pacífico y Atlántico (el equivalente marítimo del Ferrocarril Transoceánico) y que superará al obsoleto Canal de Panamá controlado históricamente por Estados Unidos. Todo esto y otras muchas inversiones e infraestructuras de origen “euroasiático”, lógicamente, no son del agrado del imperialismo estadounidense.

¿Alguien puede pensar que es mera casualidad el lugar elegido (entre Brasil (BRICS) y Perú principalmente) para realizar las futuras maniobras de la OTAN y sus títeres regionales? ¿Alguien puede creerse que sus intenciones reales son las de luchar contra las mafias relacionadas con el narcotráfico o “combatir la delincuencia transfronteriza”? ¿Cuánto tiempo tardaremos en asistir a una extensión de la “revolución de color” venezolana contra Evo Morales en Bolivia, Lenín Moreno en Ecuador o Daniel Ortega en Nicaragua?

Euráfrica, el nuevo proyecto imperialista de Alemania frente a Eurasia

Nadie puede negar ya a estas alturas que atravesamos de forma irreversible un periodo histórico de transición entre el “viejo Orden Mundial” dominado integralmente por Estados Unidos y las potencias europeas (Occidente) desde la Segunda Guerra Mundial, y un Nuevo Orden Mundial donde el eje de poder global se ha desplazado hacia Asia bajo el liderazgo de China y Rusia (Eurasia). La reciente cumbre celebrada en Pekín el pasado 14 y 15 de mayo sobre la Nueva Ruta de la Seda no dejó lugar a dudas sobre esta nueva realidad geopolítica global [8]. La llamada “crisis económica” de 2008 supuso un punto de inflexión en la decadencia occidental y el despegue definitivo del tándem estratégico Moscú-Pekín y del resto de potencias medias y países agrupados en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS).

En realidad, estamos asistiendo a una guerra híbrida entre las principales potencias del mundo por el dominio de las regiones estratégicas del planeta. Al no poder intimidarlos o eliminarlos militarmente, como se ha demostrado en Ucrania y Siria o más recientemente en la península de Corea, Occidente da por hecho que tendrá que compartir el poder global con sus enemigos euroasiáticos (aunque esto nunca se reconozca y trate de ocultarse al público occidental). El proyecto de integración de Eurasia bajo el liderazgo chino-ruso parece inquebrantable y avanza de forma imparable.

[Leer también: Eurasian Economic Transformation Goes Forward,- un análisis de F. William Engdhal (23/5/2017]

De ahí que Estados Unidos tenga prisa por recuperar su dominio estratégico en aquellos lugares donde ha perdido terreno – como Sudamérica (su “patio trasero”) – y que Donald Trump se haya lanzado a fortalecer su relación militar con Arabia Saudí con un acuerdo armamentístico sin precedentes y haya llamado a la creación de la mal llamada “OTAN árabe” (en realidad no es “árabe” sino sunní-wahabita; y además algunos países aludidos han mostrado su desacuerdo con la propuesta). Esta “OTAN sunní” (que paradójicamente incluye al régimen sionista de Israel) está dirigida contra Irán, lo que significa a su vez en contra de Rusia, tratando de eliminar al Eje de la Resistencia antimperialista y de dominar Oriente Medio para evitar que esta rica región se integre en Eurasia (su lugar natural desde un punto de vista geográfico).

Pero en esta guerra geoestratégica global parece que Alemania y las élites globalistas europeas tienen su propia agenda:

En noviembre de 2016 el entonces ministro de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania, Gerd Mueller, habló de la necesidad de “diseñar un Plan Marshall para África con el fin de generar las condiciones económicas que permitan frenar el flujo migratorio hacia Europa”. (Europa Press, 11/11/2016).

Ya en marzo de este año el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, presentó ante sus homólogos y los directores de los bancos centrales del G-20 los ejes de esta propuesta alemana y pedía “involucrar a los países ricos en el desarrollo económico de África como vía indirecta de reducción del flujo migratorio, la defensa de la libertad de comercio y estabilizar la economía de la zona euro”. (ABC, 8/3/2017).

En mayo de 2017 el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, se reunió en Estrasburgo con el presidente de la Comisión de la Unión Africana, Moussa Faki Mahamat. Tajani afirmó entonces: “África es una prioridad para la Unión Europea. (…). Debemos invertir más en África y emprender una verdadera diplomacia económica, en un esfuerzo para crear crecimiento y empleo. África es un continente de oportunidades y y creo que va a ser el continente del futuro”. (web oficial de la Presidencia del Parlamento Europeo, 16/5/2017)

En resumen, una Europa dominada por Alemania y estancada en una crisis económico-financiera permanente desde 2008 tiene sus ojos puestos en África. Sus objetivos, más allá de la propaganda político-mediática y los discursos “humanitarios”, es dominar los mercados y los recursos naturales del continente africano a través de un proyecto de “neocolonización occidental” que, a pesar de presentarse como un “rescate” altruista desde el próspero Norte hacia el Sur, sólo endeudará aún más si cabe a los países africanos y les impedirá desarrollar su propia soberanía nacional.

Pero la Unión Europea llega muy tarde y además no tiene dinero. China ya desarrolla desde hace tiempo su “Plan Marshall” particular en África [9]. China tiene dinero, capacidad para desarrollar infraestructuras, ofrece préstamos sin intereses en muchas ocasiones, y a cambio no impone ningún modelo político a sus socios ni les exige “políticas de ajuste”, como ocurre en el caso de las potencias occidentales (a través del FMI o el Banco Mundial). China es el principal competidor de las élites económicas y políticas europeas. Su influencia en África es tan grande que China, entre otras cosas, es la responsable del 60% de los empleos que se crean en todo el continente.

Otro gran problema para las élites económicas y políticas europeas, es que Estados Unidos también tiene sus ojos puestos en África. El AFRICOM, el Mando Militar de EE.UU. para África, se creó en 2007 con la intención no sólo de expoliar sus grandes recursos naturales sino para frenar la expansión de China en el continente africano, como reconoció el Departamento de Estado de entonces y el propio Pentágono.

En 2007, J. Peter Pham, asesor del Departamento de Estado de EEUU, ofreció la siguiente definición del AFRICOM y los objetivos estratégicos: “la protección de acceso a los hidrocarburos y otros recursos estratégicos que África tiene en abundancia, una tarea que incluye la garantía contra la vulnerabilidad de las riquezas naturales y asegurar que no hay otros terceros interesados, tales como China, India, Japón, o Rusia, o que obtengan monopolios o trato preferencial”. Además, durante una Conferencia de AFRICOM en el Fuerte McNair, el 18 de febrero de 2008, el vicealmirante Robert T. Moeller, declaró abiertamente que el principio rector de AFRICOM es proteger “el libre flujo de los recursos naturales de África para el mercado global”, antes de citar la presencia cada vez mayor de China como un gran desafío para los intereses estadounidenses en la región. [10]

Pero no es el único obstáculo que se encontrarán en el continente africano los altruistas ideólogos del “Plan Marshall” europeo. Debemos escuchar qué tienen que decir al respecto los propios pueblos afectados, cansados de sufrir durante décadas la explotación de sus recursos por parte de las grandes corporaciones occidentales mientras sus gentes se hunden en la miseria. Recordemos que a Muamar Gadafi lo asesinaron – entre otras cosas – por encabezar un proyecto de integración y soberanía regional independiente de los intereses de las potencias occidentales. Por eso le asesinaron. Pero esos sentimientos y movimientos panafricanos siguen vivos en la actualidad y siguen trabajando por alcanzar una verdadera soberanía que permita su desarrollo.

El Franco de la Cooperación Financiera Africana (CFA), que se utiliza en 15 países de África Occidental y Central, atraviesa una zona de turbulencias. Tanto dentro como fuera del continente se ha formado un gran movimiento contra el CFA. Su misión es clara: “liberar a los estados africanos del yugo del franco CFA”. (…). Después de haber esperado en vano que la palabra dando la orden de salida del franco CFA viniera de Jefes de Estados, las organizaciones de la sociedad civil han tomado el toro por los cuernos y fijan el 2017 bajo el signo de la liquidación de este “avatar del colonialismo”. [11]

¿De dónde van a sacar unos países europeos en continuo retroceso el dinero para un “Plan Marshall africano” que compita con la Nueva Ruta de la Seda global de China (Eurasia)?

Al no tener nada atractivo que ofrecerle a África, los imperialistas europeos recurren a la fuerza para intentar imponer sus intereses a los pueblos, como han hecho siempre. Recientemente conocimos que el gobierno de Alemania estaba desarrollando discretamente un “ejército europeo” paralelo a la OTAN. La estrategia de Alemania consiste en absorber a los ejércitos de algunos países más pequeños creando “una red de mini-ejércitos europeos”, o como se define también en un artículo publicado en Foreign Policy “compartir sus recursos a cambio de la utilización de sus tropas”. De momento Rumanía, República Checa y Holanda ya están bajo la órbita militar de Alemania.

El domingo 28 de mayo, justo después de evidenciarse la ruptura occidental en la Cumbre de la OTAN, la Unión Europea y el G-7 celebrada en Sicilia [12], la presidenta alemana Ángela Merkel durante un acto electoral en Múnich envió un mensaje al mundo que anuncia un cambio geopolítico muy claro:

“Estados Unidos y Reino Unido ya no son socios fiables” (…)  “Los tiempos en los que podíamos depender completamente de otros han pasado” (…) “Nosotros, los europeos, tenemos que tener nuestro destino en nuestras propias manos” [Agencia France Press, 28/5/2017]

De esta forma se confirma la guerra comercial y monetaria que Donald Trump pretende librar contra el Euro y la Unión Europea – principalmente contra Alemania – con quien Estados Unidos mantiene un gigantesco déficit comercial (el mayor después de China) y cuya reversión supone una de las obsesiones de Trump respecto a su política geoeconómica.

No sabemos todavía lo que hará al respecto el nuevo presidente francés Emmanuel Macron – el “candidato” de las élites globalistas – que se dispone a recibir a Vladimir Putin en Versalles, aunque podemos imaginarlo. Recordemos que Francia, tras la salida del Reino Unido, es la única potencia nuclear de la Unión Europea. Por si acaso, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, pronunció estas esclarecedoras palabras el pasado mes de marzo, durante las celebraciones por el 60 aniversario de la firma de los Tratados de Roma, que le indican el camino a seguir a los gobiernos neoliberales europeos:

Ningún Estado europeo tiene fuerza por sí solo para negociar con los Estados Unidos, China, Rusia o la India. Solamente juntos podremos ejercer realmente nuestra soberanía. 

Hemos de seguir fomentando mercados más abiertos, poniendo fin a la competencia desleal. Al igual que nuestro mercado interno, el mundial ha de garantizar la libertad dentro de las normas, no convertirse en una jungla. 

Hoy, en esta sala, también debemos volver a poner en marcha el gran proyecto de una defensa común. Es la mejor manera de rendir un homenaje concreto a nuestros padres fundadores.

Se están configurando tres alianzas o bloques geoestratégicas muy claros que luchan por la hegemonía mundial:

El eje atlantista EE.UU-Reino Unido (“una sola América”); la vieja Europa de Alemania-Francia (a la conquista de “Euráfrica”); y las potencias “emergentes” lideradas por China-Rusia (Eurasia), que ya no son “emergentes” sino que ya están liderando el mundo. Todas estas potencias y los países que orbitan a su alrededor mantienen una guerra híbrida por el poder que se desarrolla en diferentes planos y escenarios (el geográfico, el institucional, el monetario, el financiero, el militar, el mediático…).

Está claro que el nuevo Orden Mundial para las próximas décadas tendrá un carácter multipolar. Queda por dirimir qué cuota de poder obtendrán los intervinientes en esta guerra multidimensional y sobre qué valores o principios se asentará el nuevo paradigma que se imponga. América Latina, África, Oriente Medio, el Ártico…. el mundo entero está en disputa. Y los medios corporativos occidentales no quieren que lo veamos.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Los ejercicios militares “inéditos” que tendrán lugar en la triple frontera entre Brasil, Colombia y Perú con la participación de Estados Unidos,- información de Ricardo Senra para BBC Brasil (BBC Mundo, 6/5/2017) http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-39826017?ocid=socialflow_twitter

[2]  Sudamérica bajo amenaza: EE.UU. instalará una nueva base militar en Perú,- artículo del economista y analista mexicano Ariel Noyola Rodríguez (Global Research, 9/1/2017) http://www.globalresearch.ca/sudamerica-bajo-amenaza-ee-uu-instalara-una-nueva-base-militar-en-peru/5567328

[3] Esta información y muchos más datos aparecen en el recomendable libro de la periodista y escritora argentina Telma Luzzani titulado Territorios Vigilados: Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica (Editorial Debate, 2012)

[4] La hipotética guerra civil en Venezuela y la ecuación Rusia,- artículo del analista político Basem Tajeldine (23/5/2017)

[5] The Strategy Behind Washington,s Destabilization of Venezuela,- análisis geopolítico de Eric Draitser (Mint Press News, 19/5/2017) http://www.mintpressnews.com/the-strategy-behind-washingtons-destabilization-of-venezuela/227967/

[6] América del Sur en el emergente orden mundial multipolar,- análisis de Andrew Korybko (Geopolítica.ru, 26/4/2017) https://www.geopolitica.ru/es/article/america-del-sur-en-el-emergente-orden-mundial-multipolar

[7] Gran Canal de Nicaragua: la bomba geoestratégica de Latinoamérica que cambiará la historia (un detallado informe preparado por María Lekant e Iván Sérbinov (RT, 4/8/2015)

[8] Cumbre de la Ruta de la Seda: último paso hacia la quiebra del dominio de EE.UU.,- artículo del periodista e investigador uruguayo Raúl Zibechi (Sputnik, 16/5/2017)

[9] La nueva transformación económica en África: el rol de China,- artículo del economista argentino Nicolás Depretis Chauvin, experto en el comercio internacional y políticas de Desarrollo (Voces en el Fénix) http://www.vocesenelfenix.com/content/la-nueva-transformaci%C3%B3n-econ%C3%B3mica-en-%C3%A1frica-el-rol-de-china

[10] USAFRICOM y la militarización del continente africano: lucha contra la penetración económica de China,- un trabajo de Nile Bowie publicado en Global Research. Traducido por María Valdés para el CEPRID (30/3/2012) http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1382

[11] Los últimos días del franco CFA,- información aportada por Olivier Ndenkop y Carlos Siélenou; traducido al español por Carles Acózar (Investig’action, 21/1/2017) http://www.investigaction.net/es/los-ultimos-dias-del-franco-cfa/

[12] Atropellos y empujones de Trump en la OTAN y el G-7,- artículo del profesor y experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 28/5/2017)

 

Escalada militar y expansión del yihadismo contra Rusia y China

Las élites imperialistas estadounidenses están imponiendo la agenda global que tenían preparada para Hillary Clinton. Pero es finalmente Donald Trump quien la está aplicando tras haber cedido a sus presiones. Esta metamorfosis ideológica y estratégica de Trump ha provocado a su vez una metamorfosis mediática y política de sus enemigos en ambos frentes, que ahora le aplauden y le incitan a que continúe por esa senda belicista tan peligrosa. Todos sus defectos anteriores han desaparecido tras bombardear Siria y Afganistán.

Esta compleja situación deja al desnudo a muchos farsantes de la esfera política y mediática. ¿Dónde están ahora los “progresistas” que anunciaban grandes movilizaciones mundiales contra Donald Trump? ¿Dónde han quedado aquellas afirmaciones que acusaban a Trump de ser un “agente del Kremlin”, o la famosa “injerencia rusa” en las elecciones, o sus preocupaciones por los derechos de los inmigrantes, o los vínculos del nuevo gobierno estadounidense con Rusia? Queda demostrado que todo era una farsa mediática dirigida a presionar y deslegitimar al nuevo presidente electo. La preocupación real de las élites políticas, industriales y mediáticas que atacaban a Trump era el proceso de “des-globalización” que se anunciaba y el fin de la vieja política exterior imperialista, que significaba de facto el reconocimiento y la aceptación del nuevo orden mundial multipolar. Ahora que la estrategia ha cambiado y Trump ha cedido ante el Estado Profundo, todas esas mentiras utilizadas durante meses contra él han desaparecido de las portadas de la prensa occidental.

[Leer también: Demagogia y populismo progresista contra Donald Trump]

Es revelador este cambio de actitud de los políticos, periodistas y activistas “anti-Trump”: resulta que cuando meses atrás Donald Trump hablaba de diálogo, acuerdos y entendimiento con Rusia, era considerado un loco-ultraderechista-racista que suponía una amenaza para el resto del mundo, hasta el punto de que un golpe de Estado contra él o incluso su propio asesinato parecían estar justificados y serían aceptados por la opinión pública occidental. Ahora, que abraza el viejo imperialismo belicista bombardeando ilegalmente países y que amenaza a Estados soberanos poniendo en peligro la paz mundial, es considerado un presidente responsable y respetable que se sitúa ideológicamente en el centro político. El corresponsal en Washington del diario español El Mundo definió el nuevo rumbo belicista del presidente estadounidense como un “brutal giro al centro”, literalmente: El brutal giro al centro de Donald Trump (El Mundo, 18/4/2017). Veamos: antes de los bombardeos ilegales era un “ultraderechista”. Ahora tras los bombardeos y la escalada militar global es un “moderado político de centro”. Tomamos nota.

Por otro lado, Francois Hollande dijo tras el bombardeo estadounidense contra Siria que ahora era el mejor momento para “derrocar a Al Assad” [1], aprovechando la supuesta “debilidad de Rusia” demostrada al no responder militarmente ante el ataque estadounidense contra la base siria de Al Shairat el pasado 7 de abril. Hollande, además de un criminal político, es un cínico y un irresponsable absoluto. Él más que nadie sabe que si el legítimo presidente Al Assad todavía no ha sido “derrocado”, es precisamente por la fortaleza y determinación de Rusia con respecto a Siria, además de que cuenta con el apoyo de la mayoría de su propio pueblo. Si Rusia estuviera “débil”, Francia (junto a Reino Unido) no dudaría en tomar la iniciativa y bombardear Damasco tal y como hicieron en 2011 en la capital de Libia, y le aplicarían al presidente sirio la misma “justicia universal” que le aplicaron al líder libio, y a Siria la misma “democracia” que la aplicada en Libia hoy en día.

Con sus declaraciones, el presidente francés está intentando empujar a Trump a iniciar una guerra contra Rusia en Siria cuyas consecuencias e implicaciones serían incalculables. También desde la yihad mediática occidental están interpretando muy bien su papel y animan a Trump a continuar por la senda del abismo belicista. Sin ningún tipo de complejo ni disimulo, desde el diario The New York Times se ha pedido a Donald Trump que no ataque al Estado Islámico, sino que el Pentágono se una a ellos y los utilice para atacar a Siria, Rusia, Irán y Hezbollá en Oriente Medio. Fue el pasado día 12 de abril a través de un artículo del periodista y escritor Thomas L. Friedman, ganador del premio Pulitzer nada menos que en tres ocasiones : Why is Trump fighting ISIS in Syria?.

Pero se “olvida” este galardonado y desvergonzado “periodista” que ISIS, o Al Qaeda para ser más exactos, ya está siendo utilizado por sus creadores de la CIA y el Pentágono desde 2011 en Siria para atacar a esos Estados soberanos y organizaciones antimperialistas que él coloca en el punto de mira. En realidad ya lo hacen desde al menos el año 1979 con su “muyahidines” en Afganistán; y desde el año 2014 bajo las nuevas iniciales de Estado Islámico, ISIS o Daesh tras su advenimiento en Irak de la mano del embajador John Negroponte y de Robert S. Ford, entre otros especialistas en reclutar y organizar escuadrones de la muerte para utilizarlos como un ejército de mercenarios en la sombra.

El objetivo declarado de la “Opción Salvador en Irak” era “eliminar la insurgencia”. En la práctica las brigadas terroristas patrocinadas por EE.UU. estaban involucradas en los asesinatos rutinarios de civiles a fin de fomentar la violencia sectaria. Por su parte, la CIA y MI6 estaban supervisando unidades de “al Qaida en Irak” involucradas en asesinatos selectivos dirigidos contra la población chií. Es importante señalar que los escuadrones de la muerte estaban integrados y asesorados por Fuerzas Especiales de EE.UU. encubiertas. (…) La horripilante versión iraquí de la “Opción Salvador” bajo la dirección del embajador John Negroponte ha servido como “modelo a imitar” para establecer los Contras del Ejército Libre Sirio. Robert Stephen Ford estuvo, sin duda, involucrado en la implementación del proyecto de los Contras sirios, después de su reasignación en Bagdad como jefe de misión adjunto en 2008. [2]

Este tipo de declaraciones y opiniones descabelladas dan muestra del nivel de fundamentalismo ideológico que inunda las redacciones de los grandes medios corporativos y los despachos presidenciales occidentales. Son yihadistas con traje y corbata.

Son precisamente estos “progresistas neoliberales” como Hollande (o Hillary Clinton) así como sus correligionarios de la OTAN y aquellos “activistas” y “periodistas” que piden una “intervención humanitaria” en Siria o directamente aliarse con Al Qaeda, quienes suponen un auténtico peligro para la paz mundial.

Bombardeo geoestratégico de EE.UU. en Siria y Afganistán. Desplazamiento de sus terroristas hacia las fronteras de Rusia y China.

Estados Unidos no renuncia a Siria, pero da por perdida la guerra en las actuales circunstancias. El bombardeo del 7 de abril se realizó sobre una base militar vacía que al día siguiente del ataque estaba de nuevo operativa. Más de la mitad de los 59 misiles lanzados no alcanzaron su objetivo. Si la intención del Pentágono era asestar un duro golpe al “régimen de Al Assad”, éste no se ha visto por ningún lado. El ataque era más bien un gesto de cara a la galería destinado al consumo interno. Un bombardeo propagandístico de Trump que ha desactivado el discurso de la oposición y con el que se ha garantizado la continuidad de su mandato presidencial. El problema es que su huida hacia adelante no tiene marcha atrás y nos puede arrastrar a todos hacia el precipicio.

Estados Unidos se ha empantanado en Siria. Ahora los estrategas imperialistas necesitan diversificar la guerra para obligar a Rusia y sus aliados a dispersar sus tropas de Siria y a dedicar sus esfuerzos a atender otros frentes bélicos que ahora se abren en diferentes latitudes estratégicas mundiales.

Afganistán parece ser uno de esos frentes elegidos. El 13 de abril Estados Unidos lanzó “la madre de todas las bombas” en Afganistán. Oficialmente el impresionante bombardeo iba dirigido contra el Estado Islámico que ahora, según ellos, ha cobrado fuerza en el país. La pregunta es: ¿Quién les ha permitido trasladarse y desarrollarse en un país vigilado e invadido militarmente por EE.UU-OTAN desde hace décadas? ¿Cómo han podido cruzar miles de terroristas y de armamento desde Siria e Irak sin que nadie haya visto nada?  Esto demuestra que la presencia militar de Estados Unidos en otros países sólo incrementa sus problemas y multiplica el número de terroristas sobre el terreno. En realidad esta nueva escalada militar de EE.UU. en Afganistán pretende retomar el control del país y hacer frente a los talibanes que cada día son más fuerte y tienen más apoyo popular entre aquellos que se oponen a la invasión estadounidense [3].

Esta maniobra de Washington supondría también una forma de rodear de terroristas y tropas militares a Irán, que quedaría “atrapada” entre Irak y Afganistán. También sería una amenaza para algunos países pertenecientes a la Organización para el Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) liderado por Rusia, que son fronterizos con Afganistán por el norte. También supone un peligro para China, cuya región de Xinjiang se une a Afganistán a través del corredor de Wakhan. Recordemos que actualmente miles de yihadistas uigures procedentes de esa región del noroeste de China actúan en Siria e Irak en las filas del Estado Islámico y otras organizaciones terroristas. También, de forma indirecta, el reciente bombardeo y la posterior presencia militar de EE.UU. en Afganistán supone un toque de atención a Pakistán, cuyo acercamiento y buena relación con la India – país miembro de los BRICS y que ya es la cuarta economía mundial desplazando a Japón – es vista como una amenaza para los intereses de Washington en Eurasia.

En resumen, Estados Unidos pretende rememorar contra Rusia los tiempos en los que utilizó a los terroristas de Al Qaeda para empantanar a la Unión Soviética en Afganistán en 1979-80. Estados Unidos no quiere paz ni estabilidad en Asia Central y mucho menos que los países de esta región se integren política, económica y militarmente en Eurasia. China también está en el punto de mira de esta diversificación del terrorismo yihadista y de la escalada militar multipolar estadounidense, como se pudo comprobar recientemente tras las supuestas maniobras militares contra Corea del Norte que en realidad sirven de excusa para cercar militarmente a China. Washington no va a bombardear Pyongyang debido al poderío nuclear de la RPDC [4], a la situación de debilidad interna de Corea del Sur y al freno que suponen Rusia y China. Pero el ruido mediático y la propaganda de guerra contra Corea del Norte está siendo utilizada para justificar su política belicista en el Mar de la China meridional. De hecho el tan anunciado envío por parte de EE.UU. de su armada nuclear hacia la península de Corea se dirigía realmente a Australia, país que se prepara bajo el mando estadounidense para una posible guerra futura con China [5]. A esto hay que añadir que Washington recientemente anunció que también estaba desplegando tropas en Somalia a “petición” del gobierno títere y corrupto de Mohamed Abdullahi Farmajo. EE.UU. retiró “oficialmente” sus tropas del país en 1994. La excusa es la misma que en casos anteriores, la “lucha contra el terrorismo”, pero su objetivo realmente es aplastar a la resistencia interna antimperialista y controlar el tráfico marítimo a través del océano Índico y del Golfo de Adén; con China nuevamente en el horizonte.

En el trasfondo de todo este despliegue militar de alcance global, aunque jamás se menciona en los medios corporativos occidentales, se encuentra el interés de Washington y sus títeres por bloquear el gigantesco proyecto comercial chino de la Nueva Ruta de la Seda (marítima y terrestre; ver la foto que encabeza este artículo). Para ello EE.UU. tiene desplegadas unas 400 bases militares cercando a China y Rusia [6], lo que el Pentágono llama “una soga perfecta”.

En un artículo que publiqué el pasado 27 de marzo titulado El Gran Kurdistán y la balcanización de Siria advertía que muy probablemente veríamos en las próximas semanas cómo la actividad de los grupos terroristas que operan en Siria e Irak desde 2011, bajo las directrices de EE.UU-OTAN-CCG, se iría desplazando a otras regiones más cercanas a Rusia y China para tratar de frenar su desarrollo e influencia en Eurasia y en todo el mundo, lo que supone una amenaza mayúscula para la hegemonía occidental, y estadounidense en particular. Esta pérdida de la hegemonía global por parte del poder económico y político occidental, es el mayor problema al que se enfrentan y lo que verdaderamente les aterra. La “lucha global contra el terrorismo”, la situación de los “refugiados”, los “Derechos Humanos” o la extensión de la “democracia” son sólo pretextos utilizados por Occidente para justificar sus políticas injerencistas contra Estados soberanos. Pero estos argumentos artificiales no aguantan el menor análisis. En aquel artículo escribí:

(…) Es por ello que ante la imposibilidad de imponerse en Siria y debilitar a Irán, con una Rusia impermeable a las sanciones y cada vez más influyente en Oriente Medio, y con una China cada vez más fuerte en todo África, Asia y Latinoamérica, es más que probable que las potencias de la OTAN traten de incendiar y desestabilizar a Rusia, China e Irán desde lugares más cercanos a sus fronteras o incluso desde su propio territorio utilizando para ello al terrorismo yihadista que ahora opera en Siria y en otros países de Oriente Medio y del sudeste y centro de Asia. Tengamos en cuenta que en Siria e Irak están operando miles de yihadistas rusos procedentes de la región del Cáucaso, así como también miles de yihadistas uigures procedentes de la región de Xinjiang, en el noroeste de China. Estos terroristas, ahora con experiencia de combate y entrenamiento militar servido por la OTAN, suponen un potencial peligro para la estabilidad y seguridad interna de Rusia y China, algo que no van a desaprovechar sus enemigos, los patrocinadores del terrorismo internacional.

Algunos de los acontecimientos recientes parecen apuntar en esa dirección que señalaba. Ojalá que toda esta escalada militar y propaganda de guerra mediática – como apuntan algunos reconocidos analistas [7] – forme parte tan sólo de una demostración de fuerza previa a una posible negociación entre las tres potencias destinadas a repartirse el mundo: China, Rusia y Estados Unidos. No es el escenario ideal, pero al menos evitaríamos por ahora una guerra nuclear mundial que por momentos parece inminente.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Francia: Rusia está débil, EE.UU. ya puede derrocar a Al-Asad,- (Hispan TV, 14/4/2017) http://www.hispantv.com/noticias/francia/338620/rusia-debil-derrocar-assad-hollande-siria-iran

[2] Terrorismo con “cara humana”: La historia de los escuadrones de la muerte de EE.UU.,- un informe del profesor Michel Chossudovsky (traducido al español por la web Rebelión.org (13/1/2013)  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=162053

[3] America Aggression: A Threat To The World,- artículo del abogado Christopher Black (New Eastern Outlook, 17/4/2017) 

[4] RPDC sepulta la agresividad estadounidense,- artículo del analista geopolítico Enrique Muñoz Gamarra http://www.enriquemunozgamarra.org/Articulos/169.pdf

[5] John Pilger: U.S. Deep State Is Pushing Australia Into War With China,- Sean Adl-Tabatabai (Your News Wire, 16/4/2017) http://yournewswire.com/john-pilger-deep-state-australia-china/?_utm_source=1-2-2OHN

[6] La guerra nuclear contra China no es ninguna sombra,- artículo del veterano periodista, escritor y director australiano John Pilger (Diario Octubre, 25/2/2017)

[7] Momento decisivo en Norcorea: Orden tripolar de EU/Rusia/China o guerra nuclear,- un análisis del experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 19/4/2017) http://www.jornada.unam.mx/2017/04/19/opinion/014o1pol

Trump buscará una alianza con Rusia para frenar a China y dominar Eurasia

China es la principal potencia económica mundial en torno a la cual giran todas las estrategias geopolíticas de los demás países y regiones del mundo, especialmente desde EE.UU. y Europa. Su alianza integral con Rusia – ambos miembros y líderes de los BRICS – está quebrando el viejo Orden Mundial unipolar implantado tras la Segunda Guerra Mundial y removiendo los cimientos donde se asientan desde hace décadas los centros del poder económico mundial [1]. El viejo eje político-financiero de influencia global EE.UU.-Unión Europea ha cedido su protagonismo al nuevo eje eurasiático Rusia-China. Lo visto en el último Foro Económico de Davos (2017) confirma esta realidad y ha evidenciado que China es ahora el máximo exponente de la Globalización y el Libre Comercio mundial, desplazando a EE.UU. de esa posición ahora que su nuevo presidente parece apuntar en otra dirección.

La llegada de Donald Trump a la presidencia, así como la salida de Reino Unido de la UE tras el Brexit (apoyado por la Corona británica y la City de Londres [2]) o la derrota de la OTAN-CCG y sus terroristas en Siria, son acontecimientos que aceleran y confirman el fin de esa hegemonía unipolar de EE.UU. y la llegada de ese nuevo Orden Mundial multipolar donde las potencias Occidentales ya no tienen la última palabra. Esto a su vez explicaría la peligrosa escalada militar de la OTAN en el este de Europa [3] y el despliegue militar estadounidense en el Mar de la China Meridional [4], o el incremento de las sanciones contra Rusia y los desesperados ataques mediáticos lanzados contra Putin y contra el propio Donald Trump que estamos viviendo en las últimas semanas.

El nuevo presidente de Estados Unidos pretende establecer nuevas relaciones con Rusia y alcanzar acuerdos que rebajen la tensión entre ambos países. Esto, supuestamente, significa que se eliminarían las sanciones económicas y la escalada militar contra Rusia. En varias ocasiones Trump ha dejado claro que su intención en política exterior pasa por abandonar los “cambios de régimen” impulsados por las gobiernos imperialistas anteriores, para centrarse en el desarrollo de la infraestructura interna de su país. Nada negativo que decir ante esta declaración de principios, sin duda. Pero ni Donald Trump es el nuevo Fidel Castro ni las grandes corporaciones que están detrás de él (Goldman Sachs, Exxon-Mobil, General Dynamics, etc.) han sufrido un repentino ataque de humanismo y de ética antibelicista. Más bien su llamada al diálogo y al acuerdo con Rusia  esconde una estrategia encaminada a debilitar y aislar a China.

EE.UU. sufre un insostenible déficit comercial con respecto a China. En los últimos 10 años ese déficit comercial se ha multiplicado hasta representar casi la mitad de todo el déficit comercial de EE.UU. China, además, posee un 15% de deuda pública de EE.UU. La consecuencia directa de esta llegada masiva de productos fabricados en China es la deslocalización de miles de empresas estadounidenses en los últimos años, cuyas desastrosas consecuencias para las clases trabajadoras propiciaron posteriormente la victoria electoral de un astuto Donald Trump que comprendió dónde estaba el problema y cuál era el mensaje que debía enviar a esos trabajadores y desempleados víctimas de la globalización capitalista. Este déficit comercial y el aumento de la deuda externa, unido a una previsible subida de los tipos de interés de los bonos públicos por parte de la Reserva Federal, pone en serio peligro la estabilidad del Dólar y de la economía de EE.UU. Estos y otros factores explican, en parte, porqué China está en el punto de mira del nuevo gobierno estadounidense [5].

Donald Trump necesita frenar el crecimiento y la expansión de China, que ha desplazado a EE.UU. como la primera potencia comercial y económica mundial y paradigma del Libre Comercio y la Globalización capitalista. Y para ello Trump pretende utilizar a Rusia, separándola de China y quebrando el bloque político-económico euroasiático que ambos lideran. Esta parece una tarea surrealista si observamos los fuertes lazos que unen a Rusia con China, pero la situación de debilidad de EE.UU. no le permite evaluar muchas más opciones, salvo que recurra a la fuerza militar que nos conduciría a una Tercera Guerra Mundial. Descartada esta opción tras la derrota de Hillary Clinton, el equipo de Trump intentará a través de las negociaciones con Moscú acercar a Rusia a su terreno, siguiendo una estrategia opuesta a la seguida por Obama que fue un fracaso.

¿Y qué puede ofrecer EE.UU. a Rusia para tratar de persuadirlo y que traicione sus compromisos con China?

En primer lugar, el nuevo gobierno de EE.UU. podría ofrecer a Rusia un acuerdo para luchar realmente contra el terrorismo yihadista (y no seguir apoyando al terrorismo como se ha hecho hasta ahora desde Washington), algo que Trump ya declaró en varias ocasiones. También un acuerdo de no injerencia en Siria respetando la soberanía del país, lo que se traduce en aceptar la legitimidad de Bashar de Al Assad como presidente del país. Además podría rebajar la tensión en el este de Ucrania, forzando al régimen de Kiev al cumplimiento de los acuerdos de Minsk, así como el reconocimiento de Crimea como parte legítima de Rusia. Se podría esperar también un retroceso de la escalada militar de la OTAN frente a sus fronteras. Y por supuesto eliminar las sanciones económicas, comerciales y financieras, que en lugar de aislar a Rusia incentivaron la implementación de acuerdos de Moscú con otras naciones y regiones euroasiáticas, fortaleciendo así su relación con China y su influencia en Eurasia. Como ejemplo de ello, el hecho de que la República Islámica de Irán se vaya a incorporar a la Organización de Cooperación de Shanghái (India y Pakistán también han decidido incorporarse próximamente a la OCS). China- Rusia-Irán forman actualmente un eje estratégico (bajo la nueva “Ruta de la Seda” [6]) que trae de cabeza a los poderes económicos y políticos occidentales. Incluso Rusia e Irán estarían pensando en abandonar el Dólar para realizar sus operaciones comerciales, algo a lo que sin duda se uniría China. La amenaza de sanciones por parte de Washington y sus lacayos ya no asusta a nadie; son un arma de doble filo que puede volverse contra ellos mismos.

Rusia es una potencia mundial de primer orden a todos los niveles. Es un Estado soberano que sigue una política independiente en función de sus intereses, y que es capaz de frenar el poderío militar, político, institucional y mediático de EE.UU., como acaba de demostrar en Siria. Resulta impensable que sus dirigentes puedan caer en esa trampa de Washington. Sin embargo el establishment estadounidense lleva meses trabajando en esta tarea. El 17 de abril de 2016 el influyente exconsejero de Seguridad Nacional y asesor político de las élites imperialistas, Zbigniew Brzezinski, publicó un esclarecedor artículo titulado “Hacia un realineamiento global” (Toward a Global Realignment,- The American Interest, 17/4/2016) donde reconocía y aceptaba resignadamente que EE.UU., a pesar de seguir siendo “la potencia mundial más poderosa”, ya no representaba “el poder imperial global” de antaño (al contrario de lo que él mismo había teorizado años atrás) y llamaba a reorientar la estrategia imperialista hacia un acercamiento a Rusia y China para no perder el tren de Eurasia.

El nuevo gabinete de Donald Trump y el resto de miembros de su equipo de asesores parecen elegidos especialmente para implementar esta agenda de conquista euroasiática. Y por encima de todos ellos, otro viejo criminal de guante blanco ejerce su poder de influencia en la sombra: Henry Kissinger, que en 2016 viajó a Moscú y Pekín y mantiene buenas relaciones personales con Putin y Xi Jinping. Algunos medios y analistas geopolíticos (como F. William Engdahl [7] o Pepe Escobar [8]) lo señalan como el principal asesor “no oficial” de Donald Trump en esta materia, y el responsable de la elección de algunos miembros destacados del gobierno de Trump, como el Secretario de Estado Rex Tillerson (vinculado a Exxon Mobil), o el Secretario de Defensa  James Mattis, entre otros.

Y tengamos en cuenta que decir Kissinger es decir Rockefeller, la poderosa familia de banqueros globalistas-neoliberales (fundadores de Exxon Mobil, precisamente) que han estado ligados a él desde sus inicios políticos. Su objetivo siempre ha sido imponer un “gobierno mundial” que estuviese dirigido por una élite financiera occidental que tomara las decisiones por encima de los gobiernos nacionales o los Estados-nación. Si analizamos en qué consisten las políticas neoliberales y vemos cómo en las últimas décadas los Estados y sus gobiernos, especialmente en Europa, han ido perdiendo soberanía frente a otras instituciones supranacionales (como la Troika, por ejemplo) nos daremos cuenta de que el objetivo de la Globalización y el libre mercado que ellos promueven – y tan defendido por la “izquierda progresista” también – era precisamente el de desarmar y vaciar a los Estados para sustituir su soberanía por la de un “gobierno mundial” que buscan imponer las élites financieras pensando en sus intereses privados.

Ahora parece que han cambiado la estrategia a seguir, pero sus objetivos de dominación global siguen siendo los mismos. Los hechos indican que el capitalismo occidental (EE.UU., Reino Unido, Alemania) mira desesperadamente a Eurasia como un gigantesco espacio imprescindible para poder expandirse y desarrollar sus negocios, sobretodo tras la “crisis económica” de 2008 que se ha convertido en crisis perpetua del sistema. En realidad esta visión estratégica no es nueva. Hace casi 20 años, el citado anteriormente Zbigniew Brzezinski, en su libro “El Gran Tablero Mundial”, ya escribió lo siguiente:

Para Estados Unidos, el premio geopolítico es Eurasia. (…). Eurasia es el continente más grande del mundo y es geopolíticamente axial. Un poder que domine Eurasia controlaría dos de las tres regiones más avanzadas y económicamente más productivas del mundo. El 75 por ciento de las personas en el mundo viven en Eurasia, y la mayor parte de la riqueza física del mundo está allí también, tanto en sus empresas y debajo de su suelo. Eurasia representa el 60 por ciento del PNB mundial y cerca de tres cuartas partes de los recursos energéticos conocidos del mundo”. [9]

Para dominar esa gigantesca parte del planeta es necesario romper las actuales estructuras políticas, financieras, comerciales, económicas y militares trazadas por China y Rusia y el resto de aliados, que son ahora quienes expanden su poder de influencia en Eurasia y cohesionan sus agendas e intereses al margen de EE.UU. El mundo que ellos diseñaron con la intención de dominarlo en exclusiva (bajo la fórmula de un único “gobierno mundial”) se ha derrumbado ante sus pies. Su modelo de globalización capitalista se ha vuelto contra ellos mismos. Ahora intentan recomponer el “gran tablero mundial”, pero parece que los globalizadores-neoliberales llegan demasiado tarde a la cita.

Ante este guerra inter-capitalista por el poder mundial que estamos viviendo, la Unión Europea se muestra una vez más fracturada, entre aquellos que se resisten a aceptar los cambios inevitables que anuncian el nuevo Orden Mundial, y aquellos otros poderes fácticos que se están realineando para salir ganando con el cambio. El Reino Unido parece que ha tomado ese camino eurasiático tras el Brexit. Alemania también está dando pasos para emanciparse de EE.UU. y buscar mercados y aliados estratégicos en Eurasia, sobretodo después de que el Tratado de Libre Comercio EE.UU-UE haya fracasado y de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Se habla incluso de un nuevo eje Pekín-Moscú-Berlín.

Entre tanto, los empresarios e industriales alemanes ya se han percatado de una nueva realidad: del mismo modo que el mercado final de los productos made-in-China que circularán por las futuras nuevas rutas de la seda será Europa, una circulación en sentido inverso es asimismo evidente. En un posible futuro comercial, China está destinada a convertirse en el principal socio comercial de Alemania para 2018, por delante tanto de EE.UU. como de Francia. [10]

¿Y cuál es el papel de España ante este cambio geopolítico histórico? Ninguno. ¿Y qué dice y hace la “izquierda parlamentaria” y los “medios progresistas” españoles? Pues manifestarse a favor de la Globalización, del Libre Mercado y de las guerras “humanitarias” de la mano de los globalistas-neoliberales encabezados por Hillary Clinton. El panorama institucional y mediático es desolador desde el punto de vista ideológico. La izquierda como tal ha dejado de existir.

Hoy está de plena actualidad aquella vieja estrategia descrita por el geógrafo y político británico Halford John Mackinder en 1904: “Quien domine Europa del Este controlará el Corazón Continental; quien domine el Corazón Continental controlará la Isla Mundial; quien domine la Isla Mundial controlará el mundo”.

Será apasionante observar cómo se desarrollan los acontecimientos geopolíticos en los próximos meses. No en vano, nuestro futuro como sociedad y como país depende en buen medida de cómo se resuelva toda esta guerra geoestratégica mundial.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Los movimientos de China y Rusia acotan, aún más, a Occidente,- artículo del periodista y politólogo Alberto Cruz (CEPRID, 13/12/2016)

[2] El Brexit redistribuye las cartas de la geopolítica mundial, artículo de Thierry Meyssan (Red Voltaire, 27/6/2016)

[3] Video: Military Press Briefing by US and NATO Generals: We’re Ready for War with Russia…,- informe de Michel Chossudovsky (Global Research, 14/1/2017)

[4] Mar de China Meridional: ¿Qué busca EE.UU. allí? ¿Hay peligro de confrontación?,- Gabriel Fernández para La Señal Medios (Annur TV, 19/1/2017)

[5] ¿Porqué la política exterior de Trump anuncia una guerra económica con China ?,- análisis de John Weeks, profesor de la Escuela de Economía de Asia y África de la Universidad de Londres (publicado en la web Salir del Euro, 7/1/2017)

[6] The Iran-Russia-China Strategic Triangle,- artículo del historiador, economista y periodista independiente F. William Engdahl (New Eastern Outlook, 21/11/2016)

[7] Is Trump the Back Door Man for Henry A. Kissinger & Co?,- F. William Engdahl (New Eastern Outlook, 9/1/2017)

[8] Trump will try to smash the China-Russia-Iran triangle … here’s why he will fail,- artículo del analista geopolítico Pepe Escobar (South China Morning Post, 22/1/2017)

[9] El gran tablero mundial roto: Brzezinski renuncia al imperio,- artículo del analista internacional Mike Whitney (Sin Permiso, 31/8/2016)

[10] ¿Pueden China y Rusia echar a Washington a empujones de Eurasia?,- artículo del analista y corresponsal Pepe Escobar para Tom Dispatch (publicado en español por la web Rebelión.org., 9/10/2014)