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La guerra por el mercado europeo del gas o el suicidio del imperio estadounidense

El “pivote asiático” anunciado por Barak Obama en 2012 tuvo como respuesta el anuncio de la Nueva Ruta de la Seda por parte de la China de Xi Jimping en 2013, el proyecto más ambicioso de la historia moderna y que ha dejado boquiabiertas a las élites imperialistas occidentales. El golpe de Estado neonazi patrocinado por Washington y Bruselas en Ucrania en febrero de 2014 arrojó definitivamente a Rusia a los brazos de China. Fue Rusia quien “pivotó” hacia Asia. El pacto secreto alcanzado el 11 de septiembre de 2014 entre Estados Unidos y Arabia Saudí para hundir los precios del petróleo [1] tampoco obtuvo los resultados esperados: la economía de Rusia se está recuperando y además se está diversificando.

Desde entonces las sanciones y la hostilidad política, económica y militar de EE.UU. y sus vasallos de la OTAN contra Rusia, China o Irán sólo han servido para profundizar los lazos entre estos países e incrementar su influencia en Oriente Medio y en todo Asia. Por si esto fuera poco, como resultado de este fortalecimiento, Rusia le ha ganado la guerra a la OTAN en Siria.

Eurasia ya no es sólo un concepto geográfico sino que se ha convertido en un sujeto geopolítico y geoestratégico real que ha cambiado la balanza del poder mundial. Cada vez son más los países que buscan la cobertura de la Organización de Cooperación de Shanghai (como India y Pakistán, dos potencias nucleares) y la financiación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés), para mayor desesperación de la OTAN y sus think tanks corporativos.

Sin embargo lejos de cambiar su estrategia, las élites imperialistas estadounidenses continúan con la misma agenda de agresión e injerencia contra aquellos Estados soberanos que no se someten a sus intereses. Su fe ciega en su “excepcionalismo” y su ambición de poder están acelerando el fin definitivo de su hegemonía global.

Ahora desde Estados Unidos se implementan nuevas sanciones contra Rusia, Irán, Corea del Norte e indirectamente contra China (posteriormente también contra Venezuela) que inevitablemente ocasionarán los mismos resultados para sus promotores.

No es ninguna casualidad que estos países sean la obsesión del Estado Profundo estadounidense. En un reciente informe emitido por el Pentágono, en el cuál se reconoce sin disimulos que Estados Unidos ha perdido su dominio global, se señala precisamente a China, Rusia, Irán y Corea del Norte como los responsables del fin de la “primacía” de Estados Unidos [2]. Este trascendental informe viene a confirmar que una mayoría de los militares del Pentágono apoyan a Donald Trump y su pretendido cambio de paradigma en su política exterior y que asumen el carácter multipolar del Nuevo Orden Mundial. El problema es que sus recetas para recuperar su hegemonía siguen siendo las mismas de siempre: más injerencia y más militarización en contra de sus “competidores”.

Pero lo más relevante en estos momentos a raíz de las nuevas sanciones procedentes de Washington, es que ahora son sus propios vasallos europeos quienes también sufren su injerencia directa en sus asuntos internos y estratégicos, lo que puede provocar una ruptura histórica entre Estados Unidos y las viejas potencias europeas, principalmente de una Alemania que está en el punto de mira geoeconómico de Donald Trump desde su llegada a la Casa Blanca, obsesionado con revertir el déficit comercial que mantiene con este país.

Guerra por el mercado energético de Europa contra Rusia, Irán y Catar

En diciembre del año 2015 el Congreso estadounidense votó a favor de eliminar las restricciones sobre la exportación de petróleo y gas (vigentes desde 1973) para dar salida al excedente de energía proveniente de la “fracturación hidráulica” o fracking impulsado especialmente por el régimen de Obama. La intención de Estados Unidos era convertirse en una potencia exportadora de hidrocarburos, principalmente de gas natural licuado (GNL) o gas de esquisto.

En el año 2012 la Agencia Internacional de Energía (AIE), un organismo dependiente de la OCDE, pronosticó que Estados Unidos se convertiría en 2015 en el mayor productor de gas y petróleo del mundo por delante de Rusia y Arabia Saudí respectivamente [3], nada más y nada menos. Hasta ese punto llegan los ambiciosos planes de las élites económicas y políticas estadounidenses. Pero para alcanzar ese objetivo, las grandes corporaciones estadounidenses necesitan conquistar el mercado energético de Europa. Y para lograrlo es necesario a su vez eliminar a sus competidores: estos son Rusia e Irán, principalmente, a los que ahora se une también Qatar. Estos países son los mayores exportadores de gas del mundo.

Catar está negociando con Irán la construcción de un gasoducto que inundaría a Europa con el gas procedente del gigantesco yacimiento South Pars/North Dome que comparten ambos países. El gasoducto pasaría por Catar, Irán y Turquía hasta Europa. Esto supone que Catar (y Turquía) da un giro geoestratégico radical y se sitúa en frente de los intereses de Arabia Saudí y Estados Unidos. Recordemos que Estados Unidos, Arabia Saudí, el propio Catar y Turquía (más el Reino Unido, Francia, Israel y Jordania) iniciaron la guerra terrorista contra Siria en 2011 precisamente porque Bashar al Assad se opuso en el año 2009 a la construcción de un gasoducto común procedente de Catar y Arabia Saudí con destino al mercado europeo, lo que iría en detrimento de Irán y Rusia, aliados fundamentales de la República Árabe Siria.

Por lo tanto la guerra terrorista contra Siria iniciada en 2011, así como las sanciones posteriores contra Rusia, Irán o Catar (también contra China y Venezuela), no obedecen a cuestiones que tengan que ver con los “Derechos Humanos”, la extensión de la “democracia”, la reducción de las armas nucleares (cuyos acuerdos Irán cumple escrupulosamente) o la “lucha global contra el terrorismo”, sino a la lucha de Estados Unidos por mantener su ya inexistente hegemonía global y la conquista del mercado energético en Europa en particular.

Actualización de la “doctrina Wolfowitz”: dominar Europa atacando los intereses de Europa. (China y Rusia se frotan las manos)

Antes de aterrizar en Alemania para asistir a la cumbre del G-20 celebrada en Hamburgo el pasado 7 y 8 de julio, el presidente Trump aterrizó en Varsovia. Los grandes medios corporativos, especialistas en manipulación informativa y en desviar la atención de la audiencia hacia cuestiones superficiales y políticamente irrelevantes, pusieron el énfasis de la noticia en el carácter “populista” y “nacionalista” de ambos gobernantes o en su hostilidad conjunta hacia las “autoridades europeas”. Sin embargo prefirieron ignorar lo más relevante del trasfondo de esta visita.

Polonia y Croacia (junto a otros 10 países) encabezan un proyecto de carácter estratégico que pretende unir el mar Báltico, el mar Adriático y el mar Negro: la Iniciativa de los Tres Mares. Washington apoya esta iniciativa porque a través de estos países pretende introducir su gas licuado en Europa. En el año 2014 Polonia comenzó la construcción de una terminal de gas natural licuado en el Báltico que a día de hoy ya recibe los buques cisterna procedentes de Estados Unidos. Por su parte Croacia está construyendo una terminal similar en el mar Adriático. Trump pretende crear un corredor energético para unir ambas terminales [4].

Consecuentemente con esta estrategia, Washington se opone a la construcción del gasoducto North Stream 2 entre Rusia y Alemania, proyecto que fortalecería la seguridad energética alemana y la posición de Rusia en Europa como su principal potencia exportadora. La Casa Blanca, siguiendo la línea marcada por el Congreso y el Senado estadounidenses, anunció recientemente que impondría sanciones a aquellas empresas europeas que participen en la construcción de dicho gasoducto.

Por otro lado Trump pretende reducir el déficit comercial que Estados Unidos mantiene con Alemania. Por su parte Alemania ve como una amenaza la iniciativa de los Tres Mares ya que pondría en peligro su hegemonía en el este de Europa. Además a Donald Trump todavía le escuece el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Japón firmado justo antes de que aterrizara en Hamburgo para acudir a la cumbre del G-20. Todos estos hechos cruzados enfrentan los intereses de EE.UU. con los de Alemania, y por extensión con los de toda Europa.

También con los de Francia. El pasado 3 de julio la petrolera francesa Total firmó un acuerdo con Irán para liderar un consorcio que explotará la parte iraní del gasoducto South Pars/North Dome. La participación de Total será aproximadamente de un 50% del proyecto (que ascenderá a 5.000 millones de euros en total), junto a la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) que controlará un 30% y la empresa estatal iraní Petropars que recibirá el 20% restante [5]. Este es el primer gran acuerdo energético de un país occidental con Irán tras el levantamiento de las sanciones en enero de 2016.

Las duras reacciones de las élites neoliberales europeas ante el nuevo paquete de sanciones de Washington no tiene nada con ver con un cambio ideológico de los gobiernos y los globalistas europeos, y mucho menos con cuestiones éticas. No están defendiendo a Rusia, ni el respeto por el Derecho Internacional, ni siquiera se oponen a las sanciones, sino que protestan porque ahora las sanciones ilegales les afectan a ellos directamente al mantener acuerdos estratégicos con Moscú, algo que ha dejado claro la ministra de Economía de Alemania en unas declaraciones públicas cargadas de hipocresía:

La ministra de Economía de Alemania, Brigitte Zypries, ha denunciado que las nuevas medidas contra Moscú propuestas por los legisladores estadounidenses “violan el derecho internacional” (…) los estadounidenses “no pueden castigar a las empresas alemanas” porque tengan intereses comerciales en otro país. La ministra ha enfatizado que “por supuesto que no queremos una guerra comercial” con EE.UU., pero ha recordado que Alemania había pedido repetidamente a Washington que no se desviara de la política común de sanciones occidentales contra Rusia. “Desafortunadamente, eso es exactamente lo que están haciendo” (…) “es correcto que la Comisión Europea considere ahora “contramedidas” contra Washington. [Rusia Today, 31/7/2017]

Parece ser, escuchando a la ministra alemana, que los Estados están obligados a respetar el Derecho Internacional sólo cuando su incumplimiento afecta a sus propios intereses. Ya saben, las leyes las cumplo cuando me benefician y las pisoteo cuando me perjudican.

La amenazas lanzadas desde Europa contra EE.UU. forman parte de un pulso entre las potencias y las grandes corporaciones occidentales por acaparar más cuota de poder en un inestable tablero geopolítico y geoeconómico mundial que les ha dejado descolocados tras el cambio de paradigma en la balanza de poder global.

La Unión Europea está ahora probando de su propia medicina, la misma que ellos aplicaron (siguiendo mansamente las órdenes de Washington) contra Rusia, Irán… o mucho antes contra Cuba.

El Estado Profundo pretende reactivar la doctrina Wolfowitz de 1992. Y Donald Trump parece sucumbir ante su estrategia.

(…) la doctrina Wolfowitz teoriza sobre la necesidad de que los Estados Unidos bloqueen el surgimiento de cualquier competidor potencial a la hegemonía estadounidense, particularmente las «naciones industrializadas avanzadas» como Alemania y Japón. La Unión Europea es un blanco particular:

«A pesar de que los Estados Unidos apoyan el proyecto de integración europea, debemos velar para que no surja un sistema de seguridad puramente europeo que socave la OTAN, y particularmente su estructura de mando militar integrado». 

Se solicitará a los europeos que incluyan en el Tratado de Maastricht una cláusula que subordine su política de defensa a la de la OTAN, mientras el informe del Pentágono aboga por la integración de los nuevos Estados de Europa Central y del Este en el seno de la Unión europea, beneficiándolos con un acuerdo militar con los Estados Unidos que los proteja contra un posible ataque ruso. [6]

¿Qué ocurrirá de aquí en adelante? Todavía es muy pronto para saberlo. Pero algunos analistas geopolíticos ya anticipan que Alemania y quizás otros países de la UE reorientarán su política exterior hacia el eje eurasiático encabezado por China y Rusia (Eurasia) [7]. Otros importantes “aliados” de Washington (como Turquía, Irak, India, Pakistán, Filipinas…) ya han iniciado este viraje estratégico. Con sus propias acciones violentas y desesperadas el Imperio está cavando su propia tumba. Esto último, al menos, es algo que debemos celebrar en estos tiempos de incertidumbre.

 

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Did The Saudis And The US Collude In Dropping Oil Prices?,- artículo de Andrew Topf

[2] Pentagon Report Points To Unsustainable Status Quo For U.S.’ Global Empire,- artículo de Whitney Webb (Mint Press News, 28/7/2017) http://www.mintpressnews.com/report-unsustainable-status-quo-u-s-global-empire/230231/

[3] La revolución que cambiará el mapa energético mundial,- diario económico Expansión (15/11/2012). Leer también: Estados Unidos se convertirá en el mayor productor de gas y petróleo del mundo,- revista Petroquímica (petróleo, gas, química y energía)

[4] The Fatal Flaw in Washington’s New Energy Strategy,- artículo del analista geopolítico y escritor F. William Engdahl (13/7/2017)

[5] Acuerdo de desarrollo de Pars del Sur,- un reportaje de la cadena iraní Hispan TV (YouTube, 28/7/2017)

[6] Paul Wolfowitz, el alma del Pentágono,- por Paul Labarique (Red Voltaire, 24/2/2005) http://www.voltairenet.org/article123982.html

[7] Imperial Folly Brings Russia and Germany Together,- artículo del analista geopolítico Pepe Escobar (Sputnik International, 29/7/2017)

 

 

 

 

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