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EE.UU pierde la guerra contra China por la hegemonía mundial

A pesar de las grandes campañas de propaganda dirigidas a denunciar la ficticia “injerencia de Rusia en las elecciones de Estados Unidos”, la supuesta “amenazada nuclear” que representa Corea del Norte, el falso “apoyo al terrorismo” por parte de Irán, o la “crisis humanitaria” y “represión” que sufre la población civil en Venezuela, el verdadero dolor de cabeza que sufren los planificadores estratégicos estadounidenses se llama República Popular China. El resto de países son un problema para Washington en la medida en que éstos se están relacionando estratégicamente con China, que ya ejerce como la primera potencia mundial.

En julio de este año Michael Collins, subdirector adjunto y jefe del centro de misiones de la CIA en Asia Oriental, pronunció las siguientes palabras en un foro sobre Seguridad celebrado en la ciudad de Aspen, en Colorado:

“China representa una amenaza mayor que Rusia (…) China está socavando el orden internacional dirigido por Estados Unidos que ha traído paz y estabilidad en Asia durante los últimos 40 años. Beijing está tratando de usurpar el poder y la influencia estadounidenses en la región” (…). [CIA analyst: Beijing poses a greater threat than Russia, Asia Times, 26/7/2017]

Posteriormente el director de la CIA, Mike Pompeo, apuntaba en la misma dirección que su subordinado y añadía:

China, y no Rusia o Irán, es quien supone la mayor amenaza para Estados Unidos en materia de Seguridad Nacional” (…) debido a su economía robusta y creciente poderío militar, ambos dirigidos contra los Estados Unidos. (…) El ejército chino está construyendo fuerzas que tienen como objetivo contrarrestar la proyección de nuestro poder en todo el mundo (…) En materia tecnológica están intentando robar nuestras cosas, o asegurándose de que puedan derrotarlas” (…). [CIA Gives More Power to Spies to Bolster Intelligence Operations,  The Washington Free Beacon, 26/7/2017]

Steve Bannon, ex-jefe de estrategia de la Casa Blanca, también dibujó el negro escenario futuro al que se enfrenta Estados Unidos. Además reconoció abiertamente que las recientes tensiones con Corea del Norte forman parte de un “espectáculo” político y mediático cuyo verdadero objetivo es realmente frenar el crecimiento de China:

“Estamos en guerra económica con China. Uno de nosotros va a ser un hegemón en 25 o 30 años, y van a ser ellos si continuamos por este camino ” (…) tenemos que estar masivamente enfocados en esto. Si seguimos perdiendo terreno, estaremos a cinco años de distancia, creo, diez años como máximo, de llegar a un punto de inflexión del que nunca podremos recuperarnos ” (…) nos están aplastando. [Economic War With China is Everything,’ North Korea a ‘Sideshow’: White House Chief Strategist,- TeleSur, 17/8/2017]

Estados Unidos ha iniciado una guerra geoeconómica contra China para intentar salvar su hegemonía mundial vigente desde hace 70 años. Por el momento lo hacen de forma superficial, pero algunos analistas ya están advirtiendo sobre cómo se está fraguando entre bambalinas esta inminente guerra geoeconómica contra China [1] que en el peor de los casos podría derivar en una guerra militar-nuclear mundial.

Aunque, más allá de las intenciones y estrategias de Washington, la realidad tangible en estos momentos es que el decadente imperio estadounidense no está en condiciones de ganar esta guerra geoeconómica, sencillamente porque el viejo orden mundial ha muerto. La nueva realidad multipolar (especialmente visible a partir de la crisis financiera de 2008, con la anexión voluntaria y pacífica de Crimea y Sebastopol a Rusia, y ahora tras la derrota de la OTAN en Siria) impide al poder económico de Estados Unidos – y occidental en general – imponer por la fuerza o a través del chantaje sus intereses particulares al resto del mundo.

Y mucho menos pueden hacerlo en contra de la primera potencia global de facto (China), que además ha establecido una serie de alianzas estratégicas con otras potencias (especialmente Rusia) y países de primer nivel y ha creado estructuras financieras, económicas, monetarias y militares (BRICS, OCS, RCEP, BAII,…) que funcionan al margen de los viejos organismos internacionales controlados por Estados Unidos.

[leer también: ¿Será Arabia Saudí el verdugo definitivo de Estados Unidos?, El Mirador Global, 27/9/2017]

Dicho de otro modo, el mundo es algo más que Estados Unidos y Europa (Occidente). Y ese mundo crece y se desarrolla sin necesidad de que Estados Unidos participe en la fiesta o tenga que dar su aprobación a los acuerdos y a las políticas que se implementan entre estos países. China es quien lidera ese “nuevo mundo” y la economía global. Al viejo imperio norteamericano sólo le quedan dos opciones: aceptar esta nueva realidad multipolar global y resituarse ante el nuevo escenario compartiendo su hegemonía y las regiones de influencia con los nuevos centros de poder euroasiáticos; o bien iniciar contra sus competidores una devastadora guerra mundial que sería nuclear y que no tendría ganadores.

Todavía estamos en la fase de ruido y pataleo. Las sanciones económicas y las amenazas lanzadas desde Washington (y seguidas por sus títeres europeos) contra aquellos países que no se someten a sus intereses no sólo resultan inútiles, sino que están fortaleciendo y cohesionando a sus enemigos/competidores. Estas acciones desesperadas de Estados Unidos y sus “aliados” son una demostración de la impotencia que sienten al no poder revertir el cambio tectónico que se está produciendo en la estructura del poder capitalista a nivel global [2].

Como señala el reconocido economista y profesor canadiense Michel Chossudovsky en uno de sus artículos, la economía estadounidense de hoy es totalmente dependiente de la economía China, y no al revés. Hablar desde Washington de doblegar a China tratando de “aislarla” imponiéndole sanciones económicas y restricciones comerciales resulta ridículo y además es suicida. Si China se hunde… será Estados Unidos quien se ahogue.

“China no depende de las importaciones estadounidenses. Todo lo contrario. América es una economía de importación con una débil base industrial y manufacturera, fuertemente dependiente de las importaciones de la República Popular China.

China es el mayor socio comercial de Estados Unidos. Según fuentes estadounidenses, el comercio de bienes y servicios con China ascendió a unos 648.200 millones de dólares en 2016. Las exportaciones de productos básicos de China a Estados Unidos totalizaron 462.800 millones de dólares. Eso quiere decir que Estados Unidos exporta a China 185.400 millones de dólares. El déficit comercial de EE.UU. respecto a China es gigantesco.

La importación de productos básicos procedentes de China (más de 462.000 millones de dólares) es propicia a través de la interacción de las cotizaciones mayoristas y minoristas (que contribuyen al valor añadido) a un aumento sustancial del PIB de Estados Unidos, sin necesidad de producción de productos básicos. Sin las importaciones chinas, la tasa de crecimiento del PIB sería sustancialmente menor. A lo que nos estamos refiriendo es Import Led Growth. Las empresas estadounidenses ya no necesitan producir, subcontratan con un socio chino.

(…) A esto hay que añadir que China posee 1 billón de dólares en Bonos del Tesoro estadounidense [3].

Por otro lado, China ya no es sólo una potencia exportadora de productos manufacturados de baja calidad y sin ningún valor añadido. Esta definición ha quedado obsoleta, aunque desde Occidente se sigue caricaturizando la imagen de lo que hoy en día representa China en el mundo, presentándola como un país medieval que crece a base de exportar productos copiados y baratos y de explotar a su empobrecida población. Sin embargo, como suele ocurrir demasiado a menudo con la información que recibimos, los datos nos muestran una realidad bien diferente y muy amenazante para los intereses de las grandes corporaciones financieras e industriales occidentales.

Veamos algunos ejemplos muy clarificadores:

– En el año 2010 un centro de investigación científica de China presentó el “superordenador más rápido jamás fabricado” (Ashlee Vance, The New York Times, 28/10/2010), desplazando a Estados Unidos del primer lugar como el fabricante de la máquina más rápida. Estas “supercomputadoras” se utilizan para realizar millones de operaciones financieras de forma inmediata a escala global; se supone que quien disponga la máquina más rápida tiene ventaja frente a sus competidores en los mercados financieros mundiales. Pero estas máquinas también se utilizan en el sector de la energía (petróleo y gas), la defensa, la ciencia, etc. Era la confirmación de que Pekín también aspiraba a ser una superpotencia tecnológica.

– En 2011 China fabricaba “7 de cada 10 teléfonos celulares vendidos en todo el mundo”; producía “más del 90% de las computadoras de todo el mundo”; y su industria naval representaba “el 45% de la construcción naval a nivel mundial” (The Atlantic, 5/8/2013).

– En 2014 China triplicó el número de patentes registradas en comparación con Estados Unidos (801.000 patentes chinas, casi la mitad del total mundial, frente a las 285.000 patentes estadounidenses). Se espera que en 2020 China registre 14 patentes por cada 10.000 habitantes frente a las 4 por cada 10.000 que registró en 2013.

– China ya iguala o supera en estos momentos a los estadounidenses en ámbitos tan importantes estratégicamente como la informática, la robótica, la industria electrónica, el ciberespacio, la ciberseguridad, la defensa digital, las comunicaciones satelitales… o en los niveles de educación de sus jóvenes estudiantes, según los informes PISA.

– En 2012 China ya invertía en investigación y desarrollo la misma cantidad que toda la Unión Europea. En 2016 China se posicionó como la segunda potencia mundial en investigación y desarrollo, y se espera que en los próximos años supere a Estados Unidos. Ahora mismo en China se producen tantas publicaciones científicas como en Estados Unidos. Y los universitarios chinos ya superan a sus homólogos estadounidenses en el número de doctorados otorgados en ciencia e ingeniería. El futuro de la investigación científica mundial tiene su epicentro en Pekín.

– “China es el nuevo líder en el campo de la inteligencia artificial”; así titulaba The New York Times un informe publicado el 2 de junio de 2017.

– También hay que actualizar el discurso en materia de salarios: en la industria manufacturera en China los salarios se han triplicado en la última década hasta llegar a superar los salarios de países como Brasil, México (hasta un 40% más altos que en México en el año 2015) o Colombia, y llegando a igualar a los salarios de países europeos como Portugal o Grecia. El salario “por hora” del trabajador medio en China es superior al de todos los grandes países de América Latina (con excepción de Chile). En 2016 un trabajador chino recibía un salario equivalente al 70% del salario medio que reciben los trabajadores en la Eurozona.

Es casi seguro que esa diferencia salarial se ha reducido a día de hoy (2017), puesto que las tendencias salariales en ambos lugares siguen avanzando en la misma dirección: hacia arriba en el caso chino, hacia abajo en el caso europeo. Pero, además, debemos señalar que existen otras variables económicas a la hora de medir el nivel de los salarios (el poder adquisitivo por ejemplo) que si las tenemos en cuenta colocan los salarios chinos a la misma altura que los salarios estadounidenses y europeos.

(…) en términos de utilidad real, la economía de China es ya mas grande que la de Estados Unidos y explica porque sigue creciendo a un ritmo sostenido mucho mayor: los salarios chinos, calculados a la tasa de cambio formal entre las monedas respectivas, pueden ser más bajos, en términos nominales, que los salarios norteamericanos o europeos, pero puede que sean mayores en cuanto a capacidad de compra de los bienes y servicios necesarios para llevar una vida confortable en China. [4]

La imparable tendencia ascendente de China – en cualquiera de los parámetros que lo queramos medir – es tan evidente que hasta sus principales enemigos y máximos perjudicados con su progresión no tienen más remedio que reconocer este nuevo paradigma global que se viene fraguando en los últimos años.

Tal es su avance tecnológico, por ejemplo, que el think tank de cabecera del Pentágono, la RAND Corporation, incluso reconoce que Estados Unidos perdería una ciberguerra contra China, y que en el caso de iniciarse una guerra militar convencional la contienda “no tendría un  ganador claro” [5], lo cual equivale a reconocer que también la perderían en ese terreno.

Este sentimiento de debilidad y de miedo respecto a la espectacular transformación de China quedó confirmado una vez más a través de unas declaraciones de Joseph Dunford, Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, pronunciadas el pasado 26 de septiembre ante el Comité de Servicios Armados del Senado y en las que señaló que China se convertirá en  “la mayor amenaza para la seguridad de EE.UU. en el año 2025“, por encima incluso de Rusia y Corea del Norte.

Especialmente relevante es la opinión del veterano politólogo estadounidense y especialista en materia de Defensa, Graham T. Allison, quien escribió lo siguiente respecto a los desafíos que enfrenta Estados Unidos: “El preeminente desafío geoestratégico de esta época no son los extremistas islámicos violentos ni la renaciente Rusia. Es el impacto del ascenso de China”. Esta contundente afirmación viene de alguien que ha sido asesor del Pentágono y del Departamento de Defensa con diferentes gobiernos desde los años 60, además de miembro de la RAND Corporation, del Consejo de Relaciones Exteriores, del Brookings Institution y de la Comisión Trilateral. Nada más y nada menos.

En su libro titulado Destinados a la guerra: ¿Pueden Estados Unidos y China escapar de la trampa de Tucídides? publicado en mayo de 2017, el experto aporta multitud de datos que dan muestra del poderío multidimensional de China, a la que Allison considera ya “la mayor economía del mundo”.

En las tres décadas y media transcurridas desde que Ronald Reagan se convirtió en presidente (…) China subió del 10 por ciento del tamaño de Estados Unidos al 60 por ciento en 2007, al 100 por ciento en 2014 y al 115 por ciento hoy. Si la tendencia actual continúa, la economía de China será un 50 por ciento más grande que la de Estados Unidos en 2023. Para 2040 podría ser casi tres veces más grande. Eso significa que China contaría con unos recursos tres veces superiores a los de América para usarlos como poder de influencia en las relaciones internacionales. Tales ventajas económicas, políticas y militares brutas crearían un mundo más allá de lo que los políticos estadounidenses puedan imaginar. [6]

En los últimos 15 años China ha sacado de la pobreza a más de 600 millones de personas (cifra que aumenta hasta los 800 millones si analizamos los últimos 35 años, algo jamás visto antes). Pekín, bajo el fuerte liderazgo de Xi Jimping, está reestructurando y diversificando su economía para hacerla menos dependiente de las exportaciones, fortaleciendo a su vez la demanda interna del país. A ello contribuyen los millones de chinos que se han incorporado a la “clase media” en los últimos años. En el año 2015 China ya tenía la mayor “clase media” del mundo, superando claramente a Estados Unidos. Un estudio de The Economist pronostica que en el año 2030 habrá en China 500 millones de personas formando parte de la “clase media”; está previsto también que la demanda interna china crezca a un ritmo del 5% anual hasta ese mismo año 2030.

Por otro lado Xi Jimping se ha comprometido este año a erradicar totalmente la pobreza en el año 2020. Todavía existen en el país cerca de 50 millones de personas en situación de pobreza, principalmente en las zonas rurales; a finales de 2014 esta cifra era superior a los 70 millones. El objetivo de fondo del plan puesto en marcha por Pekín es crear una “sociedad de bienestar integral”. Observando los datos no cabe duda de que lograrán este deseable objetivo.

Y todo esto, claro, sin hablar de las mareantes cifras que rodean a la Nueva Ruta de la Seda, el mayor y más extenso proyecto de infraestructura e inversión de la historia.

NOTA ADJUNTA: Algunos sectores desde la izquierda critican a China por considerar que su interés reside únicamente en “sustituir” a Estados Unidos como la primera potencia capitalista global, sin que esto suponga ningún cambio sustancial en el panorama internacional. Sin embargo existen diferencias profundas entre el liderazgo chino y el estadounidense. Señalo las dos más importantes:

1- China no impone por la fuerza militar sus intereses al resto del mundo;

2- China tampoco impone condiciones políticas a sus socios para llegar a acuerdos comerciales o financieros (como obligar a los gobiernos a aplicar “ajustes estructurales” o “políticas de austeridad”, por ejemplo).

Sus acuerdos tanto de tipo comercial como económico-financiero están basados en la cooperación y el beneficio mutuo (Ganar-Ganar). China no exige la subordinación de sus homólogos para firmar un acuerdo, ni les prohíbe comerciar o relacionarse con terceros países. Respeta la soberanía de los Estados (no patrocina “cambios de régimen” ni “primaveras árabes”) y recurre a la diplomacia como vía para resolver los conflictos (como vimos recientemente en su disputa fronteriza con India en la región de Doklam. Un conflicto, por cierto, azuzado por Estados Unidos e Israel).

En resumen: Estado Unidos necesita recurrir a la guerra y al terrorismo para sostener su economía; China promueve una economía global de paz. Estas diferencias, por sí solas y con todos los matices que queramos añadirles, ya cambian por completo el panorama internacional abriendo una puerta a la esperanza de cara al futuro.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Kissinger y Bannon forman proyecto de alarma contra China,- artículo del experto en geopolítico Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 4/10/2017)

[2] Nueva estructura económica del sistema capitalista mundial después del 2008,- artículo del sociólogo y analista geopolítico Enrique Muñoz Gamarra (11/2/2017) http://www.enriquemunozgamarra.org/Articulos/163.pdf

[3] Imagine What Would Happen if China Decided to Impose Economic Sanctions on the USA?,- artículo del profesor Michel Chossudovsky (Global Research, 3/8/207) http://www.globalresearch.ca/imagine-what-would-happen-if-china-decided-to-impose-economic-sanctions-on-the-usa/5598941 

[4] De los salarios chinos,- una nota de Umberto Mazzei, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia y director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales Sismondi, en Ginebra.  (América Latina en Movimiento, 22/9/2017)

[5] Tomgram: Alfred McCoy, The Global War of 2030,- un artículo extraído del último libro del historiador Alfred W. McCoy titulado En las Sombras del Siglo Americano: El Auge y la Decadencia del Poder Global de los Estados Unidos (publicado en TomDispatch, 26/9/2017)

[6] La trampa de Tucídides: ¿Están los Estados Unidos y China dirigidos a la guerra?,- un trabajo de Graham T. Allison, ex-director del Centro Belfer de Ciencias y Asuntos Internacionales de la Escuela Kennedy de Harvard y ex-secretario adjunto de Defensa de Estados Unidos para políticas y proyectos. Es el autor del libro Destinados a la guerra: ¿Pueden Estados Unidos y China escapar de la trampa de Tucídides?

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Corea del Norte quiere la paz (reconoce el Pentágono) pero con soberanía

La tozuda realidad es que por muchas sanciones que se impongan y por muchos ejercicios militares que lleve a cabo Estados Unidos en la península coreana, las autoridades de Corea del Norte (Norcorea) no se van a amedrentar. Los misiles balísticos lanzados periódicamente por Pyongyang son la demostración de esta realidad que Washington finge no reconocer (al menos públicamente). A cada maniobra militar y diplomática amenazante por parte de Estados Unidos, le sigue una demostración de fuerza de carácter defensivo por parte de Norcorea que disuade a su enemigo.

El Consejo de Seguridad de la ONU emitió una declaración en la que condenaba el lanzamiento de un misil por parte de Corea del Norte sobre el espacio aéreo japonés (…). China y Rusia atribuyeron la culpa a otros miembros del Consejo de Seguridad por la reciente escalada de tensión y criticaron a Estados Unidos por las sanciones secundarias emitidas recientemente contra compañías que Washington acusó de violar las sanciones existentes contra Pyongyang. China también pidió a Estados Unidos y Corea del Sur que desmantelen un sistema de defensa antimisiles que han desplegado en Corea del Sur. [South China Morning Post, 30 de agosto 2017]

Las opciones siguen siendo únicamente dos: o una guerra nuclear (que implicaría además a Rusia y China), o utilizar la vía diplomática para alcanzar finalmente un acuerdo de paz para la península. Ninguna de las dos opciones complace al imperialismo estadounidense, pero finalmente se impondrá la “Realpolitik”.

(…) incluso en un escenario en el que los Estados Unidos o Corea del Sur lograran un ataque preventivo contra Kim Jong Un, las capacidades militares convencionales de Corea del Norte aseguran que todavía es capaz de infligir daños catastróficos al Sur, donde Estados Unidos tiene miles de soldados desplegados. Tampoco está claro que el KPA arrojaría sus armas a raíz de la muerte de Kim. El secretario de Defensa, James Mattis, ha asegurado a los legisladores estadounidenses que aunque los Estados Unidos prevalezcan en una guerra contra el Norte, cualquier conflicto sería “más grave en términos de sufrimiento humano que cualquier otra cosa que hayamos visto desde 1953”. [1]

Al contrario de lo que la narrativa oficial difundida por los medios corporativos occidentales relata, es Norcorea quien se está defendiendo de la amenaza estadounidense, y no al revés. Corea del Norte siempre ha querido llegar a un acuerdo definitivo con sus vecinos del sur. Recordemos que entre “las dos Coreas” nunca se firmó un tratado de paz sino un “alto el fuego” o armisticio tras el fin de la guerra en 1953.

Durante sus dos mandatos Barack Obama rechazó en varias ocasiones la propuesta de diálogo de Kim Yong-un, al mismo tiempo que el “Premio Nobel de la Paz” incrementaba el despliegue militar y armamentístico en la región asiática (en el marco geoestratégico del “Pivote Asiático” encaminado a cercar a China). También se ha rechazado en varias ocasiones la propuesta de China basada en el desarme gradual por ambas partes para tratar de “reducir la tensión” en la península y “evitar una colisión frontal” entre Estados Unidos y Corea del Norte. La respuesta de Washington fue aplicar sanciones no sólo a Corea del Norte sino a la propia China.

[Leer también: Trump amenaza a Corea del Norte: el ruido que precede al acuerdo]

Esta política de confrontación y amenaza permanente es utilizada por Estados Unidos para justificar su presencia militar y su injerencia política en el sudeste asiático. Su preocupación real no reside en un inminente ataque nuclear de Norcorea, sino en la influencia, crecimiento y expansión de China en el marco “Euroasiático”. Una China que ya ha superado a Estados Unidos como la locomotora de la economía capitalista global.

Esta falta de voluntad política para impedir un acuerdo con Pyongyang es señalado incluso desde la RAND Corporation, el think tank oficioso del Pentágono, que reconoce que son las imposiciones previas que se dictan desde Washington las que impiden un acuerdo nuclear con Norcorea. En un sorprendente artículo publicado en su web el pasado 8 de junio, desde este “tanque pensante” estadounidense se reconoce la voluntad histórica por parte de Pyongyang de alcanzar un acuerdo de paz, así como el derecho a la autodefensa por parte de Corea del Norte y del propio Kim Jong-un en persona.

Estas líneas, escritas desde el corazón mismo del imperialismo belicista norteamericano, destrozan toda la propaganda de guerra lanzada contra Corea del Norte desde los medios corporativos occidentales, ONGs, políticos neoliberales (“progresistas” incluidos), intelectuales alienados y demás voceros del poder económico anglosajón. Toda una paradoja que debería avergonzarlos.

Los líderes norcoreanos han concedido importancia desde hace tiempo a poner fin formalmente a la guerra. A lo largo de los años han planteado repetidamente la perspectiva de un tratado de paz para resolver los numerosos problemas que el armisticio de 1953 dejó sin resolver, sobre todo el acuerdo sobre la división permanente de la Península Coreana.

En varias ocasiones los norcoreanos han propuesto negociar un tratado con los Estados Unidos, otras veces con Corea del Sur. En los últimos años, China también ha instado a la apertura de esas negociaciones.

Los norcoreanos quieren una declaración definitiva de paz, no sólo una tregua, como garantía de que no serán atacados y como reconocimiento por parte de Estados Unidos, Corea del Sur y el resto del mundo de que su país es un Estado soberano y un poder legítimo .

Los sucesivos presidentes estadounidenses han insistido en una serie de condiciones previas antes de que se pudieran iniciar negociaciones serias de paz, incluyendo un compromiso con la desnuclearización y la detención de nuevas pruebas de misiles. Pero el líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, probablemente no acepte renunciar a los programas nucleares y de misiles de su país sin recibir garantías convincentes de que no sufrirá el destino de Saddam Hussein de Irak ni de Muammar el-Gadafi de Libia. [2]

Para las élites imperialistas dominantes en Estados Unidos (el “Estado Profundo”) la paz ha consistido históricamente en que sus enemigos o rivales se desarmen para poder dominarlos sin derramamiento de sangre. Paz como sinónimo de derrota y sumisión del enemigo. Es una paz basada en la aceptación por parte del resto de países de la doctrina del “excepcionalismo” norteamericano, según la cual Estados Unidos tiene la divida virtud de gobernar unilateralmente al resto el mundo y de no tener que responder ante nadie por los crímenes que comete.

Aquellos gobernantes y pueblos que no aceptan este principio de obediencia impuesta se convierten en un “peligro para la paz mundial”. Es decir, que suponen un obstáculo para los intereses económicos del imperialismo corporativo y deben ser eliminados cuanto antes (provocando un “cambio de régimen”, como en Ucrania, o una “intervención humanitaria” de la OTAN, como en Libia).

La gran desgracia actual para el Imperio estadounidense es que hoy en día ya no tienen la misma capacidad de imponer por la fuerza sus políticas, tal y como venía ocurriendo desde hace casi 70 años. Siria es el paradigma de este cambio tectónico en lo geopolítico. Ellos lo saben (como reconoció el propio Pentágono en uno de sus informes [3]), de ahí su desesperación.

Corea del Norte tiene derecho a defender su Soberanía, incluso nuclearmente. Un acuerdo de paz para la península coreana es inevitable y deseable. Quizás la visita que realizará Donald Trump a China prevista para el próximo mes de noviembre sea un buen momento para anunciarlo.

 

REFERENCIAS – NOTAS

[1] How (Not) to Kill Kim Jong Un,- artículo de Adam Rawnsley (Foreign Policy, 6/7/2017) http://foreignpolicy.com/2017/07/06/how-not-to-kill-kim-jung-un/

[2] End the Korean War, Finally,- artículo escrito por James Dobbins y Jeffrey W. Hornung, analistas y miembros de RAND Corporation (8/6/2017) https://www.rand.org/blog/2017/06/end-the-korean-war-finally.html

[3] At Our Own Peril: DoD Risk Assessment in a Post-Primacy World,-  informe del Pentágono: https://ssi.armywarcollege.edu/pdffiles/PUB1358.pdf

[Leer también: Trump amenaza a Corea del Norte: el ruido que precede al acuerdo, El Mirador Global, 11 de agosto de 2017]

Trump amenaza a Corea del Norte: el ruido que precede al acuerdo

“Fuego” de artificio y “furia” de cantina. Así podemos calificar las nuevas amenazas del presidente estadounidense contra Corea del Norte. Una reiterativa bravuconada de Donald Trump para contentar al Estado Profundo y entretener a los medios corporativos. Unas declaraciones que llevarán inevitablemente a la frustración de los más belicistas cuando la realidad geopolítica mundial se imponga de nuevo.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha endurecido su discurso contra el régimen de Corea del Norte, al que ha instado a no realizar ninguna amenaza más si no quiere encontrarse con un nivel de “fuego” y “furia” inédita en la historia mundial. “Se encontrarán con un fuego y una furia nunca vistos en el mundo” (…) “Será mejor que Corea del Norte no haga más amenazas a Estados Unidos”, ha advertido Trump, durante una reunión en su club de golf de Bedminster (Nueva Jersey) en la que, de brazos cruzados y con un tono contundente, ha deslizado la posibilidad de una acción militar contra el país asiático. [Huffington Post, 8/8/2017]

Sin duda que estas declaraciones de Trump tienen mucho que ver con la aprobación por parte del Consejo de Seguridad de la ONU de una propuesta de EE.UU. para sancionar a Pyongyang y que fue aprobada con el voto a favor de Rusia y China (5 de agosto de 2017). Resulta paradójico que Moscú y Pekín den un giro tan radical en su postura y aprueben ahora la imposición de nuevas sanciones contra Corea del Norte cuando ellos mismos han condenado y están sufriendo este tipo de políticas injerencistas ejecutadas por Washington.

Este sorprendente cambio, sin embargo, puede interpretarse como una forma de ganar tiempo y de relajar las tensiones entre China-Rusia y Estados Unidos (la Casa Blanca se entiende). Todo apunta a que previamente hubo algún tipo de acuerdo entre Estados Unidos y China [1], lo que llevó al presidente Trump a cancelar un discurso justo antes (el 4 de agosto) de la reunión del Consejo de Seguridad y en el cuál se esperaba el anuncio de sanciones contra China por parte de Washington. Es decir, China habría cedido su voto ante Estados Unidos a cambio de suspender las sanciones en su contra (por ahora); y habría convencido a Rusia para que se uniera a ella en la votación.

Esta es una arriesgada maniobra diplomática, puede que una estupidez también. Resulta demasiado ingenuo pensar que tras esta unanimidad en el Consejo de Seguridad Estados Unidos reducirá su despliegue militar y armamentístico en la península coreana como gesto de buena voluntad o que cancelará su guerra económica contra China y Rusia. Al contrario, Trump se sentió envalentonado y legitimado para continuar con sus amenazas al resto del mundo, lo que ha enfadado sobremanera a los chinos.

En este sentido es previsible que esta presión puesta ahora sobre Pyongyang por parte de China y Rusia a través de su voto en el Consejo de Seguridad, pronto se dará la vuelta para señalar hacia Washington. De hecho China, en la misma reunión del Consejo de Seguridad que sancionó a Norcorea, criticó también el despliegue del sistema antimisiles THAAD de Estados Unidos en suelo surcoreano. Rusia (quizás arrepentida) también apuntó en esa dirección.

Aunque China, gran aliada de Corea del Norte, ha sumado su apoyo a la resolución, su embajador ha aprovechado para criticar el despliegue del sistema estadounidense antimisiles THAAD en suelo surcoreano (…) “El despliegue del THAAD no va a solucionar los ensayos nucleares y lanzamientos de misiles de Corea del Norte”, ha avisado el diplomático Liu Jieyi (…); una opinión que ha compartido su colega ruso. “Un factor adicional desestabilizador en la región consiste en el incremento en Corea del Sur de los elementos del sistema de defensa antimisil estadounidense THAAD”, ha coincidido Nebenzia, “y será difícil avanzar hacia la desnuclearización mientras Corea del Norte sienta amenazada su seguridad”. [Agencia EFE,- 5/8/2017]

Más allá de la contundente retórica empleada por Trump, los imperialistas saben perfectamente que Corea del Norte no es Afganistán, donde Washington pudo lanzar ante el mundo “la madre de todas las bombas” sin recibir ninguna respuesta militar, política o diplomática en su contra o la de alguno de sus “aliados” en la región (Japón y Corea del Sur principalmente). Esto lo reconoce incuso la prensa anglosajona. Corea del Norte es una potencia nuclear. Geográficamente se encuentra entre Rusia y China, también política y comercialmente hablando [2]. Ninguna de estas dos potencias va a permitir que estalle el caos a sus pies. Por todo esto Norcorea no ha sido ni será bombardeada.

Se está incrementando por enésima vez la tensión en la península coreana y se multiplica el ruido mediático convertido en propaganda de guerra, pero la sangre no llegará el río. Son tan vacías las amenazas de Trump que ni siquiera su equipo de gobierno tenía idea de que hubiese un plan “inminente” para atacar a Corea del Norte. Pero la ficticia amenaza que supone Kim Jon-Un para el resto del mundo sirve a Estados Unidos para justificar su enorme despliegue militar por todo el sudeste asiático y el Mar de China Meridional que, como sabemos, busca cercar militarmente y cortar las rutas comerciales de su gran competidora, China.

Ese “peligro para la paz mundial” llamado Kim Jong-un tendió la mano (junto a China) a Estados Unidos en varias ocasiones para detener la escalada nuclear en la península de Corea, y fue Barack Obama, el “Premio Nobel de la Paz”, quien la rechazó con arrogancia y desplegando más armamento nuclear frente a las fronteras norcoreanas. En marzo de este mismo año fue Donald Trump quien rechazó la propuesta de China para “reducir la tensión” en la península y “evitar una colisión frontal” entre Estados Unidos y Corea del Norte.

¿Quién quiere realmente la paz y quién la boicotea? ¿Quién es el verdadero peligro para el resto del mundo?

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha desestimado la propuesta de Corea del Norte de suspender los ensayos nucleares si Estados Unidos termina sus ejercicios militares anuales con el Sur. (…). El ministro de Relaciones Exterioresde Corea del Norte Ri Su-yong dijo a Associated Press el sábado que “si continuamos en este camino de confrontación, esto llevará a resultados muy catastróficos, no sólo para los dos países, sino también para todo el mundo”. “Es realmente crucial para el gobierno de Estados Unidos retirar su política hostil contra la RPDC y como una expresión de esto detener los ejercicios militares, ejercicios de guerra, en la Península Coreana. Entonces responderemos de igual manera” [BBC News, 25/4/2016]

Por otro lado las amenazas contra Norcorea tratan de escenificar una aparente demostración de fuerza por parte de una maquinaria imperial que ya no puede imponer unilateralmente sus políticas al resto mundo. En el fondo las amenazas de Trump no dejan de ser gritos de impotencia de un imperio en decadencia.

La presión política, mediática y militar de Washington sobre Pyongyang suponen un nuevo intento vacío de mostrar ante el mundo un poderío que ya no tienen en unos momentos en los que, fruto precisamente de la pérdida de la hegemonía global estadounidense, Trump se dispone a negociar con China y Rusia un acuerdo para estabilizar la península de Corea. El nuevo presidente surcoreano Moon Jae-in mostró en varias ocasiones su intención de visitar Pyongyang “si se dan las condiciones adecuadas“.

Esperemos que así sea. Bienvenidos (una vez más) a la nueva era mundial multipolar.

REFERENCIAS – NOTAS 

[1] Why Siding with Washington on Korea May Be Dangerous,- artículo de Finian Cunningham (Strategic Culture Foundation, 10/8/2017) https://www.strategic-culture.org/news/2017/08/10/why-siding-with-washington-korea-may-be-dangerous.html

[2] The Real Reason Washington is Worried about North Korea’s ICBM Test,- artículo de Stephen Gowans (What’s left, 5/7/2017)

 

Escalada militar y expansión del yihadismo contra Rusia y China

Las élites imperialistas estadounidenses están imponiendo la agenda global que tenían preparada para Hillary Clinton. Pero es finalmente Donald Trump quien la está aplicando tras haber cedido a sus presiones. Esta metamorfosis ideológica y estratégica de Trump ha provocado a su vez una metamorfosis mediática y política de sus enemigos en ambos frentes, que ahora le aplauden y le incitan a que continúe por esa senda belicista tan peligrosa. Todos sus defectos anteriores han desaparecido tras bombardear Siria y Afganistán.

Esta compleja situación deja al desnudo a muchos farsantes de la esfera política y mediática. ¿Dónde están ahora los “progresistas” que anunciaban grandes movilizaciones mundiales contra Donald Trump? ¿Dónde han quedado aquellas afirmaciones que acusaban a Trump de ser un “agente del Kremlin”, o la famosa “injerencia rusa” en las elecciones, o sus preocupaciones por los derechos de los inmigrantes, o los vínculos del nuevo gobierno estadounidense con Rusia? Queda demostrado que todo era una farsa mediática dirigida a presionar y deslegitimar al nuevo presidente electo. La preocupación real de las élites políticas, industriales y mediáticas que atacaban a Trump era el proceso de “des-globalización” que se anunciaba y el fin de la vieja política exterior imperialista, que significaba de facto el reconocimiento y la aceptación del nuevo orden mundial multipolar. Ahora que la estrategia ha cambiado y Trump ha cedido ante el Estado Profundo, todas esas mentiras utilizadas durante meses contra él han desaparecido de las portadas de la prensa occidental.

[Leer también: Demagogia y populismo progresista contra Donald Trump]

Es revelador este cambio de actitud de los políticos, periodistas y activistas “anti-Trump”: resulta que cuando meses atrás Donald Trump hablaba de diálogo, acuerdos y entendimiento con Rusia, era considerado un loco-ultraderechista-racista que suponía una amenaza para el resto del mundo, hasta el punto de que un golpe de Estado contra él o incluso su propio asesinato parecían estar justificados y serían aceptados por la opinión pública occidental. Ahora, que abraza el viejo imperialismo belicista bombardeando ilegalmente países y que amenaza a Estados soberanos poniendo en peligro la paz mundial, es considerado un presidente responsable y respetable que se sitúa ideológicamente en el centro político. El corresponsal en Washington del diario español El Mundo definió el nuevo rumbo belicista del presidente estadounidense como un “brutal giro al centro”, literalmente: El brutal giro al centro de Donald Trump (El Mundo, 18/4/2017). Veamos: antes de los bombardeos ilegales era un “ultraderechista”. Ahora tras los bombardeos y la escalada militar global es un “moderado político de centro”. Tomamos nota.

Por otro lado, Francois Hollande dijo tras el bombardeo estadounidense contra Siria que ahora era el mejor momento para “derrocar a Al Assad” [1], aprovechando la supuesta “debilidad de Rusia” demostrada al no responder militarmente ante el ataque estadounidense contra la base siria de Al Shairat el pasado 7 de abril. Hollande, además de un criminal político, es un cínico y un irresponsable absoluto. Él más que nadie sabe que si el legítimo presidente Al Assad todavía no ha sido “derrocado”, es precisamente por la fortaleza y determinación de Rusia con respecto a Siria, además de que cuenta con el apoyo de la mayoría de su propio pueblo. Si Rusia estuviera “débil”, Francia (junto a Reino Unido) no dudaría en tomar la iniciativa y bombardear Damasco tal y como hicieron en 2011 en la capital de Libia, y le aplicarían al presidente sirio la misma “justicia universal” que le aplicaron al líder libio, y a Siria la misma “democracia” que la aplicada en Libia hoy en día.

Con sus declaraciones, el presidente francés está intentando empujar a Trump a iniciar una guerra contra Rusia en Siria cuyas consecuencias e implicaciones serían incalculables. También desde la yihad mediática occidental están interpretando muy bien su papel y animan a Trump a continuar por la senda del abismo belicista. Sin ningún tipo de complejo ni disimulo, desde el diario The New York Times se ha pedido a Donald Trump que no ataque al Estado Islámico, sino que el Pentágono se una a ellos y los utilice para atacar a Siria, Rusia, Irán y Hezbollá en Oriente Medio. Fue el pasado día 12 de abril a través de un artículo del periodista y escritor Thomas L. Friedman, ganador del premio Pulitzer nada menos que en tres ocasiones : Why is Trump fighting ISIS in Syria?.

Pero se “olvida” este galardonado y desvergonzado “periodista” que ISIS, o Al Qaeda para ser más exactos, ya está siendo utilizado por sus creadores de la CIA y el Pentágono desde 2011 en Siria para atacar a esos Estados soberanos y organizaciones antimperialistas que él coloca en el punto de mira. En realidad ya lo hacen desde al menos el año 1979 con su “muyahidines” en Afganistán; y desde el año 2014 bajo las nuevas iniciales de Estado Islámico, ISIS o Daesh tras su advenimiento en Irak de la mano del embajador John Negroponte y de Robert S. Ford, entre otros especialistas en reclutar y organizar escuadrones de la muerte para utilizarlos como un ejército de mercenarios en la sombra.

El objetivo declarado de la “Opción Salvador en Irak” era “eliminar la insurgencia”. En la práctica las brigadas terroristas patrocinadas por EE.UU. estaban involucradas en los asesinatos rutinarios de civiles a fin de fomentar la violencia sectaria. Por su parte, la CIA y MI6 estaban supervisando unidades de “al Qaida en Irak” involucradas en asesinatos selectivos dirigidos contra la población chií. Es importante señalar que los escuadrones de la muerte estaban integrados y asesorados por Fuerzas Especiales de EE.UU. encubiertas. (…) La horripilante versión iraquí de la “Opción Salvador” bajo la dirección del embajador John Negroponte ha servido como “modelo a imitar” para establecer los Contras del Ejército Libre Sirio. Robert Stephen Ford estuvo, sin duda, involucrado en la implementación del proyecto de los Contras sirios, después de su reasignación en Bagdad como jefe de misión adjunto en 2008. [2]

Este tipo de declaraciones y opiniones descabelladas dan muestra del nivel de fundamentalismo ideológico que inunda las redacciones de los grandes medios corporativos y los despachos presidenciales occidentales. Son yihadistas con traje y corbata.

Son precisamente estos “progresistas neoliberales” como Hollande (o Hillary Clinton) así como sus correligionarios de la OTAN y aquellos “activistas” y “periodistas” que piden una “intervención humanitaria” en Siria o directamente aliarse con Al Qaeda, quienes suponen un auténtico peligro para la paz mundial.

Bombardeo geoestratégico de EE.UU. en Siria y Afganistán. Desplazamiento de sus terroristas hacia las fronteras de Rusia y China.

Estados Unidos no renuncia a Siria, pero da por perdida la guerra en las actuales circunstancias. El bombardeo del 7 de abril se realizó sobre una base militar vacía que al día siguiente del ataque estaba de nuevo operativa. Más de la mitad de los 59 misiles lanzados no alcanzaron su objetivo. Si la intención del Pentágono era asestar un duro golpe al “régimen de Al Assad”, éste no se ha visto por ningún lado. El ataque era más bien un gesto de cara a la galería destinado al consumo interno. Un bombardeo propagandístico de Trump que ha desactivado el discurso de la oposición y con el que se ha garantizado la continuidad de su mandato presidencial. El problema es que su huida hacia adelante no tiene marcha atrás y nos puede arrastrar a todos hacia el precipicio.

Estados Unidos se ha empantanado en Siria. Ahora los estrategas imperialistas necesitan diversificar la guerra para obligar a Rusia y sus aliados a dispersar sus tropas de Siria y a dedicar sus esfuerzos a atender otros frentes bélicos que ahora se abren en diferentes latitudes estratégicas mundiales.

Afganistán parece ser uno de esos frentes elegidos. El 13 de abril Estados Unidos lanzó “la madre de todas las bombas” en Afganistán. Oficialmente el impresionante bombardeo iba dirigido contra el Estado Islámico que ahora, según ellos, ha cobrado fuerza en el país. La pregunta es: ¿Quién les ha permitido trasladarse y desarrollarse en un país vigilado e invadido militarmente por EE.UU-OTAN desde hace décadas? ¿Cómo han podido cruzar miles de terroristas y de armamento desde Siria e Irak sin que nadie haya visto nada?  Esto demuestra que la presencia militar de Estados Unidos en otros países sólo incrementa sus problemas y multiplica el número de terroristas sobre el terreno. En realidad esta nueva escalada militar de EE.UU. en Afganistán pretende retomar el control del país y hacer frente a los talibanes que cada día son más fuerte y tienen más apoyo popular entre aquellos que se oponen a la invasión estadounidense [3].

Esta maniobra de Washington supondría también una forma de rodear de terroristas y tropas militares a Irán, que quedaría “atrapada” entre Irak y Afganistán. También sería una amenaza para algunos países pertenecientes a la Organización para el Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) liderado por Rusia, que son fronterizos con Afganistán por el norte. También supone un peligro para China, cuya región de Xinjiang se une a Afganistán a través del corredor de Wakhan. Recordemos que actualmente miles de yihadistas uigures procedentes de esa región del noroeste de China actúan en Siria e Irak en las filas del Estado Islámico y otras organizaciones terroristas. También, de forma indirecta, el reciente bombardeo y la posterior presencia militar de EE.UU. en Afganistán supone un toque de atención a Pakistán, cuyo acercamiento y buena relación con la India – país miembro de los BRICS y que ya es la cuarta economía mundial desplazando a Japón – es vista como una amenaza para los intereses de Washington en Eurasia.

En resumen, Estados Unidos pretende rememorar contra Rusia los tiempos en los que utilizó a los terroristas de Al Qaeda para empantanar a la Unión Soviética en Afganistán en 1979-80. Estados Unidos no quiere paz ni estabilidad en Asia Central y mucho menos que los países de esta región se integren política, económica y militarmente en Eurasia. China también está en el punto de mira de esta diversificación del terrorismo yihadista y de la escalada militar multipolar estadounidense, como se pudo comprobar recientemente tras las supuestas maniobras militares contra Corea del Norte que en realidad sirven de excusa para cercar militarmente a China. Washington no va a bombardear Pyongyang debido al poderío nuclear de la RPDC [4], a la situación de debilidad interna de Corea del Sur y al freno que suponen Rusia y China. Pero el ruido mediático y la propaganda de guerra contra Corea del Norte está siendo utilizada para justificar su política belicista en el Mar de la China meridional. De hecho el tan anunciado envío por parte de EE.UU. de su armada nuclear hacia la península de Corea se dirigía realmente a Australia, país que se prepara bajo el mando estadounidense para una posible guerra futura con China [5]. A esto hay que añadir que Washington recientemente anunció que también estaba desplegando tropas en Somalia a “petición” del gobierno títere y corrupto de Mohamed Abdullahi Farmajo. EE.UU. retiró “oficialmente” sus tropas del país en 1994. La excusa es la misma que en casos anteriores, la “lucha contra el terrorismo”, pero su objetivo realmente es aplastar a la resistencia interna antimperialista y controlar el tráfico marítimo a través del océano Índico y del Golfo de Adén; con China nuevamente en el horizonte.

En el trasfondo de todo este despliegue militar de alcance global, aunque jamás se menciona en los medios corporativos occidentales, se encuentra el interés de Washington y sus títeres por bloquear el gigantesco proyecto comercial chino de la Nueva Ruta de la Seda (marítima y terrestre; ver la foto que encabeza este artículo). Para ello EE.UU. tiene desplegadas unas 400 bases militares cercando a China y Rusia [6], lo que el Pentágono llama “una soga perfecta”.

En un artículo que publiqué el pasado 27 de marzo titulado El Gran Kurdistán y la balcanización de Siria advertía que muy probablemente veríamos en las próximas semanas cómo la actividad de los grupos terroristas que operan en Siria e Irak desde 2011, bajo las directrices de EE.UU-OTAN-CCG, se iría desplazando a otras regiones más cercanas a Rusia y China para tratar de frenar su desarrollo e influencia en Eurasia y en todo el mundo, lo que supone una amenaza mayúscula para la hegemonía occidental, y estadounidense en particular. Esta pérdida de la hegemonía global por parte del poder económico y político occidental, es el mayor problema al que se enfrentan y lo que verdaderamente les aterra. La “lucha global contra el terrorismo”, la situación de los “refugiados”, los “Derechos Humanos” o la extensión de la “democracia” son sólo pretextos utilizados por Occidente para justificar sus políticas injerencistas contra Estados soberanos. Pero estos argumentos artificiales no aguantan el menor análisis. En aquel artículo escribí:

(…) Es por ello que ante la imposibilidad de imponerse en Siria y debilitar a Irán, con una Rusia impermeable a las sanciones y cada vez más influyente en Oriente Medio, y con una China cada vez más fuerte en todo África, Asia y Latinoamérica, es más que probable que las potencias de la OTAN traten de incendiar y desestabilizar a Rusia, China e Irán desde lugares más cercanos a sus fronteras o incluso desde su propio territorio utilizando para ello al terrorismo yihadista que ahora opera en Siria y en otros países de Oriente Medio y del sudeste y centro de Asia. Tengamos en cuenta que en Siria e Irak están operando miles de yihadistas rusos procedentes de la región del Cáucaso, así como también miles de yihadistas uigures procedentes de la región de Xinjiang, en el noroeste de China. Estos terroristas, ahora con experiencia de combate y entrenamiento militar servido por la OTAN, suponen un potencial peligro para la estabilidad y seguridad interna de Rusia y China, algo que no van a desaprovechar sus enemigos, los patrocinadores del terrorismo internacional.

Algunos de los acontecimientos recientes parecen apuntar en esa dirección que señalaba. Ojalá que toda esta escalada militar y propaganda de guerra mediática – como apuntan algunos reconocidos analistas [7] – forme parte tan sólo de una demostración de fuerza previa a una posible negociación entre las tres potencias destinadas a repartirse el mundo: China, Rusia y Estados Unidos. No es el escenario ideal, pero al menos evitaríamos por ahora una guerra nuclear mundial que por momentos parece inminente.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Francia: Rusia está débil, EE.UU. ya puede derrocar a Al-Asad,- (Hispan TV, 14/4/2017) http://www.hispantv.com/noticias/francia/338620/rusia-debil-derrocar-assad-hollande-siria-iran

[2] Terrorismo con “cara humana”: La historia de los escuadrones de la muerte de EE.UU.,- un informe del profesor Michel Chossudovsky (traducido al español por la web Rebelión.org (13/1/2013)  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=162053

[3] America Aggression: A Threat To The World,- artículo del abogado Christopher Black (New Eastern Outlook, 17/4/2017) 

[4] RPDC sepulta la agresividad estadounidense,- artículo del analista geopolítico Enrique Muñoz Gamarra http://www.enriquemunozgamarra.org/Articulos/169.pdf

[5] John Pilger: U.S. Deep State Is Pushing Australia Into War With China,- Sean Adl-Tabatabai (Your News Wire, 16/4/2017) http://yournewswire.com/john-pilger-deep-state-australia-china/?_utm_source=1-2-2OHN

[6] La guerra nuclear contra China no es ninguna sombra,- artículo del veterano periodista, escritor y director australiano John Pilger (Diario Octubre, 25/2/2017)

[7] Momento decisivo en Norcorea: Orden tripolar de EU/Rusia/China o guerra nuclear,- un análisis del experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 19/4/2017) http://www.jornada.unam.mx/2017/04/19/opinion/014o1pol