Etiquetado: Terrorismo Yihadista

Los creadores de Al Qaeda/ISIS dirigen la Guerra Global Contra el Terrorismo

La maquinaria de propaganda occidental (y especialmente la española) se encuentra muy atareada a raíz del reciente atentado de corte yihadista ocurrido en Barcelona el pasado 17 de agosto. El patrón se repite más allá de las fronteras donde tengan lugar los hechos. No se trata de informar sobre las causas de los atentados sino de aterrorizar y aturdir al espectador con imágenes de las consecuencias, para que en última instancia cierre filas en torno a las políticas de los gobiernos de turno y a las instituciones del Estado, incluido su aparato represor (policial y judicial). Se trata además de desviar la atención hacia cuestiones superficiales que no profundizan en los orígenes del terrorismo yihadista, que tienen nombre y apellidos.

Ningún medio corporativo ni tampoco ninguno de los múltiples “medios alternativos” y “ONGs” financiadas por George Soros y las grandes corporaciones denuncian que la CIA y el MI6 junto a sus “aliados” del Mossad, el ISI pakistaní y los servicios secretos saudís son los principales creadores de Al Qaeda [1], reconvertidos más tarde (2014) bajo la administración de Obama en el llamado Estado Islámico, cuyo papel es destruir los Estados árabes independientes para reescribir las fronteras en Oriente Medio y Norte de África (el Medio Oriente Ampliado o Gran Oriente Medio).

En un sorprendente artículo redactado el 13 de septiembre de 2001 para la revista de las fuerzas terrestres estadounidenses Parameters, el coronel Ralph Peters observaba que Washington no tiene fundamentalmente nada que temer del terrorismo y que no debe vacilar en utilizarlo. También señalaba, al referirse al proyecto de rediseño del «Medio Oriente ampliado» (que incluso delimitó en mapas entregados a la Comisión Baker-Hamilton), que Washington no debe temer el caos generalizado en el mundo árabe ya que, en definitiva, cuando estén divididos en micro-Estados, los árabes no tendrán más opción que recurrir a Estados Unidos para defenderse de la voracidad de Israel. [Thierry Meyssan, Red Voltaire, 21/9/2014]

En el momento primario de su creación como instrumentos del imperialismo, estos grupos salafistas (como la Hermandad Musulmana) fueron utilizados por las potencias occidentales para impedir la llegada al poder de los partidos y movimientos socialistas panárabes, o bien para derrocar a estos gobiernos soberanos como el encabezado por Gamal Nasser en Egipto [2]. Años más tarde su misión sería llevar a cabo la yihad contra el “comunismo soviético” bajo la Operación Ciclón (1978-79) dirigida por Brezinski [3]. Hoy en día su misión es hacer la yihad contra el nuevo orden multipolar, tal y como se evidencia con el desplazamiento del terrorismo yihadista hacia el centro y el sudeste Asiático apuntando contra China y Rusia y sus aliados regionales en Eurasia.

[leer también: Escala militar y expansión del terrorismo contra Rusia y China]

Cambian los nombre propios de los protagonistas, pero la estrategia del terror hoy en día tiene los mismos fines y es apoyada desde los mismos centros de poder. Sin embargo los omnipresentes “activistas humanitarios” y los “periodistas comprometidos” con las grandes causas de la humanidad, en lugar de informar y denunciar a los verdaderos culpables del terrorismo yihadista, prefieren presentarse como los grandes defensores de los musulmanes del mundo cada vez que los sectores más reaccionarios o de “extrema derecha” arremeten de forma oportunista contra este gigantesco colectivo (1.700 millones de musulmanes en el mundo) después de algún atentado de corte “islamista” que se produce en Europa.

Es decir, que siempre que se producen atentados terroristas en cualquier ciudad europea, la discusión pública y política se fractura en dos bloques: aquellos “reaccionarios” que culpan a los musulmanes (y extranjeros) en general y pretenden expulsarlos de sus países; y los más “progresistas” que defienden el buen entendimiento entre todas las religiones y culturas así como una política de “fronteras abiertas” para todos (incluidos los terroristas, a la vista de los acontecimientos).

Dentro de este esquema de discusión política y mediática se eliminan del mapa las causas geopolíticas y geoestratégicas que existen detrás de los atentados y de los terroristas yihadistas; y en su lugar, los “expertos” mediáticos tratan de encontrar las respuestas ante el comportamiento criminal de los yihadistas alegando razones psicológicas, sociológicas y antropológicas. Estos “analistas” no encuentran ningún hilo conductor entre terroristas y patrocinadores.

De esta forma el debate político, mediático y social se manipula y se desvía hacia terrenos menos comprometidos para los gobiernos de la OTAN y los negocios de las élites económicas y financieras occidentales en Oriente Medio y norte de África. Se impone el sensacionalismo y la ignorancia inducida por un “periodismo” al servicio de los negocios corporativos privados.

En el caso concreto del reino de España, las consignas políticas están muy claras y el terreno de discusión pública queda bien delimitado. Se trata finalmente de que aceptemos la política de Seguridad y de Defensa del régimen monárquico español en el marco de la OTAN con el objetivo de “luchar contra el terrorismo global” que nos golpea; y se trata además de que las protestas y la movilización social (principalmente por parte de la izquierda) se limite a homenajear a las víctimas y defender a “los musulmanes” de los ataques de la extrema derecha, los racistas y los intolerantes.

Mientras tanto los patrocinadores estatales del terrorismo internacional (de Oriente a Occidente) no están en el punto de mira de la crítica política y social.

No mordamos el anzuelo. No sigamos mansamente su agenda de propaganda

Cualquier persona medianamente inteligente y honesta sabe que el problema no son “los musulmanes”. De hecho decenas de miles de musulmanes (mayoritariamente chiís) están luchando contra los terroristas yihadistas (mayoritariamente sunís) en lugares como Siria e Irak. Un país como Irán, que se define constitucionalmente como una “República Islámica”, es uno de los objetivos principales de los terroristas (de sus patrocinadores estatales) y está a la cabeza en la lucha contra el terrorismo yihadista regional e internacional.

Además la inmensa mayoría de víctimas del terrorismo yihadista a nivel mundial son musulmanas: sólo un 2,6% del total registrado tuvieron lugar en los países occidentales (datos del Indice Global sobre Terrorismo 2015). Por estos motivos tampoco se puede hablar de un enfrentamiento entre una “primitiva y barbárica comunidad islámica” que ataca a una “moderna civilización occidental” y  sus “valores democráticos”. Este es un planteamiento artificial que no se sostiene con los datos en la mano.

El problema no es el Islam, sino el Wahabismo. El problema no son los musulmanes (nada menos que 1.700 millones en total) sino los salafistas que abrazan esta ideología wahabí que tiene su epicentro en Arabia Saudí. El problema no viene dado por un “choque de civilizaciones”, sino por la utilización del terrorismo como arma geopolítica por parte de la OTAN-Israel y las dictaduras “aliadas” del Golfo.

[leer también: La utilización del terrorismo como arma geopolítica]

Cualquier persona bien informada sabe también que si estos “periodistas”, “intelectuales”, “activistas humanitarios” y “democráticos” líderes políticos occidentales expusieran públicamente esta realidad se quedarían sin trabajo y perderían sus fuentes de financiación (o incluso su propia vida llegado el caso).

Es en éstas diferencias de concepto, exponiendo los hechos y evidencias existentes, donde los analistas independientes y organizaciones antimperialistas deberían centrar sus análisis y sus propuestas.

Cuando se desligan premeditadamente las “causas” de las “consecuencias” – ocultando las primeras y amplificando las segundas – los discursos y manifestaciones públicas “en contra del terrorismo” se convierten en pura propaganda que beneficia precisamente a los patrocinadores del terrorismo internacional.

¿Qué medidas han tomado los gobiernos europeos para combatir la matriz ideológica y financiera del terrorismo yihadista?

A finales del año 2015 el entonces presidente británico David Cameron encargó la elaboración de un estudio sobre la expansión del yihadismo y la situación de los distintos grupos radicales que operaban en el Reino Unido. Con esta iniciativa Cameron, que ya había bombardeado y arrasado Libia en 2011, trataba de justificar internamente la necesidad de bombardear la República Árabe Siria y asesinar al legítimo presidente Al Assad (actualmente el vencedor junto al Eje de la Resistencia de la guerra contra el terrorismo imperialista en Siria).

Dos años después de aquel encargo seguimos sin saber cuáles fueron los resultados de aquel estudio. La explicación de este “retraso” – es decir la censura de ese documento – es que los resultados de dicha investigación no eran del agrado del gobierno imperialista británico (tampoco del actual) ya que podrían perjudicar sus propios interese políticos así como los intereses económicos y comerciales de sus grandes corporaciones en Oriente Medio.

Lo que sí fue publicado por diversos medios británicos a mediados de mayo de este año 2017 fue un informe de la Henry Jackson Society sobre “la financiación exterior del extremismo islamista en el Reino Unido” [4]. Su conclusión fue que Arabia Saudí (y en menor medida Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait) es el principal patrocinador del “extremismo islámico” en el país. Aclaremos que la Henry Jackson Society no es una organización independiente crítica con la política exterior británica, sino un think-tank anglosajón con sede en Cambrige que defiende la Globalización neoliberal y la OTAN.

El Gobierno saudí financia programas educativos en escuelas islámicas que (…) usan los mismos libros que la educación rigorista saudí. El contenido de esos libros de texto, “es tan radical que en 2014 el Estado Islámico los adoptó como libros de texto oficiales para las escuelas en su califato”. El documento cita una publicación de la BBC que advierte que en 2010, en unas 40 escuelas islámicas sostenidas por el Gobierno saudí, en torno a 5.000 niños británicos estaban siendo educados según el programa oficial del Reino. Además de promover la educación rigorista apoyando las escuelas en el extranjero y exportando clérigos que difundan fuera del mundo islámico su ideología, el reino saudí ofrece becas a jóvenes salafistas en el extranjero para formarlos en sus propias escuelas en Medina y que regresen como clérigos. [Información Sensible, 7/7/2017]

La dictadura saudí financia miles de mezquitas, escuelas y universidades por toda Europa (y por todo el mundo) para expandir su ideología wahabí y reclutar futuros líderes y mártires para la Yihad Global. Miles de estos salafistas europeos viajaron a Siria e Irak desde 2011 para unirse al Estado Islámico con la complicidad absoluta de los servicios de inteligencia y los gobiernos europeos. En aquel momento eran calificados como “rebeldes” y “revolucionarios” que “luchaban por la democracia”. Fueron premiados y homenajeados por instituciones públicas y privadas de toda Europa. El caso de los Cascos Blancos es el más paradigmático de toda esta indecencia occidental.

Sin embargo cuando éstos “luchadores por la libertad” atentan posteriormente en suelo europeo se convierten en “terroristas” y reciben la condena de los mismos gobiernos y organizaciones que anteriormente les apoyaron. Parece ser que la nacionalidad de las víctimas influye directamente sobre el tratamiento que le damos a sus verdugos: “rebeldes” si asesinan en Siria, “terroristas” si lo hacen en Europa.

En el 2012, empezamos a escuchar algunas noticias que hablaban sobre la proliferación de ciertas redes de reclutamiento en Europa. Mientras tanto, en las calles de Bruselas, comenzaban los rumores sobre tal o cual “muyahidín” que partía a combatir a Siria. En marzo 2013, el ministro de interior belga anunció la creación de la Task Force Siria, fue entonces cuando escribí una carta a los padres de los yihadistas alertándolos de la gran complicidad que tenían las autoridades belgas en la partida de sus hijos a Siria. Voy a recordar que el ministro belga de asuntos extranjeros, Didier Reynders declaró en una entrevista realizada por Bel-RTL el 26 de abril 2013, que “puede que les construyamos un monumento como héroes de una revolución” refiriéndose a los combatientes belgas. La facilidad con la que estos jóvenes han conseguido salir de Bélgica, llegar a Siria y aterrorizar a su población es asombrosa. [5]

[leer también: Terroristas de ida, refugiados de vuelta]

Resulta abrumadora la información existente sobre quiénes están detrás de la “radicalización del islam” y la “expansión del yihadismo” en Europa. Los informes que manejan y publican las propias autoridades occidentales son muy claros y no dejan lugar a dudas, aunque sus conclusiones no ocupen las portadas de los principales periódicos ni sean debatidas en los Parlamentos para actuar en consecuencia.

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) de España alerta de que seis países musulmanes financian al islamismo. Un informe del servicio secreto señala que estas donaciones llegan a organizaciones radicales. (…) Los fondos que envían caen con frecuencia en manos de organizaciones radicales o de individuos sin escrúpulos. [Ignacio Cembrero, El País, 31/7/2011]

Reino Unido recibe con la alfombra roja a la llamada “oposición siria”, es decir, a la rama siria de la organización salafista Hermandad Musulmana, así como a la cofradía de los Deobandis y a su líder Masood Azhar. Francia por su parte es el refugio dorado de los dirigentes del grupo terrorista MKO. Este tipo de fundamentalistas son “activos” de los servicios de inteligencia occidentales. Son sus protegidos. Son utilizados por Occidente en el exterior para expandir su hegemonía, y sus dirigentes son acogidos en estos países occidentales cuando tienen que huir y “exiliarse” en ellos bajo el paraguas de “refugiados” o “exiliados políticos”.

Los gobiernos occidentales que acuden a los funerales de las víctimas de los atentados terroristas y emiten discursos de repulsa contra el terrorismo, son responsables y cómplices de los terroristas a los que dicen combatir.

Entramos en un Londres que nunca hubiésemos imaginado. Descubrimos cómo grupos islamistas controlan todo un barrio imponiendo, con dinero del contribuyente, la ley Sharia en templos, escuelas y tribunales. Así se radicalizan los británicos que se unen al terrorismo islámico. [Recorrido por el Londres más islamista, El Confidencial, 16/3/2016]

[leer también: Las potencias occidentales arman, entrenan, financian y utilizan a los terroristas que dicen combatir]

Son también sus propios “aliados” del Golfo, y principalmente” Arabia Saudí, quien promociona esta “radicalización” tanto cerca de sus fronteras como en la propia Europa y el resto de mundo. Sin embargo ningún gobierno occidental lo denuncia y lo sanciona. No sólo miran para otro lado, sino que tanto Estados Unidos, como Reino Unido y los países de la Unión Europea incrementan cada año sus lazos comerciales y militares con Arabia Saudí para imponer su agenda en Oriente Medio, al mismo tiempo que les permiten a los wahabitas-salafistas su expansión ideológica por toda Europa.

Los saudíes han llevado a cabo un proyecto para promover la ideología wahabí en el mundo entero. (…). El régimen saudí no trata de ocultar todo este proceso. Muy al contrario, se jacta de sus esfuerzos en este sentido. Según el diario pro saudí Asharq al Ausat, el régimen saudí ha edificado centros religiosos en Europa en una superficie de 3.842 m2 con un coste de unos 5 millones de dólares. Entre ellos están el centro de la M-30 en Madrid (donde el EI llevaba a cabo actividades de reclutamiento), el de Marbella y el de Málaga. Los saudíes planean otros en Córdoba y Granada, también en España. A ellos hay que sumar un centro en Ginebra, otro en Londres, otro en Escocia, otro en Viena, otro en Lisboa, otro en Bruselas (cercano al barrio de Molenbeek, presentado por los medios como el bastión de los yihadistas en Europa), otro en Roma y el de Nantes-La-Jolie en Francia. [Al Manar, 6/1/2016]

Por el contrario, Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea imponen sanciones y atacan directa y militarmente a Siria, a Irán, a Rusia o a organizaciones como Hezbolá y otras milicias chiítas que son quienes realmente están luchando contra el terrorismo sobre el terreno en Oriente Medio. La OTAN tiene una extraña forma de combatir el terrorismo: financia a los grupos yihadistas y ataca a quienes los están combatiendo.

Todos sabemos lo que supone desde un punto de vista estratégico el régimen de Arabia Saudí para Estados Unidos y para la supervivencia del Dólar como moneda de reserva y comercio a nivel global. Estados Unidos ofrece protección militar y política al régimen saudí, y éste a cambio ofrece petróleo barato para Washington y su comercialización en Dólares. Ambos utilizan a los yihadistas como peones en el tablero geopolítico mundial.

Los gobiernos europeos obedecen, callan y colaboran a cambio de algunas inversiones y algunos contratos millonarios para las grandes corporaciones y de algunas donaciones (manchadas de sangre inocente) para sus partidos políticos o fundaciones “sin ánimo de lucro”. Los civiles muertos en los atentados terroristas son para ellos “daños colaterales”. Unos atentados que además operan a su favor porque aterrorizan a la población europea y permiten anular cualquier atisbo de disidencia interna.

Los patrocinadores internacionales de los terroristas más sanguinarios del mundo, dirigen la “Guerra Global contra el Terrorismo”. Definitivamente nos hemos vuelto locos.

 

REFERENCIAS – NOTAS 

[1] America’s “Global War on Terror”, Al Qaeda and the Islamic State (ISIS),- dossier sobre la “Guerra Global contra el Terrorismo” del profesor canadiense Michel Chossudovsky (Global Research, 16/11/2015) http://www.globalresearch.ca/americas-global-war-on-terror-al-qaeda-and-the-islamic-state-isis/5434057

[2] La realidad tras los Hermanos Musulmanes,- artículo del analista Eric Draitser (Rebelión, 17/12/2012) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=160903

[3] They Sow the Cyclone — We Reap the Blowback,- un informe del ensayista y profesor Dan Sánchez (23/11/2015)

[4] Foreign Funded Islamist Extremism in the UK,- Centre for the Response to Radicalisation and Terrorism (Henry Jackson Society, julio 2017) http://henryjacksonsociety.org/wp-content/uploads/2017/07/Foreign-Funded-Islamist-Extremism-final.pdf

[5] Euro-yihadistas: instrumentos de la OTAN,- Silvia Cattori entrevista al periodista y escritor belga de origen sirio Bahar Kimyongür (La Haine, 2/6/2014) http://www.lahaine.org/mundo.php/euro-yihadistas-instrumentos-de-la-otan

NOTA: La foto que encabeza este artículo está sacada de un informe publicado por el sitio El Confidencial.com titulado Recorrido por el Londres más islamista y que fue citado en uno de los párrafos de este artículo. La imagen hace referencia al “colegio Madani Islamic School” situado en un barrio de Londres, donde “el ‘niqab’ es obligatorio para las niñas a partir de los 11 años”, según el citado medio. Desde estos colegios y centros de estudio muchos profesores muestran su apoyo hacia Al Qaeda o el Estado Islámico. Lo mismo ocurre con muchos de los Imanes que difunden la ideología wahabí a través de cientos de mezquitas que se asientan por todo el Reino Unido, así como en toda Europa.

 

Anuncios

La utilización del terrorismo como arma geopolítica

En un artículo que publiqué el 27 de marzo de 2017 titulado “El Gran Kurdistán y la balcanización de Siria” advertía que muy probablemente veríamos en las próximas semanas cómo la actividad de los grupos terroristas que operan en Siria e Irak desde 2011 (bajo las directrices de EE.UU-OTAN-CCG) se iría desplazando a otras regiones más cercanas a Rusia y China para tratar de frenar su integración, desarrollo e influencia en Eurasia (y en todo el mundo), lo que supone una amenaza mayúscula para la hegemonía occidental y estadounidense en particular.

Esta imparable pérdida de la hegemonía global por parte del poder económico y político occidental, decía entonces, es el mayor problema al que se enfrentan y lo que verdaderamente aterra a las clases dominantes. La “guerra global contra el terrorismo”, la situación de los “refugiados”, los “Derechos Humanos” o la “extensión de la democracia” son tan sólo cínicos pretextos utilizados por Occidente para justificar sus políticas imperialistas contra Estados soberanos que siguen su propia agenda. Pero estos argumentos artificiales no aguantan el menor análisis.

En aquel artículo escribí también que ante la imposibilidad de imponerse en Siria y debilitar a Irán, con una Rusia impermeable a las sanciones y cada vez más influyente en Oriente Medio, y con una China cada vez más fuerte en todo África, Asia y Latinoamérica, era más que probable que las potencias de la OTAN tratasen de incendiar y desestabilizar a Rusia, China e Irán desde lugares más cercanos a sus fronteras o incluso desde su propio territorio utilizando para ello al terrorismo yihadista que ahora opera en Siria y en otros países de Oriente Medio y del sudeste y centro de Asia. Tengamos en cuenta que en Siria e Irak están operando miles de yihadistas rusos procedentes de la región del Cáucaso, así como también miles de yihadistas uigures procedentes de la región de Xinjiang, en el noroeste de China.

Estos terroristas, ahora con experiencia de combate y entrenamiento militar servido por la OTAN, suponen un potencial peligro para la estabilidad y seguridad interna de Rusia y China, algo que ya están aprovechando los patrocinadores del terrorismo internacional para reorganizarse ante el nuevo orden mundial multipolar.

Pues bien, en las últimas semanas estamos asistiendo a este previsible desplazamiento de la actividad terrorista hacia las proximidades de Rusia y China y sus esferas de influencia. Algunos de sus aliados estratégicos ya están sufriendo el ataque de los yihadistas dirigidos por la OTAN. Pero antes de nada es conveniente repasar algunos hechos probados que demuestran esta utilización del terrorismo con fines políticos y económicos.

En política internacional no existen las casualidades, sino las causalidades

Si uno observa tanto el momento como el lugar donde se producen los atentados terroristas, así como los golpes de Estado o “revoluciones de color” patrocinadas por Occidente, se da cuenta de que existe una relación directa y descarada entre este incremento de la actividad yihadista y las decisiones políticas que adoptan los gobiernos de los países que sufren esa violencia y desestabilización. Es decir, los atentados terroristas y los “golpes suaves” son una forma de castigo hacia aquellos gobiernos que toman una dirección política que va en contra de los intereses de Estados Unidos y la OTAN (del poder económico y financiero occidental).

En algunos casos se busca el derrocamiento total del gobierno en cuestión (el “cambio de régimen”) y en otros casos se trata de darle un escarmiento para que rectifique su rumbo y se coloque de nuevo bajo la órbita del poder político y económico occidental.

Esto último fue lo que le ocurrió al presidente turco Recep Tayyip Erdogan cuando en junio de 2016 decidió restablecer las relaciones diplomáticas y comerciales con Rusia y firmar posteriormente importantes acuerdos geoestratégicos con el presidente Vladimir Putin. La consecuencia de esta decisión – y de otras, como oponerse a la creación de un “Kurdistán” en Siria – fue el intento de golpe de Estado patrocinado por Washington ocurrido inmediatamente después, el 15 de julio de 2016. Una filtración de los servicios secretos rusos al presidente Erdogan impidió que éste último fuera asesinado mientras descansaba en un hotel a las afueras de Estambul. Meses más tarde, el 19 de diciembre de ese año, era asesinado el embajador ruso en Turquía Andréi Kárlov a manos de un miembro de la red terrorista FETO, protegida por la CIA y vinculada al Estado Islámico. Este cobarde asesinato se producía justo después de que la mediática ciudad siria de Alepo fuera liberada de la barbarie terrorista, con la colaboración de Turquía.

Algo muy similar, aunque bajo el formato de “Revolución de Color”, fue lo que ocurrió en Ucrania a finales de 2014 y principios de 2015, cuando el entonces presidente Viktor Yanukovic decidió rechazar las duras condiciones políticas que le imponían desde Bruselas a cambio de ingresar en la UE y de recibir el apoyo financiero de la Troika (FMI, BCE y la Comisión Europea). Por el contrario el entonces presidente ucraniano firmó un acuerdo económico, financiero y comercial con Rusia bajo unas condiciones mucho más favorables para el país. Inmediatamente después recibió como respuesta desde Washington y Bruselas un golpe de Estado ejecutado por grupos fascistas extremadamente violentos que fue retransmitido y presentado por los medios corporativos como una “revolución democrática” pro-europea: la llamada “revolución del Euromaidán“.

O también en Honduras. La noche del 28 de junio de 2009 un grupo de militares golpistas sacaron de la cama al legítimo presidente de Honduras, Manuel Zelaya, lo subieron a un avión y lo trasladaron a la base militar de EE.UU. en Palmerola, desde donde fue llevado finalmente a Costa Rica. Apenas tres meses antes del golpe, “casualmente”, el gobierno hondureño había anunciado un acuerdo con Petróleos de Venezuela (PDVSA) – en el marco de cooperación regional del ALBA – para la explotación del petróleo de Honduras, decisión que iba en detrimento de varias empresas norteamericanas y europeas, como Chevron, Exxon Mobil, Shell o incluso la hondureña Dippsa, que estaban interesadas en explotar sus recursos [1]. Se da la circunstancia, además, de que el presidente Zelaya mantenía una disputa legal con estas empresas transnacionales, a las que incluso había amenazado con “nacionalizar” si éstas no se sometían a las leyes que impulsaba el gobierno pensando en el interés general de sus ciudadanos y no en los intereses privados de las oligarquías.

[leer también: No son los Derechos Humanos, ¡es el petróleo, estúpido!]

En Egipto también asistimos a este fenómeno desde la llegada al poder en 2013 de Abdelfatah al Sisi tras derrocar a los Hermanos Musulmanes apoyados por las potencias occidentales. El cambio de rumbo geopolítico de Egipto y su acercamiento a Rusia (incluyendo las negociaciones para la instalación de bases militares rusas en la costa egipcia, el intercambio comercial bilateral utilizando sus propias monedas nacionales, un  fondo de inversión conjunta, acuerdos en materia alimentaria, militar, tecnológica…) tuvo como consecuencia un incremento de la actividad terrorista en el país árabe. Por ejemplo, el 8 de diciembre de 2016 la corporación rusa Rosatom y el gobierno egipcio anunciaron los detalles de un acuerdo para la construcción de una planta nuclear en Al Dabaa, en la costa mediterránea de Egipto. Dos días después, el 11 de diciembre de 2016, estallaba una bomba en una catedral cristiana copta en El Cairo matando a 25 personas y dejando más de 50 heridos. El Estado Islámico reivindicó posteriormente el atentado. Días antes de producirse este atentado, además, el presidente egipcio había reafirmado su apoyo a la integridad territorial de Siria y a su gobierno en su lucha contra el terrorismo yihadista.

Más recientemente, el pasado 7 de junio de 2017, la República Islámica de Irán sufría dos ataques terroristas el mismo día, uno contra el Parlamento iraní (15 días después de celebrar las elecciones presidenciales) y otro contra el mausoleo del Ayatolá Khomeini que causaron 17 muertos y más de 40 heridos. Estos atentados se producían sólo dos semanas después de que Donald Trump viajara a Riad para llamar a sus “aliados” a la creación de una coalición militar suní en contra de Irán (la mal llamada “OTAN árabe”), país al que calificó como el principal patrocinador del terrorismo del mundo. Anteriormente el ministro de Defensa saudí, Mohamed Ben Salman, amenazó abiertamente con llevar el terror a suelo iraní: “Nosotros no esperaremos a que la batalla se dé en Arabia Saudí; en lugar de eso, trabajaremos para que la batalla se dé sobre ellos, en Irán” (Sputnik Mundo, 5/5/2017). Y sólo un día antes de los atentados, el ministro de Exteriores saudí Abdel al Jubeir sentenció públicamente a Teherán a través de su cuenta en Twitter: “Irán debe ser castigado por su apoyo al terrorismo” (RT, 7/7/2017). Era la primera vez que el obediente Estado Islámico cometía un atentado terrorista dentro de Irán.

En los casos concretos de Libia y Siria no se trataba de dar un “escarmiento” a sus dirigentes sino de eliminarlos físicamente y destruir las infraestructuras de estos países para convertirlos en “Estados fallidos” fácilmente dominables. Para ello múltiples grupos terroristas fueron coordinados para invadir estos países y reconvertidos en verdaderos ejércitos de mercenarios al servicio de la OTAN y las grandes corporaciones occidentales.

En el año 2009 Muamar Gadafi propuso, como presidente de la Unión Africana, la creación de una moneda panafricana respaldada por el oro libio y abandonar el dólar para la venta del petróleo y el gas africano. Muchos países, entre ellos Túnez y Egipto, respaldaron esta iniciativa que trataba de alcanzar la unidad política, la independencia económica y la soberanía de los Estados africanos. Además de Estados Unidos, si este gran proyecto impulsado por Gadafi se hubiese puesto en marcha, Francia sería una de las más perjudicadas al perder su dominio monetario (franco CFA), comercial y económico-financiero en el “África francófona”, lo cual explica la implicación directa de Francia (y en particular de Nicolas Sarkozy)  en la organización de la destrucción de Libia, planificada junto a EE.UU. y Reino Unido mucho antes de iniciarse la guerra de invasión contra el país más desarrollado de África por aquel entonces. Sarkozy llegó a calificar a Libia como una “amenaza para la estabilidad financiera del mundo” [2].

Es necesario recordar en este punto que anteriormente Sadam Hussein – el otrora “aliado” de EE.UU. contra Irán – ya había comenzado a vender el petróleo iraquí en Euros en lugar de Dólares (noviembre del año 2.000). Esto desencadenó la posterior invasión y destrucción de Irak en el año 2003. Estados Unidos temía que el resto de miembros de la OPEP siguieran el mismo ejemplo de Irak ante la caída del Dólar frente al Euro, lo que hubiese provocado el colapso definitivo de la economía estadounidense (basada en el “petrodólar”) y el fin de su hegemonía global [3].

De nuevo en el año 2009, en Siria el presidente Bashar al Assad rechazó una propuesta de Catar para construir un gasoducto que permitiera llevar su gas a través de Arabia Saudí, Jordania, Siria y Turquía hasta Europa, en detrimento de Rusia que es su principal suministrador. De esta manera, además, EE.UU. podría asegurarse de que esas reservas y operaciones comerciales se siguieran denominando en Dólares, manteniendo así la hegemonía monetaria y financiera mundial que permite que su economía siga a flote. Por si fuera poco, en paralelo a este rechazo a la propuesta catarí (saudí y occidental), el presidente sirio llegó a un acuerdo con Irán, Irak y Líbano para construir un “oleoducto islámico” que podría convertir a Irán en “el principal proveedor del mercado energético europeo”, lo que chocaba frontalmente con los intereses de EE.UU. y sus aliados en la región, principalmente de Arabia Saudí, Catar e Israel.

[leer también: Daraa, el origen censurado de la guerra terrorista contra Siria]

Poco después, como ya sabemos, surgieron “espontáneamente” las “Primaveras Árabes” que afectaron “casualmente” a estos gobiernos díscolos cuya agenda se desvinculaba peligrosamente de los intereses occidentales.

Pero incluso detrás de la reciente crisis en Oriente Medio tras el “bloqueo” de Estados Unidos (que sigue vendiendo armas y firmando acuerdos para “combatir el terrorismo” con Doha), Arabia Saudí y otros Estados árabes en contra de Catar, se esconden unas motivaciones similares a las anteriormente señaladas, aunque los medios corporativos se están encargando de distraernos y manipularnos. Catar está vendiendo su gas en otras divisas distintas al dólar, principalmente a China que importa de Catar un 20% del gas que consume utilizando como moneda de pago el Yuan (Renminbi). En abril de 2015 China abrió en Doha un “centro de distribución e intercambio de renminbi” que pretende ser el centro financiero para la expansión del Yuan en Oriente Medio. Desde la pasada primavera el régimen catarí está estudiando junto a Irán la construcción de un gasoducto conjunto que pasaría por Siria y Turquía dirigido a abastecer al mercado europeo con el gas procedente del gigantesco yacimiento que comparten ambos países: South Pars-North Dome. También estudian la posibilidad de llevar este gas al mercado asiático a través de la India (la 4ª potencia económica mundial, 1ª potencia demográfica, potencia nuclear, miembro de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghai, nada menos). En diciembre de 2016 Catar compró (junto a la firma suiza Glencore) un 20% de las acciones de la petrolera estatal rusa Rosneft.

Los vínculos económicos entre Rusia, Irán, Catar y Turquía nos ayudan a comprender mejor los acuerdos políticos alcanzados en Siria entre estos países. Pero estos “pequeños detalles” no son tenidos en cuenta por los medios corporativos occidentales a la hora de explicarnos lo que ocurre con Catar y la “crisis” en Oriente Medio.

Es decir, Catar maneja una agenda política propia cuyos intereses chocan frontalmente con los de EE.UU., Arabia Saudí y el régimen sionista de Israel.

¿Tiene entonces algo que ver el bloqueo a Catar con la “lucha contra el terrorismo” por parte de Estados Unidos y sus “aliados” en la región? Más bien es una guerra geoeconómica para tratar de mantener su hegemonía mundial [4].

Reorganización del terrorismo yihadista ante el fin de la hegemonía estadounidense

Además de los ya conocidos escenarios donde actúan los yihadistas de la OTAN, en la actualidad aparecen en escena nuevos puntos calientes donde los grupos terroristas surgen como por arte de magia o reaparecen “células durmientes” que despiertan ante la voz de sus amos. No es por casualidad, lógicamente.

Una vez asumida por parte de Donald Trump la derrota terrorista en Siria e Irak y asumido el carácter multipolar del Nuevo Orden Mundial, tal y como se evidenció en la reciente Cumbre del G-20 en Hamburgo [5], el imperialismo norteamericano redirige ahora a sus mercenarios salafistas hacia las fronteras de sus máximos enemigos geoestratégicos Rusia y China con el fin de cortar el paso de la Nueva Ruta de la Seda y la imparable asociación Eurasiática liderada por ambas potencias.

[leer también: Escalada militar y expansión del yihadismo contra Rusia y China]

Por ejemplo, en Afganistán se lanzó “la madre de todas las bombas” después de que Washington alertase sobre la creciente presencia del Estado Islámico en el país, motivo por el cual anunció el envío de más tropas y más armas al país. Sin embargo las élites estadounidenses no se sienten obligadas a explicar cómo ha sido posible este incremento del terrorismo yihadista en un país que están vigilando y ocupando militarmente desde hace 16 años. Sólo veo dos posibles respuestas: o bien las agencias de inteligencia estadounidenses y las élites militares y políticas reconocen que son unos absolutos incompetentes a la hora de “luchar contra el terrorismo” y garantizar la seguridad de los países donde intervienen; o bien están reconociendo implícitamente que su “guerra global contra el terrorismo” es un fraude y que son ellos mismos quienes permiten, fomentan y dirigen la expansión y actividad de los terroristas en el mundo. Llevan 16 años “reconstruyendo un país” que cada día está más destrozado. Y ahora pretenden volver a invadirlo con miles de soldados y de mercenarios a sueldo (“contratistas privados“).

Indonesia, el país con la población musulmana más grande del mundo, también sufre actualmente la inestabilidad política y la actividad terrorista alentada desde el exterior [6]. Arabia Saudí es el principal patrocinador de algunos grupos yihadistas que actúan en este país, como el “Frente de Defensores Islámicos”. El régimen saudí además financia más de 100 centros de estudios y universidades (como LIPIA, situada en la capital Yakarta) y ha construido 150 mezquitas en Indonesia desde donde difunde su ideología: el  wahabismo. Hay que destacar que Indonesia, además de los acuerdos que mantiene con Rusia en el plano militar, forma parte de la Asociación Económica Regional Integral (RCEP, por sus siglas en inglés) liderada por China, un gigantesco tratado comercial asiático del que está excluido Estados Unidos y que absorbió a los miembros de la ASEAN, además de otras potencias como Japón, India y Corea del Sur, y ha sepultado definitivamente el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) que pretendía liderar Washington frente a Pekín para extender su influencia por el Pacífico.

En Malasia también se está incrementando la actividad terrorista a medida que los yihadistas locales que viajaron a Siria e Irak desde 2011 regresan a sus países de origen una vez derrotados por Rusia y el “Eje de la Resistencia” en Oriente Medio. Su guerra ahora está en el sudeste asiático, hacia donde están señalando sus patrocinadores que tienen a China y su Nueva Ruta de la Seda en el punto de mira.

Aunque quizás el país donde ésta utilización geopolítica del terror se evidencia con más claridad y descaro sea en estos momentos Filipinas. El radical giro estratégico de Rodrigo Duterte hacia China y Rusia y la dureza de su discurso en contra de la intervención de EE.UU. en Filipinas ha tenido como consecuencia directa la invasión del país por parte del Estado Islámico y sus filiales locales. Nadie podía dudar de que presidente filipino (cuyas polémicas políticas cuentan con un gran apoyo popular después de un año en el cargo, algo que reconocen hasta sus enemigos) estaba el primero en la lista para un “cambio de régimen” en Filipinas al estilo de Ucrania, Siria o Libia. Los “rebeldes” de la OTAN se han puesto en marcha para llevar la “democracia” a Filipinas. ¿Tendrán los grandes medios corporativos la desfachatez de llamarlo algún día “primaveras asiáticas”?

En paralelo a estos hechos, en los Balcanes los funcionarios de Bruselas y Washington se preparan para aceptar la posible creación de la “Gran Albania” (que abarcaría zonas de Albania, Kosovo, Serbia, Montenegro, Macedonia o incluso Grecia), dando una vuelta de tuerca más al escarnio que cometieron con la destrucción de Yugoslavia. Desde Ucrania la OTAN anuncia el envío de más armas para el régimen neonazi de Poroshenko. En Asia Central y la región del Cáucaso, según pronostican algunos analistas, debemos esperar también un incremento de la actividad terrorista en lugares como Chechenia o Tayikistán. También en la región de Xinjiang (noreste de China); así como un empeoramiento de los conflictos en Libia o Yemen, donde la OTAN y sus regímenes aliados también están perdiendo la guerra o ven peligrar sus intereses. O que se alimente el viejo conflicto en Baluchistán en la frontera entre India y Pakistán [7]. Por cierto que ambas potencias nucleares (India y Pakistán) ya son recientes miembros de la gigantesca Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), lo cual abre nuevas expectativas sobre la solución de su conflicto territorial bajo el liderazgo de Rusia y China. Además se espera también que Irán ingrese próximamente en la OCS, mientras que países tan importantes desde el punto de vista geoestratégico como Afganistán o Turquía ya han solicitado su ingreso.

En resumen: la presencia del terrorismo yihadista en aquellos lugares estratégicos del planeta donde se está desarrollando  una guerra multidimensional por la hegemonía global de las próximas décadas es un hecho más que evidente. Este hecho no es casual, como tampoco lo fue su desplazamiento hacia Oriente Medio y norte de África en 2011 durante las llamadas “primaveras árabes“. El yihadismo se está extendiendo de forma premeditada hacia Asia Central y el sudeste asiático sencillamente porque el centro de gravedad de la economía mundial se desplaza imparable hacia Asia.

Las potencias occidentales (representantes del capital financiero anglosajón, fundamentalmente) que se oponen a este histórico cambio de paradigma global están movilizando todos los medios y recursos a su alcance para tratar de evitar lo inevitable: la consolidación de un “nuevo orden mundial multipolar”.

La utilización de grupos terroristas (yihadistas o de otra ideología) y mercenarios es una de esas herramientas de desestabilización que utilizan estas potencias (con Estados Unidos a la cabeza) para alcanzar sus objetivos. Lo vienen haciendo desde al menos los tiempos de la “Operación Ciclón” (puesta en marcha por Zbigniew Brzezinski en Afganistán y Pakistán en 1979 en contra de la Unión Soviética), pasando por el apoyo a “la Contra” en Nicaragua, la puesta en marcha de la “Operación Gladio” en Europa… y hasta nuestros días con la mutación de Al-Qaeda en el llamado “Estado Islámico” en Oriente Medio.

Y los “periodistas” de los medios corporativos occidentales (que son propiedad de ese mismo poder financiero-económico occidental que patrocina el terrorismo) nos quieren hacer creer, fomentando la desinformación y la ignorancia colectiva, que todos estos acontecimientos que presenciamos son fruto de la casualidad y no están relaciones entre sí. Todos estos mercenarios de la (des)información en Occidente están en la misma trinchera que los terroristas: ellos están ejerciendo la Yihad Mediática.

 

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Alguien consiguió petróleo tras caer Zelaya,- un detallado artículo de Julio Escoto (Agencia Latinoamericana de Información ALAI, 15/6/2010)

[2] Hillary Emails, Gold Dinars and Arab Springs,- un análisis del escritor y experto en geoestrategia y F. William Engdahl (New Eastern Outlook, 17/3/2016) https://journal-neo.org/2016/03/17/hillary-emails-gold-dinars-and-arab-springs/

[3] The Real Reasons for the Upcoming War With Iraq: A Macroeconomic and Geostrategic Analysis of the Unspoken Truth,- un detallado informe de William Clark (Global Research, 17/2/2003) http://www.globalresearch.ca/articles/CLA302A.html

[4] The Qatar Blockade, the Petro-Yuan, and the Coming War on Iran,- un artículo del periodista y analista internacional Dan Glazebrook (Counterpunch, 16/6/2017)

[5] G-20 de Hamburgo: fin del “orden neoliberal global” por el G-3 (EU/Rusia/China),- análisis del experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 9/7/2017) http://www.jornada.unam.mx/2017/07/09/opinion/014o1pol?partner=rss

[6] Saudi Arabia is destabilizing the world,- artículo de Stephen Kinzer (The Boston Globe, 11/6/2017) https://www.bostonglobe.com/opinion/2017/06/10/saudi-arabia-destabilizing-world/ivMeb7TWGk1fQaVjZWWKGP/story.html

[7] ISIS “Coincidentally” Appears Along China’s One Belt, One Road,- artículo del analista internacional e investigador afincado en Bangkok Tony Cartalucci (Land Destroyer, 1/7/2017) http://landdestroyer.blogspot.com.es/2017/07/isis-coincidentally-appears-along.html