Pakistán entra en el Círculo Dorado euroasiático

Donald Trump inauguró el año 2018 con la confirmación de un hecho de gran relevancia geopolítica: la ruptura entre Estados Unidos y Pakistán, una potencia nuclear en pleno corazón eurasiático. El presidente estadounidense escenificó este divorcio arremetiendo contra Pakistán a través de su cuenta en Twitter. Desde el gobierno paquistaní de Shahid Khaqan Abbasi respondieron con contundencia afirmando que Estados Unidos ya no es el aliado de Pakistán: “No tenemos ninguna alianza con Estados Unidos“. El ministro de Asuntos Exteriores, Khawaja Muhammad Asif, añadió que las acusaciones de Trump carecen de fundamento y sentenció que desde el gobierno “no haremos que la dignidad de nuestro país sea nunca más un negocio”.

Anteriormente Donald Trump y varios miembros de su gobierno ya habían acusado al gobierno de Islamabad de apoyar y dar refugio a diferentes grupos terroristas que están atentando contra los intereses estadounidenses en Afganistán (por ejemplo el vicepresidente Mike Pence el pasado diciembre), aprovechándose además de la millonaria “ayuda” económica que Estados Unidos envía desde hace años a Pakistán (33.000 millones en los últimos 15 años, según el propio Trump), una “ayuda” que ahora ha sido suspendida por parte de Washington.

Esta “ayuda” para la seguridad era en realidad el pago correspondiente a un contrato de arrendamiento por utilizar a Pakistán como un trampolín para sus operaciones belicistas en Afganistán desde su invasión en el año 2001. Estados Unidos no tiene por costumbre regalarle nada a nadie. Nunca.

Lo que tampoco nos han explicado desde Washington es porqué si Pakistán es un “Estado refugio de terroristas”, las autoridades pakistaníes han eliminado en el año 2017 a más de 1.700 de estos terroristas que operaban en su país. Tampoco se entiende que estos terroristas supuestamente protegidos por Islamabad hayan asesinado ese mismo año a más de 3.000 civiles y a 676 soldados del ejército de Pakistán. ¿A cuántos civiles y militares han asesinado los terroristas yihadistas en el territorio, por ejemplo, de Arabia Saudí, Israel, o Estados Unidos en 2017?

Resulta más que relevante que Pakistán apenas sufriera ataques terroristas hasta el año 2001, fecha en que Estados Unidos decidió invadir Afganistán. Desde entonces Pakistán ha sufrido “468 ataques suicidas con bombas, en los cuales han muerto 7.230 de sus ciudadanos”, según los datos que aporta el ex-militar británico y australiano y ex-subdirector de la misión militar de la ONU en Cachemira, Brian Cloughley, en un artículo publicado en la web Strategic Culture Foundation (Trump’s Pakistan Policy Is a Disaster, 11/1/2018). Según señala Cloughley – buen conocedor de la región debido a los cargos que ocupó – en reiteradas ocasiones los Estados Unidos y sus títeres instalados en Kabul se negaron a escuchar las propuestas de Pakistán para fortificar y controlar las fronteras entre ambos países y evitar así el flujo de terroristas de uno y otro lado (por ejemplo en diciembre del año 2006).

Es más, tanto los actuales talibanes (que dominan casi el 50% del terrotorio afgano) como muchos de los grupos terroristas que operan en Afganistán y Pakistán actualmente son la herencia directa de los “muyahidines” a los que Estados Unidos patrocinó, armó y entrenó (con el apoyo saudí) para luchar contra la Unión Soviética en Afganistán en 1980. Desde Pakistán también se utilizaron a estos grupos terroristas para atacar a la India que por aquel entonces (Guerra Fría) era aliada de la Unión Soviética [1].

Hoy en día Washington continúa utilizando el terrorismo yihadista como arma geopolítica. Pero los tiempos y las alianzas estratégicas han cambiado mucho desde entonces tanto a nivel regional como global.

[leer también: La utilización del terrorismo como arma geopolítica]

A pesar de los fuertes vínculos políticos, financieros y militares que unen a Nueva Delhi con Washington, tanto India como Pakistán (dos potencias nucleares) son ahora miembros de pleno derecho de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) liderada por China y Rusia. India es además miembro de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica); este año se convertirá en la 5ª economía mundial, superando a Reino Unido y Francia (según datos del Centre for Economics and Business Research) y las previsiones señalan que para el año 2050 India se convertirá en la segunda mayor economía del mundo desplazando a Estados Unidos hasta el tercer puesto, sólo superada por China. En los próximos años India será además el país más poblado y con más jóvenes del planeta por delante incluso de China (en el año 2022, según la ONU).

Se mire por donde se mire India es una potencia ascendente cuyas decisiones políticas y las alianzas geoestratégicas que establezca pueden cambiar los equilibrios de poder a nivel mundial. No es exagerado decir que la dirección y los tiempos en los que se establezca el Nuevo Orden Mundial dependerá en gran medida de cómo se resuelva la ecuación India. A día de hoy es una incógnita.

Por este motivo Washington está tratando de alejar a India del eje euroasiático (China-Rusia-Irán) y está presionando al gobierno indio para tratar de utilizarlo no sólo contra Pakistán – a quien Washington da por perdido definitivamente como “aliado” – sino para enfrentarlo contra China y contener su crecimiento [2]. Por lo tanto Moscú y Pekín son los más interesados en que estos dos importantes miembros de la OCS (India-Pakistán) resuelvan sus problemas a través del diálogo y cooperen mutuamente en la lucha contra el terrorismo entre sus fronteras, contribuyendo con ello a la estabilidad en Asia Central, lo que permitiría a China y Rusia seguir desarrollando sus proyectos y extendiendo su influencia y su liderazgo por todo Eurasia (el “supercontinente” que engloba al 72,5% de la población mundial).

Pakistán ocupa un lugar muy destacado en este proyecto de integración integral euroasiático. El Corredor Económico China-Pakistán (CECP) es uno de los proyectos más importantes de la Nueva Ruta de la Seda (o Iniciativa del Cinturón y la Ruta). Con esta enorme inversión (que incluye oleoductos y gasoductos, carreteras, líneas ferroviarias, puertos, plantas eléctricas…) China pretende atravesar el territorio pakistaní desde la región china de Xinjiang hasta llegar al puerto de Gwadar, en el sur de Pakistán. De esta forma China tendría una salida directa al Mar Arábigo y evitaría así la ruta marítima que atraviesa el Estrecho de Malaca (por donde pasa el 80% del petróleo que China importa de Africa y Oriente Medio), donde Estados Unidos podría obstaculizar su paso durante un eventual (y previsible) enfrentamiento con Pekín [3].

Además de garantizar, abaratar y agilizar el suministro energético, con este corredor económico (CECP) y otros adyacentes China se conecta de forma más rápida y eficiente con Irán y Turquía y el resto de países de Oriente Medio y puede extender su red comercial por todo Asia Central y el sureste europeo. En este punto la castigada Afganistán, cuyas autoridades ya han mostrado su interés en la Nueva Ruta de la Seda [4], sería una pieza clave para desarrollar esta expansión china. Pekín e Islamabad pretenden extender el CECP hasta Afganistán, lo que explica el aumento de tropas estadounidenses anunciada por Trump en este país invadido por la OTAN. También junto a Pakistán, China va a implicarse en la pacificación y desarrollo de Afganistán.

“China, Afganistán y Pakistán lanzaron hoy un mecanismo de cooperación conjunta para promover la pacificación afgana y el desarrollo económico conjunto de esa región de Asia, en la que Pekín quiere lograr la reconciliación y favorecer su presencia económica. Así, Pekín e Islamabad van a estudiar incluir a Afganistán en el Corredor Económico China-Pakistán, una iniciativa que reúne proyectos de infraestructuras y transporte valorados en unos 57.000 millones de dólares, dijo el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, en una rueda de prensa”. [Agencia EFE, 26/12/2017]

A esto hay que añadir que el pasado 2 de enero el Banco Central de Pakistán anunció que a partir de ahora comienzan a utilizar el Yuan como moneda oficial de intercambio comercial con China, sustituyendo así al Dólar en todas sus transacciones. Esto incluye, claro está, las millonarias operaciones relacionadas con el CECP y la Nueva Ruta de la Seda.

En definitiva, tras situarse en el punto de mira del imperialismo [5], Pakistán ha amenazado con cerrar los corredores terrestres y aéreos utilizados por la OTAN para suministrar apoyo militar y logístico a sus tropas en Afganistán. También se dispone a expulsar en un mes a 1,6 millones de refugiados afganos (en total Pakistán acoge a 2,7 millones de afganos en su territorio) lo que dejaría a Kabul al borde del colapso y a su vez le devolvería hábilmente el golpe a Washington dándole a probar de su propia medicina: si Trump dice que acogemos a terroristas… entonces vamos a devolvérselos a todos. Recordemos que los refugiados afganos (junto a los de otros muchos países) son considerados por Donald Trump como un peligro para la seguridad nacional. ¿Entonces por qué tiene Pakistán que correr con ese potencial peligro para su seguridad nacional? La estrategia dialéctica pakistaní tiene toda la lógica.

Sin duda Pakistán ya forma parte del “Eje del Mal”. Este nuevo estatus conducirá a Pakistán a enfrentar muchos problemas y agresiones externas de aquí en adelante, entre ellos un más que previsible incremento de la actividad terrorista patrocinada por sus enemigos declarados. Sobretodo en la provincia de Baluchistán, fronteriza con Afganistán e Irán, y en la región de Cachemira, cuya soberanía territorial se disputan Pakistán e India, y donde existe el caldo de cultivo perfecto para sembrar el odio y la violencia, principalmente entre los más jóvenes.

Pero al mismo tiempo esta delicada situación obligará a Pakistán a aliarse más profundamente con sus socios euroasiáticos que también están en el punto de mira de Washington y de sus títeres regionales. Estos países (todos ellos potencias en diferentes grados) son China y Rusia, a cuya alianza estratégica de fondo se unen tres potencias de mayoría musulmana como Irán, Turquía y Pakistán.

En palabras del analista internacional Andrew Korybko, “estas cinco grandes potencias multipolares no son un Eje del Mal sino un Eje de Resistencia que están uniendo sus fuerzas para reformar el sistema global y completar la transición en curso lejos de la unipolaridad”, dominada por Estados Unidos durante los últimos 60 años. En opinión de este experto en geopolítica sólo resta que el ya existente Triángulo de Oro (Rusia-China-Irán) unido ahora a Turquía y Pakistán “encuentren la forma de institucionalizar su cooperación estratégica de forma oficial”. El propio analista sugiere que ese nuevo marco geopolítico podría denominarse el “Círculo Dorado” euroasiático [6].

Para terminar, añadan a la ecuación un último titular: “Pakistán decidido a ampliar sus lazos con Irán”:

“El jefe del Ejército, general Qamar Bajwa, dijo el lunes que Pakistán estaba decidido a ampliar sus lazos con Irán en todos los ámbitos y esperaba que los dos vecinos pudieran colaborar para la paz y la seguridad regionales. Hablando con el presidente iraní Hassan Rouhani, el general Bajwa (…) dijo que Islamabad quería ampliar su cooperación militar y de defensa con Teherán, además de promover relaciones históricas y económicas y cooperación en otras áreas. (…). Gen Bajwa está en Teherán en una visita de tres días, la primera por un jefe del ejército paquistaní en más de dos décadas. (…). “La reunión entre Zarif y el general Bajwa se centró en cuestiones políticas, económicas y de seguridad, incluido el mantenimiento de la seguridad fronteriza, la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el extremismo”. Zarif reiteró el deseo de Irán de satisfacer las necesidades energéticas de Pakistán a través de las exportaciones de gas y electricidad.” [Dawn, 7/11/2017]

¿Alguien se pregunta todavía por qué Estados Unidos ha puesto sus ojos sobre Islamabad?

REFERENCIAS – NOTAS

[1] Pakistán y Afganistán – epicentros de la intriga geopolítica,- Chris Kanthan (SOTT, 9/1/2018)

[2] The Blueprint For The 100-Year-Long US-Indian Strategic Partnership,- análisis de Andrew Korybko (Global Village Space, 29/10/2017)

[3] The Transforming China-Pakistan Economic Corridor,- análisis del profesor, escritor y consultor de riegos estratégicos F. William Engdahl (10/10/2017)

[4] China mediates between Pakistan and Afghanistan,- artículo de Sabena Siddiqui (Asia Times, 4/1/2018)

[5] Pakistan Will Try to Make Trump Pay,- un artículo de C. Christine Fair (The Atlantic, 8/1/2018)

[6] Pence’s Anti-Pakistani Declaration Could Unite The “Golden Circle”,- artículo del analista geopolítico Andrew Korybko (Oriental Review, 22/12/2017)

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