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Fractura europea: derecha globalista contra derecha nacionalista. ¿Dónde queda la izquierda ante el nuevo escenario geopolítico?

De la mano de Estados Unidos (EU) los gobiernos y tecnócratas de la Unión Europa (UE) abrazaron un modelo de globalización neoliberal que ahora está en pleno retroceso. En palabras del experto en geopolítica mexicano Alfredo Jalife-Rahme, la “era Trump” da inicio definitivamente a un proceso de “desglobalización” y a un nuevo orden mundial donde la “multipolaridad” pone fin a la hegemonía de EE.UU. vigente desde la Segunda Guerra Mundial. Sin la tutela de Washington – que fue quien impulsó y financió la creación de la UE para neutralizar a la Unión Soviética – Bruselas está descabezada. Son víctimas de su propio discurso y de sus propias políticas, ancladas en un modelo que ha quedado obsoleto, incapaces de adaptarse al nuevo escenario global.

La descomposición de la actual Unión Europea es tan evidente que incluso los tecnócratas que dirigen sus instituciones están barajando abiertamente la posibilidad de “reducir la UE a un simple mercado único” o poner en marcha una Europa de varias velocidades o los “Estados Unidos de Europa“. Cualquier ocurrencia es buena para seguir huyendo hacia adelante dando la espalda a la realidad.

Tras el mazazo que supuso el Brexit para las élites europeas, en países como Holanda ya debaten sobre la necesidad de abandonar el Euro. A escasos días de que se celebren elecciones generales (15 de marzo) más de la mitad de los holandeses estaría a favor de abandonar la UE siguiendo los pasos de Reino Unido. Grecia, cuya clase trabajadora está de nuevo en la calle luchando contra los recortes sociales y el expolio público, es un estado fallido al que la banca alemana y el FMI mantienen todavía con vida para poder exprimirle hasta su última gota de sangre (gracias a la traición de un gobierno “revolucionario” igual o peor que sus predecesores). La Hungría de Víktor Orbán forma parte del eje del mal “pro-ruso”, y su gobierno mantiene una guerra contra George Soros por promover la inmigración masiva hacia Europa con fines políticos y económicos. En Serbia, aspirante a entrar en la UE, la jefa de la diplomacia europea Federica Mogherini fue abucheada en el Parlamento cuando se disponía a dar un discurso el viernes 3 de marzo (“Serbia y Rusia no necesitan a la UE”).

Pero, a pesar del panorama general hostil al statu quo europeo, es la situación en Francia lo que trae de cabeza al establishment europeo. Las encuestas apuntan a que Marie Le Pen podría ganar las elecciones presidenciales del 23 de abril, lo que supondría la fractura definitiva y absoluta de la UE y de la Eurozona. Este hecho explica porqué la candidata Le Pen está sufriendo en estos momentos el ataque del establishment político y mediático europeo, de forma similar y paralela al ataque que está sufriendo Donald Trump en Estados Unidos. De momento los patrocinadores europeos del Estado Islámico pretenden juzgar a Le Pen por publicar en su cuenta de twitter unas fotografías que muestran las barbaridades cometidas por estas terroristas en Irak y Siria (Red Voltaire denuncia posible proceso contra eurodiputada francesa). Vivimos tiempos surrealistas, de “pos-verdad” lo llaman algunos analistas. Los miembros europeos de la OTAN pretenden ocultar sus propias responsabilidades aplicando la censura y la represión contra quienes las denuncian públicamente. Este tipo de ataques, que se irán incrementando a medida que se acerquen las elecciones, no harán más que incrementar los apoyos a Le Pen entre aquellos ciudadanos franceses que ven a la UE como una enorme losa burocrática que les aplasta y les empobrece. Y no me extraña nada en absoluto.

La misma burocracia dirigente instalada en Bruselas que acusa a Trump, a Le Pen y a la “extrema derecha” europea de atacar a los refugiados y a los inmigrantes, pretende ahora poner en marcha un “Plan de Acción” para expulsar de Europa a más de un millón de inmigrantes. Anteriormente conocíamos que Alemania había decidido pagar 1.200 euros a cada refugiado para que regresen a sus países. Del mismo modo sabemos también que el “miedo” de la UE hacia el ascenso de la “extrema derecha” es selectivo, puesto que en Ucrania apoyan y sostienen a un régimen neonazi que está realizando una limpieza étnico-ideológica en Donbass sin que esto suponga ningún dilema moral ni preocupación “humanitaria” en Bruselas. [ver documental de Oliver Stone: Ucrania en llamas]

¿Hay algún europeo racional al que no le den ganas de salir corriendo de esta criminal UE?

La Comisión Europea insta a los Estados miembros a expulsar a un volumen ingente de migrantes irregulares. Bruselas calcula que en la UE residen aproximadamente un millón de personas que deberían ser devueltas a sus países de origen, según el plan para acelerar retornos de extranjeros presentado este jueves. Casi dos años después de lanzar la idea del reparto de refugiados como principal alivio a la crisis migratoria, Europa se centra en las expulsiones y en el freno a las llegadas. [Bruselas pide expulsar a más de un millón de migrantes “sin papeles”,- El País, 2/3/2017]

Su modelo de “integración europea” ha fracasado y no tienen otro plan alternativo que resuelva los problemas que amenazan a las clases populares en Europa (deslocalización, desempleo, precariedad laboral, recortes sociales, desigualdades, pobreza, corrupción, pensiones, deuda impagable…). El Euro fue la culminación de un proceso de destrucción de la soberanía nacional de los Estados por orden de los “mercados financieros” y las grandes corporaciones occidentales (bajo la tutela de Washington). Hoy en día la devaluación salarial y la pérdida de derechos de los trabajadores europeos, unido a la implementación de más guerras imperialistas y más injerencias contra otros países independientes ricos en recursos (como Libia, Siria, Venezuela…), es la única fórmula que propone la UE para poder competir con otras regiones y países por el control de los mercados mundiales. La lógica del libre comercio sin barreras ni fronteras, la desregulación financiera,  la financiarización de la economía mundial, la propias reglas de la globalización neoliberal que estas élites occidentales impulsaron hace más de 20 años se han vuelto en su contra y han propiciado no sólo la crisis económica, política y social sufrida dentro de Europa, sino el ascenso meteórico de China como primera potencia capitalista mundial, que posteriormente gracias a su alianza estratégica con Rusia han removido las piezas del tablero geopolítico global.

La solución que plantean las élites europeas para salvar al viejo orden mundial unipolar y salvarse a si mismos y al capital financiero que los sustenta es, a corto plazo, la censura mediática, la represión de los disidentes y la identificación de un enemigo externo que impida ver sus propios errores y justifique sus políticas. El enemigo externo es Rusia, por supuesto, a la que ahora han sumado a Donald Trump (quien a pesar de su retórica inicial continúa incrementando la escalada militar en el este de Europa y tiene a Irán peligrosamente en el punto de mira, como hicieron sus antecesores). El enemigo interno, dicen ellos, es el “populismo “, “el ascenso de la extrema derecha” (no incluyen al régimen neonazi de Ucrania), “la antiglobalización”, la “ola de refugiados” (que ellos mismos provocan) o la eterna crisis económica (que se profundizará si finalmente se regresa al “patrón oro”, como podría acordar el futuro G-3: China, RusiaEstados Unidos).

Estos problemas que quitan el sueño a los globalistas occidentales fueron reflejados en el informe que presentaron en la última Cumbre de Seguridad de Múnich (Reporte 2017, ¿post-verdad, post-occidente, post orden?). La solución a medio-largo plazo para resolver estos problemas que plantean es “más Europa”, que es lo mismo que decir “más globalización”, lo cual significa menos soberanía de los Estados en beneficio de un “Gobierno Mundial” dominado por las élites financieras. Este objetivo del “gobierno mundial” es literal, no es una “teoría de la conspiración”. Hace unos días se celebró en Dubai la Cumbre del Gobierno Mundial 2017. En ella los intervinientes fueron muy transparentes. Por ejemplo el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, quien afirmó que la pérdida de confianza en los gobiernos nacionales requiere de una institución global que resuelva nuestros problemas. Viejas recetas para alcanzar la dominación global lanzadas por una élite ciega de poder que no quiere ver y asumir la nueva realidad geopolítica mundial.

La soberanía nacional es una reliquia del pasado. (…) Necesitamos respuestas globales y las respuestas globales necesitan instituciones multilaterales capaces de desempeñar ese papel [Welcome to Dubai and Globalist Insanity 2017 ,- Phil Butler, NEO, 2/3/2017]

En realidad la Unión Europea de Maastrich y del Euro es un muerto viviente desde, al menos, el estallido de la “crisis sistémica” desatada en 2007-2008 en el centro del capitalismo financiero mundial. Pero, contrariamente a lo que podíamos pronosticar en aquel entonces, no son los movimientos populares o la llegada al poder de gobiernos de izquierdas anti-neoliberales los que están acelerando su derrumbe. Más bien los movimientos antiglobalización y la izquierda política están desaparecidos, o peor aún, muchos de ellos están movilizados en defensa del viejo orden mundial unipolar y de la globalización neoliberal. Es la llamada “extrema derecha” o “derecha nacionalista” la que está poniendo en jaque al mundo Occidental.

Si nos fijamos bien, en estos momentos se está produciendo tanto en EU como en Europa una la lucha por el poder entre el capital financiero globalizado (cuyos intereses están ligados al actual sistema financiero, a la globalización y a los grandes tratados de libre comercio)  y un capitalismo nacional-continental más primario cuyos intereses estarían ligados a la producción nacional, al incremento del consumo interno y a la exportación a través de acuerdos comerciales bilaterales con otros países y regiones en función de sus intereses y estrategias particulares (Recomiendo escuchar al respecto el análisis del sociólogo holandés Wim Dierckxsens para el programa de radio Voces del Mundo, en Sputnik Mundo, 23/2/2017).

Si esta guerra por el poder la trasladamos a la esfera política y partidista, la actual contienda se disputa entre el viejo bipartidismo neoliberal defensor de la globalización que se ha turnado en el poder institucional en EU y Europa en las últimas décadas (sector que engloba a los llamados liberales, conservadores, socialdemócratas, progresistas…), y una fortalecida “extrema derecha” o “derecha nacionalista” que pretende recuperar la soberanía nacional volviendo al concepto de Estado-nación  y que tiene ahora a Donald Trump como su máximo exponente, o a Marie Le Pen en Europa. En estos momentos el esquema de disputa Izquierda-Derecha ha sido superado por una confrontación entre Globalización y Nacionalismo, como lo definió muy bien la periodista Vicky Peláez en uno de sus artículos (De la Globalización al Nacionalismo, Sputnik, 1/2/2017).

Como decía anteriormente, la izquierda política y los movimientos sociales no participan como protagonistas en esta batalla. Están desaparecidos del debate geopolítico y geoestratégico que ahora está reconfigurándose, y en la mayoría de los casos se están movilizando en contra de los llamados “populismos” de la mano de los mismos globalistas neoliberales (con Obama-Clinton a la cabeza) que llaman “populistas” a los gobiernos y dirigentes de izquierdas en Latinoamérica, por ejemplo. No ven más allá. Paradójicamente la izquierda “progresista” española (y me temo que la europea en general) está empleando los mismos términos para atacar a la extrema derecha nacionalista. Pero sin darse cuenta, al acusarles de “populistas”, la izquierda está admitiendo intrínsecamente que no pretenden romper con el régimen institucional europeo (incluido el Euro), porque entienden que no es posible hacerlo, dando por hecho que la “extrema derecha” lo hace sólo para captar votos. Los “progresistas” están demostrando que son más reaccionarios que la propia “extrema derecha”, quien en realidad está dejando en evidencia que sí tienen un modelo alternativo a la globalización neoliberal y al orden mundial unipolar (con todas la carencias, excesos o críticas que le queramos añadir a sus propuestas).

La “extrema derecha”, que ahora en Europa se identifica con Trump o Le Pen, ha señalado las causas del empobrecimiento de las clases trabajadoras, y sus dirigentes tienen el valor de denunciar públicamente a los grandes medios corporativos por la manipulación informativa que ejercen, algo que jamás han hecho los dirigentes de la izquierda progresista más reconocidos por temor a que les acusen de “atentar contra la libertad de prensa”. Esta claridad y determinación – entre otros factores – es el que hace que ésta “extrema derecha” encuentre el apoyo entre las víctimas de la globalización neoliberal tanto en EU como en Europa. Centrar todo su energía en reprocharle a la “extrema derecha” su discurso “racista” y en manifestarse en contra de sus políticas “xenófobas”, sin tener en cuenta el resto de su discurso en materia de soberanía económica, política, financiera, geoestratégica o geopolítica, supone un error de bulto que está pagando la “izquierda” con su irrelevancia. En España la “izquierda progresista” se ha situado en el “extremo centro”, el del “consenso político”, el lugar que ocupan los que tienen “sentido de Estado”, y han cedido su histórico espacio ideológico y estratégico a la “extrema derecha” a la que califican de “populista”.

¿Acaso no son “populistas” el resto de partidos “conservadores” y “socialdemócratas” que prometen trabajo y prosperidad a las clases populares? ¿Acaso no es populista “la izquierda” que promete crear una “alternativa” sin abandonar la estructura de poder supranacional que precisamente impide cualquier cambio radical? ¿Acaso no es populista presentar un programa electoral para “los de abajo” desligándolo de un contexto supranacional y global que hará imposible su cumplimiento? ¿Quién tiene la culpa de que la “izquierda” haya dejado huérfanas a las clases trabajadoras que ahora están abrazando a quienes les proponen romper con el sistema que les ha empobrecido?

La llamada “extrema derecha” occidental encabeza ahora el movimiento “antisistema” y “antiglobalización” que otrora fuera la bandera de la izquierda que quería cambiar las cosas. Por eso el pueblo trabajador les apoya. Por eso el enfrentamiento político por el poder se produce entre un bipartidismo neoliberal y globalista-imperialista que pretende mantener el statu quo, y una renovada extrema derecha de corte nacionalista que ataca al establishment y ha presentado una alternativa basada en la recuperación de la soberanía nacional y en acabar con el viejo orden mundial unipolar.

La izquierda “progresista” o “alternativa” no tiene realmente un modelo alternativo que presentar ante las clases populares, y sólo aspiran a sustituir a la socialdemocracia para “reformar” el actual sistema y proceder al reparto de ayudas sociales entre los excluidos pero sin romper de raíz con las estructuras que provocan esa exclusión, esa pobreza y esa desigualdad contra la que dicen luchar. Eso no es una “alternativa al sistema”, sino darle oxígeno y limpiar su imagen. La izquierda se ha mimetizado con la socialdemocracia, que a su vez es indistinguible de la derecha neoliberal. Por eso la “izquierda progresista” no tiene nada que decir ante este histórico cambio de paradigma geopolítico mundial que estamos viviendo. Salvo unirse mansamente a los globalizadores para criticar a Donald Trump.

La vieja Unión Europea atrapada entre Washington y Moscú

Desde hace varios años el llamado viejo Orden Mundial unipolar, caracterizado por la hegemonía de EE.UU. sobre el resto de países, está dando paso a otra realidad donde el poder y la influencia mundial se ha polarizado. En estos momentos aquellos poderes económico-financieros y aquellas élites políticas cuyos intereses están ligados a la continuidad de la Globalización neoliberal y de las guerras imperialistas de la OTAN, tratan de impedir lo inevitable ajenos a la nueva realidad que ya está en marcha. Para ello no dudan en seguir apoyando a los neonazis en Ucrania, a los terroristas de Al Qaeda en Siria, o al fascismo más reaccionario de EE.UU. (el “Estado Profundo”) que trata desesperadamente de derrocar a Donald Trump para conservar su poder.

Una ofensiva política y militar del fascismo occidental ante el fin de su hegemonía

Como se pudo comprobar en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich celebrada entre el 16 y el 19 de febrero, así como en la reunión del Consejo del Atlántico Norte celebrada anteriormente en Bruselas, los gobiernos y tecnócratas europeos continúan apostando su futuro a una confrontación directa contra Rusia bajo la escusa de defenderse de una inexistente invasión rusa de Ucrania que amenaza con extenderse al resto de Europa. Para agitar este viejo fantasma, los organizadores no dudaron en invitar al acto al presidente del régimen neonazi de Ucrania [1]. No les importó a estos defensores de la “democracia” europeos que desde el pasado 28 de enero Poroshenko esté bombardeando intensamente las regiones del Donbass asesinando a decenas de civiles y saltándose de paso todos los acuerdos y compromisos de paz firmados anteriormente. De hecho estos ataques por parte del ejército ucraniano, que violan una vez más los acuerdos de Minsk, se producen en presencia de funcionarios de la OSCE, sin que nadie haya dicho ni una sola palabra al respecto desde la Unión Europea.

En apoyo a la ofensiva criminal del régimen fascista ucraniano contra el Donbass, el pasado 31 de diciembre los senadores estadounidense John McCain  y Lindsay Graham estuvieron junto a Poroshenko visitando a las tropas que están asesinado civiles inocentes, emulando aquellas otras visitas que el sanguinario imperialista John McCain realizó ilegalmente a Libia o Siria para apoyar a los terroristas yihadistas que iniciaron las “primaveras árabes” bajo la dirección de la OTAN. Hace unos días viajó de nuevo a Siria para “evaluar las condiciones dinámicas en el terreno en Siria e Irak”, es decir, comprobar sobre el terreno las posibilidades para reactivar la guerra terrorista contra Siria. Y como ya sabemos, conquistar Siria forma parte de los preámbulos para una guerra mayor contra Irán. Los fundamentalistas del imperio, ajenos a su derrota en Siria, trabajan en la formación de una coalición suní para atacar a Irán.

Mientras tanto los medios corporativos occidentales (especialmente los españoles) guardan un absoluto silencio sobre los crímenes cometidos en pleno continente europeo, así como en Oriente Medio, por los neonazis y mercenarios subcontratados de la OTAN. Son los mismos medios que tienen la desvergüenza de llamar “propaganda rusa” a la información que aportan aquellos que denuncian los crímenes neonazis en Ucrania.

Tres años después del golpe de Estado neonazi del “Euromaidán”, apoyado por Washington y Bruselas, Ucrania atraviesa una grave crisis política, económica, energética y social. Poroshenko necesita buscar un enemigo en el exterior que justifique sus políticas neoliberales y oculte su propio fracaso. El régimen neonazi ucraniano incrementó unilateralmente la guerra contra las repúblicas del Donbáss para buscar el apoyo de Donald Trump frente a la supuesta “agresión rusa” tratando así de impedir el acercamiento entre Washington y Moscú. De hecho el citado John McCain, como jefe de la comisión del Senado para las Fuerzas Armadas de EE.UU., envió una carta al presidente Trump exigiéndole que sea firme y contundente contra Rusia ante la “invasión rusa” en Ucrania, instándole incluso a enviar “armas letales” al régimen de Kiev. Por su parte el presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Representantes de EE.UU., el republicano William Mac Thornberry, también instó recientemente al presidente Donald Trump a suministrar armamento letal a Ucrania:

“Creo que hay un apoyo bipartidista (demócratas y republicanos) profundo y amplio para proporcionar armas letales a los ucranianos a fin de que puedan defenderse y este ha sido el caso durante los últimos dos años”

John McCain también intervino en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich celebrada este fin de semana, donde siguió empujando a Europa a una guerra contra Rusia [2], un enemigo inexistente pero muy necesario para justificar sus criminales políticas imperialistas. La respuesta de los gobiernos europeos en esa cumbre fue seguir incrementando su escalada militar en las fronteras con Rusia [3].

Una guerra civil encubierta en el corazón político de Estados Unidos

Todos estos movimientos de propaganda política y mediática contra Rusia tratan de presionar al presidente estadounidense para que renuncie a su nueva política exterior y al proceso de “desglobalización” que pretende implementar.  Y forman parte de la guerra civil soterrada que se está produciendo entre las élites estadounidenses por alcanzar el poder.

La sonora renuncia de Michael Flynn como Asesor de Seguridad Nacional [4] supone una batalla  perdida por parte de Trump dentro de esa guerra desatada en la cumbre. La CIA, a la que Trump restó poder dentro del Consejo de Seguridad Nacional, se tomó su venganza filtrando las conversaciones de Flynn con funcionarios rusos durante la última campaña electoral estadounidense. Lo hizo con la imprescindible colaboración de la ex-fiscal general del Estado, Sally Yates, quien ya se había opuesto a aplicar la mal llamada ley “anti musulmana” de Trump, por lo que fue cesada posteriormente. Sally Yates utilizó su cargo para forzar al gobierno a eliminar a Michael Flynn. No fue, por tanto, una acción por cuestiones “legales” sino una acción con fines políticos.

Parece claro que Flynn no violó ninguna ley ni atentó contra la seguridad del país al mantener esas conversaciones privadas. Y mucho menos teniendo en cuenta que lo que dijo Flynn en privado, es decir, la intención de establecer buenas relaciones con Rusia o incluso de eliminar la sanciones en un futuro, estaba siendo defendido abiertamente por Donald Trump ante todo el mundo durante la campaña electoral. A pesar de ello Michael Flynn – que fue cesado por Obama como director de la DIA por oponerse a seguir armando al Estado Islámico en Siria [5] – se vio obligado a dimitir ante la enorme presión mediática y política sufrida. Por el contrario, los miembros de la inteligencia y los funcionarios estadounidenses (incluida la ex-fiscal general del Estado) que participaron en la filtración de esas conversaciones privadas, violaron la ley y la propia Constitución de EE.UU. [6]. Sin embargo, nadie ha puesto el acento sobre este dato, y los medios corporativos y el bipartidismo estadounidense y europeo han criticado duramente la intención de Trump de investigar estas filtraciones ilegales a la prensa. Los únicos que han cometido una ilegalidad son los golpistas de guante blanco que quieren derrocar a Trump.

La hipocresía de estos medios de comunicación y de estos políticos “anti-Trump”, que ahora se oponen a investigar las filtraciones de la CIA, queda en evidencia cuando escuchamos su opinión sobre las filtraciones hechas por Julian Assange (WikiLeaks) o Edward Swoden, los cuales, si de estos “demócratas” dependiera, estarían muertos hace mucho tiempo.

En cualquier caso, veremos muchas más batallas similares dentro de esta guerra por el poder. Trump pretende limpiar las instituciones públicas para poder desarrollar su programa electoral. En estos momentos sus enemigos están dentro de su propia casa. Tiene las manos atadas. Se comprueba de nuevo que ganar las elecciones en las “democracias burguesas” no es sinónimo de alcanzar el verdadero poder. Si Trump no ejecuta esta purga dentro de ese Estado Profundo con rapidez y firmeza su mandato será de corta duración, y aquellos trabajadores y víctimas de la globalización y del imperialismo que le dieron su apoyo recientemente lo acabarán viendo como un traidor más, tal y como vieron a sus antecesores.

Con el tiempo veremos quién sale vencedor en esta guerra. Por el momento la peligrosa estupidez cometida por Donald Trump al arremeter contra Irán para complacer a Israel y Arabia Saudí, no augura nada bueno. Esperemos que su enajenación sea tan solo transitoria.

La Unión Europea perdida ante el nuevo escenario geoestratégico

La respuesta de los gobiernos europeos que se niegan a aceptar la nueva realidad global es seguir repitiendo el mismo discurso ajenos a la nueva realidad geopolítica. La doctrina Wolfowitz [7] ha quedado obsoleta. Sin embargo los tecnócratas europeos que se oponen a la “desglobalización” y al reordenamiento de fuerzas mundial continúan con su agenda belicista contra Rusia con la esperanza de que Trump sea derrocado por el complejo militar industrial y el “Partido de la Guerra” (el bipartidismo globalista).

La Unión Europea se encuentra descolocada y desconcertada ante tanta incertidumbre. Su escalada en contra de Rusia obedecía a una histórica supeditación de sus propios intereses frente a los de EE.UU. en un contexto de Globalización y grandes tratados comerciales impuestos a través de la coacción y las guerras imperialista. Ahora las cosas han cambiado en Occidente, y los gobiernos europeos se encuentran atrapados entre un Donald Trump al que odian y una Rusia a la que siguen acosando por pura inercia del pasado.

Se encuentran en tierra de nadie, abrazados a un viejo modelo que no quieren abandonar pero incapaces de frenar el nuevo esquema que se impone.

Alemania, la “locomotora de Europa”, se prepara para una “guerra monetaria” con Washington [8]. Trump y sus asesores consideran que el Euro está devaluado artificialmente para beneficiar las exportaciones de Alemania, que es el país con el que EE.UU. mantiene el mayor déficit comercial del mundo después de China. De momento sabemos que Alemania ha retirado 300 toneladas de oro que guardaba en la Reserva Federal estadounidense, al mismo tiempo que Merkel sigue enviando tropas y armamento al este de Europa amenazando a Rusia. Y todo esto a la espera de que el Deutsche Bank anuncie si quiebra definitiva.

¿Qué rumbo va a tomar la Unión Europea si Washington y Moscú alcanzan un acuerdo geoestratégico?

La nueva administración estadounidense reconoce la multipolaridad del nuevo Orden Mundial. Donald Trump pretende crear el equivalente a un G-2 junto a Rusia para desligarla de sus acuerdos estratégicos con China. A cambio, Washington ofrecería a Moscú el reparto geoestratégico de la Unión Europea [9] una vez que ésta se descomponga. La posible victoria de Le Pen en Francia, tal y como señalan las encuestas, sería el golpe definitivo al Euro y a la Unión Europea tal y como la conocemos. Y todo este cambio de paradigma global se produce sin que la izquierda política y social mayoritaria tenga nada que decir ni un modelo alternativo que presentar.

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Poroshenko en Múnich,- artículo publicado en la web Slavyangrand.es (22/2/2017) Artículo original publicado en Antifashist

[2] McCain in Munich: The War Party Fights Back,- artículo de Justin Raimondo, editor de la web Antiwar.com (Ron Paul Institute for Peace and Prosperity, 20/2/2017)

[3] Las palomas armadas de Europa,- artículo del politólogo Manlio Dinucci (Red Voltaire, 21/2/2017)

[4] El general Flynn y el Imperio del Mal ,-artículo de Joan Carrero (Mallorcadiario.com, 18/2/2017)

[5] Former DIA Chief Michael Flynn Says Rise of Islamic State was “a willful decision” and Defends Accuracy of 2012 Memo,- declaraciones muy relevantes del general Michael Flynn al canal Al Jazeera donde reconoce que EE.UU. impulsó la creación del Estado Islámico para derrocar al presidente Bashar Al Assad, tal y como pudo comprobar en los informes que manejaba cuando era director de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, por sus siglas en inglés). (Levant Report, 6/8/2015) https://levantreport.com/2015/08/06/former-dia-chief-michael-flynn-says-rise-of-islamic-state-was-a-willful-decision-and-defends-accuracy-of-2012-memo/

[6] How General Flynn’s accusers broke the law ‘behaved like police state’,- información de Alexander Mercouris (The Duran, 15/2/2017) http://theduran.com/general-flynns-accusers-broke-law/

[7] Paul Wolfowitz, el alma del Pentágono,- un detallado y amplio artículo de Paul Labarique (Red Voltaire, 24/2/2005)

[8] Will Trump destroy the Euro?,- artículo del analista geoestratégico F. Willian Engdahl (New Eastern Outlook, 9/2/2017)  http://journal-neo.org/2017/02/09/will-trump-destroy-the-euro/

[9] “El (des)Orden Global en la Era Trump”,- (VÍDEO) una entrevista donde el experto en geopolítica Alfredo Jalife-Rahme realiza un análisis de la situación internacional tras la llegada de Trump a la presidencia de EE.UU. (vídeo publicado en YouTube, 10/2/2017) https://www.youtube.com/watch?v=op1Grnz1Cwk&t=901s