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¿Quién defiende a Venezuela?

Todos los días y de forma masiva podemos recopilar decenas de noticias basadas en información falsa o manipulada difundidas a través de los medios corporativos occidentales. Pero hay límites, incluso dentro del repugnante ejercicio de la manipulación informativa, que si son rebasados dejan en evidencia a los propios propagandistas hasta el punto de hacernos sentir vergüenza ajena a quienes les escuchamos o leemos.

El último ejemplo de todo esto lo hemos visto a raíz del ataque terrorista contra el Fuerte Paramacay situado en la ciudad de Valencia en Venezuela ocurrido el pasado domingo 6 de agosto. Este ataque fue calificado como un “alzamiento”, “levantamiento” o “rebelión militar” por parte de algunos de los medios corporativos occidentales más reconocidos. Sin embargo, como reconocen los propios medios en sus informes, dicho ataque terrorista fue protagonizado por un sólo ex-militar, el ex-oficial de la Guardia Nacional Bolivariana Juan Carlos Caguaripano, quien llevaba tres años prófugo de la justicia venezolana por participar en otras intentonas golpistas anteriores contra el presidente Nicolás Maduro. Este golpista reincidente que reside en Miami (¡cómo no!) estuvo acompañado de otros nueve delincuentes civiles contratados para la ocasión y que nada tienen que ver con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) (Ataque armado al Fuerte Paramacay: análisis y contexto, Misión Verdad, 6/8/2017)

A pesar de estas evidencias, esta acción paramilitar encabezada por un sólo ex-militar y varios mercenarios civiles es presentada mediáticamente como toda una “rebelión militar apoyada por el pueblo” en contra del “régimen venezolano” y que demostraría una “fractura en las fuerzas armadas venezolanas”. Fractura que llevan años anunciando y nunca se produce, por eso tienen que fabricarla.

No contentos con esta ridícula conclusión, los medios corporativos occidentales (prensa, radio y televisión) añaden que esta “rebelión” cuenta con un amplio “apoyo civil”. Es decir, es una “rebelión cívico-militar”, según la calificaron los propios golpistas y sus correligionarios mediáticos tratando de equiparla con aquella verdadera rebelión cívico-militar que llevó a Hugo Chávez al poder en 1999. La prensa corporativa internacional no pudo presentar ni una sola imagen o reporte que respaldara tal afirmación. En las calles de Venezuela el pasado domingo no hubo ninguna manifestación pública que avalara este inexistente “Golpe de Estado” y diera un mínimo de credibilidad a esta interpretación torticera de los hechos. Sólo los dirigentes golpistas de la oposición política (y los grupúsculos violentos habituales) salieron a respaldar esta “rebelión militar” imaginaria.

Obviamente este ataque terrorista también fue apoyado y justificado por sus patrocinadores superiores en Washington y Bruselas, tal y como hicieran en otras ocasiones anteriores como en abril de 2002. (Golpe a un caudillo, editorial de El País, 13/4/2002)

El legítimo gobierno de Maduro y el pueblo trabajador venezolano están sufriendo una estrategia de desestabilización interna patrocinada y dirigida desde el exterior. La guerra económica (acaparamiento de productos básicos, manipulación de la tasa de cambio monetaria, las sanciones internacionales, el aislamiento institucional y político a nivel regional, etc.) llevada a cabo por la burguesía venezolana y el capital financiero anglosajón, así como el “terrorismo callejero” o “terrorismo de baja intensidad” ejecutado por mercenarios pagados en dólares por la oposición golpista, como el que vimos este domingo en el Fuerte Paracumay o el que vemos a diario en algunos lugares muy concretos de Venezuela (“casualmente” controlados por esa oposición), forman parte de una estrategia violenta de desgaste que ya fue puesta en marcha en otros lugares como Ucrania en 2013-2014 contra el gobierno del derechista Yanukovich o muy anteriormente en el Chile del legendario Salvador Allende en los años 70.

[leer también: Venezuela Freedom 2: se incrementa la escalada imperialista contra Venezuela (dirigentes españoles incluidos), El Mirador Global, 20/5/2016]

Las campañas “humanitarias” llevadas a cabo por algunas ONGs y la manipulación informativa son también armas psicológicas que utiliza el imperialismo occidental para adoctrinar a las masas y lograr que apoyen sus “intervenciones humanitarias” contra los Estados soberanos e independientes.

La debilidad de Venezuela ante una intervención militar imperialista

Frente a esta guerra híbrida y multidimensional que sufre desde hace años el gobierno bolivariano de Venezuela, el presidente electo Nicolás Maduro cuenta con un fuerte apoyo de los militantes de base, de la clase obrera y las clases populares beneficiadas por las políticas de la revolución y del ejército venezolano que se mantiene leal a la Constitución Bolivariana aprobada por el pueblo. También cuenta con el apoyo de la mayoría de movimientos sociales, sindicatos de clase y organizaciones antimperialistas de América Latina y del resto del mundo. Pero esto, que es mucho, puede no ser suficiente cuando de lo que se trata es de repeler un “cambio de régimen” orquestado desde Washington.

Imaginemos por un momento que Estados Unidos (y sus “aliados”) ha encontrado el momento y la excusa perfecta para intervenir militarmente contra Venezuela, algo que, por otra parte, lleva años diseñando y por lo tanto no sería una hipótesis descabellada. Si observamos el mapa regional y el contexto geopolítico global, Venezuela está sola desde un punto de vista estratégico-militar. En realidad Venezuela en estos momentos, en caso de producirse una intervención militar extranjera, sólo podría contar con el apoyo incondicional de Bolivia, Nicaragua y Cuba, básicamente, si damos por perdido a Ecuador que se dispone a regresar al Consenso de Washington de la mano del nuevo presidente Lenín Moreno (escucha la entrevista a Amauri Chamorro, Voces del Mundo, 5/8/2017). Estos actores regionales tienen un gran peso moral, político y diplomático a nivel regional para el gobierno de Venezuela, pero son irrelevantes desde un punto de vista militar.

Venezuela no es Corea del Norte, no tiene “dientes nucleares” para defenderse, ni sus fronteras limitan con Rusia y China. Ni es miembro de ningún organismo regional de Defensa o de Seguridad multiestatal que pudiera darle un apoyo militar que disuadiera al enemigo. Tampoco cuenta con un compromiso firme de defensa del país por parte de Rusia y China en caso de una invasión militar de la OTAN contra Venezuela, a pesar del apoyo público de Moscú y Beijing al gobierno de Maduro y de los importantes acuerdos estratégicos que ambas potencias mantienen con Caracas.

No seamos ingenuos: ningún país que esté en el punto de mira de Washington, y que militarmente no pueda hacerle frente con sus propias armas y no cuente con el paraguas nuclear-militar de las potencias eurasiáticas que hoy lideran el mundo, puede salir vivo de una “intervención humanitaria” occidental. Los casos de Libia y Siria, con finales muy distintos en cada caso, nos sitúan ante esta dura realidad de nuestros tiempos. Gadafi estaba solo y fue asesinado públicamente ante las carcajadas sicopáticas de Hillary Clinton por televisión; Al Assad contaba con Rusia y el Eje de la Resistencia y tras ganar la guerra al terrorismo (patrocinado por la OTAN-CCG) se dispone a reconstruir su país junto a sus aliados.

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno de Venezuela para encontrar el apoyo militar directo de Rusia? ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar Rusia en Venezuela? ¿Esta Venezuela demasiado lejos de sus fronteras quizás? ¿Estarían las autoridades rusas dispuestas a mirar pasivamente cómo las mayores reservas de petróleo del mundo caen en manos de Estados Unidos al mismo tiempo que la OTAN está asfixiando militarmente a Rusia (y a China)?

A principios del mes de junio de este año 2017 China incrementó sus acuerdos con Venezuela para explotar hasta 325.000 barriles diarios de petróleo procedentes en su mayoría de la Faja del Orinoco, cuya enorme riqueza se disputan todas las grandes empresas energéticas del mundo. Este tipo de acuerdos estratégicos tiene una doble lectura: por un lado parece que obliga a China (y a Rusia) a defender militarmente a Venezuela si fuese necesario para defender sus propios intereses. Pero por otro lado, también incrementa la necesidad y las prisas del Imperio yanqui y sus corporaciones por derrocar al gobierno de Maduro para robarle sus recursos y debilitar a sus principales competidores por la hegemonía mundial.

A día de hoy es una incógnita saber (al menos para mi) con qué escenario geopolítico mundial inmediato nos encontraríamos si Venezuela fuese atacada militarmente. Si el gobierno de Nicolás Maduro lograra despejar a su favor esta incógnita estratégica, el conflicto interno se desactivaría como por arte de magia. Es decir, que si Vladimir Putin y Nicolás Maduro comparecieran mañana ante los medios internacionales para anunciar la instalación de una base militar rusa en territorio venezolano, los terroristas callejeros y los “patrióticos” golpistas y demás mercenarios tendrían que buscarse otro trabajo, como está ocurriendo en Siria e Irak; y los dirigentes políticos opositores regresarían definitivamente a sus casas de lujo en Miami o Nueva York para gestionar su abundante patrimonio.

Otra cuestión diferente sería analizar si el decadente imperio estadounidense está o no en condiciones de emprender una guerra contra Venezuela en el momento de mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos acaba de recibir una clamorosa derrota en Siria; Trump se dispone a iniciar una (suicida) guerra geoeconómica y comercial contra China y Alemania; la economía de Estados Unidos presenta problemas estructurales graves; y todo esto al mismo tiempo en que se está librando una guerra civil interna entre las élites políticas y económicas estadounidenses por imponer su agenda y sus propios intereses.

Todavía estamos a tiempo de presionar desde todos los frentes para evitar una desesperada guerra imperialista por su propia supervivencia contra un pueblo digno y su legítimo gobierno.

Terrorismo callejero en Venezuela

La oposición en Venezuela, lejos de sufrir los rigores de una “dictadura comunista” que los asfixia políticamente, se encuentra en una situación privilegiada. Cuentan con el apoyo financiero, estratégico, institucional y mediático de los poderes económicos y gobiernos occidentales. Y por lo tanto no necesitan disimular. Sus miembros pueden ejercer la violencia de forma abierta y transparente, contratar a mercenarios para crear el caos en las calles (incluidos paramilitares llegados desde Colombia), destruir edificios públicos, profanar cementerios para cortar las carreteras con los ataúdes, saltarse todas las leyes vigentes en el país, desconocer los resultados electorales, desconocer la propia Constitución, y por supuesto pueden mentir, insultar, difamar, manipular, contradecirse… o incluso asesinar a sus rivales políticos, a ciudadanos de a pie y a los funcionarios del Estado, incluidos Policías y militares.

Hagan lo que hagan su “legitimidad democrática” está fuera de toda duda, aunque empuñen un rifle de asalto o incendien una comisaría, un hospital o una escuela pública. Todo vale contra un gobierno que forma parte del “eje del mal” y que en 2015 fue declarado arbitrariamente por Obama como “una amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos“.

Ningún medio de comunicación, ninguna reconocida ONG, ningún gobierno ni organismo o institución desde Occidente condena estas acciones ni cuestiona sus métodos, a pesar de que estos gobiernos occidentales jamás permitirían que este tipo de “oposición” se aplicara en sus propios países, de hecho las manifestaciones pacíficas que se producen en Europa son reprimidas duramente en no pocas ocasiones. En Francia en estos momentos, tras la victoria del candidato del poder financiero globalizado, estamos viendo de nuevo imágenes de violencia policial contra manifestantes que bien podrían confundirse con imágenes de Caracas.

En España, por ejemplo, donde jamás se ha visto a ningún dirigente ni partido político ejercer contra el gobierno central el tipo de “oposición” que vemos en Venezuela, se ha juzgado o condenado con penas de cárcel a cientos de activistas sociales y sindicalistas que participan en movilizaciones pacíficas contra el gobierno y en defensa de sus derechos laborales y sociales. El tipo de “manifestaciones pacíficas” que ejerce la oposición venezolana serían consideradas en España como “terrorismo callejero”. Las imágenes no dejan lugar a dudas del tipo de manifestaciones que se están ejecutando en Venezuela. El número de “chavistas” y policías muertos tampoco.

Finalmente, lo más doloroso ha sido, además de decenas de civiles, policías y Guardias Nacionales heridos, las 21 muertes provocadas por estas “marchas pacíficas” y lo más asombroso es el descaro de sus dirigentes para evadir toda responsabilidad en las mismas. Por el contrario y apegados al guión de que ellos son ángeles que simplemente luchan pacíficamente por liberar a Venezuela de la cruel dictadura, todas esas muertes son responsabilidad del gobierno porque no se deja tumbar. Sólo en 3 muertes han estado involucradas fuerzas del orden, algunas sin motivación política. Otras muertes han sido causadas en disturbios generados por las bandas paramilitares y el resto, crímenes cometidos por militantes de oposición en su afán de acabar con el chavismo. [1]

Sin embargo, quienes desde España legislaron para equiparar el “vandalismo urbano” con el “terrorismo callejero”, apoyan ahora el mismo tipo de terrorismo cuando se aplica en Venezuela para derrocar a un gobierno que no se somete a la dictadura del capital occidental. El bipartidismo político español, la prensa corporativa, las grandes ONGs y los “progresistas neoliberales” (incluido Podemos: Rita Maestre lamenta que las libertades estén “en pendiente descendente en Venezuela”) están realizando un gigantesco ejercicio de hipocresía, complicidad y de manipulación de la realidad apoyando la violencia golpista en Venezuela contra un gobierno legítimo que, con todos su defectos, podría darles muchas lecciones de democracia participativa y justicia social a los gobiernos neoliberales de la OTAN.

Aunque, en realidad, este apoyo a la barbarie no debe sorprendernos, porque estos “demócratas” y “progresistas” españoles también apoyan a los terroristas de Al Qaeda en Siria, a los que llaman “rebeldes”, o  a los neonazis de la plaza Maidán en Ucrania, a los que llamaban “revolucionarios”.

¿Por qué si son tan legítimas las “manifestaciones pacíficas” en Venezuela, la “izquierda” española no imita ese modelo de protesta y de oposición venezolano, y lo aplican aquí contra el régimen neoliberal de Rajoy?

Queman cajeros y contenedores, lanzan piedras a los escaparates, destrozan el mobiliario y todo cuanto encuentran a su paso y perpetran emboscadas contra las fuerzas antidisturbios, a cuyos agentes lesionan e incluso intentan rematar en el suelo. El modus operandi del millar de radicales que causaron el pánico en Madrid recuerda mucho al utilizado por los terroristas de la llamada «kale borroka», (…). Hubo un tiempo en el que los cachorros de ETA gozaban de la misma complacencia penal que los radicales que protagonizaron los incidentes del sábado en Madrid. (…) hasta que se atajó en problema de raíz con un cambio legislativo que pasó por aprobar en el año 2000 la ley de responsabilidad penal de los menores en delitos de terrorismo, por juzgarlos en la Audiencia Nacional y por modificar el artículo 577 del Código Penal. A raíz de esa reforma, se empezaron a considerar terrorismo urbano todas aquellas acciones en las que no solo existía riesgo para la vida o integridad de las personas, sino también aquellas con las que, más allá de causar daños materiales, «se pretende atemorizar a toda una población o colectivo». [Así se combatió jurídicamente la “kale borroka”,- diario español ABC, 28/3/2014]

Los dirigentes políticos más mediáticos de la oposición en Venezuela gozan de la impunidad y el apoyo político y mediático occidental, a pesar de que esa oposición golpista no cuenta con el respaldo de la mayoría de la población y trata de derrocar por la fuerza a un gobierno salido de las urnas. Son incapaces de derrotar al gobierno por la vía democrática, ni siquiera cuando el gobierno revolucionario de Venezuela sufre el desgaste propio de una guerra de 4ª generación contra la que lucha desde hace años (desgaste que se añade al producido por sus propios errores estratégicos). Por eso ahora, por enésima vez, han puesto en marcha una nueva insurrección violenta bajo los conocidos métodos del “golpe suave” siguiendo el manual de la CIA [2] y las órdenes del Departamento de Estado estadounidense.

Aunque cada país tiene sus peculiaridades políticas y sociales concretas, estos métodos siguen un mismo patrón de actuación interna y externa perfectamente coordinados que ya se han aplicado en otros países contra otros gobiernos hostiles a los intereses de Washginton, ya sea en Ucrania, Irak, Libia, Siria… El libreto que se aplica es similar en todos los casos:

Primero se intenta deslegitimar al gobierno que se quiere derrocar, lanzando contra él acusaciones sobre la falta de democracia y de libertades dentro del país. Esta campaña de propaganda mediática va acompañada de una condena política por parte de las potencias occidentales hecha pública a través de los medios de comunicación y de las instituciones supranacionales que ellos controlan. La intención es aislar políticamente al enemigo, en este caso al gobierno de Venezuela. Asimismo se imponen sanciones económicas por parte de los organismos y poderes financieros internacionales, que tratan de provocar a medio plazo una revuelta interna fruto de la precaria situación económica que ellos mismos con sus sanciones han provocado entre la población (el desabastecimiento premeditado de productos básicos provocado por la burguesía empresarial venezolana forma parte de esta agenda). Más tarde, cuando la situación económica interna empeora y el descontento social aumenta se produce la insurrección violenta encabezada políticamente por dirigentes opositores apoyados, dirigidos y financiados desde el exterior que utilizan a su vez a grupos de mercenarios para sembrar el caos y la violencia en las calles. Por último, tras una campaña sistemática de propaganda mediática, se denuncia la grave “crisis humanitaria” que sufre el país y se llama a la “comunidad internacional” a intervenir militarmente para salvar a la población civil, con el imprescindible apoyo de las ONGs más reconocidas (Médicos Sin Fronteras, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, etc.). Así se cierra el círculo imperialista occidental.

[leer también: Venezuela y el factor de la legitimidad democrática como arma del imperialismo]

No importa que estos grupos opositores sean minoritarios dentro del país, ni tampoco importa su ideología fascista [3] o fundamentalista, ni sus métodos extremadamente violentos, puesto que los grandes medios de comunicación corporativos amplifican sus demandas y manipulan los hechos para que parezca todo lo contrario, presentándolos como “pacíficos manifestantes”, “activistas por los Derechos Humanos” o “jóvenes estudiantes” que luchan por la libertad y la democracia.

Esto exactamente fue lo que vimos con total claridad en las “pacíficas manifestaciones” de la plaza Maidán de Ucrania en 2014, donde grupos extremadamente violentos y de ideología claramente neonazi encabezaron un golpe de Estado (bajo los métodos del golpe suaverevolución de color) apoyados por Washington y Bruselas, y que fue presentado por los medios corporativos como una revolución pro-europea, democrática y pacífica: el llamado “Euromaidán“. Todas las imágenes e informes que pudimos ver a través de los medios independientes y las redes sociales evidenciaban que se trataba de todo lo contrario a lo que nos estaban relatando desde los medios corporativos occidentales [4]. Los miembros de la policía caían abatidos por las balas de francotiradores, pero éstos y otros muchos hechos violentos jamás fueron citados en los informativos occidentales. Lo que ocurrió después en Donbáss y los crímenes que se están cometiendo en nombre de la “democracia europea” son bien conocidos.

Puestos a establecer paralelismos, en Venezuela estamos asistiendo a la reaparición de la versión venezolana de los Cascos Blancos que operan en Siria, es decir, el brazo “humanitario” y “propagandístico” de Al Qaeda en Siria. Se trata de los “Cascos Blancos/Cruz Verde” [5] un grupo de “estudiantes de medicina” que de forma “altruista” acompañan a los manifestantes para socorrer a las víctimas de la “dictadura venezolana”. Dicen ser “apolíticos” y estar dispuestos a prestar ayuda médica a los heridos de “ambos bandos”, exactamente el mismo discurso que sus homólogos yihadistas en Siria. La propaganda de guerra y la injerencia extranjera se disfraza una vez más de “ayuda humanitaria”.

En resumen, estos grupos opositores golpistas que actúan impunemente en Venezuela bajo la supervisión de Washington utilizan la violencia extrema en contra de las instituciones del Estado, buscando con ello una respuesta del gobierno que tiene obligatoriamente que usar la fuerza, puesto que no cabe otra posibilidad ante una serie de acciones criminales, bien organizadas y continuadas en el tiempo contra el Estado y contra sus propios ciudadanos, y así preparar el escenario para una intervención extranjera en Venezuela.

Por su parte, el coronel Zomacal – ya bajo arresto – confesó ser el coordinador de la participación militar y el encargado de manejar los explosivos C-4 para generar caos en las calles y atacar instalaciones militares, entre ellas el Fuerte Tiuna y el Casco Central de Caracas.

“Tenemos 88 policías – declaró Zomacal -, pero necesitamos 120 (…) porque debe haber un grupo detrás de la marcha de María Corina (Machado) para que vayan saqueando. Queremos hacer creer ante la opinión pública nacional e internacional que el pueblo tiene hambre” [6]

La otra alternativa que tendría el gobierno de Venezuela sería entregar el poder a los golpistas – como hizo Yanukovik en Ucrania en 2014 – en contra de la opinión y de los intereses de la mayoría de la población; y de paso entregarle a las grandes corporaciones anglosajonas las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Venezuela se convertiría entonces en una verdadera “democracia” para Occidente.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] La verdad de Venezuela: el supuesto autogolpe y las garras del Imperio,- un trabajo de Carlos Fazio y Carmen Bohórquez, miembros de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad.

[2] El manual Sharp y los “golpes suaves” en América Latina,- artículo del politólogo argentino Juan Manuel Karg (Rebelión, 20/3/2014) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=182262

[3] La “oposición democrática” en Venezuela: peor que el fascismo,- artículo del politólogo Atilio Borón (Resumen Latinoamericano, 27/4/2017)

[4] Ucrania: otro ejemplo más de hipocresía e intereses de los medios de comunicación,- un detallado informe del analista y escritor Mikel Itulain (¿Es Posible la Paz? 2/12/2013)

[5] ¿”Cascos Blancos” en Venezuela? (investigación),- web Misión Verdad (2/5/2017)

[6] Revelan planes para un violento golpe de Estado en Venezuela (Cubadebate, 6/4/2017)

Ver también el vídeo: Conozca las pruebas de la Operación Escudo Zamorano: “acciones de un golpe de Estado” 2 (YouTube, 5/4/2017)

Venezuela y el factor de la legitimidad democrática como arma del imperialismo

El jueves día 30 de marzo el exdiputado brasileño Eduardo Cunha, el arquitecto político del golpe parlamentario (llamado eufemísticamente “impeachment”) contra Dilma Roussef, fue condenado a 15 años de cárcel por cometer “crímenes de corrupción, lavado de dinero y evasión fiscal”. Unos días antes, a través de una investigación de la periodista Cynthia García publicada en el diario argentino Página 12, también se dieron a conocer las corruptelas del candidato a la presencia del gobierno de Ecuador, el mal llamado “ex-banquero” Guillermo Lasso, quien de espaldas a las autoridades ecuatorianas y saltándose las leyes del país que pretende presidir sigue dirigiendo actualmente un banco de inversión con sede en Panamá dedicado principalmente a facilitar la fuga de capitales desde Ecuador, además de evadir impuestos a través de varias empresas o “sociedades off shore” que figuran a su nombre o al de algunos de sus familiares o allegados [1].

Sin embargo estas noticias de gran importancia y repercusión política no fueron del interés de los grandes medios corporativos. Nadie se cuestionó desde estas tribunas mediáticas la legitimidad del impopular y corrupto régimen brasileño, ni cuestionaron la legitimidad del corrupto banquero Lasso como aspirante a dirigir Ecuador (dirigirlo de nuevo hacia el neoliberalismo y la falta de soberanía).  Su atención estuvo una vez más puesta en Venezuela para arremeter contra el electo gobierno venezolano negando su legitimidad para aplicar las leyes y la Constitución vigentes en el país.

Los verdaderos golpistas denuncian un golpe de Estado inexistente

La decisión de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Venezuela de  desautorizar a la Asamblea Nacional y asumir sus competencias ocupó las portadas de la prensa internacional y fue citada en todos los informativos de televisión y radio en España y prácticamente en todos los países del mundo. El mensaje que se quiere enviar es claro: en Venezuela reina el caos, no existe separación de poderes, las instituciones no funcionan, es un Estado fallido, las libertades han sido eliminadas, se ha dado un “Golpe de Estado en Venezuela“. Sin embargo ninguno de estos medios de comunicación  – especialmente los medios españoles – parecen demasiado interesados en explicar el contexto jurídico y político en el que se adopta esta decisión del tribunal. Obviamente lo importante es difundir masivamente una matriz de opinión contraria al gobierno venezolano que ayude a incrementar su criminalización. La información es lo de menos.

La Asamblea Nacional se encontraba en situación de “desacato” desde el mismo día en que se constituyó ilegalmente. La razón es que tres de sus diputados, elegidos por el Estado Amazonas en las elecciones de diciembre de 2015, estaban siendo investigados debido a un presunto fraude electoral en el que incurrieron cuando fueron elegidos. Todo lo que la Asamblea Nacional debía hacer para normalizar y legalizar la situación era impedir la juramentación de los tres diputados para repetir las elecciones en ese Estado, siguiendo las leyes y procedimientos constitucionales que existen al respecto, hasta que la investigación judicial sobre el fraude electoral finalizase. Así de sencillo.

Sin embargo los miembros de la oposición que dominan la Asamblea Nacional decidieron desobedecer todas y cada una de las sentencias y advertencias que le llegaban desde las instituciones judiciales del Estado desde hace más de un año (5 de enero de 2016). Y se saltaron las leyes de forma premeditada porque buscaban una confrontación directa con el gobierno y las instituciones del Estado. Es su forma de hacer “política”.

En ningún país europeo si hubiera permitido algo parecido a lo ocurrido en Venezuela: que una institución del Estado desobedeciera a otra institución superior incumpliendo además lo dictado en su propia Constitución.  De hecho en España recientemente hemos asistido a la condena judicial del expresidente de Cataluña (Artur Mas) y de otros cargos políticos de su gobierno (como Francesc Homs) por convocar un referéndum o consulta popular sobre la futura independencia de Cataluña desobedeciendo al Tribunal Constitucional que había prohibido el referéndum unos días antes de celebrarse. Pero, en este caso, ningún medio corporativo ni gobierno occidental habló de “golpe de Estado” en España ni acusó al gobierno títere de Rajoy de “consolidar una dictadura”, como ha hecho el infame diario El País en su editorial del viernes 31 de marzo. Se olvida este diario, en manos de Catar y del capital financiero estadounidense, que en un sistema presidencialista como el de Venezuela, en caso de confrontación entre instituciones o poderes del Estado, es el presidente del gobierno quien tiene la legitimidad última para tomar decisiones. A día de hoy ninguno de estos medios de propaganda ha sido capaz de señalar qué artículos concretos de la Constitución venezolana están siendo violados por el presidente Nicolás Maduro.

Resulta paradójico que aquellos que encabezaron y apoyaron el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002 (Golpe a un caudillo, así lo celebraba El País en su editorial del 13 de abril de 2002) y el golpe suave contra Maduro patrocinado por Hillary Clinton y Obama en 2014 llamado La Salida (43 muertos en total), denuncien ahora con todas las letras un “golpe de Estado” en Venezuela. Grotesco también resulta escuchar a una oposición que ganó unas elecciones parlamentarias y que domina la Asamblea Nacional gritar que “Venezuela es una dictadura”. O que no existe la “separación de poderes” al mismo tiempo que escuchamos a la Fiscal General del Estado, Luisa Ortega Díaz, supuestamente “chavista”, criticar duramente y de forma pública la sentencia del Tribunal Supremo de Venezuela.

¿Se imaginan al Fiscal General de la democrática España hacer lo  mismo que su homóloga venezolana con una decisión del Tribunal Supremo español?

No reconocer la legitimidad de un gobierno, primer paso para justificar su derrocamiento

La oposición venezolana – siguiendo instrucciones de Washington – está acostumbrada a actuar fuera de los márgenes legales para provocar la consecuente reacción del gobierno y poder presentarse como “víctimas del régimen” cuando se les apliquen las leyes vigentes, como a cualquier otro ciudadano. Esa es su estrategia de oposición: tensar la cuerda al máximo con la esperanza de que se rompa y provoque una situación de violencia estatal y social que requiera de una “intervención internacional”, algo que la “patriótica” oposición venezolana ya reclamó en varias ocasiones de manera más que vergonzante. Y este es, en paralelo y de forma coordinada, el papel que ejerce el enviado de Washington a la OEA, Luis Almagro.

A pesar de encontrarse en situación de “desacato”, el pasado 9 de enero la Asamblea Nacional desautorizó institucionalmente al presidente Maduro alegando “abandono de su cargo”. Era otra provocación más. Realmente nunca reconocieron la legitimidad del gobierno de Maduro (en realidad nunca desde 1999). Este es un punto muy importante, porque no reconocer dicha legitimidad democrática para gobernar abre las puertas a cometer cualquier tipo de acto para luchar contra la supuesta “tiranía”. Desconocer su legitimidad es el primer paso para comenzar la guerra de propaganda que conduce finalmente a un “cambio de régimen”. Todo tipo de violencia y de crímenes están justificados contra un “régimen ilegítimo”. Las sociedades occidentales aceptan y apoyan cualquier crimen que se cometa contra alguien al que los medios corporativos le presenten como un “tirano” o un “dictador sanguinario”. Es la misma agenda de propaganda sicológica imperialista que se aplicó contra el gobierno de Yugoslavia, Irak, Libia… o actualmente Siria. Venezuela también está en esta agenda.

No debemos olvidar que en estos ambientes prebélicos y bélicos cualquier apoyo a una calumnia de un líder, de un pueblo, o del sistema político de un país tiene unos efectos demoledores, con unas consecuencias terribles. “Una vez que la conciencia  social es inducida a asumir la ilegitimidad de un líder o de un sistema político, la forma de su derrocamiento es ya una cuestión secundaria, un problema tecnológico.” …basta con deslegitimar o demonizar al líder de un país, una vez hecho esto lo demás viene seguido y rodado. Es una cuestión secundaria, solo un problema técnico que los expertos mediáticos y militares solventarán. [2]

Venezuela forma parte de ese grupo de países soberanos e independientes a los que desde Occidente se les niega el derecho a la legítima defensa, en todos los planos. A Venezuela se le exige que no aplique sus propias leyes y que deje en la impunidad aquellos actos ilegales que ningún gobierno occidental permite que ocurran en su propio territorio. Por ejemplo, si Leopoldo López – el “preso político” más paradigmático para la prensa occidental [3] – fuese un político estadounidense y hubiese ejercido allí ese tipo de “oposición” violenta que ejerce en Venezuela (La Salida, en 2014, con resultado de 43 muertos y 800 heridos) estaría en la cárcel condenado probablemente a cadena perpetua por llamar a una insurrección contra el gobierno de la nación. En Francia, tanto él como el resto de dirigentes de la oposición golpista, estarían en la cárcel condenados por “poner en peligro las instituciones de la República” [4]. En España, donde los familiares de Leopoldo López son recibidos como héroes, estaría en la cárcel condenado por cometer, como mínimo, un delito de “terrorismo callejero“.

Art. 577 del Código Penal. (Dentro del capítulo de delitos de terrorismo). «Los que, sin pertenecer a grupo terrorista, y con la finalidad de subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública (…), serán castigados con la pena que corresponda en su mitad superior». [Así se combatió jurídicamente la «kale borroka», diario español ABC, 31/3/2014]

Y, por supuesto, las “democracias” occidentales no permiten que otros países “enemigos” financien y “asesoren” a los partidos políticos y a las organizaciones de la oposición, tal y como hacen los gobiernos imperialistas (principalmente Estados Unidos [5]) con la oposición golpista venezolana a la que financian para derrocar por la vía rápida a un gobierno legítimo salido de las urnas.

Pero estamos hablando de Venezuela, un país que alberga las mayores reservas certificadas de petróleo del mundo (más que Arabia Saudí) y cuyo gobierno revolucionario no tiene ninguna intención de entregarle esos enormes recursos energéticos a las insaciables corporaciones occidentales. Eso lo explica y lo cambia todo.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Las preocupantes actividades financieras de un candidato presidencial ecuatoriano,- artículo de Mark Weisbrot, co-director del Centro de Investigación Política y Económica (CEPR) con sede en Washington

[2] Esta reflexión forma parte del libro “Chechenia versus Rusia: El caos como tecnología de la contrarrevolución” (2003), de  Antonio Fernández Ortiz. Pero el párrafo lo copié directamente de un brillante artículo del escritor y analista Mikel Itulain que recomiendo leer:    “Una vez asumida la ilegitimidad de un líder o de un sistema político, la forma de su derrocamiento es ya una cuestión secundaria, un problema técnico.” (¿Es Posible la Paz? 20/8/2014) http://miguel-esposiblelapaz.blogspot.com.es/2014/08/una-vez-asumida-la-ilegitimidad-de-un.html

[3] El López venezolano y el López puertorriqueño: un contraste esclarecedor,- artículo de Atilio Boron (TeleSur, 30/5/2017)

[4] Si la oposición venezolana fuera francesa…,- artículo del profesor Salim Lamrani publicado originalmente en el diario brasileño Opera Mundi (traducido al español en La Pupila Insomne, 15/4/2014)

[5] EE.UU: La emboscada contra Venezuela,- artículo de la abogada Eva Golinger (RT, 12/11/2015)